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jueves, 5 de septiembre de 2013

Apóstol y profeta de la Sagrada Familia, por José María Blanquet, S.F.

CASAL MANYANET, TREMP (España)

A san José Manyanet, además del título de hijo-testigo de la Sagrada Familia, le corresponde muy bien el de “apóstol” de la Sagrada Familia y el de “profeta” de la familia.

El Papa lo ha llamado “verdadero apóstol de la familia”. Él vivió en la casa de Nazaret, pero no se quedó allí estáticamente. Salió para llevar Nazaret al hogar y a la escuela. “Es, efectivamente, el profeta de la misión de la familia en los tiempos modernos”, como afirmó el card. Pietro Palazzini, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos en el año 1982. “Se anticipó a su tiempo”, como lo reconoció el card. Tarancón, en el año 1983. Veámoslo:

Los Camareros y Camareras de la Sagrada Familia

En Tremp, el año 1868, y en Talarn, el 1874, creó las asociaciones laicales tituladas: “Camareros y Camareras de la Sagrada Familia” (Obras Selectas, p.725-743, BAC Madrid 1991). El nombre hace referencia no a un servicio profesional, sino a los ayudantes de cámara, es decir, a aquellas personas escogidas y de confianza que prestan un servicio más íntimo a la Sagrada Familia. Son como la tercera orden de los dos institutos, que se llaman precisamente Hijos e Hijas de esta Familia, y pretende involucrar a las familias, especialmente a los padres y madres de los alumnos (de uno y de otro sexo) en el proyecto educativo de sus centros, inspirados también en la Escuela de Nazaret. “Se ha de animar a la familia —escribía— a imitar el modelo de la Sagrada Familia, y de seguro se reformará, y reformada ella, quedará saneada la sociedad. No hay otro medio” (Obras Selectas, p.726).

El Templo de la Sagrada Familia

En 1869, como fruto de su oración y sensibilidad eclesial, propuso la idea de levantar un templo expiatorio en honor de la Sagrada Familia para que fuera el hogar espiritual de todas las familias del mundo y lugar de expiación por los pecados que se cometen contra la santidad del matrimonio y de la familia (Obras Selectas, p. 825). Él comunicó y compartió la idea con Josep M. Bocabella dando pie al templo que se está construyendo en Barcelona, y que Antoni Gaudí ha inmortalizado con su genio y también con su santidad.

Esta intuición del Padre Manyanet así como su condición de inspirador del templo —hecho hoy ya aceptado históricamente— fue solemnemente afirmada por Juan Pablo II, el 7 de noviembre de 1982, en su primer viaje a España, el cual pidió a todos, desde la fachada del nacimiento: “Que la familia sea siempre entre vosotros una verdadera iglesia doméstica”. Y añadio:

“De esta realidad misteriosa [la Iglesia es el hogar universal de la familia de Dios y es vuestro hogar] quiere ser una expresión visible este magnífico templo de la Sagrada Familia de Barcelona, debido a la inspiración de una alma sensible a todo lo que es eclesial como el Padre José Manyanet y Vives, y obra de arte del genial maestro Antoni Gaudí”.

Meditaciones dedicadas a la Asociación de la Sagrada Familia

Escribió unas meditaciones dedicadas a la “Asociación de la familia cristiana bajo el patrocinio soberano de la Sagrada Familia” (todavía inéditas). Manyanet contempla a cada uno de los personajes de la Familia de Nazaret y los proyecta a todos los miembros de la familia cristiana. Por ejemplo, propone estas meditaciones a los padres de familia:

- Designio de Dios, en la Sagrada Familia, a todas las familias; - Amor mutuo de María y José, su esposo, y de José a María, su esposa; - Conformidad de pareceres entre los santos esposos María y José; - Celo de María y José en el cumplimiento de la ley de Dios; - Laboriosidad de María y José para la ayuda y sustento de la familia; - Ejercicios religiosos de María y José en el interior de la familia; - Caridad mutua entre María y José en sus tribulaciones particulares.

Preciosa Joya de Familia

En 1899 publicó la obra Preciosa Joya de Familia (Obras Selectas, BAC Madrid 1991), un libro dedicado a los matrimonios y familias, o como dice él mismo “saludables instrucciones, dirigidas principalmente a los padres de familia, para vivir ellos en santa paz y saber educar a sus hijos según la doctrina y los ejemplos de la Santa Casa de Nazaret”.

La buena armonía entre los esposos está en proporción directa a la buena educación de los hijos, y las dos han de inspirarse en la comunidad de amor y de vida que llevó a cabo Jesús en Nazaret junto con María y José. Es el realismo del Evangelio llevado al realismo de la vida cotidiana de cada cristiano, de cada familia cristiana.

Y todavía podemos aducir otro ejemplo significativo. Manyanet coloca en la misma portada como lema del libro esta frase de Pablo a Timoteo: “El que no se preocupa de la propia familia, sobre todo de los que conviven con él, demuestra que ha renegado de la fe y es peor que un descreído” (Tim 5,8). Estas rotundas palabras indican claramente que el primer campo de apostolado y de compromiso cristiano de los casados es la propia familia. Y esto precisamente a causa de una grave exigencia de la misma fe y de la gracia del sacramento, como enseña el Concilio Vaticano II.

El libro consta de tres partes bien diferenciadas. La primera trata de los deberes de los padres para consigo mismos y para con sus hijos. En la segunda ofrece unas consideraciones sobre la educación cristiana de los hijos. Y en la tercera parte reúne las principales “prácticas de conducta cristiana y de otras oraciones y devociones piadosas”, sin omitir un apéndice con los cantos religiosos más populares en su tiempo.

El sentido pedagógico y pastoral se transparentan en cada página de esta obra, que él concibió como un verdadero libro-guía para los matrimonios, como un devocionario y un vademécum de la familia cristiana. Aunque las consideraciones generales del libro están redactadas en castellano, al llegar al compendio de la doctrina cristiana y a las oraciones básicas del cristiano, lo hace en catalán y castellano, a doble columna. Y lo introduce con esta observación:

“A fin de que los padres sepan a qué atenerse en este importante asunto y tengan más a mano aquellas cosas que deben principalmente enseñar a sus hijos en materia de doctrina cristiana (quedando la otra mayor y extensa explicación al buen celo e ilustración de los párrocos y maestros), daremos aquí un breve resumen de ella y la pondremos en catalán y castellano para la más fácil inteligencia de los que hablen uno y otro idioma”.

Él, con los ojos puestos en el ejemplo de la Sagrada Familia, quiere fundamentar la sociedad sobre el matrimonio y asegurar el futuro de la familia sobre la educación de los esposos, de los padres y de los hijos. Habla de la dignidad del matrimonio como una vocación, de los padres como primeros educadores de los hijos y llamados a formar y a presidir la familia como iglesia doméstica.

“La paternidad —afirma— es como un sacerdocio; y así como es propio del sacerdote exhortar, predicar y rogar, del mismo modo los padres de familia dentro de su casa deben ser celosos vigilantes y constantes, pero prudentes predicadores. En efecto, además de ofrecerla y encomendarla de verás a Dios y con frecuencia pedir sobre ella las celestiales bendiciones, deben reunir la familia toda en el lugar conveniente y las más veces posible y allí enseñarles la doctrina cristiana, inculcarles la sana moral y la práctica de las sólidas virtudes... Todo esto, y más si es acompañado del buen ejemplo, es medio poderosísimo para que los hijos se aficionen a las cosas del servicio de Dios” (Preciosa Joya de Familia 2, cap. 2).

Revista La Sagrada Familia

5. El mismo año 1899 inició la publicación de la revista La Sagrada Familia también con la finalidad principal de “presentar a la Sagrada Familia como modelo perfectísimo dado por el Padre celestial a todas las familias para que sea fiel y constantemente imitada por todas las familias y en todas las ocasiones de la vida”.

“El título de esta humilde publicación sintetiza nuestro programa; él manifiesta quiénes somos y a dónde vamos. Somos hijos amadores de la Sagrada familia y tenemos la intención de hacer un esfuerzo para colocarla en el seno de las familias. Valga la buena intención y el fervoroso celo en una empresa tan temeraria.

La Sagrada Familia será nuestro lema, nuestro punto de partida y el término de nuestras aspiraciones. La Sagrada Familia desea ser conocida; la santidad del venerable León XIII lo suplica, el estado actual de la sociedad lo exige. Propagar, pues, esta devoción, hacer brillar en este siglo de falsos resplandores las virtudes de la casa de Nazaret y caldear los corazones en el amor de Jesús, María y José, este es nuestro objetivo” (LSF, 1899, n.1, Editorial).

El Padre Manyanet trabajó con todos los medios a su alcance —las instituciones y los centros de educación y de culto, las asociaciones laicales, los libros y opúsculos, la revista, y varias prácticas de piedad, como el popular Trisagio de la Sagrada Familia, que compuso personalmente, a fin de arraigar esta devoción en la Iglesia, en las familias y en sus centros de apostolado—, todo lo quiso para la Sagrada Familia, con a Sagrada Familia y en la Sagrada Familia.

También en su epistolario, formado por más de mil cartas conservadas, san José Manyanet se revela no solamente como un hombre de carácter, trabajador, paciente, constante, honesto, con una visión sobrenatural de la vida y de los acontecimientos, humilde, conciliador, totalmente unificado, sino también como un enamorado de la Sagrada Familia que se esfuerza continuamente por llevarla a todos los hogares y ambientes sociales.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Preciosa Joya de Familia: La mujer y el trabajo, por Sergio Cimignoli, S.F.

Sobre el trabajo de las mujeres, escribe:

"Desde el día del matrimonio, en vez de distraerse en cosas superficiales, establezca el trabajo como regla de vida. Porque más tarde, ocupada en la educación de los hijos, no podrá trabajar cuándo y cómo quisiera, pero si ha adquirido una capacidad de trabajo, aunque tenga solo una hora libre, la aprovechará como distracción inocente y como un tiempo bien utilizado.

El trabajo, como dice el sabio, es un amigo fiel que se adapta a todas las edades y a todas las circunstancias de quien lo ha elegido como compañero de vida. ¡Oh! Si se llegase a comprender que el trabajo posee el secreto de alejarse de la vorágine de este mundo estúpido y al mismo tiempo exigente y caprichoso"

Preciosa Joya de Familia: ¿Cómo afrontar los conflictos?, por Sergio Cimignoli, S.F.

José Manyanet habla a menudo de los conflictos, de la diversidad y de las sorpresas desagradables en la vida de la pareja.

"Es necesario corregirse y desafiarse pero siempre con dulzura y amor..."

"No se puede siempre disimular como si no pasara nada y ni siquiera corregirlo todo, pero, según las circunstancias y la oportunidad del momento, utilizar uno u otro modo para favorecer el encuentro".

Cuando los esposos se encuentran frente a las debilidades y a los defectos del otro deben ayudarse recíprocamente "con caridad y amor, esperando que el Señor dé al otro la fuerza necesaria para que sepa y quiera cambiar".

Pelear mal o disimular no ayuda a ninguno:

"¿Para qué le sirve al marido dejar a la mujer de mal humor y con sus defectos? No sirve sino para hacer mas pesado el clima familiar de miedo, de caras largas, y a que las labores de casa se hagan de mala gana y con retraso..."

"De igual modo la mujer frente a los defectos y faltas del marido: o se corrigen o se soportan. Pero ¿cómo hacerlo?... Es necesario servirse de todo aquella sagacidad que una esposa fiel y afectuosa sabe inventar".

La alternativa más triste es "irse cada uno por su camino, pero esto no ofrece ningún buen resultado y lleva perjuicio para el alma, para la salud física y para el ambiente familiar".

Otra sugerencia válida para todos los tiempos:

"Uno de los momentos que dan paz y aumentan la armonía de la familia es cuando se acogen y se hospedan con generosidad y con gusto a los parientes del otro-otra. Esto evitará quejas, murmuraciones y reproches".

Preciosa Joya de Familia: La paternidad es como un sacerdocio, por Sergio Cimignoli, S.F.

José Manyanet nos sorprende también con dos argumentos:

– considera la paternidad y la maternidad como un sacerdocio
– es favorable y aconseja el trabajo para la mujer

Intuyó que también la llamada de los padres es una responsabilidad sacerdotal que tiene necesidad de amor, servicio y coherencia:

"La paternidad es como un sacerdocio: y así como es propio del sacerdote exhortar, predicar, rogar, del mismo modo los padres de familia, dentro de su casa deben ser celosos vigilantes y constantes, pero prudentes predicadores".

"Además de ofrecerla y encomendarla de veras a Dios y con frecuencia pedir vengan sobre ella las celestiales bendiciones, deben reunir la familia en el lugar conveniente y las más veces posible y allí enseñarles la doctrina cristiana, inculcarles la sana moral y la práctica de las sólidas virtudes..."

"Todo esto, y más si es acompañado del buen ejemplo, es medio poderosísimo para que los hijos se aficionen a las cosas del servicio de Dios..."

"Y, por el contrario, si se les predica y observan que las obras de los que tal hacen no corresponden con sus palabras, producen en ellos un efecto del todo opuesto".

Por lo tanto, como él queria que "cada familia fuera un nuevo Nazaret", así tenía la certeza de que cada familia fuera una "pequeña iglesia doméstica" con sus celebraciones, con su liturgia, con sus catequistas, con sus predicadores... con sus discípulos, téstigos y apóstoles.

Preciosa Joya de Familia: El matrimonio, camino de santidad, por Sergio Cimignoli, S.F.

José Manyanet invita a los casados a reconocer la dignidad del matrimonio: es una llamada a la santidad y a la práctica de grandes virtudes:

"Todos los estados son buenos y en cualquiera de ellos puede uno santificarse con tal al mismo sea llamado por Dios y cumpla en él sus deberes con fidelidad... Resulta, pues, que si bien por muchos siglos y en algunos pueblos, la unión justa del hombre y la mujer tuvo el simple carácter de contrato natural, para quien cree ha sido instituida por el mismo Dios Creador en el paraíso terrenal entre nuestros padres, Adán y Eva, cuya unión Él mandó y bendijo... Siguiendo estas leyes del Señor muchos se santificaron en el matrimonio. Cuando después Cristo vino al mundo para redimir al hombre... quiso no solo restituir al matrimonio la dignidad del principio sino que lo elevó a sacramento. Enriqueciéndolo con gracias particulares para superar las dificultades, para reforzar los corazones, para mantener la paz, y para unir no solo los cuerpos sino también las almas. De modo que se pueda cumplir, de verdad, la palabra: "Serán dos almas en un solo cuerpo".

Como dice san Pablo a los fieles de Efeso:

"El sacramento del matrimonio es un sacramento grande, mirando a Cristo y a su Iglesia, cuya unión en él se significa. Por lo tanto, grande es su santidad, y tan amable y respetable, que exige de quien se casa que ponga un delicado y continuo esfuerzo y una permanente atención".

José Manyanet, siguiendo el pensamiento de san Pablo, deduce que quien se ha casado está en desventaja en relación a quien ha hecho una opción exclusiva por el Señor en la vida religiosa porque puede estar distraído por las preocupaciones que le traen la mujer, los hijos y los negocios del mundo. Pero sorprendentemente, afirma:

"Si pone todo el esfuerzo y busca encontrar a Dios en todo puede llegar a ser tan virtuoso y santo de aventajar a muchos religiosos".

Y para demostrarlo refiere la narración de Casiano que:

"Yendo un simple labrador a ofrecer las primicias de sus frutos al abad Juan, varón venerado como santo en aquellos desiertos, halló a este que hacía algún tiempo batallaba para echar del cuerpo de un pobre hombre al maligno espíritu. Pero apenas se acercó el labrador, Satanás se alejó inmediatamente. Asombrado, el abad preguntó al labrador qué estado tenía, qué ejercicio hacía y qué virtudes practicaba. A lo que respondió el sencillo labriego: "Estoy casado y me ocupo en la humilde y trabajosa vida del campo... Once años ha que soy casado y he vivido en paz, amor y quietud con mi mujer, no pasando un día que juntos no hagamos alguna cosa del agrado del Señor..."

Josep Manyanet está convencido de que:

"Si el matrimonio es un proyecto de Dios para el hombre y para la mujer, seguramente Él no permitirá que falte su gracia para que quien se casa pueda servir al Señor con mucha perfección... Casados eran los patriarcas, los profetas, Moisés mismo estaba casado, algunos de los apóstoles estaban casados... ¿No consiguieron quizás un alto grado de virtud y santidad?... ¿No son innumerables los santos, hombres y mujeres, que la iglesia venera en los altares y que se santificaron en el matrimonio?"

Un sabio consejo que daba a los esposos de su tiempo y es muy útil también para los de hoy:

"Abandonar las sutiles excusas sobre la pesadez de las obligaciones del matrimonio que favorecen la pereza y el abandono y, al contrario, esforzarse generosamente. Se encontrará tiempo para todo. Lo importante es poner en el centro de los propios esfuerzos la relación con la esposa y con la familia sin ir a la búsqueda de compensaciones peligrosas. Algunos por apatía y olvido de sus deberes más sagrados y otros porque dominados por las modernas distracciones abandonan la casa y la familia. Incluso si trabajan cada día para ganar el pan y afrontar las otras necesidades de la casa, al fin del día, no sosteniendo el peso de las relaciones familiares, prefieren frecuentar los círculos, el café o las tabernas, descuidando a la esposa y a los hijos. Es importante estar cercanos a Dios para conseguir el discernimiento y el equilibrio justo. Equilibrio que es necesario tener también para valorar el compromiso en la Iglesia y por las devociones que ocupan demasiado tiempo con perjuicio de los deberes que se tienen en casa y para la familia. Una verdadera devoción ayuda al cumplimiento de los propios deberes y deja tiempo para lo demás".

Preciosa Joya de Familia (1899): Libro dedicado a las familias, por Sergio Cimignoli, S.F.

El libro dedicado a las familias es Preciosa joya de familia, que tiene un subtítulo significativo: Manojito de saludables instrucciones dirigidas a los padres de familia para vivir ellos en santa paz y saber educar a los hijos según la doctrina y ejemplos de la Santa Casa de Nazaret.

Como era habitual en aquel tiempo, el libro está lleno de sugerencias prácticas (incluso demasiadas). Pero sus indicaciones no son las habituales que encontramos en los manuales escritos por sus contemporáneos. José Manyanet tiene su propia originalidad.

Baste pensar que, para ser todavía más cercano a la vida ordinaria de las familias, escribe parte del libro en castellano y en catalán, la lengua más familiar que se hablaba en las casas de sus lectores.

Ademas se muestra como un profundo conocedor de las situaciones reales que se vivían en la familia. La claridad y la pasión con las que se dirige a las familias dan a entender cuánto las quería y cuánto se sentía cercano a ellas.

Preciosa Joya de Familia (1899): Guía para los matrimonios cristianos

José Manyanet publicó en 1899 una guía práctica de contenido doctrinal, que ofrecía reflexiones y oraciones, para los matrimonios cristianos. Es su libro Preciosa Joya de Familia. En él se dirige a los casados. Es significativo —y rico de contenido espiritual— el subtítulo algo largo, según la costumbre de la época, que puso a esta obra: Manojito de saludables instrucciones, dirigidas principalmente a los padres de familia, para vivir ellos en santa paz y saber educar a sus hijos según la doctrina y ejemplos de la Santa Casa de Nazaret.

La buena armonía entre los esposos está en proporción directa a una buena educación de los hijos y ambas han de inspirarse en la comunidad de amor y de vida que realizó Jesús con María y José en Nazaret. Es de nuevo el realismo del Evangelio llevado al realismo de la vida de cada cristiano, de cada familia cristiana.

Aún podemos citar otro testimonio significativo: Manyanet coloca como lema del libro, en la misma portada, esta frase de san Pablo a Timoteo (5,8): "Si alguien no tiene cuidado de los suyos, principalmente de sus familiares, ha renegado de la fe y es peor que un infiel".

Las tajantes palabras de san Pablo indican bien claramente que el primer campo de apostolado y de compromiso de los casados es su propia familia. Y esto precisamente como una grave exigencia derivada de la fe.

Partes de libro

El libro tiene tres partes bien diferenciadas. En la primera se trata de los deberes de los padres para consigo y para con sus hijos.

En la segunda se proponen unas consideraciones sobre la educación cristiana de los hijos. Al llegar al compendio de la doctrina cristiana y a las oraciones básicas del cristiano, Manyanet lo expone de una manera muy práctica en doble columna, en catalán y castellano. Y lo introduce con esta observación:

"A fin de que los padres sepan a qué atenerse en este importante asunto y tengan más a mano aquellas cosas que deben principalmente enseñar a sus hijos en materia de doctrina cristiana (quedando la otra mayor y extensa explicación al buen celo e ilustración de los párrocos y maestros), daremos aquí un breve resumen de ella, y la pondremos en catalán y castellano para la más fácil inteligencia de los que hablan uno y otro idioma".

Por último, en la tercera parte incluye las principales "prácticas de cristiana conducta y otras oraciones y devociones piadosas", sin olvidar un apéndice con los principales cánticos piadosos más populares en su tiempo.

Su sentido pedagógico y pastoral se transparenta en cada página de esta obra, que él concibió como un verdadero libro-guía para los matrimonios cristianos, como un devocionario y un vademécum de la familia cristiana.

El padre Manyanet, mirando el ejemplo de la Sagrada Familia, pretende fundamentar la sociedad sobre el matrimonio y asegurar el fututo de la familia sobre la educación de los esposos, de los padres y de los hijos. Su punto de partida es claro —y también actual—: la dignidad del matrimonio. He aquí lo que dice sobre la dignidad del estado de casados, que considera una verdadera vocación:

"Todos los estados son buenos, y en cualquiera de ellos puede uno santificarse, con tal de que al mismo sea llamado por Dios y cumpla en él sus deberes con fidelidad (P 1, cap. 1).

Y sobre los padres, como primeros educadores de sus hijos, dice:

" La misma naturaleza indica ya que los primeros y principales educadores de la tierna juventud deben ser los propios padres, pues se ve que los hijos los imitan hasta en las mismas imperfecciones. De donde se deduce el exquisito cuidado y continuada solicitud que deben emplear los padres en la buena y cristiana crianza de los hijos" (P 2, cap. 1).

Y, para terminar, veamos qué dice sobre los padres de familia llamados a formar y presidir la familia, como iglesia doméstica:

"La paternidad es como un sacerdocio; y así como es propio del sacerdote exhortar, predicar y rogar, del mismo modo los padres de familia dentro de su casa deben ser celosos vigilantes y constantes pero prudentes predicadores. En efecto, además de ofrecerla y encomendarla de veras a Dios y con frecuencia pedir vengan sobre ella las celestiales bendiciones, deben reuniar la familia en lugar conveniente y las más veces posibles, y allí enseñarles la doctrina cristiana, inculcarles la sana moral y la práctica de las sólidas virtudes. [...] Todo esto es medio poderosísimo, mayormente si es acompañado del buen ejemplo" (P. 2, cap.2).

Fuente: José Manyanet. Profeta de la Familia. J.M. Blanquet - J. Piquer.

martes, 3 de septiembre de 2013

Aportación fundamental del Santo, por el Card. Ricard Maria Carles, Arzobispo de Barcelona

¿Cuál es su aportación fundamental? El padre Manyanet es un apóstol y un profeta de la familia cristiana. Verdadero servidor de la familia, puso su objetivo en la que es siempre la mayor preocupación de toda familia: la educación de los hijos. Manyanet fue un gran educador, un hombre de gran corazón, un sacerdote de gran bondad, cuya alma recuerda la del beato Juan XXIII.

Un hombre así, estaba preparado para comprender que la cima de la pedagogía es lo que él llamaba “cultura del corazón”, la educación en auténticos valores humanos y cristianos, y que la escuela ha de tener mucho de “hogar” para ser formadora de la persona (...)

Como educador cristiano para la familia, el padre Manyanet pone los ojos en la Sagrada Familia, en los largos años de convivencia y de vida oculta de Jesús, con María y José en Nazaret. La Sagrada Familia —el mismo Hijo de Dios en su existencia humana escondida, trabajando como carpintero— fue el centro de su carisma como religioso y como educador. Recibió de Dios como un don especial para su santificación personal y para el servicio que se sintió llamado a prestar a la Iglesia, la capacidad de penetrar contemplativamente en las riquezas encerradas en la Sagrada Familia de Nazaret (...)

De la contemplación de la vida de la Sagrada Familia, el padre Manyanet extrajo un mensaje para todas las familias. Y lo plasmó en un lema que es una síntesis de su espiritualidad y de su proyecto apostólico: “Un Nazaret en cada hogar”. El centro de su espiritualidad era la Sagrada Familia, y él concibió toda su actividad y la de las dos congregaciones por él fundadas, como un servicio a la familia, y más concretamente a la familia cristiana. A uno de sus libros le quiso poner este título Preciosa Joya de Familia. En realidad, la familia era para él la “joya de la corona” y en Nazaret halló su auténtico y verdadero referente.

Resulta lógico y muy sugestivo que José Manyanet, como fruto de su sensibilidad eclesial, sintiese la necesidad de proponer la construcción de un templo expiatorio dedicado a la Sagrada Familia y que, desde los primeros momentos, aparezca vinculado a la construcción del templo, una verdadera joya del arte de la arquitectura de Gaudí, que hoy es objeto de creciente admiración e irradiación en todo el mundo. El padre Manyanet, apóstol de la Sagrada Familia y de la familia, y Antonio Gaudí, “el arquitecto de Dios”, aportan al proyecto de este gran templo dedicado a Jesús, María y José una dimensión espiritual que lo convierten además en un mensaje vivo para las familias.

Es significativo que, en el año 1909, junto al templo, diseñada por Gaudí, surgiera también una escuela, como expresión de la preocupación social, unida al templo gaudiano. Y es muy revelador que, según cuentan los expertos, el genio de Gaudí diera diera a la planta de las tres aulas de dicha escuela una formas curvas que recuerdan el corazón humano, el corazón de Jesús, María y José. Nuestro buen padre Manyanet no pudo ver en este mundo esta plasmación arquitectónica de su carisma, porque falleció en el año 1901. Sin embargo, hoy comprendemos que Gaudí, traduciendo la dimensión social inherente al templo desde sus inicios, plasmó en su arte tres realidades que son el carisma y la vida misma de José Manyanet: la Sagrada Familia, la familia y la educación. Y todo enmarcado en lo que Juan Pablo II denominó en la misa de su beatificación “la pedagogía del Evangelio de Nazaret”, o la “cultura del corazón”, como enseña el padre Manyanet, porque las grandes opciones y decisiones se toman no sólo después de una seria reflexión, sino en el nivel más profundo de la persona que llamamos corazón. Y la educación a este nivel es integradora de toda la persona y le capacita para comprender el sentido de su vida y de su vocación. La pedagogía del padre Manyanet se inspira en el hogar de Nazaret y tiende a educar para la familia y con la familia.

Hay un último aspecto en la vida del padre Manyanet que me parece de justicia destacar porque le honra a él y a sus hijos e hijas espirituales y a toda la Iglesia de Dios que peregrina en esta su tierra natal de Cataluña. Me refiero a su sentido social. Él quiso fundar colegios sobre todo para los hijos de las familias pobres, para las clases obreras o populares. Por eso nunca cerró las puertas de sus colegios a los alumnos que carecían de medios económicos. Decía: “Los ricos tienen colegios para educar a sus hijos; hagamos colegios para educa e instruir a los hijos de los obreros”. En esta misma ciudad de Barcelona entró en contacto con varias asociaciones benéficas a favor de las clases más desfavorecidas, y colaboró, entre otras, con la Junta Diocesana de Enseñanza, la Juventud Católica, la Asociación de Católicos, la Junta de Asilo Naval Español, etc. Para los hijos de las familias trabajadoras no sólo abrió colegios de enseñanza sino también las escuelas talleres de la Sagrada Familia, centros de formación profesional y de firme amor al trabajo.

Solo me resta destacar la actualidad y la urgencia de la pastoral de la familia en las preocupaciones de la Iglesia actual y la singular aportación que en este sentido representa la vida y la obra de José Manyanet. Es conocida la constante solicitud de Juan Pablo II por la familia, a la que ha dedicado desvelos, iniciativas (...) y numerosos documentos. El futuro de la Iglesia y de la sociedad depende en gran parte de la salud de la familia, que el Concilio Vaticano II definió como una verdadera “iglesia doméstica”. Cuando toda la Iglesia vive esta preocupación prioritaria por la familia, considero que es un hecho providencial la canonización de este sacerdote de nuestras tierras que con toda justicia es calificado en el libro que presento al lector como “profeta de la familia”.

La Iglesia, al declararlo santo, no sólo valida su vida, su magisterio y su misión al servicio de la familia sino que nos lo presenta como su intercesor. Es un maestro pero sobre todo un abogado para nuestras familias. Deseo que, por su ayuda e intercesión, todas las familias vuelvan su mirada hacia Nazaret y aprendan la vida sencilla, laboriosa y cordial de la Santa Familia.

Introducción del Cardenal Ricard Maria Carles en la presentación del libro José Manyanet, Profeta de la familia (J.M. Blanquet - J. Piquer, Claret. Barcelona 2004).