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miércoles, 4 de septiembre de 2013

El silencio, por Sergio Cimignoli, S.F.

En su libro La Escuela de Nazaret y Casa de la Sagrada Familia, José Manyanet se hace alumno que se confía a las enseñanzas de Jesús, María y José. Anticipa lo que, en la visita a Nazaret el 5 de enero de 1964, dirá Pablo VI:

"Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela de su Evangelio... Aquí, en esta escuela, comprendemos la necesidad de una disciplina espiritual si queremos seguir las enseñanzas del Evangelio y ser discípulos de Cristo... ¡Cómo quisiéramos ser otra vez niños y volver a esta humilde pero sublime escuela de Nazaret!...

Algunas enseñanzas de la lección de Nazaret. Su primera lección es el silencio: como desearíamos que se renovara y fortaleciera en nosotros el amor al silencio, este admirable e indispensable hábito del espíritu, tan necesario para nosotros que estamos aturdidos por tanto ruido, tanto tumulto, tantas voces de nuestra ruidosa y en extremo agitada vida moderna.

Silencio de Nazaret, enséñanos el recogimiento y la interioridad, enséñanos a estar siempre dispuestos a escuchar las buenas inspiraciones y la doctrina de los verdaderos maestros. Enséñanos la necesidad y el valor de una conveniente formación, del estudio, de la meditación, de una vida interior intensa, de la oración que solo Dios ve".

José Manyanet afirmaba que el silencio de Nazaret era una escuela de perfección para todos aquellos que saben escuchar la voz de Dios y quieren hacer su voluntad.

La Escuela de Nazaret (1895): El misterio de Nazaret, inspirador de su perfección personal, por José María Blanquet, S.F.

El itinerario religioso nazareno de san José Manyanet queda desarrollado, en primer lugar, en La Escuela de Nazaret y Casa de la Sagrada Familia, publicada en Barcelona en 1895, y es, quizás, la obra más característica de Manyanet.

El libro presenta la experiencia de un religioso Hijo de la Sagrada Familia, llamado Desideria, que intenta alcanzar y realizar su deseo de perfección yendo a la Casa de la Sagrada Familia y manteniendo un diálogo familiar con Jesús, María y José sobre las exigencias de la consagración religiosa.

A través de 43 visitas domésticas a Nazaret, Jesús, María y José, instruyen y educan a Desideria en su vocación, en el amor de Dios, en la perfección religiosa, en la observancia de las Reglas, en la fidelidad, en la excelencia y observancia de los tres votos y en las principales virtudes nazarenas

Humildad
Caridad
Mortificación
Paciencia
Mansedumbre
Santa Discreción,
Santa Indiferencia
Modestia Religiosa
Oración
Gratitud para con Dios
Perseverancia

que deben adornar al religioso Hijo de la Sagrada Familia.

Los biógrafos afirman que es como la autobiografía espiritual de san José Manyanet, a través de la cual se descubren las riquezas de su santidad religiosa y sacerdotal labrada en la casa y escuela de la Sagrada Familia.

Cien Máximas de Cristiana Perfección

Al final del libro, añadió Cien máximas de perfección recogidas en la Casa de la Sagrada Familia, que después, en 1896, publicó por separado a instancias de personas piadosas que deseaban llevarlas siempre consigo.

"Este librito —decía en su presentación—, aunque pequeño en sí, caro lector, te presenta como en espejo toda la perfección a que debe y puede aspirar el cristiano que desea imitar las sólidas virtudes que reinaban en la santa Casa de Nazaret. Allí está nuestro perfecto ejemplor y modelo; esforcémonos todos para copiarlo en nosotros mismos... Léanse, pues, con mucha atención, y de seguro la Sagrada Familia, cuyo honor y gloria se busca, y cuyas virtudes se desean imitar, será su segura protectora y defensora poderosa en esta vida... y al final su amparo y alegría en la hora de la muerte".

San José Manyanet alcanzó en la casa de la Sagrada Familia y escuela de Nazaret la meta de su perfección y santificación personal, que se puede llamar nazarena, porque el Breve Apostólico de su beatificación afirma que "ella (su santidad) tiene sin duda su origen en la Sagrada Familia" y dejó marcado este camino "a toda clase de personas, así seglares como religiosas, que quieren de veras saborear el espíritu que reina en aquella santa morada, e imitar las virtudes y ejemplos que en la misma resplandecían" (EN, Dedicatoria).

Nótese, por útimo, el detalle del título de la obra: Escuela de Nazaret y Casa de la Sagrada Familia. Manyanet va allí como hijo para honrar y aprender de sus Padres y convertirse en su discípulo, testigo y apóstol de su estilo de vida y santidad.

La Escuela de Nazaret (1895): Desideria o la santidad de José Manyanet, por José Maria Blanquet, S.F.

De la escuela de Nazaret, el padre Manyanet deduce lecciones para sí mismo, en su condición de sacerdote y religioso comprometido en un seguimiento radical de Cristo por los votos de castidad, pobreza y obediencia, por la vida en común y la regla de un instituto.

La Autobiografía que Manyanet redactó a petición de su confesor, se perdió quemada probablemente en el incendio que durante la Semana Trágica sufrió el colegio de Sant Andreu. Se conservan algunos fragmentos publicados en la primera biografía del padre Franquesa. Sin embargo, nos ha quedado una verdadera autobiografía espiritual del padre: es el libro La Escuela de Nazaret y Casa de la Sagrada Familia, publicado en Barcelona, en 1895.

Se trata de un libro que recuerda el titulado Introducción a la Vida Devota, de san Francisco de Sales. La Escuela de Nazaret es una introducción a la vida de perfección evangélica enseñada por Jesús, María y José, en un diálogo que mantienen con Desideria, una joven, hija de la Sagrada Familia, que acude a visitar a la Sagrada Familia y se hace discípula —testigo— de la escuela de la familia nazarena.

El subtítulo de la obra indica que se trata de una "materia utilísima a toda clase de personas, así seglares como religiosas, que quieran de veras saborear el espíritu que reinaba en aquella santa morada e imitar las virtudes y ejemplos que en la misma resplandecían".

Desidera es el alma de José Manyanet, que "desea" la perfección, que vive en anhelo de la santidad, que se abre al don de Dios hasta el fin de su vida.

Pedagogo y maestro, Manyanet pone las enseñanzas en boca de Jesús, de María —que ratifica y profundiza la doctrina de Jesús—, de José —que sintetiza lo dicho por uno y otra en forma de sentencias claras y consejos prácticos—.

Manyanet, como escritor, habla por boca de los tres sagrados personajes; pero acaso habla, sobre todo, por boca de san José, en cuanto éste da consejos prácticos de vida religiosa y de vida cristiana, mientras que Jesús y María toman sus palabras de las páginas del Evangelio. El padre Manyanet lo afirma en el prólogo de su obra:

"Lo que aquí se dice es doctrina tomada del sagrado Evangelio y distinguidos maestros en la ciencia de los santos; suyo es, pues, el mérito; para mí solo pido indulgencia por mi extremada pobreza".

A través de estas visitas podemos acercarnos a Desideria, que revela el alma de Manyanet. Un alma sencilla y pobre, pero que aspira —"desea"— la perfección:

"A mi Hijo Jesús, dice María a la joven Desideria, mejor le placen los religiosos humildes y observantes que los sabios y muy habilitados si carecen de estas virtudes".

La visión del padre Manyanet de la vida de la Familia de Nazaret es realista, tanto para los religiosos y religiosas como para los laicos y para sus mismos colegios. Todos pueden aprender lecciones concretas de la Sagrada Familia, pues ni las comunidades religiosas, ni las familias cristianas, ni los colegios son realidades idílicas. Por eso propone imitar las virtudes que facilitan la creación de comunidades inspiradas en el amor, la humildad, la sencillez, la alegría.

Dice María a Desideria:

"Como ya has podido comprender, en dos palabras puede compendiarse nuestra doctrina, que son: humildad y amor. Es la humildad base y fundamento de toda virtud. [...] Amor. El alma enamorada de Jesús, ¿qué es lo que deja de hacer para agradarle? Ella vigila y está siempre apercibida contra las asechanzas y embestidas [ataques] de los enemigos para que no la sorprendan ni le roben su tesoro; y cuanto mayor es el amor, tanto más solícita es la vigilancia, con cuyo continuo cuidado se hace más difícil la sorpresa y casi imposible la caída".

Como ejemplos de la visión no idílica de la vida de Jesús con María y José en Nazaret podrían aportarse citas sobre virtudes aparentemente pequeñas, pero decisivas para garantizar una buena convivencia en los tres ámbitos en que Manyanet deseaba ver realizado el espíritu de Nazaret: sus congregaciones religiosas, las familias cristianas, los colegios, Estas virtudes son: la mortificación, la veracidad, la discreción, etc.

Fuente: José Manyanet. Profeta de la Familia. J.M. Blanquet - J. Piquer.