SAN JOSÉ MANYANET Y VIVES llevó a cabo una admirable actividad apostólica en favor de la promoción del matrimonio y de la familia cristiana, principalmente con la predicación, escribiendo libros, abriendo escuelas, colegios y centros de pastoral para la formación de los padres y de los hijos, especialmente de los más necesitados. JUAN PABLO II
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martes, 30 de diciembre de 2014
jueves, 5 de septiembre de 2013
Un aire familiar de sencillez
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| CASAL MANYANET DE TREMP |
José Manyanet no hizo cosas extraordinarias, sencillamente siguió su camino cristiano y de servicio a la familia—tal era su vocación y misión— con amor, con alegría, con coraje, fidelidad y sentido sobrenatural (...)
Por todo ello el Papa ha reconocido oficialmente que fue suscitado por el Espíritu para ser verdadero apóstol de la familia, inspirándose en la escuela de Nazaret. Recorrió el camino de la santidad, siguiendo el modelo del Hogar de Nazaret y fue un instrumento válido para promover el bien de la familia mediante la educación de la niñez y juventud.
El secreto está en haber fijado su corazón en la Sagrada Familia y haber tomado el Evangelio de la familia como el motor de su caridad pastoral, inspirando también en ella su pedagogía.
Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.
El testimonio de su santidad
La fama de santidad que le distinguió en vida, se extendió por muchas partes. Por lo que, introducida la Causa de Canonización en 1956, reconocida la heroicidad de sus virtudes en 1982 y aprobado un milagro debido a su intercesión, fue declarado Beato por Juan Pablo II en 1984.
Veinte años más tarde, reconocido un nuevo milagro obrado por su intercesión, Juan Pablo II lo inscribió en el albo de los santos el día 16 de mayo de 2004.
La santidad de José Manyanet, como afirmó Juan Pablo II, tiene su origen en la Sagrada Familia. Fue llamado por Dios "para que en su nombre sean bendecidas todas las familias del mundo".
El Espíritu forjó su personalidad para que anunciara con valentía el "Evangelio de la familia". Su gran aspiración era que "todas las familias imiten y bendigan a la Sagrada Familia de Nazaret"; por ello, quiso hacer un Nazaret en cada hogar, una "Santa Familia" de cada familia.
La canonización del Beato José Manyanet ha sancionado no solo la santidad, sino también la actualidad de su mensaje nazareno familiar. Es, por eso, el profeta de la familia, el protector de las familias.
Fuente: José Manyanet Santo, Memoria de la Canonización, Barcelona 2006.
Veinte años más tarde, reconocido un nuevo milagro obrado por su intercesión, Juan Pablo II lo inscribió en el albo de los santos el día 16 de mayo de 2004.
La santidad de José Manyanet, como afirmó Juan Pablo II, tiene su origen en la Sagrada Familia. Fue llamado por Dios "para que en su nombre sean bendecidas todas las familias del mundo".
El Espíritu forjó su personalidad para que anunciara con valentía el "Evangelio de la familia". Su gran aspiración era que "todas las familias imiten y bendigan a la Sagrada Familia de Nazaret"; por ello, quiso hacer un Nazaret en cada hogar, una "Santa Familia" de cada familia.
La canonización del Beato José Manyanet ha sancionado no solo la santidad, sino también la actualidad de su mensaje nazareno familiar. Es, por eso, el profeta de la familia, el protector de las familias.
Fuente: José Manyanet Santo, Memoria de la Canonización, Barcelona 2006.
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Audacia, creatividad y santidad de san José Manyanet
“Se invita pues, a los Institutos a reproducir con valor la audacia, la creatividad y la santidad de sus fundadores y fundadoras como respuesta a los signos de los tiempos que surgen en el mundo de hoy. Esta invitación es sobre todo una llamada a perseverar en el camino de la santidad a través de las dificultades materiales y espirituales que marcan la vida cotidiana” (VC 37).
Nos parece que esta invitación del Papa en la Exhortación Vita Consecrata, resume y expresa bien la llamada que la canonización del Padre Fundador significa para todos nosotros en estos momentos: audacia, creatividad y santidad, en nuestra vida y en nuestra misión de Hijas e Hijos de la Sagrada Familia.
Con estas tres palabras podríamos recorrer toda la historia personal del Padre Fundador desde que abandona la seguridad del palacio episcopal de Urgel hasta que muere, exhausto, en el colegio Jesús, María y José, de Barcelona, tras haber gastado generosamente su vida en la fundación, formación y expansión de nuestros Institutos.
Audacia evangélica
Fueron 40 años de audacia evangélica para buscar, encontrar y proponer una respuesta a las necesidades que detectó en la sociedad de su tiempo.
En la segunda mitad del siglo XIX, cuando la familia en España aparentemente era una familia compacta, unida, religiosa, el Espíritu suscitó al Padre Fundador para que pusiera como acción prioritaria de todas las instituciones que él fundó no solamente la educación, como acto previo para tener familias cristianas, sino la preocupación por el matrimonio, por la familia, por el hogar, para prevenir tantos factores sociales, culturales e ideológicos que pugnan hoy por alejar a las familias de su cometido natural y cristiano.
Creatividad apostólica
Lo hizo con creatividad apostólica adaptando sus formas a las nuevas situaciones y a las diversas necesidades, en plena docilidad a la inspiración divina y al discernimiento eclesial. Fueron fruto de su creatividad la inspiración en la vida de la Sagrada Familia de Nazaret de sus obras en favor de la familia, la forma concreta de nuestras respectivas familias religiosas, la espiritualidad que define nuestra vocación y misión en la Iglesia, los medios esenciales de nuestro apostolado y el aire de familia que nos distingue y caracteriza en la sociedad. Y todo esto como fruto de la oración y contemplación y una plena fidelidad a la autoridad de la Iglesia, dentro de la cual siempre quiso vivir, trabajar y morir.
Santidad carismática
La clave de su audacia evangélica y creatividad apostólica fue, sin duda, la santidad carismática, inspirada en la vida y ejemplos de Jesús, sujeto a María y José en Nazaret. La apertura a la voluntad de Dios, la humildad, la obediencia, el trabajo y el servicio—claves para interpretar los largos años de vida de Jesús con María y José en Nazaret—fueron también las coordenadas de la vida de nuestro Padre Fundador.
Desde la contemplación de la vida de Nazaret él entendió que la profesión de los consejos evangélicos es un camino privilegiado hacia la santidad, una escuela de amor y servicio. Y, movido por un profundo deseo de conformar su vida a la de Jesús, acogió la llamada a la santidad y la cultivó en el silencio de la adoración, en la oración litúrgica y personal, en un auténtico camino de santidad.
Este artículo continúa en "Nuestra respuesta y prioridades".
Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.
Nos parece que esta invitación del Papa en la Exhortación Vita Consecrata, resume y expresa bien la llamada que la canonización del Padre Fundador significa para todos nosotros en estos momentos: audacia, creatividad y santidad, en nuestra vida y en nuestra misión de Hijas e Hijos de la Sagrada Familia.
Con estas tres palabras podríamos recorrer toda la historia personal del Padre Fundador desde que abandona la seguridad del palacio episcopal de Urgel hasta que muere, exhausto, en el colegio Jesús, María y José, de Barcelona, tras haber gastado generosamente su vida en la fundación, formación y expansión de nuestros Institutos.
Audacia evangélica
Fueron 40 años de audacia evangélica para buscar, encontrar y proponer una respuesta a las necesidades que detectó en la sociedad de su tiempo.
En la segunda mitad del siglo XIX, cuando la familia en España aparentemente era una familia compacta, unida, religiosa, el Espíritu suscitó al Padre Fundador para que pusiera como acción prioritaria de todas las instituciones que él fundó no solamente la educación, como acto previo para tener familias cristianas, sino la preocupación por el matrimonio, por la familia, por el hogar, para prevenir tantos factores sociales, culturales e ideológicos que pugnan hoy por alejar a las familias de su cometido natural y cristiano.
Creatividad apostólica
Lo hizo con creatividad apostólica adaptando sus formas a las nuevas situaciones y a las diversas necesidades, en plena docilidad a la inspiración divina y al discernimiento eclesial. Fueron fruto de su creatividad la inspiración en la vida de la Sagrada Familia de Nazaret de sus obras en favor de la familia, la forma concreta de nuestras respectivas familias religiosas, la espiritualidad que define nuestra vocación y misión en la Iglesia, los medios esenciales de nuestro apostolado y el aire de familia que nos distingue y caracteriza en la sociedad. Y todo esto como fruto de la oración y contemplación y una plena fidelidad a la autoridad de la Iglesia, dentro de la cual siempre quiso vivir, trabajar y morir.
Santidad carismática
La clave de su audacia evangélica y creatividad apostólica fue, sin duda, la santidad carismática, inspirada en la vida y ejemplos de Jesús, sujeto a María y José en Nazaret. La apertura a la voluntad de Dios, la humildad, la obediencia, el trabajo y el servicio—claves para interpretar los largos años de vida de Jesús con María y José en Nazaret—fueron también las coordenadas de la vida de nuestro Padre Fundador.
Desde la contemplación de la vida de Nazaret él entendió que la profesión de los consejos evangélicos es un camino privilegiado hacia la santidad, una escuela de amor y servicio. Y, movido por un profundo deseo de conformar su vida a la de Jesús, acogió la llamada a la santidad y la cultivó en el silencio de la adoración, en la oración litúrgica y personal, en un auténtico camino de santidad.
Este artículo continúa en "Nuestra respuesta y prioridades".
Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.
Aprendiendo a amar a Dios y a los demás, por M. Edith Gutiérrez, M.N.
“El ejemplo de José Manyanet nos da una confianza inquebrantable en la fe y nos anima a construir una sociedad más justa y fraterna. José Manyanet estaba profundamente convencido de que la vida cristiana entraña una misión y un apostolado: ser familia al estilo de la Familia de Nazaret.
Amó apasionadamente a las familias, con un amor redentor. Su mensaje tiene numerosas implicaciones fecundas para la misión evangelizadora de la Iglesia: aprender a amar a Dios y a los demás “desde dentro”, desde el cariño y la entrega de unos padres, primeros maestros de vida; fomentar la promoción personal para transformar el mundo como sueña Dios, educar desde la inteligencia y el corazón para hacer personas libres, buenas y comprometidas. Este sacerdote santo enseñó que Cristo debe ser la cumbre de toda actividad humana y que siempre está con nosotros. Su mensaje nos impulsa a actuar en lugares donde se está forjando el futuro de la sociedad.
Texto extraído de la presentación del acto de acogida por parte de los superiores generales a los peregrinos que fueron a la canonización de José Manyanet. Auditorium Pio, Roma 2004.
Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.
Amó apasionadamente a las familias, con un amor redentor. Su mensaje tiene numerosas implicaciones fecundas para la misión evangelizadora de la Iglesia: aprender a amar a Dios y a los demás “desde dentro”, desde el cariño y la entrega de unos padres, primeros maestros de vida; fomentar la promoción personal para transformar el mundo como sueña Dios, educar desde la inteligencia y el corazón para hacer personas libres, buenas y comprometidas. Este sacerdote santo enseñó que Cristo debe ser la cumbre de toda actividad humana y que siempre está con nosotros. Su mensaje nos impulsa a actuar en lugares donde se está forjando el futuro de la sociedad.
Texto extraído de la presentación del acto de acogida por parte de los superiores generales a los peregrinos que fueron a la canonización de José Manyanet. Auditorium Pio, Roma 2004.
Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.
¿Qué aporta este santo?, por Luis Picazo, S.F.
— ¿Qué aporta el testimonio del Padre Manyanet a la Iglesia universal?
— Ya el Papa actual [Juan Pablo II] en la homilía de su beatificación, lo propuso como ejemplo de trabajador modelo por el Reino de Dios, por su entrega heroica al amor de Dios y a la causa de Cristo en el servicio al prójimo.
Encontramos ciertos paralelismos entre el momento histórico que le tocó vivir y desarrollar su ministerio y el nuestro. Ciertas ideologías intentaban erosionar los valores fundamentales de la familia. No quiso ser él un espectador más, sino todo lo contrario, se puso manos a la obra en el campo donde él creía que era más necesario y útil a la Iglesia, para poder ayudar y potenciar desde dentro a las familias: la educación, campo donde él y sus compañeros trabajaron incansablemente y no sin dificultades precisamente en los barrios obreros de Barcelona, visionando las familias del futuro.
Creo que su testimonio y su trabajo fueron tan necesarios entonces como ahora, y esto es lo que nosotros, sus hijos e hijas, podemos aportar en el momento presente.
Fuente: Entrevista el P. Luis Picazo, superior general, José Manyanet Santo, Memoria de la Canonización, Barcelona 2006.
— Ya el Papa actual [Juan Pablo II] en la homilía de su beatificación, lo propuso como ejemplo de trabajador modelo por el Reino de Dios, por su entrega heroica al amor de Dios y a la causa de Cristo en el servicio al prójimo.
Encontramos ciertos paralelismos entre el momento histórico que le tocó vivir y desarrollar su ministerio y el nuestro. Ciertas ideologías intentaban erosionar los valores fundamentales de la familia. No quiso ser él un espectador más, sino todo lo contrario, se puso manos a la obra en el campo donde él creía que era más necesario y útil a la Iglesia, para poder ayudar y potenciar desde dentro a las familias: la educación, campo donde él y sus compañeros trabajaron incansablemente y no sin dificultades precisamente en los barrios obreros de Barcelona, visionando las familias del futuro.
Creo que su testimonio y su trabajo fueron tan necesarios entonces como ahora, y esto es lo que nosotros, sus hijos e hijas, podemos aportar en el momento presente.
Fuente: Entrevista el P. Luis Picazo, superior general, José Manyanet Santo, Memoria de la Canonización, Barcelona 2006.
¿Qué aporta este santo?, por José María Blanquet, S.F.
— Entre tantas personalidades que llenan el santoral, ¿es su [del santo] trabajo incansable en favor de las familias lo que aporta de novedoso la figura del Padre Manyanet?
— El Papa, ya en la beatificación, resumió así la personalidad del Padre Manyanet: "El puso todas sus fuerzas —a pesar de los límites de la enfermedad— en procurar sobre todo el honor de la Sagrada Familia y el bien de las familias y de los niños. Ese es el carisma propio que penetra toda su vida, sumida en el misterio de una vocación evangélica aprendida en los ejemplos de Jesús, María y José en el silencio de Nazaret". En esa doble dirección se centra la novedad que aporta a la Iglesia el nuevo santo: redescubrir el designio de Dios encerrado en la Familia que formó Jesús con María y José en Nazaret, y proyectarlo hacia la misma Iglesia, las familias, las comunidades religiosas... porque la familia de Jesús, María y José contenía en germen a la Iglesia, fue la primera comunidad consagrada y es el prototipo y arquetipo de toda familia. El mensaje del Padre Manyanet es sencillo pero toca todas las raíces de la Iglesia y de la sociedad.
Fuente: Entrevista el P. José M. Blanquet, vice-postulador, en José Manyanet Santo, Memoria de la Canonización, Barcelona 2006.
— El Papa, ya en la beatificación, resumió así la personalidad del Padre Manyanet: "El puso todas sus fuerzas —a pesar de los límites de la enfermedad— en procurar sobre todo el honor de la Sagrada Familia y el bien de las familias y de los niños. Ese es el carisma propio que penetra toda su vida, sumida en el misterio de una vocación evangélica aprendida en los ejemplos de Jesús, María y José en el silencio de Nazaret". En esa doble dirección se centra la novedad que aporta a la Iglesia el nuevo santo: redescubrir el designio de Dios encerrado en la Familia que formó Jesús con María y José en Nazaret, y proyectarlo hacia la misma Iglesia, las familias, las comunidades religiosas... porque la familia de Jesús, María y José contenía en germen a la Iglesia, fue la primera comunidad consagrada y es el prototipo y arquetipo de toda familia. El mensaje del Padre Manyanet es sencillo pero toca todas las raíces de la Iglesia y de la sociedad.
Fuente: Entrevista el P. José M. Blanquet, vice-postulador, en José Manyanet Santo, Memoria de la Canonización, Barcelona 2006.
Un santo para nuestros días, Mons. Felipe González, obispo de Tenerife
Hoy la iglesia diocesana da gracias a Dios por el Padre Manyanet, por san José Manyanet y Vives. Un santo catalán, español. Fundador de dos congregaciones religiosas: los Hijos de la Sagrada Familia y las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret.
El Padre Manyanet vivió una vida extraordinaria en lo ordinario. Descubrió la grandeza de la vida cotidiana transcurrida en la humildad y en el silencio construyendo con constancia y sin ruido, día a día, un mundo nuevo, desde el calor del corazón y cooperando siempre con el Señor. Es esta compañía y sostén del Señor lo que ha hecho que el camino de la vida de san José Manyanet fuese bueno y feliz, aunque no siempre fácil.
El secreto de su alta y profunda espiritualidad es de una simplicidad que desarma, al alcance de todos: entrar cada día en la casa de Nazaret, para construir un “Nazaret” en nuestras vidas. “Volvamos a la simplicidad de Nazaret —afirmaba él—, donde todo tuvo inicio. Vayamos cada día a Nazaret porque ellos, Jesús, María y José, son nuestros maestros; tomemos de ellos los secretos para la reconstrucción de la familia, de la Iglesia y de una nueva sociedad, con medios y mentalidad nueva. Atemos con un “hilo de oro” la experiencia de aquella extraordinaria Familia a la vida de las familias de hoy, para transmitir las bases sólidas que crean relaciones sanas y educativas”, san José Manyanet.
Es el mismo Papa, Juan Pablo II, quien en su homilía de canonización nos presenta, desde esta perspectiva, la figura del Padre Manyanet: “Desde el principio el Paráclito ha suscitado hombres y mujeres que han recordado y difundido la verdad revelada por Jesús. Uno de estos fue san José Manyanet, verdadero apóstol de la familia, inspirándose en la escuela de Nazaret realizó su proyecto de santidad personal y se dedicó, con entrega heroica, a la misión que el Espíritu le confiaba. Para ello fundó dos congregaciones religiosas. Un símbolo visible de su anhelo apostólico es también el Templo de la Sagrada Familia de Barcelona”, Juan Pablo II homilía de la canonización, 16 de mayo 2004.
San José Manyanet, al haber recibido el don de trabajar por las familias, se ha convertido en un santo moderno, un santo para nuestros días. Posiblemente, ni siquiera él mismo se dio cuenta de la riqueza del carisma que había recibido y ha dejado en la Iglesia. Ha sido de hecho un profeta de la Buena Noticia de la familia y de la pastoral familiar. Pastoral familiar, por cierto, tan actual y necesaria hoy cuando se dan tantas y tan graves agresiones a la familia, provenientes de grupos mediáticos, culturales y hasta políticos.
¡Cuán necesario y cuán actual es el carisma que el Padre Manyanet ha recibido del Señor y ha dejado a su Iglesia!
Notemos que san José Manyanet, un santo reconocido por la Iglesia, no es sólo un ejemplo de vida para cada uno de nosotros, ni sólo el impulsor de nuestra atención pastoral a las familias, sino que es también presentado por la Iglesia como amigo e intercesor a favor de las familias.
San José Manyanet forma parte de una nueva generación de santos, obedientes a Dios y encarnados en la situación cotidiana de nuestros días. Es “un nuevo género de santos” que invita también a ser santos como ellos, contando ahora con su ayuda e intercesión.
Casi podríamos resumir todo lo referente a san José Manyanet diciendo que en el fondo sólo tuvo un sueño: robar a Nazaret el secreto de la Santa Familia, Jesús, María y José, para darlo a las familias y así cambiar la sociedad, por medio de la educación de niños y jóvenes. Es un sueño que nos deja, para que también nosotros, como él, prosigamos e intentemos realizarlo, sabiendo que ahora tenemos un intercesor más en favor de este sueño y de todas las familias (...)
Pidamos sabiduría para experimentar que Dios es amor, que Dios es familia, que Dios es idilio trinitario. En todos nosotros está impresa la huella de la entrega y de la fidelidad de Dios. El Padre Manyanet la descubrió y es santo. El Espíritu Santo nos ha revelado no sólo un misterio extraordinario, sino que nos ha desvelado el propio ser de Dios y el sentido último de las cosas. Misterio de amor, de entrega, que requiere en nosotros amor y entrega definitivas.
HOMILIA DE MONS. FELIPE GONZÁLEZ, Obispo de Tenerife, España.
Misa de acción de gracias por la canonización de san José Manyanet
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"Jesús, María y José una imagen de la Trinidad del cielo", por Mons. Josep Ángel Sáiz
(...) Nuestra vida cristiana arranca también de la Trinidad. Llevamos impresos en nuestros corazones el amor de un Dios que es Padre, que nos conoce y nos ama, que es Hijo, y se ha hecho hermano nuestro, ha recorrido nuestro camino y se ha entregado por nosotros, y que es Espíritu, que nos quiere llenar de su fuerza y de su vida (...)
Un modo muy peculiar de acercarse a la Trinidad y vivir la riqueza de su misterio la encontró san José Manyanet en la Sagrada Familia de Jesús, María y José, que él llamaba precisamente la “Trinidad de la tierra”.
San José Manyanet vio en Jesús, María y José una imagen de la Trinidad del cielo y la honró de un modo muy especial con una piedad filial. La vida de Jesús con María y José en Nazaret inspiró el camino de su santificación personal. Su santidad tiene los rasgos de la comunión familiar de Nazaret, que son el reflejo más fiel de la comunión Trinitaria.
Pero todavía más, san José Manyanet encontró en la Sagrada Familia también la inspiración para su apostolado. Él se sintió llamado por Dios para trabajar a favor fe las familias, encontró el modelo de familia dado por Dios a la humanidad en la Familia de Jesús, María y José. Por esto se esforzó para llevar a todas partes sus ejemplos de vida y de virtud, con la palabra, con los escritos y algunas prácticas de devoción y con una acción directa de pastoral familiar, particularmente a través de la educación e instrucción católica de los niños y jóvenes.
La inspiración del Templo expiatorio de la Sagrada Familia de nuestra ciudad es un exponente más de su celo por llevar la vida y los ejemplos de Jesús, María y José a nuestros hogares.
La fuerte vivencia trinitaria y las contemplación de la Familia de Nazaret llevaron a san José Manyanet a dedicar una atención preferente a la última anilla de esta cadena: la familia, nuestras familias, llamadas también a mirarse en el modelo de Nazaret para llegar a la participación de la misma comunión de Dios Padre con Dios Hijo por Dios Espíritu Santo.
San José Manyanet fue un verdadero apóstol de la familia. Consagró toda su vida al bien de las familias. Por una parte, les recordó la verdad “del principio” sobre el matrimonio y la familia, y por otra, denunció los males —como el matrimonio civil y el divorcio— que leyó como síntomas de la crisis que comenzaba.
Y aunque hizo una acción directa de ayuda a las familias, la suya fue una respuesta con el mismo método que las corrientes ideológicas del siglo XIX utilizaban. Ellas intentaban romper a la familia a través de una educación laica que minaba el fundamento de la obediencia y de la comunión familiar, pues san José Manyanet se esforzó por una educación e instrucción católica que diese solidez a los vínculos familiares ayudando a los hijos y a los padres a respetar el propio rol, imitando así los ejemplos de Jesús, María y José en Nazaret.
En la Casa de Nazaret encontró también el método pedagógico para asegurar el crecimiento integral y armónico de los hijos y, al mismo tiempo, el de los padres en el rol de esposos y educadores.
Es así como cada uno de nosotros y nuestras familias pueden ser sal y luz en nuestro mundo. Sal, que no dé solamente gusto, sino también solidez y sabor a nuestra vida personal y familiar. Y luz, que sirva para iluminar y guiar a los miembros, de nuestras familias y a las demás.
Texto extraído de la homilía del obispo auxiliar de Barcelona, Mons. Josep Ángel Sáiz con motivo del cambio de nombre de la parroquia Jesús, María y José, ahora Sant Josep Manyanet, en Sant Andreu del Palomar, Barcelona 2004.
Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la canonización. Barcelona 2006.

Un modo muy peculiar de acercarse a la Trinidad y vivir la riqueza de su misterio la encontró san José Manyanet en la Sagrada Familia de Jesús, María y José, que él llamaba precisamente la “Trinidad de la tierra”.
San José Manyanet vio en Jesús, María y José una imagen de la Trinidad del cielo y la honró de un modo muy especial con una piedad filial. La vida de Jesús con María y José en Nazaret inspiró el camino de su santificación personal. Su santidad tiene los rasgos de la comunión familiar de Nazaret, que son el reflejo más fiel de la comunión Trinitaria.
Pero todavía más, san José Manyanet encontró en la Sagrada Familia también la inspiración para su apostolado. Él se sintió llamado por Dios para trabajar a favor fe las familias, encontró el modelo de familia dado por Dios a la humanidad en la Familia de Jesús, María y José. Por esto se esforzó para llevar a todas partes sus ejemplos de vida y de virtud, con la palabra, con los escritos y algunas prácticas de devoción y con una acción directa de pastoral familiar, particularmente a través de la educación e instrucción católica de los niños y jóvenes.
La inspiración del Templo expiatorio de la Sagrada Familia de nuestra ciudad es un exponente más de su celo por llevar la vida y los ejemplos de Jesús, María y José a nuestros hogares.
La fuerte vivencia trinitaria y las contemplación de la Familia de Nazaret llevaron a san José Manyanet a dedicar una atención preferente a la última anilla de esta cadena: la familia, nuestras familias, llamadas también a mirarse en el modelo de Nazaret para llegar a la participación de la misma comunión de Dios Padre con Dios Hijo por Dios Espíritu Santo.
San José Manyanet fue un verdadero apóstol de la familia. Consagró toda su vida al bien de las familias. Por una parte, les recordó la verdad “del principio” sobre el matrimonio y la familia, y por otra, denunció los males —como el matrimonio civil y el divorcio— que leyó como síntomas de la crisis que comenzaba.
Y aunque hizo una acción directa de ayuda a las familias, la suya fue una respuesta con el mismo método que las corrientes ideológicas del siglo XIX utilizaban. Ellas intentaban romper a la familia a través de una educación laica que minaba el fundamento de la obediencia y de la comunión familiar, pues san José Manyanet se esforzó por una educación e instrucción católica que diese solidez a los vínculos familiares ayudando a los hijos y a los padres a respetar el propio rol, imitando así los ejemplos de Jesús, María y José en Nazaret.
En la Casa de Nazaret encontró también el método pedagógico para asegurar el crecimiento integral y armónico de los hijos y, al mismo tiempo, el de los padres en el rol de esposos y educadores.
Es así como cada uno de nosotros y nuestras familias pueden ser sal y luz en nuestro mundo. Sal, que no dé solamente gusto, sino también solidez y sabor a nuestra vida personal y familiar. Y luz, que sirva para iluminar y guiar a los miembros, de nuestras familias y a las demás.
Texto extraído de la homilía del obispo auxiliar de Barcelona, Mons. Josep Ángel Sáiz con motivo del cambio de nombre de la parroquia Jesús, María y José, ahora Sant Josep Manyanet, en Sant Andreu del Palomar, Barcelona 2004.
Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la canonización. Barcelona 2006.

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La Escuela de Nazaret (1895): El misterio de Nazaret, inspirador de su perfección personal, por José María Blanquet, S.F.
El itinerario religioso nazareno de san José Manyanet queda desarrollado, en primer lugar, en La Escuela de Nazaret y Casa de la Sagrada Familia, publicada en Barcelona en 1895, y es, quizás, la obra más característica de Manyanet.
El libro presenta la experiencia de un religioso Hijo de la Sagrada Familia, llamado Desideria, que intenta alcanzar y realizar su deseo de perfección yendo a la Casa de la Sagrada Familia y manteniendo un diálogo familiar con Jesús, María y José sobre las exigencias de la consagración religiosa.
A través de 43 visitas domésticas a Nazaret, Jesús, María y José, instruyen y educan a Desideria en su vocación, en el amor de Dios, en la perfección religiosa, en la observancia de las Reglas, en la fidelidad, en la excelencia y observancia de los tres votos y en las principales virtudes nazarenas
Humildad
Caridad
Mortificación
Paciencia
Mansedumbre
Santa Discreción,
Santa Indiferencia
Modestia Religiosa
Oración
Gratitud para con Dios
Perseverancia
que deben adornar al religioso Hijo de la Sagrada Familia.
Los biógrafos afirman que es como la autobiografía espiritual de san José Manyanet, a través de la cual se descubren las riquezas de su santidad religiosa y sacerdotal labrada en la casa y escuela de la Sagrada Familia.
Cien Máximas de Cristiana Perfección
Al final del libro, añadió Cien máximas de perfección recogidas en la Casa de la Sagrada Familia, que después, en 1896, publicó por separado a instancias de personas piadosas que deseaban llevarlas siempre consigo.
"Este librito —decía en su presentación—, aunque pequeño en sí, caro lector, te presenta como en espejo toda la perfección a que debe y puede aspirar el cristiano que desea imitar las sólidas virtudes que reinaban en la santa Casa de Nazaret. Allí está nuestro perfecto ejemplor y modelo; esforcémonos todos para copiarlo en nosotros mismos... Léanse, pues, con mucha atención, y de seguro la Sagrada Familia, cuyo honor y gloria se busca, y cuyas virtudes se desean imitar, será su segura protectora y defensora poderosa en esta vida... y al final su amparo y alegría en la hora de la muerte".
San José Manyanet alcanzó en la casa de la Sagrada Familia y escuela de Nazaret la meta de su perfección y santificación personal, que se puede llamar nazarena, porque el Breve Apostólico de su beatificación afirma que "ella (su santidad) tiene sin duda su origen en la Sagrada Familia" y dejó marcado este camino "a toda clase de personas, así seglares como religiosas, que quieren de veras saborear el espíritu que reina en aquella santa morada, e imitar las virtudes y ejemplos que en la misma resplandecían" (EN, Dedicatoria).
Nótese, por útimo, el detalle del título de la obra: Escuela de Nazaret y Casa de la Sagrada Familia. Manyanet va allí como hijo para honrar y aprender de sus Padres y convertirse en su discípulo, testigo y apóstol de su estilo de vida y santidad.
El libro presenta la experiencia de un religioso Hijo de la Sagrada Familia, llamado Desideria, que intenta alcanzar y realizar su deseo de perfección yendo a la Casa de la Sagrada Familia y manteniendo un diálogo familiar con Jesús, María y José sobre las exigencias de la consagración religiosa.
A través de 43 visitas domésticas a Nazaret, Jesús, María y José, instruyen y educan a Desideria en su vocación, en el amor de Dios, en la perfección religiosa, en la observancia de las Reglas, en la fidelidad, en la excelencia y observancia de los tres votos y en las principales virtudes nazarenas
Humildad
Caridad
Mortificación
Paciencia
Mansedumbre
Santa Discreción,
Santa Indiferencia
Modestia Religiosa
Oración
Gratitud para con Dios
Perseverancia
que deben adornar al religioso Hijo de la Sagrada Familia.
Los biógrafos afirman que es como la autobiografía espiritual de san José Manyanet, a través de la cual se descubren las riquezas de su santidad religiosa y sacerdotal labrada en la casa y escuela de la Sagrada Familia.
Cien Máximas de Cristiana Perfección
Al final del libro, añadió Cien máximas de perfección recogidas en la Casa de la Sagrada Familia, que después, en 1896, publicó por separado a instancias de personas piadosas que deseaban llevarlas siempre consigo.
"Este librito —decía en su presentación—, aunque pequeño en sí, caro lector, te presenta como en espejo toda la perfección a que debe y puede aspirar el cristiano que desea imitar las sólidas virtudes que reinaban en la santa Casa de Nazaret. Allí está nuestro perfecto ejemplor y modelo; esforcémonos todos para copiarlo en nosotros mismos... Léanse, pues, con mucha atención, y de seguro la Sagrada Familia, cuyo honor y gloria se busca, y cuyas virtudes se desean imitar, será su segura protectora y defensora poderosa en esta vida... y al final su amparo y alegría en la hora de la muerte".
San José Manyanet alcanzó en la casa de la Sagrada Familia y escuela de Nazaret la meta de su perfección y santificación personal, que se puede llamar nazarena, porque el Breve Apostólico de su beatificación afirma que "ella (su santidad) tiene sin duda su origen en la Sagrada Familia" y dejó marcado este camino "a toda clase de personas, así seglares como religiosas, que quieren de veras saborear el espíritu que reina en aquella santa morada, e imitar las virtudes y ejemplos que en la misma resplandecían" (EN, Dedicatoria).
Nótese, por útimo, el detalle del título de la obra: Escuela de Nazaret y Casa de la Sagrada Familia. Manyanet va allí como hijo para honrar y aprender de sus Padres y convertirse en su discípulo, testigo y apóstol de su estilo de vida y santidad.
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martes, 3 de septiembre de 2013
¿En qué se ha distinguido san José Manyanet?, por el Cardenal Giovanni Canestri
"Antes y después de la fundación de sus dos familias religiosas, se distinguía por un gran deseo de recogimiento, amaba estar a solas con el Señor, y desde su oración vivía el resto de la jornada como los santos. Observándolo aún en medio del trabajo y de las preocupaciones diarias, se notaba que él siempre estaba en otro sitio, es decir, no distinguía su tiempo de unión con Dios y el tiempo del trabajo que hacía, era como un círculo.
Durante estas horas de recogimiento y oración, san José Manyanet sentía un gran deseo, el deseo de la familia, el deseo de la juventud cercana a Dios, de la familia católica que educase a la juventud mirando a la Sagrada Familia.
Desde mi experiencia personal puedo afirmar que una parroquia funciona en la medida que funciona la familia, y si la familia no funciona, se puede hacer algo, pero es más fácil que los niños olviden la catequesis de la primera comunión, de la confirmación...
Se puede decir que el camino de este sacerdote, de este santo, fue, en cierto modo, fácil, su camino no consiste en grandes penitencias, en grandes visiones, no, ha caminado por los otros, ha trabajado, ha sufrido, ha rezado por los otros, ha trabajado sufrido y rezado por la familia.
Texto extraído de la homilía del cardenal Giovanni Canestri, durante la homilía a los fieles de las parroquias romanas confiadas a los Hijos de la Sagrada Familia.
Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la canonización. Barcelona 2006.
Durante estas horas de recogimiento y oración, san José Manyanet sentía un gran deseo, el deseo de la familia, el deseo de la juventud cercana a Dios, de la familia católica que educase a la juventud mirando a la Sagrada Familia.
Desde mi experiencia personal puedo afirmar que una parroquia funciona en la medida que funciona la familia, y si la familia no funciona, se puede hacer algo, pero es más fácil que los niños olviden la catequesis de la primera comunión, de la confirmación...
Se puede decir que el camino de este sacerdote, de este santo, fue, en cierto modo, fácil, su camino no consiste en grandes penitencias, en grandes visiones, no, ha caminado por los otros, ha trabajado, ha sufrido, ha rezado por los otros, ha trabajado sufrido y rezado por la familia.
Texto extraído de la homilía del cardenal Giovanni Canestri, durante la homilía a los fieles de las parroquias romanas confiadas a los Hijos de la Sagrada Familia.
Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la canonización. Barcelona 2006.
Profeta para las familias, por el Card. Ricard Maria Carles
El reconocimiento de la santidad de san José Manyanet no solo representa la presencia de un nuevo intercesor para las familias sino también un estilo de vida santa inspirado en la Sagrada Familia de Nazaret.
Con la inspiración del nuevo santo el gran arquitecto Antonio Gaudí hizo en Barcelona el proyecto de un gran templo en honor de la Sagrada Familia. Un gran templo que pienso que será la gran catedral de Europa del siglo XXI (...)
Creo que esta canonización es también un gran monumento a las familias, que ha querido dar a la Iglesia y al mundo, nuestro buen papa Juan Pablo II. Esta canonización la veo como una respuesta del Espíritu Santo a las necesidades actuales de la famila.
Por eso, os invito brevemente, iluminados por las lecturas de esta misa, a adentrarnos un poco en el mensaje del nuevo santo.
Un profeta para las familias
En cuanto a la primera lectura, pienso que es un profeta para las familias. El Padre Manyanet nos aparece ahora —elevado a los altares— como un nuevo Abraham, un patriarca y un abogado de la familia, una bendición para las familias de nuestra tierra y de todo el mundo.
José Manyanet vivió la verdadera vocación de Abraham. También nuestro santo escuchó en su conciencia la voz de Dios que le decía: “Vete de tu tierra y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré...”
Manyanet no tuvo que dejar patria, pero sí dejó una vida tranquila y serena, e incluso una prometedora carrera eclesiástica en su Tremp natal, y en su estimada diócesis de Urgel, en la que era un muy estimado colaborador del obispo José Caixal. Dejó esa vida que podía haber sido segura y con compensaciones humanas para afrontar un aventura: la de fundar dos congregaciones religiosas al servicio de la educación de la infancia y de la juventud.
Su trasladó a Barcelona y los primeros tiempos de ambas instituciones, le produjeron no pocos sinsabores, dudas, disgustos, sufrimientos físicos y morales...
Pero Dios fue fiel con Abraham y también lo ha sido con san José Manyanet. En él se ha cumplido —y ahora se cumple plenamente con su canonización— la promesa de Dios a Abraham: “Te bendeciré, engrandeceré tu nombre y será una bendición...” (...) Sois todos vosotros esta bendición de Dios a la Iglesia y al mundo por medio del nuevo santo, sobre todo los religiosos y religiosas de sus dos congregaciones, y las familias cristianas que amáis y crecéis cada día en vuestra vocación de ser santos en el matrimonio y la familia.
“En ti —dice Dios a Abraham— serán bendecidas todas las familias de la tierra” (...) Esto es también realidad en el Padre Manyanet: en él son bendecidas todas las familias de la tierra (...)
Manyanet, hombre de experiencia mística y de silencio interior
Manyanet fue también un hombre de experiencia mística y de vida interior, y con esto vuelvo a la segunda lectura. Esta misión no la improvisó san José Manyanet. Por eso al nuevo santo le podemos aplicar también las palabras de la segunda lectura.
El apóstol Juan tuvo una gran experiencia del misterio de Jesús (...): “Lo que existía en el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto... lo que contemplamos, lo que tocaron nuestras manos, lo que se manifestó y de lo que os damos testimonio”... El apóstol anuncia su experiencia, vivida en la cercanía del Señor y después nos dice que hemos de dar testimonio (...) Y yo bendigo a Dios porque vosotros y vosotras, los hijos religiosos de san José Manyanet vivís esa misma experiencia.
San José Manyanet vive una experiencia semejante a la de los apóstoles aunque la vive 19 siglos más tarde. El centro de su experiencia mística es también el Verbo encarnado pero en la vida oculta, en la vida de la Sagrada Familia de Nazaret.
Y de aquí arranca el que será su carisma, ahora oficialmente reconocido y propuesto de manera solemne a toda la Iglesia. De la contemplación de la vida de la Sagrada Familia, san José Manyanet extrajo un mensaje para todas las familias. Y lo plasmó en un lema que es una síntesis de toda su espiritualidad: “Un Nazaret en cada hogar”.
La Sagrada Familia de Nazaret fue el centro de su espiritualidad y de ahí arranca también su carisma: presentar el modelo de la Sagrada Familia a todas las familias, principalmente mediante educación e instrucción de los niños y de los jóvenes, con la colaboración de los padres y madres.
En la contemplación de la Sagrada Familia descubrió el designio de Dios sobre la familia, un designio que no cambia, porque no es obra de los hombres sino de Dios (...)
No he dicho nada del silencio interior, pero solo aludiré a su etapa de desierto, de san José Manyanet, al silencio de los que su hijos e hijas llamáis con toda razón: la meditación en “las largas noches oscuras” por las que tuvo que pasar a lo largo de su peregrinación terrenal. Pero como ha dicho un gran teólogo actual que a la vez es un místico, “cuando los místicos tuvieron conciencia de la noche del espíritu, es porque tenían conciencia del día esplendoroso del Espíritu”. Para quien no hubiera visto nunca un día, la noche le parecería lo habitual. Cuando ellos sufrían y se lamentaban, y ofrecían a Dios esa añoranza de la luz, es porque ya la habían conocido. Eso le pasaba a san José Manyanet.
Acabo con una reflexión sobre el evangelio que hemos escuchado. Por encima del parentesco de sangre, Jesús exalta el parentesco del Espíritu. “¿Quién es mi madre y mis hermanos?” “Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dice: Estos son mis hermanos y mi madre. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (...) Es la familia espiritual de Jesús. Es la Iglesia en ciernes. Eso buscó san José Manyanet. Demos gracias a Dios por habernos dado a san José Manyanet, este profeta y abogado de la familia. Él es maestro, abogado e intercesor de las familias cristianas.
Texto extraído de las palabras de la homilía del cardenal Ricard Maria Carles durante la misa de acción de gracias por la canonización de José Manyanet, Roma 2004.
Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.
Con la inspiración del nuevo santo el gran arquitecto Antonio Gaudí hizo en Barcelona el proyecto de un gran templo en honor de la Sagrada Familia. Un gran templo que pienso que será la gran catedral de Europa del siglo XXI (...)
Creo que esta canonización es también un gran monumento a las familias, que ha querido dar a la Iglesia y al mundo, nuestro buen papa Juan Pablo II. Esta canonización la veo como una respuesta del Espíritu Santo a las necesidades actuales de la famila.
Por eso, os invito brevemente, iluminados por las lecturas de esta misa, a adentrarnos un poco en el mensaje del nuevo santo.
Un profeta para las familias
En cuanto a la primera lectura, pienso que es un profeta para las familias. El Padre Manyanet nos aparece ahora —elevado a los altares— como un nuevo Abraham, un patriarca y un abogado de la familia, una bendición para las familias de nuestra tierra y de todo el mundo.
José Manyanet vivió la verdadera vocación de Abraham. También nuestro santo escuchó en su conciencia la voz de Dios que le decía: “Vete de tu tierra y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré...”
Manyanet no tuvo que dejar patria, pero sí dejó una vida tranquila y serena, e incluso una prometedora carrera eclesiástica en su Tremp natal, y en su estimada diócesis de Urgel, en la que era un muy estimado colaborador del obispo José Caixal. Dejó esa vida que podía haber sido segura y con compensaciones humanas para afrontar un aventura: la de fundar dos congregaciones religiosas al servicio de la educación de la infancia y de la juventud.
Su trasladó a Barcelona y los primeros tiempos de ambas instituciones, le produjeron no pocos sinsabores, dudas, disgustos, sufrimientos físicos y morales...
Pero Dios fue fiel con Abraham y también lo ha sido con san José Manyanet. En él se ha cumplido —y ahora se cumple plenamente con su canonización— la promesa de Dios a Abraham: “Te bendeciré, engrandeceré tu nombre y será una bendición...” (...) Sois todos vosotros esta bendición de Dios a la Iglesia y al mundo por medio del nuevo santo, sobre todo los religiosos y religiosas de sus dos congregaciones, y las familias cristianas que amáis y crecéis cada día en vuestra vocación de ser santos en el matrimonio y la familia.
“En ti —dice Dios a Abraham— serán bendecidas todas las familias de la tierra” (...) Esto es también realidad en el Padre Manyanet: en él son bendecidas todas las familias de la tierra (...)
Manyanet, hombre de experiencia mística y de silencio interior
Manyanet fue también un hombre de experiencia mística y de vida interior, y con esto vuelvo a la segunda lectura. Esta misión no la improvisó san José Manyanet. Por eso al nuevo santo le podemos aplicar también las palabras de la segunda lectura.
El apóstol Juan tuvo una gran experiencia del misterio de Jesús (...): “Lo que existía en el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto... lo que contemplamos, lo que tocaron nuestras manos, lo que se manifestó y de lo que os damos testimonio”... El apóstol anuncia su experiencia, vivida en la cercanía del Señor y después nos dice que hemos de dar testimonio (...) Y yo bendigo a Dios porque vosotros y vosotras, los hijos religiosos de san José Manyanet vivís esa misma experiencia.
San José Manyanet vive una experiencia semejante a la de los apóstoles aunque la vive 19 siglos más tarde. El centro de su experiencia mística es también el Verbo encarnado pero en la vida oculta, en la vida de la Sagrada Familia de Nazaret.
Y de aquí arranca el que será su carisma, ahora oficialmente reconocido y propuesto de manera solemne a toda la Iglesia. De la contemplación de la vida de la Sagrada Familia, san José Manyanet extrajo un mensaje para todas las familias. Y lo plasmó en un lema que es una síntesis de toda su espiritualidad: “Un Nazaret en cada hogar”.
La Sagrada Familia de Nazaret fue el centro de su espiritualidad y de ahí arranca también su carisma: presentar el modelo de la Sagrada Familia a todas las familias, principalmente mediante educación e instrucción de los niños y de los jóvenes, con la colaboración de los padres y madres.
En la contemplación de la Sagrada Familia descubrió el designio de Dios sobre la familia, un designio que no cambia, porque no es obra de los hombres sino de Dios (...)
No he dicho nada del silencio interior, pero solo aludiré a su etapa de desierto, de san José Manyanet, al silencio de los que su hijos e hijas llamáis con toda razón: la meditación en “las largas noches oscuras” por las que tuvo que pasar a lo largo de su peregrinación terrenal. Pero como ha dicho un gran teólogo actual que a la vez es un místico, “cuando los místicos tuvieron conciencia de la noche del espíritu, es porque tenían conciencia del día esplendoroso del Espíritu”. Para quien no hubiera visto nunca un día, la noche le parecería lo habitual. Cuando ellos sufrían y se lamentaban, y ofrecían a Dios esa añoranza de la luz, es porque ya la habían conocido. Eso le pasaba a san José Manyanet.
Acabo con una reflexión sobre el evangelio que hemos escuchado. Por encima del parentesco de sangre, Jesús exalta el parentesco del Espíritu. “¿Quién es mi madre y mis hermanos?” “Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dice: Estos son mis hermanos y mi madre. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (...) Es la familia espiritual de Jesús. Es la Iglesia en ciernes. Eso buscó san José Manyanet. Demos gracias a Dios por habernos dado a san José Manyanet, este profeta y abogado de la familia. Él es maestro, abogado e intercesor de las familias cristianas.
Texto extraído de las palabras de la homilía del cardenal Ricard Maria Carles durante la misa de acción de gracias por la canonización de José Manyanet, Roma 2004.
Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.
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“Apóstol de la familia”, por Juan Pablo II
“Desde el principio el Paráclito ha suscitado hombres y mujeres que han recordado y difundido la verdad revelada por Jesús. Uno de estos fue san José Manyanet, verdadero apóstol de la familia. Inspirándose en la escuela de Nazaret, realizó su proyecto de santidad personal y se dedicó, con entrega heroica, a la misión que el Espíritu le confiaba. Para ello fundó dos congregaciones religiosas. Un símbolo visible de su anhelo apostólico es también el templo de la Sagrada Familia".
Texto extraído de la homilia del papa Juan Pablo II durante la canonización de José Manyanet, Roma 2004.
Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.
Texto extraído de la homilia del papa Juan Pablo II durante la canonización de José Manyanet, Roma 2004.
Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.
lunes, 2 de septiembre de 2013
Bula de canonización: Carta Decretal con la que se asignan al Beato José Manyanet y Vives los honores de los Santos.
“Con tu nombre se bendecirán
todas las familias del mundo”
Génesis 12,3.
Como Abraham, que fue llamado por Dios para iniciar al nueva familia de los hijos de Dios, el beato José Manyanet y Vives consagró toda su vida a fomentar y defender la dignidad del matrimonio y de la familia según el plan de Dios, cuyo cometido es la edificación de la familia de Dios, que es la Iglesia. Él contribuyó de tal modo a la renovación de la vida familiar en la España del siglo XIX, que fue llamado “verdadero apóstol de la familia”.
Este ferviente hijo de la Iglesia nació el día 7 de enero de 1833 en Tremp, en la diócesis de Urgel, en España, en el seno de una familia numerosa y cristiana. Presintiendo su vocación al sacerdocio, en 1845 ingresó en el colegio de la Escuela Pía de Barbastro. Completó su formación filosófica y teológica en los seminarios diocesanos de Lérida y Urgel y el día 9 de abril de 1859 fue ordenado sacerdote de esta última diócesis.
Fue un colaborador estimado del obispo de Urgel en varios oficios de la curia diocesana y en el desempeño de su ministerio sacerdotal, hasta que se sintió llamado por Dios para presentar al mundo los ejemplos de la Sagrada Familia de Nazaret y promover la formación cristiana de las familias, principalmente por medio de la educación e instrucción eminentemente católica de los niños y los jóvenes. “¿Qué hacer —decía— para devolver a las familias su dignidad, la paz y tranquilidad de que hoy día carecen? No hay nada más que señalarla y aficionarla a imitar el perfectísimo modelo de la Sagrada Familia, y de seguro se reformará, y reformada ella, quedará saneada la sociedad” (Camareros S.F., 1868, I,6).
Con este fin, movido por el Espíritu, en 1864, fundó el Instituto de los Hijos de la Sagrada Familia, Jesús, María y José y, en 1874, el de Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret. “La educación e instrucción de la niñez y la juventud —escribía— puesta en manos de sacerdotes y estos religiosos, es el medio más apto... y de resultados más positivos para reformar la familia y con ella la sociedad” (Carta, marzo 1889).
Fruto de la oración y de su sensibilidad eclesial, en 1869, propuso la idea de levantar un templo expiatorio para que fuera el símbolo visible y el hogar espiritual de las familias de todo el mundo. De esta inspiración nació el Templo expiatorio de la Sagrada Familia de Barcelona, obra insigne del arquitecto siervo de Dios Antonio Gaudí.
El día 2 de febrero de 1970 hizo la profesión religiosa como Hijo de la Sagrada Familia y recibió la de los primeros compañeros. A lo largo de su vida, vivió esta consagración como respuesta a la llamada de Dios en un clima sobrenatural y con una fidelidad heroica.
Trabajador modelo por el Reino de Dios en Cristo, llevó a cabo una admirable actividad apostólica en favor de la promoción del matrimonio y de la familia cristiana, principalmente con la predicación, escribiendo libros, abriendo escuelas, colegios y centros de pastoral para la formación de los padres y de los hijos, especialmente de los más necesitados. Quería familias como escuelas y escuelas como familias. En todas estas actividades proponía el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret, desde cuyo hogar y escuela Jesús, el hijo de Dios, proclamó el Evangelio de la Familia como Nos mismo hemos escrito en la Carta a las familias, 23.
Creó otras asociaciones familiares para que imitaran también a la Familia de Nazaret y colaborasen en la tarea educadora de las familias y de los niños y jóvenes. Con este mismo fin fundó la revista titulada La Sagrada Familia para llevar las virtudes y ejemplos de Jesús, María y José a todos los hogares y llegaran a ser verdaderas iglesias domésticas. “La paternidad es como un sacerdocio —escribía el beato Manyanet— y así como es propio del sacerdote exhortar, predicar y rogar, del mismo modo los padres de familia dentro de su casa deben ser celosos vigilantes y constantes, pero prudentes predicadores” (Preciosa Joya de Familia, II, 2, 1889).
Él deseaba ardientemente y trabajó con constante y admirable celo para que “todas las familias de la tierra imiten y bendigan a la Sagrada Familia de Nazaret”. “La Sagrada Familia —escribía— desea ser conocida, el Papa lo suplica, el estado actual de la sociedad lo exige” (Nuestro objeto, 1899).
Él, por su parte, habiendo recibido el don de llamarse y ser Hijo de la Sagrada Familia, entregó su corazón a esta Familia Santa y estableció su morada espiritual en la Casa de Nazaret. Allí, mediante la lectura y meditación de la Sagrada Escritura, alimentó su piedad filial hacia Jesús, María y José, y aprendió a ser testigo y apóstol de la santidad de esta Familia. Identificado con el personaje literario de su autobiografía espiritual llamado “Desideria”, creyó siempre en la posibilidad y necesidad de crecer en la condición de hijo de Dios por el camino de la sumisión y de la humildad, como Jesús, junto a María y José en Nazaret.
Fue un óptimo maestro espiritual tanto de los seglares como de los religiosos. Humilde y obediente siempre a los Prelados, soportó con serenidad, entereza y paciencia muchas contrariedades y sufrimientos.
Minada su salud por unas llagas abiertas en el costado durante 16 años —que llamaba las “misericordias del Señor”— el 17 diciembre de 1901, esclarecido en virtudes y buenas obras, volvió a la casa del Padre, en Barcelona, rodeado de niños y jóvenes. Sus últimas palabras fueron esta jaculatoria repetida tres veces: Jesús, José y María, recibid cuando yo muera el alma mía.
Aumentando la fama de su santidad, el año 1931 se comenzó la Causa de beatificación y canonización. Habiéndose cumplido todo lo exigido por el derecho, el día 25 de noviembre de 1984 proclamamos solemnemente a José Manyanet beato. El día 20 de diciembre de 2003, en Nuestra presencia, fue proclamado el Decreto sobre un milagro atribuido a la intercesión del mismo beato. Escuchados los pareceres de los Padres Cardenales y Obispos en el Consistorio celebrado el día 19 de febrero del año siguiente, con los pareceres a favor, decretamos que el rito de la canonización se celebrase en Roma el día 16 de mayo siguiente.
Y hoy, en la solemne celebración de la Eucaristía en la plaza de San Pedro, pronunciamos esta fórmula:
“En honor de la Santísima Trinidad, para exaltación de la fe católica e incremento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y Nuestra, habiendo meditado largamente e invocado repetidamente la ayuda divina y habiendo recibido el parecer de muchos Hermanos nuestros en el episcopado, declaramos y definimos Santos a los Beatos Luigi Orione, Annibale Maria Di Francia, José Manyanet y Vives, Nimatullah Hassab Al.Hardini, Paola Elisabetta Cerioli y Gianna Beretta Molla, les inscribimos en el catálogo de los Santos y establecemos que en toda la Iglesia sean piadosamente honrados entre los Santos. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
Cuanto por las presentes Letras hemos establecido, ordenamos que ahora y por siempre sea ratificado y afirmado, sin que obste nada en contrario.
Dado en Roma, en San Pedro, el día 16 de mayo de 2004, vigésimo sexto de nuestro Pontificado.
Yo Juan Pablo
Obispo de la Iglesia Católica
Leonardo Erriquenz,
Protonot. Apost.
Primera y última página de la Bula pontificia de la canonización del Padre José Manyanet y Vives.
todas las familias del mundo”
Génesis 12,3.
Como Abraham, que fue llamado por Dios para iniciar al nueva familia de los hijos de Dios, el beato José Manyanet y Vives consagró toda su vida a fomentar y defender la dignidad del matrimonio y de la familia según el plan de Dios, cuyo cometido es la edificación de la familia de Dios, que es la Iglesia. Él contribuyó de tal modo a la renovación de la vida familiar en la España del siglo XIX, que fue llamado “verdadero apóstol de la familia”.
Este ferviente hijo de la Iglesia nació el día 7 de enero de 1833 en Tremp, en la diócesis de Urgel, en España, en el seno de una familia numerosa y cristiana. Presintiendo su vocación al sacerdocio, en 1845 ingresó en el colegio de la Escuela Pía de Barbastro. Completó su formación filosófica y teológica en los seminarios diocesanos de Lérida y Urgel y el día 9 de abril de 1859 fue ordenado sacerdote de esta última diócesis.
Fue un colaborador estimado del obispo de Urgel en varios oficios de la curia diocesana y en el desempeño de su ministerio sacerdotal, hasta que se sintió llamado por Dios para presentar al mundo los ejemplos de la Sagrada Familia de Nazaret y promover la formación cristiana de las familias, principalmente por medio de la educación e instrucción eminentemente católica de los niños y los jóvenes. “¿Qué hacer —decía— para devolver a las familias su dignidad, la paz y tranquilidad de que hoy día carecen? No hay nada más que señalarla y aficionarla a imitar el perfectísimo modelo de la Sagrada Familia, y de seguro se reformará, y reformada ella, quedará saneada la sociedad” (Camareros S.F., 1868, I,6).
Con este fin, movido por el Espíritu, en 1864, fundó el Instituto de los Hijos de la Sagrada Familia, Jesús, María y José y, en 1874, el de Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret. “La educación e instrucción de la niñez y la juventud —escribía— puesta en manos de sacerdotes y estos religiosos, es el medio más apto... y de resultados más positivos para reformar la familia y con ella la sociedad” (Carta, marzo 1889).
Fruto de la oración y de su sensibilidad eclesial, en 1869, propuso la idea de levantar un templo expiatorio para que fuera el símbolo visible y el hogar espiritual de las familias de todo el mundo. De esta inspiración nació el Templo expiatorio de la Sagrada Familia de Barcelona, obra insigne del arquitecto siervo de Dios Antonio Gaudí.
El día 2 de febrero de 1970 hizo la profesión religiosa como Hijo de la Sagrada Familia y recibió la de los primeros compañeros. A lo largo de su vida, vivió esta consagración como respuesta a la llamada de Dios en un clima sobrenatural y con una fidelidad heroica.
Trabajador modelo por el Reino de Dios en Cristo, llevó a cabo una admirable actividad apostólica en favor de la promoción del matrimonio y de la familia cristiana, principalmente con la predicación, escribiendo libros, abriendo escuelas, colegios y centros de pastoral para la formación de los padres y de los hijos, especialmente de los más necesitados. Quería familias como escuelas y escuelas como familias. En todas estas actividades proponía el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret, desde cuyo hogar y escuela Jesús, el hijo de Dios, proclamó el Evangelio de la Familia como Nos mismo hemos escrito en la Carta a las familias, 23.
Creó otras asociaciones familiares para que imitaran también a la Familia de Nazaret y colaborasen en la tarea educadora de las familias y de los niños y jóvenes. Con este mismo fin fundó la revista titulada La Sagrada Familia para llevar las virtudes y ejemplos de Jesús, María y José a todos los hogares y llegaran a ser verdaderas iglesias domésticas. “La paternidad es como un sacerdocio —escribía el beato Manyanet— y así como es propio del sacerdote exhortar, predicar y rogar, del mismo modo los padres de familia dentro de su casa deben ser celosos vigilantes y constantes, pero prudentes predicadores” (Preciosa Joya de Familia, II, 2, 1889).
Él deseaba ardientemente y trabajó con constante y admirable celo para que “todas las familias de la tierra imiten y bendigan a la Sagrada Familia de Nazaret”. “La Sagrada Familia —escribía— desea ser conocida, el Papa lo suplica, el estado actual de la sociedad lo exige” (Nuestro objeto, 1899).
Él, por su parte, habiendo recibido el don de llamarse y ser Hijo de la Sagrada Familia, entregó su corazón a esta Familia Santa y estableció su morada espiritual en la Casa de Nazaret. Allí, mediante la lectura y meditación de la Sagrada Escritura, alimentó su piedad filial hacia Jesús, María y José, y aprendió a ser testigo y apóstol de la santidad de esta Familia. Identificado con el personaje literario de su autobiografía espiritual llamado “Desideria”, creyó siempre en la posibilidad y necesidad de crecer en la condición de hijo de Dios por el camino de la sumisión y de la humildad, como Jesús, junto a María y José en Nazaret.
Fue un óptimo maestro espiritual tanto de los seglares como de los religiosos. Humilde y obediente siempre a los Prelados, soportó con serenidad, entereza y paciencia muchas contrariedades y sufrimientos.
Minada su salud por unas llagas abiertas en el costado durante 16 años —que llamaba las “misericordias del Señor”— el 17 diciembre de 1901, esclarecido en virtudes y buenas obras, volvió a la casa del Padre, en Barcelona, rodeado de niños y jóvenes. Sus últimas palabras fueron esta jaculatoria repetida tres veces: Jesús, José y María, recibid cuando yo muera el alma mía.
Aumentando la fama de su santidad, el año 1931 se comenzó la Causa de beatificación y canonización. Habiéndose cumplido todo lo exigido por el derecho, el día 25 de noviembre de 1984 proclamamos solemnemente a José Manyanet beato. El día 20 de diciembre de 2003, en Nuestra presencia, fue proclamado el Decreto sobre un milagro atribuido a la intercesión del mismo beato. Escuchados los pareceres de los Padres Cardenales y Obispos en el Consistorio celebrado el día 19 de febrero del año siguiente, con los pareceres a favor, decretamos que el rito de la canonización se celebrase en Roma el día 16 de mayo siguiente.
Y hoy, en la solemne celebración de la Eucaristía en la plaza de San Pedro, pronunciamos esta fórmula:
“En honor de la Santísima Trinidad, para exaltación de la fe católica e incremento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y Nuestra, habiendo meditado largamente e invocado repetidamente la ayuda divina y habiendo recibido el parecer de muchos Hermanos nuestros en el episcopado, declaramos y definimos Santos a los Beatos Luigi Orione, Annibale Maria Di Francia, José Manyanet y Vives, Nimatullah Hassab Al.Hardini, Paola Elisabetta Cerioli y Gianna Beretta Molla, les inscribimos en el catálogo de los Santos y establecemos que en toda la Iglesia sean piadosamente honrados entre los Santos. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
Cuanto por las presentes Letras hemos establecido, ordenamos que ahora y por siempre sea ratificado y afirmado, sin que obste nada en contrario.
Dado en Roma, en San Pedro, el día 16 de mayo de 2004, vigésimo sexto de nuestro Pontificado.
Yo Juan Pablo
Obispo de la Iglesia Católica
Leonardo Erriquenz,
Protonot. Apost.
Primera y última página de la Bula pontificia de la canonización del Padre José Manyanet y Vives.
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