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jueves, 5 de septiembre de 2013

El testimonio de su santidad

La fama de santidad que le distinguió en vida, se extendió por muchas partes. Por lo que, introducida la Causa de Canonización en 1956, reconocida la heroicidad de sus virtudes en 1982 y aprobado un milagro debido a su intercesión, fue declarado Beato por Juan Pablo II en 1984.

Veinte años más tarde, reconocido un nuevo milagro obrado por su intercesión, Juan Pablo II lo inscribió en el albo de los santos el día 16 de mayo de 2004.

La santidad de José Manyanet, como afirmó Juan Pablo II, tiene su origen en la Sagrada Familia. Fue llamado por Dios "para que en su nombre sean bendecidas todas las familias del mundo".

El Espíritu forjó su personalidad para que anunciara con valentía el "Evangelio de la familia". Su gran aspiración era que "todas las familias imiten y bendigan a la Sagrada Familia de Nazaret"; por ello, quiso hacer un Nazaret en cada hogar, una "Santa Familia" de cada familia.

La canonización del Beato José Manyanet ha sancionado no solo la santidad, sino también la actualidad de su mensaje nazareno familiar. Es, por eso, el profeta de la familia, el protector de las familias.

Fuente: José Manyanet Santo, Memoria de la Canonización, Barcelona 2006.

Familias como iglesias domésticas, por Josep Roca, S.F.

El objetivo apostólico de José Manyanet y de sus institutos es configurar las familias según el modelo de Nazaret "que el Padre Eterno, por su bondad infinita, se dignó presentar a los hombres como el modelo más perfecto para todos los estados, edades y condiciones".

Esto significa ayudar a las familias a ser verdadera "iglesias domésticas". Los padres de familia, dentro del hogar, son como los sacerdotes y tienen que exhortar a todos los miembros, predicar y dirigir la oración familiar.

"La paternidad —comenta— es como un sacerdocio". El papa Pío IX, al proclamar a san José protector de la Iglesia, lo hacía porque era el custodio y padre de la familia de Nazaret. Juan Pablo II ha reconocido en la Sagrada Familia la originaria "iglesia doméstica".

Si la casa de Nazaret fue la cuna de la Iglesia, cada familia puede llegar a ser un verdadero santuario del amor y de la vida, imitando el ejemplo de Jesús, el hermano primogénito que vivió obediente a sus padres y nos amó "hasta el extremo", de María, la madre de la Iglesia, la nueva familia de los hijos de Dios, y de José, el esposo de María y protector de los dos seres más amados del Padre del cielo.

Fuente: San José Manyanet, profeta de la familia, por Josep Roca, S.F. (2007).

Nazaret, un carisma para la Iglesia, por Sergio Cimignoli, S.F.

Sin un amor no se puede vivir. Cada uno de nosotros vive un tiempo especial en el que nace y crece dentro del propio corazón el amor que marca para siempre la vida y sus decisiones.

José Manyanet desde joven se sintió fascinado por la devoción a María. Por el nombre que llevaba, sintió una simpatía particular por san José y, ellos, María y José, le llevaron a Jesús. Se encontró siendo uno de casa en Nazaret: un hijo que gozaba de la intimidad de la Sagrada Familia.

Poco a poco esto llegó a ser su gran amor, el centro y el punto de apoyo que movió toda su vida: "Experimentando espiritualmente la intimidad de vida con Jesús, María y José, llegó a ser hijo, testigo y apóstol del misterio de la Sagrada Familia" (Juan Pablo II).

Nazaret llegó a ser también el carisma y la espiritualidad que él dejó a la Iglesia: entender hasta el fondo el realismo de la encarnación del Hijo de Dios que realiza la redención de la humanidad en el seno y con la ayuda de la familia humana.

Juan Pablo II en la Carta a las familias escribe: "En el misterio de la Sagrada Familia el Esposo divino realiza la redención de todas las familias y proclama el Evangelio de la familia".

José Manyanet, descubierta la riqueza de la casa de Nazaret, se enamoró y vivió establemente en él contemplando y escuchando con el corazón aquello que, poco a poco, Jesús, María y José le sugerían para estar de modo concreto al servicio de los jóvenes y de las familias.

Él ofreció su vida para que la Sagrada Familia fuera un punto de referencia para todo cristiano, para todas las familias, para las comunidades religiosas, para la Iglesia y para la sociedad.

En sus escritos se presenta convencido de que cualquiera que se acerca, con ánimo libre, a este misterio fácilmente se enamora de él.

No es una devoción cualquiera, sino el camino más breve y sencillo para acercarse a la verdad y a la intimidad más profunda con Dios-Trinidad del cielo. La Trinidad de la tierra (así llama a menudo a la Sagrada Familia) es un enganche intermedio necesario para llegar a las alturas de Dios y a la profundad de su misterio. Pero no nos deja en suspenso, nos empuja a seguir a Jesús en la concreción y sencillez de la vida de todos los días.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Audacia, creatividad y santidad de san José Manyanet

“Se invita pues, a los Institutos a reproducir con valor la audacia, la creatividad y la santidad de sus fundadores y fundadoras como respuesta a los signos de los tiempos que surgen en el mundo de hoy. Esta invitación es sobre todo una llamada a perseverar en el camino de la santidad a través de las dificultades materiales y espirituales que marcan la vida cotidiana” (VC 37).

Nos parece que esta invitación del Papa en la Exhortación Vita Consecrata, resume y expresa bien la llamada que la canonización del Padre Fundador significa para todos nosotros en estos momentos: audacia, creatividad y santidad, en nuestra vida y en nuestra misión de Hijas e Hijos de la Sagrada Familia.

Con estas tres palabras podríamos recorrer toda la historia personal del Padre Fundador desde que abandona la seguridad del palacio episcopal de Urgel hasta que muere, exhausto, en el colegio Jesús, María y José, de Barcelona, tras haber gastado generosamente su vida en la fundación, formación y expansión de nuestros Institutos.

Audacia evangélica

Fueron 40 años de audacia evangélica para buscar, encontrar y proponer una respuesta a las necesidades que detectó en la sociedad de su tiempo.

En la segunda mitad del siglo XIX, cuando la familia en España aparentemente era una familia compacta, unida, religiosa, el Espíritu suscitó al Padre Fundador para que pusiera como acción prioritaria de todas las instituciones que él fundó no solamente la educación, como acto previo para tener familias cristianas, sino la preocupación por el matrimonio, por la familia, por el hogar, para prevenir tantos factores sociales, culturales e ideológicos que pugnan hoy por alejar a las familias de su cometido natural y cristiano.

Creatividad apostólica

Lo hizo con creatividad apostólica adaptando sus formas a las nuevas situaciones y a las diversas necesidades, en plena docilidad a la inspiración divina y al discernimiento eclesial. Fueron fruto de su creatividad la inspiración en la vida de la Sagrada Familia de Nazaret de sus obras en favor de la familia, la forma concreta de nuestras respectivas familias religiosas, la espiritualidad que define nuestra vocación y misión en la Iglesia, los medios esenciales de nuestro apostolado y el aire de familia que nos distingue y caracteriza en la sociedad. Y todo esto como fruto de la oración y contemplación y una plena fidelidad a la autoridad de la Iglesia, dentro de la cual siempre quiso vivir, trabajar y morir.

Santidad carismática

La clave de su audacia evangélica y creatividad apostólica fue, sin duda, la santidad carismática, inspirada en la vida y ejemplos de Jesús, sujeto a María y José en Nazaret. La apertura a la voluntad de Dios, la humildad, la obediencia, el trabajo y el servicio—claves para interpretar los largos años de vida de Jesús con María y José en Nazaret—fueron también las coordenadas de la vida de nuestro Padre Fundador.

Desde la contemplación de la vida de Nazaret él entendió que la profesión de los consejos evangélicos es un camino privilegiado hacia la santidad, una escuela de amor y servicio. Y, movido por un profundo deseo de conformar su vida a la de Jesús, acogió la llamada a la santidad y la cultivó en el silencio de la adoración, en la oración litúrgica y personal, en un auténtico camino de santidad.

Este artículo continúa en "Nuestra respuesta y prioridades".

Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.

La Iglesia es la familia de familias, por Mons. Joan E. Vives, obispo de Urgel

Hoy le pedimos a san José Manyanet que interceda por todos los hijos de Tremp, especialmente por todo el pueblo catalán, que él amaba tanto, y para el cual quiso levantar el Templo expiatorio de la Sagrada Familia en la capital, Barcelona (...)

Pidamos también por el presbiterio de nuestra diócesis, que sepamos imitar la apostolicidad tan bella, los ojos abiertos que tuvo san José Manyanet, quien cerca de su obispo, muy unido siempre a él, el obispo Caixal, a quien tanto amó, descubrió las nuevas necesidades que tenía el mundo familiar en aquella primera ruptura de la emigración del mundo rural a la ciudad.

Era una gran crisis a causa de la industrialización, cuando los niños, apenas a los 8 o 9 años, ya empezaban a trabajar... Pues bien, precisamente en este mundo tan duro, en aquel primer capitalismo sin entrañas, Manyanet inicia su obra apostólica —precisamente está enterrado en uno de los barrios más comprometidos con la industrialización de Barcelona, Sant Andreu de Palomar, en la parroquia, antes Jesús, María y José, y que ahora lleva su nombre de Sant Josep Manyanet—, y desde allí irradió amor al mundo obrero, a la familia trabajadora, a las gentes que necesitaban calor, cariño y cultura.

Hoy el mundo obrero tiene un rostro nuevo de emigrante, un aspecto de muchos colores, probablemente de otras religiones y confesiones, y lastimosamente de una carencia de educación religiosa en muchos casos. Que aquel amor que san José Manyanet tuvo por la gente sencilla y trabajadora siga vivo hoy en la Iglesia diocesana de Urgel, en las iglesias que hacen camino en Cataluña, y en la Iglesia universal (...)

Y también el campo pastoral que san José Manyanet vivió más, que trabajó más, en el que sembró más, que continue siendo un objetivo prioritario, la familia, la pastoral familiar (...) La familia es el lugar prioritario de la formación de la persona y de la sociedad, la cuna de la vida y del amor, y de aquí se podrá ir aprendiendo el amor, la fidelidad, la necesidad de corresponder (...)

Una iglesia hecha de familias. A mí me gusta mucho la expresión de Juan Pablo II durante el Sínodo de África: “La Iglesia es la familia de familias”. La familia como iglesia doméstica, así la definía el Concilio Vaticano II. Así como una visión de la iglesia universal formada por familias, como las iglesias diocesanas, a través de las cuales subsiste y actúa la Iglesia una, santa, católica y apostólica.

Texto extraído de la homilía del obispo de Urgel, Mons. Joan E. Vives durante la misa de acción de gracias en Tremp por la canonización de José Manyanet (Roma 2004).

Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la canonización. Barcelona 2006.

Un santo para nuestros días, Mons. Felipe González, obispo de Tenerife


Hoy la iglesia diocesana da gracias a Dios por el Padre Manyanet, por san José Manyanet y Vives. Un santo catalán, español. Fundador de dos congregaciones religiosas: los Hijos de la Sagrada Familia y las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret.

El Padre Manyanet vivió una vida extraordinaria en lo ordinario. Descubrió la grandeza de la vida cotidiana transcurrida en la humildad y en el silencio construyendo con constancia y sin ruido, día a día, un mundo nuevo, desde el calor del corazón y cooperando siempre con el Señor. Es esta compañía y sostén del Señor lo que ha hecho que el camino de la vida de san José Manyanet fuese bueno y feliz, aunque no siempre fácil.

El secreto de su alta y profunda espiritualidad es de una simplicidad que desarma, al alcance de todos: entrar cada día en la casa de Nazaret, para construir un “Nazaret” en nuestras vidas. “Volvamos a la simplicidad de Nazaret —afirmaba él—, donde todo tuvo inicio. Vayamos cada día a Nazaret porque ellos, Jesús, María y José, son nuestros maestros; tomemos de ellos los secretos para la reconstrucción de la familia, de la Iglesia y de una nueva sociedad, con medios y mentalidad nueva. Atemos con un “hilo de oro” la experiencia de aquella extraordinaria Familia a la vida de las familias de hoy, para transmitir las bases sólidas que crean relaciones sanas y educativas”, san José Manyanet.

Es el mismo Papa, Juan Pablo II, quien en su homilía de canonización nos presenta, desde esta perspectiva, la figura del Padre Manyanet: “Desde el principio el Paráclito ha suscitado hombres y mujeres que han recordado y difundido la verdad revelada por Jesús. Uno de estos fue san José Manyanet, verdadero apóstol de la familia, inspirándose en la escuela de Nazaret realizó su proyecto de santidad personal y se dedicó, con entrega heroica, a la misión que el Espíritu le confiaba. Para ello fundó dos congregaciones religiosas. Un símbolo visible de su anhelo apostólico es también el Templo de la Sagrada Familia de Barcelona”, Juan Pablo II homilía de la canonización, 16 de mayo 2004.

San José Manyanet, al haber recibido el don de trabajar por las familias, se ha convertido en un santo moderno, un santo para nuestros días. Posiblemente, ni siquiera él mismo se dio cuenta de la riqueza del carisma que había recibido y ha dejado en la Iglesia. Ha sido de hecho un profeta de la Buena Noticia de la familia y de la pastoral familiar. Pastoral familiar, por cierto, tan actual y necesaria hoy cuando se dan tantas y tan graves agresiones a la familia, provenientes de grupos mediáticos, culturales y hasta políticos.

¡Cuán necesario y cuán actual es el carisma que el Padre Manyanet ha recibido del Señor y ha dejado a su Iglesia!

Notemos que san José Manyanet, un santo reconocido por la Iglesia, no es sólo un ejemplo de vida para cada uno de nosotros, ni sólo el impulsor de nuestra atención pastoral a las familias, sino que es también presentado por la Iglesia como amigo e intercesor a favor de las familias.

San José Manyanet forma parte de una nueva generación de santos, obedientes a Dios y encarnados en la situación cotidiana de nuestros días. Es “un nuevo género de santos” que invita también a ser santos como ellos, contando ahora con su ayuda e intercesión.

Casi podríamos resumir todo lo referente a san José Manyanet diciendo que en el fondo sólo tuvo un sueño: robar a Nazaret el secreto de la Santa Familia, Jesús, María y José, para darlo a las familias y así cambiar la sociedad, por medio de la educación de niños y jóvenes. Es un sueño que nos deja, para que también nosotros, como él, prosigamos e intentemos realizarlo, sabiendo que ahora tenemos un intercesor más en favor de este sueño y de todas las familias (...)

Pidamos sabiduría para experimentar que Dios es amor, que Dios es familia, que Dios es idilio trinitario. En todos nosotros está impresa la huella de la entrega y de la fidelidad de Dios. El Padre Manyanet la descubrió y es santo. El Espíritu Santo nos ha revelado no sólo un misterio extraordinario, sino que nos ha desvelado el propio ser de Dios y el sentido último de las cosas. Misterio de amor, de entrega, que requiere en nosotros amor y entrega definitivas.

HOMILIA DE MONS. FELIPE GONZÁLEZ, Obispo de Tenerife, España.
Misa de acción de gracias por la canonización de san José Manyanet

Descubrió el Evangelio de la Familia, por Mons. Jorge E. Jiménez, obispo de Zipaquirá, Colombia



De las palabras que el Santo Padre pronunció en la canonización de san José Manyanet llama mucho la atención que le aplique al santo algo que el Papa ha llevado muy hondo dentro de su corazón durante su pontificado. Dice el Santo Padre: “El Padre Manyanet supo anunciar para el mundo de hoy el Evangelio de la Familia” (...) 

Esta fue la gran inspiración de san José Manyanet: descubrió dentro del Evangelio la familia, descubrió el evangelio de la familia, descubrió que la Palabra de Dios tiene un anuncio muy especial para cada familia y para todas la familias (...)

San José Manyanet descubrió en el Evangelio de Jesucristo la gran buena nueva de la familia. Y dedicó toda su vida, su predicación y sus escritos, a anunciar a esta sociedad el Evangelio de la Familia. Y para continuar su obra, fundó a los Hijos e Hijas de la Sagrada Familia. Ellos tienen el encargo de continuar por todo el mundo anunciando este Evangelio. Porque la familia es buena noticia, y buena noticia de salvación para todos los hombres y para todas las mujeres (...)

El Padre Manyanet nos habla en sus escritos cómo la familia no solamente tiene que ser el lugar donde se reproduce la Familia de Nazaret sino una verdadera escuela donde se aprende a ser familia, a conocer a Jesús, a amar a Jesús, a contemplar a Jesús, a encontrarse con él (...)

San José Manyanet, llamado por Juan Pablo II “profeta de la familia para el mundo de hoy”, descubrió en la Palabra del Señor todo esto que llamamos el “evangelio de la familia”. Su fuente de inspiración fue siempre el Evangelio y ese hermosísimo icono que lo es también para todos los discípulos de Jesucristo: la Familia de Nazaret. Quiso que sus hijos espirituales, especialmente las dos familias religiosas que fundó, tuvieran la misma fuente de inspiración. San José Manyanet es hoy santo de nuestra Iglesia universal y la Iglesia católica al canonizarlo quiere que sea modelo de inspiración para renovar la familia en el mundo de hoy.

Queridos hermanos todos, pero en especial hijos e hijas de este gran santo, vivan en su ministerio en la Iglesia el carisma que les dejó como herencia san José Manyanet. Anuncien por todas partes el Evangelio de la Familia. Es una buena nueva de salvación para el mundo en que vivimos. Pero háganlo con pasión, como él lo hizo y por lo cual está hoy en los altares. Difundan con entusiasmo la espiritualidad de la Familia que él predicó. Las gestes de nuestras parroquias y comunidades la necesitan y la ansían.

Y ustedes, queridas familias y matrimonios que hoy gozan la canonización de san José Manyanet, hagan de sus hogares “familias de Nazaret”.

HOMILIA DE MONS. JORGE E. JIMÉNEZ, Obispo de Zipaquirá, Colombia.
Misa de acción de gracias por la canonización de san José Manyanet.

martes, 3 de septiembre de 2013

Aportación fundamental del Santo, por el Card. Ricard Maria Carles, Arzobispo de Barcelona

¿Cuál es su aportación fundamental? El padre Manyanet es un apóstol y un profeta de la familia cristiana. Verdadero servidor de la familia, puso su objetivo en la que es siempre la mayor preocupación de toda familia: la educación de los hijos. Manyanet fue un gran educador, un hombre de gran corazón, un sacerdote de gran bondad, cuya alma recuerda la del beato Juan XXIII.

Un hombre así, estaba preparado para comprender que la cima de la pedagogía es lo que él llamaba “cultura del corazón”, la educación en auténticos valores humanos y cristianos, y que la escuela ha de tener mucho de “hogar” para ser formadora de la persona (...)

Como educador cristiano para la familia, el padre Manyanet pone los ojos en la Sagrada Familia, en los largos años de convivencia y de vida oculta de Jesús, con María y José en Nazaret. La Sagrada Familia —el mismo Hijo de Dios en su existencia humana escondida, trabajando como carpintero— fue el centro de su carisma como religioso y como educador. Recibió de Dios como un don especial para su santificación personal y para el servicio que se sintió llamado a prestar a la Iglesia, la capacidad de penetrar contemplativamente en las riquezas encerradas en la Sagrada Familia de Nazaret (...)

De la contemplación de la vida de la Sagrada Familia, el padre Manyanet extrajo un mensaje para todas las familias. Y lo plasmó en un lema que es una síntesis de su espiritualidad y de su proyecto apostólico: “Un Nazaret en cada hogar”. El centro de su espiritualidad era la Sagrada Familia, y él concibió toda su actividad y la de las dos congregaciones por él fundadas, como un servicio a la familia, y más concretamente a la familia cristiana. A uno de sus libros le quiso poner este título Preciosa Joya de Familia. En realidad, la familia era para él la “joya de la corona” y en Nazaret halló su auténtico y verdadero referente.

Resulta lógico y muy sugestivo que José Manyanet, como fruto de su sensibilidad eclesial, sintiese la necesidad de proponer la construcción de un templo expiatorio dedicado a la Sagrada Familia y que, desde los primeros momentos, aparezca vinculado a la construcción del templo, una verdadera joya del arte de la arquitectura de Gaudí, que hoy es objeto de creciente admiración e irradiación en todo el mundo. El padre Manyanet, apóstol de la Sagrada Familia y de la familia, y Antonio Gaudí, “el arquitecto de Dios”, aportan al proyecto de este gran templo dedicado a Jesús, María y José una dimensión espiritual que lo convierten además en un mensaje vivo para las familias.

Es significativo que, en el año 1909, junto al templo, diseñada por Gaudí, surgiera también una escuela, como expresión de la preocupación social, unida al templo gaudiano. Y es muy revelador que, según cuentan los expertos, el genio de Gaudí diera diera a la planta de las tres aulas de dicha escuela una formas curvas que recuerdan el corazón humano, el corazón de Jesús, María y José. Nuestro buen padre Manyanet no pudo ver en este mundo esta plasmación arquitectónica de su carisma, porque falleció en el año 1901. Sin embargo, hoy comprendemos que Gaudí, traduciendo la dimensión social inherente al templo desde sus inicios, plasmó en su arte tres realidades que son el carisma y la vida misma de José Manyanet: la Sagrada Familia, la familia y la educación. Y todo enmarcado en lo que Juan Pablo II denominó en la misa de su beatificación “la pedagogía del Evangelio de Nazaret”, o la “cultura del corazón”, como enseña el padre Manyanet, porque las grandes opciones y decisiones se toman no sólo después de una seria reflexión, sino en el nivel más profundo de la persona que llamamos corazón. Y la educación a este nivel es integradora de toda la persona y le capacita para comprender el sentido de su vida y de su vocación. La pedagogía del padre Manyanet se inspira en el hogar de Nazaret y tiende a educar para la familia y con la familia.

Hay un último aspecto en la vida del padre Manyanet que me parece de justicia destacar porque le honra a él y a sus hijos e hijas espirituales y a toda la Iglesia de Dios que peregrina en esta su tierra natal de Cataluña. Me refiero a su sentido social. Él quiso fundar colegios sobre todo para los hijos de las familias pobres, para las clases obreras o populares. Por eso nunca cerró las puertas de sus colegios a los alumnos que carecían de medios económicos. Decía: “Los ricos tienen colegios para educar a sus hijos; hagamos colegios para educa e instruir a los hijos de los obreros”. En esta misma ciudad de Barcelona entró en contacto con varias asociaciones benéficas a favor de las clases más desfavorecidas, y colaboró, entre otras, con la Junta Diocesana de Enseñanza, la Juventud Católica, la Asociación de Católicos, la Junta de Asilo Naval Español, etc. Para los hijos de las familias trabajadoras no sólo abrió colegios de enseñanza sino también las escuelas talleres de la Sagrada Familia, centros de formación profesional y de firme amor al trabajo.

Solo me resta destacar la actualidad y la urgencia de la pastoral de la familia en las preocupaciones de la Iglesia actual y la singular aportación que en este sentido representa la vida y la obra de José Manyanet. Es conocida la constante solicitud de Juan Pablo II por la familia, a la que ha dedicado desvelos, iniciativas (...) y numerosos documentos. El futuro de la Iglesia y de la sociedad depende en gran parte de la salud de la familia, que el Concilio Vaticano II definió como una verdadera “iglesia doméstica”. Cuando toda la Iglesia vive esta preocupación prioritaria por la familia, considero que es un hecho providencial la canonización de este sacerdote de nuestras tierras que con toda justicia es calificado en el libro que presento al lector como “profeta de la familia”.

La Iglesia, al declararlo santo, no sólo valida su vida, su magisterio y su misión al servicio de la familia sino que nos lo presenta como su intercesor. Es un maestro pero sobre todo un abogado para nuestras familias. Deseo que, por su ayuda e intercesión, todas las familias vuelvan su mirada hacia Nazaret y aprendan la vida sencilla, laboriosa y cordial de la Santa Familia.

Introducción del Cardenal Ricard Maria Carles en la presentación del libro José Manyanet, Profeta de la familia (J.M. Blanquet - J. Piquer, Claret. Barcelona 2004).

Profeta para las familias, por el Card. Ricard Maria Carles

El reconocimiento de la santidad de san José Manyanet no solo representa la presencia de un nuevo intercesor para las familias sino también un estilo de vida santa inspirado en la Sagrada Familia de Nazaret.

Con la inspiración del nuevo santo el gran arquitecto Antonio Gaudí hizo en Barcelona el proyecto de un gran templo en honor de la Sagrada Familia. Un gran templo que pienso que será la gran catedral de Europa del siglo XXI (...)

Creo que esta canonización es también un gran monumento a las familias, que ha querido dar a la Iglesia y al mundo, nuestro buen papa Juan Pablo II. Esta canonización la veo como una respuesta del Espíritu Santo a las necesidades actuales de la famila.

Por eso, os invito brevemente, iluminados por las lecturas de esta misa, a adentrarnos un poco en el mensaje del nuevo santo.

Un profeta para las familias

En cuanto a la primera lectura, pienso que es un profeta para las familias. El Padre Manyanet nos aparece ahora —elevado a los altares— como un nuevo Abraham, un patriarca y un abogado de la familia, una bendición para las familias de nuestra tierra y de todo el mundo.

José Manyanet vivió la verdadera vocación de Abraham. También nuestro santo escuchó en su conciencia la voz de Dios que le decía: “Vete de tu tierra y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré...”

Manyanet no tuvo que dejar patria, pero sí dejó una vida tranquila y serena, e incluso una prometedora carrera eclesiástica en su Tremp natal, y en su estimada diócesis de Urgel, en la que era un muy estimado colaborador del obispo José Caixal. Dejó esa vida que podía haber sido segura y con compensaciones humanas para afrontar un aventura: la de fundar dos congregaciones religiosas al servicio de la educación de la infancia y de la juventud.

Su trasladó a Barcelona y los primeros tiempos de ambas instituciones, le produjeron no pocos sinsabores, dudas, disgustos, sufrimientos físicos y morales...

Pero Dios fue fiel con Abraham y también lo ha sido con san José Manyanet. En él se ha cumplido —y ahora se cumple plenamente con su canonización— la promesa de Dios a Abraham: “Te bendeciré, engrandeceré tu nombre y será una bendición...” (...) Sois todos vosotros esta bendición de Dios a la Iglesia y al mundo por medio del nuevo santo, sobre todo los religiosos y religiosas de sus dos congregaciones, y las familias cristianas que amáis y crecéis cada día en vuestra vocación de ser santos en el matrimonio y la familia.

“En ti —dice Dios a Abraham— serán bendecidas todas las familias de la tierra” (...) Esto es también realidad en el Padre Manyanet: en él son bendecidas todas las familias de la tierra (...)

Manyanet, hombre de experiencia mística y de silencio interior

Manyanet fue también un hombre de experiencia mística y de vida interior, y con esto vuelvo a la segunda lectura. Esta misión no la improvisó san José Manyanet. Por eso al nuevo santo le podemos aplicar también las palabras de la segunda lectura.

El apóstol Juan tuvo una gran experiencia del misterio de Jesús (...): “Lo que existía en el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto... lo que contemplamos, lo que tocaron nuestras manos, lo que se manifestó y de lo que os damos testimonio”... El apóstol anuncia su experiencia, vivida en la cercanía del Señor y después nos dice que hemos de dar testimonio (...) Y yo bendigo a Dios porque vosotros y vosotras, los hijos religiosos de san José Manyanet vivís esa misma experiencia.

San José Manyanet vive una experiencia semejante a la de los apóstoles aunque la vive 19 siglos más tarde. El centro de su experiencia mística es también el Verbo encarnado pero en la vida oculta, en la vida de la Sagrada Familia de Nazaret.

Y de aquí arranca el que será su carisma, ahora oficialmente reconocido y propuesto de manera solemne a toda la Iglesia. De la contemplación de la vida de la Sagrada Familia, san José Manyanet extrajo un mensaje para todas las familias. Y lo plasmó en un lema que es una síntesis de toda su espiritualidad: “Un Nazaret en cada hogar”.

La Sagrada Familia de Nazaret fue el centro de su espiritualidad y de ahí arranca también su carisma: presentar el modelo de la Sagrada Familia a todas las familias, principalmente mediante educación e instrucción de los niños y de los jóvenes, con la colaboración de los padres y madres.

En la contemplación de la Sagrada Familia descubrió el designio de Dios sobre la familia, un designio que no cambia, porque no es obra de los hombres sino de Dios (...)

No he dicho nada del silencio interior, pero solo aludiré a su etapa de desierto, de san José Manyanet, al silencio de los que su hijos e hijas llamáis con toda razón: la meditación en “las largas noches oscuras” por las que tuvo que pasar a lo largo de su peregrinación terrenal. Pero como ha dicho un gran teólogo actual que a la vez es un místico, “cuando los místicos tuvieron conciencia de la noche del espíritu, es porque tenían conciencia del día esplendoroso del Espíritu”. Para quien no hubiera visto nunca un día, la noche le parecería lo habitual. Cuando ellos sufrían y se lamentaban, y ofrecían a Dios esa añoranza de la luz, es porque ya la habían conocido. Eso le pasaba a san José Manyanet.

Acabo con una reflexión sobre el evangelio que hemos escuchado. Por encima del parentesco de sangre, Jesús exalta el parentesco del Espíritu. “¿Quién es mi madre y mis hermanos?” “Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dice: Estos son mis hermanos y mi madre. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (...) Es la familia espiritual de Jesús. Es la Iglesia en ciernes. Eso buscó san José Manyanet. Demos gracias a Dios por habernos dado a san José Manyanet, este profeta y abogado de la familia. Él es maestro, abogado e intercesor de las familias cristianas.

Texto extraído de las palabras de la homilía del cardenal Ricard Maria Carles durante la misa de acción de gracias por la canonización de José Manyanet, Roma 2004.

Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.


“Apóstol de la familia”, por Juan Pablo II

“Desde el principio el Paráclito ha suscitado hombres y mujeres que han recordado y difundido la verdad revelada por Jesús. Uno de estos fue san José Manyanet, verdadero apóstol de la familia. Inspirándose en la escuela de Nazaret, realizó su proyecto de santidad personal y se dedicó, con entrega heroica, a la misión que el Espíritu le confiaba. Para ello fundó dos congregaciones religiosas. Un símbolo visible de su anhelo apostólico es también el templo de la Sagrada Familia".

Texto extraído de la homilia del papa Juan Pablo II durante la canonización de José Manyanet, Roma 2004.

Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.


El camino hacia la resurrección, por Josep Roca, S.F.

José Manyanet tuvo que soportar a lo largo de su vida innumerables enfermedades y sufrimientos físicos y morales, por esto no le sorprendió la muerte. Estaba ya preparado para salir de esta casa terrenal y reencontrarse con Jesús, José y María en el hogar celestial.

A principios de diciembre de 1901 sufrió un fuerte resfriado con fiebre muy alta. El día 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada, celebró su última misa en comunidad.

El, de pequeño, recibió el abrazo de la Virgen de Valldeflors. En esta fecha señalada, cuando ya sentía la voz de su tránsito, se trasladó espiritualmente a Tremp para echarse de nuevo a sus brazos. Era domingo, día del Señor, el día en que los cristianos celebran la Pascua. El arroyo de alta montaña estaba a punto de llegar al gran mar sin fondo de la felicidad eterna.

Eran las siete de la mañana del día 17 de diciembre de 1901. El padre Buenaventura Mullol, su hombre de confianza, le administró el sacramento de la unción de los enfermos y le dió la comunión. El padre secretario le acercó a los labios una cruz para que la besase. La miró con ternura y dijo: "Jesús, José y María, descanse en paz con vosotros el alma mía". Y en aquella hora se detuvo su pulso. Era la hora de un santo.

Sus restos descansan en la Iglesia de la parroquia de San José Manyanet, en Sant Andreu de Palomar, donde él había establecido su residencia habitual cuando aún era un municipio independiente, y que actualmente es un barrio de Barcelona.

Fue beatificado por el papa Juan Pablo II el 25 de noviembre de 1984, y el mismo Papa, el 16 de mayo de 2004, lo canonizó. Su fiesta litúrgica se celebra el 16 de diciembre, la vigilia del aniversario de su muerte, dado que el 17 comienzan las ferias privilegiadas de Adviento.

Fuente: San José Mañanet, profeta de la familia, por Josep Roca (2007).

1869, Un gran templo, casa espiritual de las familias

En la Seu d´Urgel José Mañanet oraba intensamente para escrutar la voluntad de Dios sobre su vida. Puso los ojos en Nazaret y profundizó espiritualmente en el misterio de aquella casa y de aquella escuela, en el que el hijo de Dios se encarnó y creció, avanzó en entendimiento y tenía el favor de Dios y de los hombres.

Dios, en el interior de la familia trinitaria, había escogido la sencilla institución familiar para iniciar la obra de redención. Si Dios amaba tanto al ser humano, ¡cómo debía también amar la familia de donde proviene!

Fruto de la intensa oración, le vino la idea de edificar un templo en honor a san José, el cabeza de la Familia de Nazaret, para que sirviese de expiación y de casa espiritual a todas las familias. Esta idea debía tener un sentido eclesial, por esto lo comunicó, en una carta del 24 de junio de 1869, al obispo Caixal, que estaba en Roma como padre del Concilio Vaticano I.

Animado por la aprobación del obispo, compartió la idea con el librero de Barcelona José M. Bocabella, que la divulgó en la revista El propagador de la devoción a San José.

Bocabella adquirió un terreno en las afueras de la ciudad condal. Se celebró la colocación de la primera piedra el 19 de marzo de 1882.

José Mañanet, además de la inspiración inicial, realizó diversas aportaciones. Pocos meses después el famoso arquitecto Antonio Gaudí se hacía cargo de las obras y el templo tomó el vuelo catequético y artístico que es hoy la admiración del mundo entero.

El papa Juan Pablo II, al visitar el templo de la Sagrada Familia de Barcelona, en noviembre de 1982, dijo: "Es fruto de la inspiración de un alma particularmente sensible a todo lo que es eclesial, el padre José Mañanet Vives, y obra del genial arquitecto Antoni Gaudí".

Fuente: San José Mañanet, profeta de la familia, por Josep Roca (2007).

lunes, 2 de septiembre de 2013

Bula de canonización: Carta Decretal con la que se asignan al Beato José Manyanet y Vives los honores de los Santos.

“Con tu nombre se bendecirán 
todas las familias del mundo” 
Génesis 12,3.

Como Abraham, que fue llamado por Dios para iniciar al nueva familia de los hijos de Dios, el beato José Manyanet y Vives consagró toda su vida a fomentar y defender la dignidad del matrimonio y de la familia según el plan de Dios, cuyo cometido es la edificación de la familia de Dios, que es la Iglesia. Él contribuyó de tal modo a la renovación de la vida familiar en la España del siglo XIX, que fue llamado “verdadero apóstol de la familia”.

Este ferviente hijo de la Iglesia nació el día 7 de enero de 1833 en Tremp, en la diócesis de Urgel, en España, en el seno de una familia numerosa y cristiana. Presintiendo su vocación al sacerdocio, en 1845 ingresó en el colegio de la Escuela Pía de Barbastro. Completó su formación filosófica y teológica en los seminarios diocesanos de Lérida y Urgel y el día 9 de abril de 1859 fue ordenado sacerdote de esta última diócesis.

Fue un colaborador estimado del obispo de Urgel en varios oficios de la curia diocesana y en el desempeño de su ministerio sacerdotal, hasta que se sintió llamado por Dios para presentar al mundo los ejemplos de la Sagrada Familia de Nazaret y promover la formación cristiana de las familias, principalmente por medio de la educación e instrucción eminentemente católica de los niños y los jóvenes. “¿Qué hacer —decía— para devolver a las familias su dignidad, la paz y tranquilidad de que hoy día carecen? No hay nada más que señalarla y aficionarla a imitar el perfectísimo modelo de la Sagrada Familia, y de seguro se reformará, y reformada ella, quedará saneada la sociedad” (Camareros S.F., 1868, I,6).

Con este fin, movido por el Espíritu, en 1864, fundó el Instituto de los Hijos de la Sagrada Familia, Jesús, María y José y, en 1874, el de Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret. “La educación e instrucción de la niñez y la juventud —escribía— puesta en manos de sacerdotes y estos religiosos, es el medio más apto... y de resultados más positivos para reformar la familia y con ella la sociedad” (Carta, marzo 1889).

Fruto de la oración y de su sensibilidad eclesial, en 1869, propuso la idea de levantar un templo expiatorio para que fuera el símbolo visible y el hogar espiritual de las familias de todo el mundo. De esta inspiración nació el Templo expiatorio de la Sagrada Familia de Barcelona, obra insigne del arquitecto siervo de Dios Antonio Gaudí.

El día 2 de febrero de 1970 hizo la profesión religiosa como Hijo de la Sagrada Familia y recibió la de los primeros compañeros. A lo largo de su vida, vivió esta consagración como respuesta a la llamada de Dios en un clima sobrenatural y con una fidelidad heroica.

Trabajador modelo por el Reino de Dios en Cristo, llevó a cabo una admirable actividad apostólica en favor de la promoción del matrimonio y de la familia cristiana, principalmente con la predicación, escribiendo libros, abriendo escuelas, colegios y centros de pastoral para la formación de los padres y de los hijos, especialmente de los más necesitados. Quería familias como escuelas y escuelas como familias. En todas estas actividades proponía el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret, desde cuyo hogar y escuela Jesús, el hijo de Dios, proclamó el Evangelio de la Familia como Nos mismo hemos escrito en la Carta a las familias, 23.

Creó otras asociaciones familiares para que imitaran también a la Familia de Nazaret y colaborasen en la tarea educadora de las familias y de los niños y jóvenes. Con este mismo fin fundó la revista titulada La Sagrada Familia para llevar las virtudes y ejemplos de Jesús, María y José a todos los hogares y llegaran a ser verdaderas iglesias domésticas. “La paternidad es como un sacerdocio —escribía el beato Manyanet— y así como es propio del sacerdote exhortar, predicar y rogar, del mismo modo los padres de familia dentro de su casa deben ser celosos vigilantes y constantes, pero prudentes predicadores” (Preciosa Joya de Familia, II, 2, 1889).

Él deseaba ardientemente y trabajó con constante y admirable celo para que “todas las familias de la tierra imiten y bendigan a la Sagrada Familia de Nazaret”. “La Sagrada Familia —escribía— desea ser conocida, el Papa lo suplica, el estado actual de la sociedad lo exige” (Nuestro objeto, 1899).

Él, por su parte, habiendo recibido el don de llamarse y ser Hijo de la Sagrada Familia, entregó su corazón a esta Familia Santa y estableció su morada espiritual en la Casa de Nazaret. Allí, mediante la lectura y meditación de la Sagrada Escritura, alimentó su piedad filial hacia Jesús, María y José, y aprendió a ser testigo y apóstol de la santidad de esta Familia. Identificado con el personaje literario de su autobiografía espiritual llamado “Desideria”, creyó siempre en la posibilidad y necesidad de crecer en la condición de hijo de Dios por el camino de la sumisión y de la humildad, como Jesús, junto a María y José en Nazaret.

Fue un óptimo maestro espiritual tanto de los seglares como de los religiosos. Humilde y obediente siempre a los Prelados, soportó con serenidad, entereza y paciencia muchas contrariedades y sufrimientos.

Minada su salud por unas llagas abiertas en el costado durante 16 años —que llamaba las “misericordias del Señor”— el 17 diciembre de 1901, esclarecido en virtudes y buenas obras, volvió a la casa del Padre, en Barcelona, rodeado de niños y jóvenes. Sus últimas palabras fueron esta jaculatoria repetida tres veces: Jesús, José y María, recibid cuando yo muera el alma mía.

Aumentando la fama de su santidad, el año 1931 se comenzó la Causa de beatificación y canonización. Habiéndose cumplido todo lo exigido por el derecho, el día 25 de noviembre de 1984 proclamamos solemnemente a José Manyanet beato. El día 20 de diciembre de 2003, en Nuestra presencia, fue proclamado el Decreto sobre un milagro atribuido a la intercesión del mismo beato. Escuchados los pareceres de los Padres Cardenales y Obispos en el Consistorio celebrado el día 19 de febrero del año siguiente, con los pareceres a favor, decretamos que el rito de la canonización se celebrase en Roma el día 16 de mayo siguiente.

Y hoy, en la solemne celebración de la Eucaristía en la plaza de San Pedro, pronunciamos esta fórmula:

“En honor de la Santísima Trinidad, para exaltación de la fe católica e incremento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y Nuestra, habiendo meditado largamente e invocado repetidamente la ayuda divina y habiendo recibido el parecer de muchos Hermanos nuestros en el episcopado, declaramos y definimos Santos a los Beatos Luigi Orione, Annibale Maria Di Francia, José Manyanet y Vives, Nimatullah Hassab Al.Hardini, Paola Elisabetta Cerioli y Gianna Beretta Molla, les inscribimos en el catálogo de los Santos y establecemos que en toda la Iglesia sean piadosamente honrados entre los Santos. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

Cuanto por las presentes Letras hemos establecido, ordenamos que ahora y por siempre sea ratificado y afirmado, sin que obste nada en contrario.

Dado en Roma, en San Pedro, el día 16 de mayo de 2004, vigésimo sexto de nuestro Pontificado.

Yo Juan Pablo
Obispo de la Iglesia Católica

Leonardo Erriquenz,
Protonot. Apost.

Primera y última página de la Bula pontificia de la canonización del Padre José Manyanet y Vives.