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lunes, 20 de marzo de 2017

La espiritualidad josefina de san José Manyanet

SUEÑO DE JOSÉ, Philippe de Champaigne

El misterio de Nazaret

Al hablar del padre Manyanet como hijo, testigo y apóstol de la Sagrada Familia, entramos en el santuario de su espiritualidad. Lo que nos parece que tiene de específico la vida del padre Manyanet es su profundización en el misterio de Nazaret, presente en todo el evangelio, a partir de la Encarnación y de los treinta años de vida oculta, de trabajo, de plegaria al Padre y de humana conversación de Jesús, María y José.

Manyanet hizo también su elección: el evangelio de Nazaret. El silencio de la "vida oculta" de Cristo con María y José en Nazaret en actitud de servicio al Padre y a los hombres, era para él un punto clave que, por el don que Dios le concedió, profundizó de manera progresiva.

La devoción a san José

Comenzó por su devoción a san José. En el colegio San José, de Tremp, había una litografía de Maggiolo editada en París por Dopter, sobre la que el padre ponía con frecuencia los ojos. José aparece con el Niño Jesús en sus brazos.

Se ha dicho que a san José le han hecho más justicia los santos —especialmente los grandes contemplativos— que los teólogos. Recuérdese la especial devoción que le tenía santa Teresa de Jesús y las bellas páginas que nos dejó. Lo mismo puede decirse del padre Manyanet, que, sin duda, es uno de los grandes devotos del santo, hecho que incluso se manifiesta en una circunstancia familiar curiosa: sus religiosos, en los comienzos, eran conocidos como los "Josepets".

Los hechos josefinos de su vida son numerosos. El primero, llevar el mismo nombre de José, a pesar de que tal nombre no era frecuente en la familia (su segundo nombre, Joaquín, también lo vinculaba a la ascendencia humana de Cristo).

En Barbastro, siendo estudiante, ya practicaba la devoción de los Siete Padrenuestros al Santo Patriarca. Quiso que su primer colegio —el de Tremp— llevara el nombre de san José y la fiesta de san José era la más solemnizada en todas las casas de la congregación.

Consejos josefinos

En sus cartas abundan los consejos "josefinos" a sus hijos e hijas; son entrañables y familiares, expresión de una devoción muy profunda: "Encomiéndelo a san José, y, si no le hace caso, dígale que va de mi parte"; "Hemos de tirar con más fuerza de la capa de san José"...

Tenía por costumbre cada noche colocar ante una imagen de san José las llaves del colegio de Sant Andreu, porque a él le tenía como guardián y protector de la casa, recomendando esta práctica a los superiores de las comunidades, especialmente de las casas de formación.

San José inspira la vida y obra del padre Manyanet

Manyanet es uno de los grandes josefinos que ha tenido España y más en concreto Barcelona, donde hay obras de clara influencia josefina como el templo expiatorio de la Sagrada Familia y el santuario de San José de la Montaña, con cuya fundadora, la madre Petra de San José (1845-1906), mantuvo estrechas relaciones.

Se conserva un manuscrito de José Manyanet, escrito en su madurez, y titulado Método de Vida, que es un proyecto de vida cristiana mucho más riguroso y exigente que el plan de vida de Barbastro. Sacerdote y religioso, ya casi al final de su vida, hace éste entre otros propósitos:

"Todos los días entregar a san José las llaves de la casa y de toda la congregación, como padre y señor de ella después de Jesús y de María, y suplicarle la rija y gobierne como a tal, sin que permita en ella pecado ni abuso o relajaciones de ningún género, proveyendo, al propio tiempo, de personal y medios suficientes al fin de la institución".

Uno de los hechos que manifiesta más claramente esta gran fe y confianza en san José es lo que cuenta el padre Jacinto Mateu, en su manuscrito:

"En el año 1892, en Sant Andreu del Palomar se levantó una revuelta popular, en la que peligraban las vidas y casa de curas y frailes y de dueños de fábricas. Una turba de revolucionarios se dirigió con mal intento a nuestro colegio y casa. Y el padre Manyanet puso una imagen de san José, una estampa grande, detrás de la puerta principal, diciendo: ‘San José nos librará de estas gentes’.

En efecto, llegó la gente y furiosamente tocaron la campana. Y creo que el mismo padre, con el hermano Antonio (Buira Mascaró 1867-1939), abrió la puerta y dijo a la gente: ‘Este colegio está lleno de niños en las clases y son pobres y los protege san José’. El cabecilla de la gente se fijó en el padre y le dijo: ‘Si son pobres, respetamos el colegio’, y se fueron silenciosos.

Todos entramos en la capilla del colegio a dar gracias a san José. Las turbas, que andaban quemando, robando y asesinando alguno, no volvieron más en las dos semanas que duró la revolución de Barcelona y pueblos vecinos".

Fuente: José Manyanet. Profeta de la Familia. J.M. Blanquet - J. Piquer.

viernes, 6 de septiembre de 2013

La Tercera Orden, por José María Blanquet, S.F.

Casi todos los grandes fundadores de órdenes religiosas han creado las llamadas Terceras Ordenes. El nombre tiene su origen en san Francisco de Asís, quien, además de los frailes (Primera Orden) y de las llamadas Damas Pobres de Santa Clara (Segunda Orden), dio principio durante su vida, acaso o más probablemente después de su muerte, a la fórmula de que los seglares que vivían en medio del mundo se vinculasen a su espíritu y al apostolado de los franciscanos. Estos laicos tomaron nombre de la Tercera Orden.

Manyanet, como Tercera Orden de los Hijos e Hijas de la Sagrada Familia, ideó dos asociaciones católicas tituladas Camareros de la Sagrada Familia (1868) y Camareras de la Sagrada Familia (1874). Estos nombres no tenían en la mente de Manyanet un sentido de actividad profesional, sino de honroso e íntimo servicio a la primera de todas las familias.

En el prólogo de la asociación femenina, que se titula Orden Tercera de la Sagrada Familia. Idea de la Tercera Orden, Manyanet expone su pensamiento:

"Toda persona que desee llevar una vida religiosa y no pueda o no tenga fuerzas para ligarse con el vínculo de los santos votos en el instituto de la Sagrada Familia, puede ingresar a la Orden Tercera del mismo instituto, en la cual se lleva una vida arreglada y muy conforme a los preceptos de Jesucristo y de su santa Iglesia, y participa, además, del inmenso caudal de obras y sufragios del Instituto como miembros de un mismo cuerpo místico".

Las camareras de la Sagrada Familia "no venían obligadas a más que guardar los preceptos comunes de Dios y de la Santa Iglesia".

El talento educativo de Manyanet se manifiesta en las Reglas, que son las verdaderas constituciones para dicha asociación.

Llevar el Evangelio de Nazaret al mundo

Antes de entrar en detalles en los que el padre Manyanet es, lógicamente, deudor de la sensibilidad y de las costumbres religiosas de su tiempo, conviene poner de relieve que la idea fundamental de esta Tercera Orden es, por una parte, llevar el Evangelio de Nazaret al mundo; más concretamente, hacer de cada familia un hogar a imagen de la familia de Nazaret, y, por otra, asegurar la propia formación, participación y colaboración de los seglares —padres y madres de familia sobre todo— en la espiritualidad y misión de sus dos congregaciones.

Todo por la familia y para las familias —sus congregaciones eran familias para las familias—, pero también con las familias. Los detalles y normas, que vamos a citar, bien lo ponen en evidencia.

Camareras internas y externas

Las Camareras de la Sagrada Familia se dividían en dos clases: internas y externas.

Las internas eran admitidas a vivir perpetuamente dentro del recinto de las casas religiosas, en departamento separado, pero bajo su dirección y dependencia. Hacían un acto de consagración a la Sagrada Familia, al que precedía un tiempo prudencial de aprobación, más o menos largo, a juicio de los superiores.

Asistían a los actos comunes de piedad —misa, rosario y examen general de conciencia— y a las refecciones, siempre que su edad y salud se lo permitiesen. Trabajaban en favor de la casa sin retribución pecuniaria alguna y comían de la mesa común.

Podían ser trasladadas de una casa a otra y no podían ser despedidas salvo por una razón de escándalo, que correspondía valorar debidamente al superior y al mismo prelado, el cual debía confirmarlo. Al fallecer una de estas camareras internas se le dedicaban iguales sufragios que a las religiosas.

Las camareras externas podían ser también personas "ligadas con el vínculo del santo matrimonio". La visión del matrimonio que Manyanet refleja es siempre positiva. Hacían un acto de consagración a la Sagrada Familia idéntico al de las internas. Y llegamos al punto clave: estas personas han de expandir no una mera devoción, sino el Evangelio en medio del mundo.

En el Reglamento de las Camareras afirma que en Nazaret "hay un modelo perfectísimo para todos los estados, edades y condiciones". Dice:

"Hay que aficionar [a la familia] a imitar el perfectísimo modelo de la Sagrada Familia, y así, de seguro, se reformará; y, reformada ella, quedará saneada la sociedad. No hay otro medio".

Manyanet, desde el realismo de la Encarnación, nunca separa familia, educación y sociedad, y esto da a su planteamiento indudable actualidad y valor también para quienes hoy sean capaces, como cristianos, de escuchar su mensaje y de llevarlo a la práctica según las exigencias de cada tiempo.

En el artículo 21 de los estatutos de los Camareros... se establecía la norma de que cada miembro de la Asociación, sin necesidad de ir a la iglesia, aun sin dejar su trabajo y sus ocupaciones y sin que los demás se enterasen de ello, durante una hora diaria tenía que recogerse interiormente.

"[...] Y formar intención de pasar aquella hora en la presencia de Jesús, María y José, admirando y alabando sus grandezas y con intención de imitar sus virtudes. Terminará dando gracias a Dios y propondrá ejercitarse en algún acto de virtud o pequeña mortificación en obsequio de sus cariñosos soberanos".

El don que recibió de aplicar a todos los estados y condiciones los ejemplos de la Sagrada Familia aparece de forma especial en un pequeño volumen titulado Meditaciones dedicadas a la Asociación de la familia cristiana bajo el soberano patrocinio de la Sagrada Familia (inédito), con el que entra en relación con todo el movimiento de devoción a la Sagrada Familia que se iba desarrollando en Francia, Holanda e Italia, y que preparó la intervención del papa León XIII en 1892 sobre el culto y devoción a la Sagrada Familia.

Manyanet contempla a los personajes de la Familia de Nazaret y los proyecta a todos los miembros de la familia cristiana. Veamos lo que propone —sólo se transcribe el índice— para los padres de familia:

– Designio de Dios en la Sagrada Familia para todas las familias.
– Mutuo amor de María a José y de José a María, su esposa.
– Conformidad de pareceres de los santos esposos María y José.
– Celo de María y José por el cumplimiento de la Ley de Dios.
– Laboriosidad de María y José para el sostén y sustento de la familia.
– Ejercicios religiosos de María y José en el seno de la familia.
– Mutua caridad de María y José en sus particulares atribuciones.

Manyanet encuentra también valiosos ejemplos en la vida oculta de Jesús para los niños y niñas, a los que no duda en proponer, en diversas meditaciones, estos temas (entre otros):

– Pobreza de Jesús.
– Amor de Jesús a sus padres.
– Obediencia de Jesús a María, su madre, y a su padre nutricio, José.
– Entretenimientos de Jesús.
– Jesús trabaja y ayuda a sus padres.
– Jesús ora.
– Jesús crece en sabiduría, en gracia y en edad.
– Jesús, modelo de los niños, nuestra única esperanza y consuelo.

María —contemplada con el especial sentido de la encarnación y del realismo evangélico de Manyanet— es ejemplo de virtud para las jóvenes. Veamos algunos ejemplos:

– María con sus padres: dulce nombre de María.
– Conducta de María con sus compañeras.
– Laboriosidad de María.
– Conformidad de María en todas las cosas.
– Ternura y caridad de María para con los prójimos.

Y la figura de José —del patriarca san José—, una figura varonil y entrañable, de la que el padre habla con aquella intuición y devoción que le han tenido siempre las grandes almas contemplativas:

– Trato de José (así le llama familiarmente, sin el "san") con sus prójimos.
– José, nacido de sangre real, aprende el oficio de carpintero.
– Conformidad de José a la divina voluntad.
– Celo de José por la honra de Dios,
– Espíritu de mortificación de José.
– José fomenta la paz y la concordia entre sus prójimos.
– José, modelo de jóvenes y cuanto merece nuestro amor y confianza.

Fuente: José Manyanet. Profeta de la Familia. J.M. Blanquet - J. Piquer.

martes, 3 de septiembre de 2013

Aportación fundamental del Santo, por el Card. Ricard Maria Carles, Arzobispo de Barcelona

¿Cuál es su aportación fundamental? El padre Manyanet es un apóstol y un profeta de la familia cristiana. Verdadero servidor de la familia, puso su objetivo en la que es siempre la mayor preocupación de toda familia: la educación de los hijos. Manyanet fue un gran educador, un hombre de gran corazón, un sacerdote de gran bondad, cuya alma recuerda la del beato Juan XXIII.

Un hombre así, estaba preparado para comprender que la cima de la pedagogía es lo que él llamaba “cultura del corazón”, la educación en auténticos valores humanos y cristianos, y que la escuela ha de tener mucho de “hogar” para ser formadora de la persona (...)

Como educador cristiano para la familia, el padre Manyanet pone los ojos en la Sagrada Familia, en los largos años de convivencia y de vida oculta de Jesús, con María y José en Nazaret. La Sagrada Familia —el mismo Hijo de Dios en su existencia humana escondida, trabajando como carpintero— fue el centro de su carisma como religioso y como educador. Recibió de Dios como un don especial para su santificación personal y para el servicio que se sintió llamado a prestar a la Iglesia, la capacidad de penetrar contemplativamente en las riquezas encerradas en la Sagrada Familia de Nazaret (...)

De la contemplación de la vida de la Sagrada Familia, el padre Manyanet extrajo un mensaje para todas las familias. Y lo plasmó en un lema que es una síntesis de su espiritualidad y de su proyecto apostólico: “Un Nazaret en cada hogar”. El centro de su espiritualidad era la Sagrada Familia, y él concibió toda su actividad y la de las dos congregaciones por él fundadas, como un servicio a la familia, y más concretamente a la familia cristiana. A uno de sus libros le quiso poner este título Preciosa Joya de Familia. En realidad, la familia era para él la “joya de la corona” y en Nazaret halló su auténtico y verdadero referente.

Resulta lógico y muy sugestivo que José Manyanet, como fruto de su sensibilidad eclesial, sintiese la necesidad de proponer la construcción de un templo expiatorio dedicado a la Sagrada Familia y que, desde los primeros momentos, aparezca vinculado a la construcción del templo, una verdadera joya del arte de la arquitectura de Gaudí, que hoy es objeto de creciente admiración e irradiación en todo el mundo. El padre Manyanet, apóstol de la Sagrada Familia y de la familia, y Antonio Gaudí, “el arquitecto de Dios”, aportan al proyecto de este gran templo dedicado a Jesús, María y José una dimensión espiritual que lo convierten además en un mensaje vivo para las familias.

Es significativo que, en el año 1909, junto al templo, diseñada por Gaudí, surgiera también una escuela, como expresión de la preocupación social, unida al templo gaudiano. Y es muy revelador que, según cuentan los expertos, el genio de Gaudí diera diera a la planta de las tres aulas de dicha escuela una formas curvas que recuerdan el corazón humano, el corazón de Jesús, María y José. Nuestro buen padre Manyanet no pudo ver en este mundo esta plasmación arquitectónica de su carisma, porque falleció en el año 1901. Sin embargo, hoy comprendemos que Gaudí, traduciendo la dimensión social inherente al templo desde sus inicios, plasmó en su arte tres realidades que son el carisma y la vida misma de José Manyanet: la Sagrada Familia, la familia y la educación. Y todo enmarcado en lo que Juan Pablo II denominó en la misa de su beatificación “la pedagogía del Evangelio de Nazaret”, o la “cultura del corazón”, como enseña el padre Manyanet, porque las grandes opciones y decisiones se toman no sólo después de una seria reflexión, sino en el nivel más profundo de la persona que llamamos corazón. Y la educación a este nivel es integradora de toda la persona y le capacita para comprender el sentido de su vida y de su vocación. La pedagogía del padre Manyanet se inspira en el hogar de Nazaret y tiende a educar para la familia y con la familia.

Hay un último aspecto en la vida del padre Manyanet que me parece de justicia destacar porque le honra a él y a sus hijos e hijas espirituales y a toda la Iglesia de Dios que peregrina en esta su tierra natal de Cataluña. Me refiero a su sentido social. Él quiso fundar colegios sobre todo para los hijos de las familias pobres, para las clases obreras o populares. Por eso nunca cerró las puertas de sus colegios a los alumnos que carecían de medios económicos. Decía: “Los ricos tienen colegios para educar a sus hijos; hagamos colegios para educa e instruir a los hijos de los obreros”. En esta misma ciudad de Barcelona entró en contacto con varias asociaciones benéficas a favor de las clases más desfavorecidas, y colaboró, entre otras, con la Junta Diocesana de Enseñanza, la Juventud Católica, la Asociación de Católicos, la Junta de Asilo Naval Español, etc. Para los hijos de las familias trabajadoras no sólo abrió colegios de enseñanza sino también las escuelas talleres de la Sagrada Familia, centros de formación profesional y de firme amor al trabajo.

Solo me resta destacar la actualidad y la urgencia de la pastoral de la familia en las preocupaciones de la Iglesia actual y la singular aportación que en este sentido representa la vida y la obra de José Manyanet. Es conocida la constante solicitud de Juan Pablo II por la familia, a la que ha dedicado desvelos, iniciativas (...) y numerosos documentos. El futuro de la Iglesia y de la sociedad depende en gran parte de la salud de la familia, que el Concilio Vaticano II definió como una verdadera “iglesia doméstica”. Cuando toda la Iglesia vive esta preocupación prioritaria por la familia, considero que es un hecho providencial la canonización de este sacerdote de nuestras tierras que con toda justicia es calificado en el libro que presento al lector como “profeta de la familia”.

La Iglesia, al declararlo santo, no sólo valida su vida, su magisterio y su misión al servicio de la familia sino que nos lo presenta como su intercesor. Es un maestro pero sobre todo un abogado para nuestras familias. Deseo que, por su ayuda e intercesión, todas las familias vuelvan su mirada hacia Nazaret y aprendan la vida sencilla, laboriosa y cordial de la Santa Familia.

Introducción del Cardenal Ricard Maria Carles en la presentación del libro José Manyanet, Profeta de la familia (J.M. Blanquet - J. Piquer, Claret. Barcelona 2004).