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domingo, 7 de enero de 2018

1833, Nacimiento y bautismo de José Manyanet y Vives

José Manyanet y Vives nació el 7 de enero de 1833 en Tremp y ese mismo día fue bautizado por el sacerdote Joaquín Cluet en la iglesia dedicada a la Virgen de Valldeflors (diócesis de Urgel). En el libro de bautismos del archivo parroquial se lee:

"José, Joaquín Manyanet y Vives. 1833.= En la iglesia colegial y parroquial de la villa de Tremp, día 7 de enero de 1833. Yo, el infrascrito canónigo de la misma, bauticé solemnemente a José Joaquín, que nació a las seis horas de la mañana del mismo día, mes y año; hijo legítimo de los consortes Antonio Manyanet, de Puigcercós, y Buenaventura Vives, de Tremp, mis feligreses. Fue su madrina, que le tuvo in sacro fonte, Maria Farré y Bo, natural de Jou y vecina de Tremp, viuda. Abuelos paternos: Francisco Manyanet y Mónica Pons, de Puigcercós; y maternos: Francisco Vives, de Tremp, y Rosa Farré, de la Pobleta. Para que conste lo firmo fecha ut supra.= Joaquín Cluet, canónigo curado".

miércoles, 18 de diciembre de 2013

"Un santo marcado por el 4", por M. Dolors Gaja, MN.




Un santo marcado por el 4 - me decía hoy un sacerdote:
" Fundó los Hijos de la Sagrada Familia en 1864,
fundó las Misioneras en 1874 que fueron reconocidas en 1894
...fue beatificado en 1984
...y canonizado en 2004.
¡El 2014 tiene que ser también un año especialmente Manyanetiano!".
Y como buen cura añadía: "tiene que ser un año de vocaciones"...

Ya saben: a pedir hoy que haya muchos jóvenes que sientan la llamada a vivir el Misterio de Nazaret
Así sea...

martes, 3 de septiembre de 2013

El llanto de una familia, por Sergio Cimignoli, S.F.

Acompañado por la oración de sus hijos que, a duras penas, aguantaban las lágrimas, José Manyanet, después de haber pronunciado estas palabras: "Jesús, José y María, expire en paz con vosotros el alma mía", dejó esta vida. Era el amanecer del 17 de diciembre de 1901.

Como publicó el diario El Correo Catalán: "Todo el barrio se estrechó a su alrededor: trabajadores, mujeres y niños..., como una familia que llora una pérdida irreparable".

José Manyanet no dejó un testamento escrito, pero su vida se ha convertido en una herencia preciosa para la Iglesia, para sus hijos e hijas, para los niños y los jóvenes y para la sociedad. Su carisma, su obra y su santidad, son un mensaje atractivo y actual para todos.

El buen humor con el que afrontó los últimos momentos de su vida, nos dice que estar cercanos a Dios nos hace felices y hace buena la vida. Nos hace capaces de afrontarlo todo: "No te extrañes que la presencia de Dios de paz, tranquilidad y alegría y de que el alma unida a Dios sienta estos beneficios. Esto es natural..., sería extraño que el fuego helara y que el frío provocase calor".

El camino hacia la resurrección, por Josep Roca, S.F.

José Manyanet tuvo que soportar a lo largo de su vida innumerables enfermedades y sufrimientos físicos y morales, por esto no le sorprendió la muerte. Estaba ya preparado para salir de esta casa terrenal y reencontrarse con Jesús, José y María en el hogar celestial.

A principios de diciembre de 1901 sufrió un fuerte resfriado con fiebre muy alta. El día 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada, celebró su última misa en comunidad.

El, de pequeño, recibió el abrazo de la Virgen de Valldeflors. En esta fecha señalada, cuando ya sentía la voz de su tránsito, se trasladó espiritualmente a Tremp para echarse de nuevo a sus brazos. Era domingo, día del Señor, el día en que los cristianos celebran la Pascua. El arroyo de alta montaña estaba a punto de llegar al gran mar sin fondo de la felicidad eterna.

Eran las siete de la mañana del día 17 de diciembre de 1901. El padre Buenaventura Mullol, su hombre de confianza, le administró el sacramento de la unción de los enfermos y le dió la comunión. El padre secretario le acercó a los labios una cruz para que la besase. La miró con ternura y dijo: "Jesús, José y María, descanse en paz con vosotros el alma mía". Y en aquella hora se detuvo su pulso. Era la hora de un santo.

Sus restos descansan en la Iglesia de la parroquia de San José Manyanet, en Sant Andreu de Palomar, donde él había establecido su residencia habitual cuando aún era un municipio independiente, y que actualmente es un barrio de Barcelona.

Fue beatificado por el papa Juan Pablo II el 25 de noviembre de 1984, y el mismo Papa, el 16 de mayo de 2004, lo canonizó. Su fiesta litúrgica se celebra el 16 de diciembre, la vigilia del aniversario de su muerte, dado que el 17 comienzan las ferias privilegiadas de Adviento.

Fuente: San José Mañanet, profeta de la familia, por Josep Roca (2007).

Dos grandes alegrías antes de morir, por Sergio Cimignoli, S.F.

A pesar de las enfermedades y los achaques tuvo la satisfacción de sobrepasar el mil novecientos y de ir, peregrino, a Roma para celebrar el Jubileo. El inicio del nuevo siglo le proporcionó dos grandes alegrías: la aprobación, en junio, de la congregación de los Hijos de la Sagrada Familia por parte del papa León XIII; la reapertura, en septiembre, del colegio San José de Tremp.

Tuvo así la ocasión de saludar por última vez, como cuando era ‘un niño", a su Belleza: la Virgen de Valldeflors. Después enfermó por última vez.

Era a primeros de diciembre, tenía 68 años. Hacía mucho frío y una fuerte bronquitis le ocasionó fiebre alta. El día de la Inmaculada, el 8 de diciembre, quiso levantarse para celebrar la misa con la comunidad y para festejarla juntos en la mesa. Después los hermanos le obligaron a permanecer en la cama. Llamado el doctor, diagnosticó una doble pulmonía.

A pesar de estar muy grave, cuando le traían las medicinas, bromeaba: "¡Tanta cosa para querer que llegue a los setenta años!". A uno de los sacerdotes que le preguntó si quería dejarlos huérfanos, respondió con un hilo de voz, pero firme: "Si todavía soy necesario, no rechazo el trabajo..."

Cuando ya estaba llegando al final, el subdirector general, Buenaventura Mullol, le propuso con un cierto titubeo recibir el sacramento de la unción de los enfermos. El respondió rápidamente: "Un cristiano, y mucho menos un sacerdote, no se afecta por eso... ¡Pronto, pronto!"

Coraje y buen humor en el sufrimiento, por Sergio Cimignoli, S.F.

José Manyanet tenía buen aspecto y no aparentaba su edad; su rostro era sano y sonriente. Conservaba un secreto que nadie conocía: tenía cinco llagas abiertas en el costado. Cuando todavía era un joven sacerdote, al servicio del obispo de Urgell, sufrió un fuerte golpe en la parte derecha del costado, del cual no habló nunca a nadie.

Fue descubierto, tras 18 años, por el hermano José Vilanova que, lavando su ropa interior, se dio cuenta de que tenía llagas que supuraban continuamente. Por los testimonios se ha llegado a saber que se trataba de un proceso de osteitis costo-esternal con fistulación, o bien, un empiema o supuración de la pleura.

En 1885, con cincuenta dos años, enfermó: "Luego vino la terrible enfermedad; caí en la cama el 4 de marzo... Empecé a sentirme algo aliviado a mitad de diciembre. Se me hicieron tres operaciones quirúrgicas, cortando tres costillas, parte del esternón y trozo de los cartílagos".

Las operaciones fueron dolorosísimas y no dieron los resultados esperados. De hecho, cinco llagas no se cerraron más. El las llamaba las "misericordias del Señor".

En esta circunstancia, demostró una gran fortaleza y una capacidad muy alta de soportar el dolor. Emergió su ironía para desdramatizar las situaciones. Todas las operaciones se realizaron sin ningún tipo de anestesia. Su hermano le asistía y sostenía una lámpara para iluminar. Cuando se dio cuenta de que, por la impresión, se estaba poniendo pálido, le dijo: "¡Vete de aquí!", y le tomó la palmatoria y él mismo la sostuvo. A los médicos que estaban demasiado cansados les dijo: "Descansad un rato y tomad una copita".

Desde entonces, su salud permaneció muy frágil, aunque parecía lo contrario. "Yo iba tirando, aunque a veces arrastrando, haciéndome traición el buen parecer".

El dolor le atormentaba también por una artrosis reumatoide crónica. Ya a los 31 años, escribía: "También me está royendo el dolor que se me ha fijado fuertemente en las piernas, sin dejarme casi andar, pareciendo un viejo".

Con el paso de los años se agravó hasta el punto de que le impedía escribir: "A este punto casi he renunciado a la satisfacción de escribir de mi puño y letra, no pudiendo estar ni sentado, ni de pie, ni recostado". Había días en los que decía: "La pluma me cae de las manos". Y su reacción era: "La crucecita de cada día no puede faltar. ¡Alabado sea Dios!"

Tremp y José Manyanet (1865-1872)

José Manyanet volvió a Tremp en 1865 para establecerse allí en vistas a la fundación del instituto masculino.

La comunidad de sacerdotes de la iglesia de Tremp estaba presidida por don Joaquín Cluet, el sacerdote que había bautizado a José Manyanet en 1833. Don Joaquín había quedado prácticamente ciego y la comunidad de sacerdotes vive un período de abandono.

José Manyanet fue a Tremp para poner los cimientos del nuevo instituto religioso, pero era también sacerdote beneficiado de la iglesia de Tremp y dedicó muchas energías a la vida parroquial. Participaba en las celebraciones, en los entierros, tenia su confesionario en la capilla de san Bonifacio, predicaba los domingos y festivos. Como don Joaquín Cluet estaba muy delicado de salud, José Manyanet fue su ayudante y brazo derecho en la administración de los sacramentos y promoción del culto.

Los documentos que se han conservado muestran esta intensa actividad pastoral.

Regente de la Iglesia parroquial de Tremp, 1872

A la muerte de don Joaquín Cluet (noviembre 1871) parece ser que José Manyanet fue nombrado regente. No se tiene constancia de cuando fue nombrado regente pero en los libros parroquiales de Tremp hay constancia de este encargo (meses agosto y septiembre 1872).

No será hasta 1878 cuando don Ramón Carres sea nombrado párroco de Tremp. Durante este largo intervalo hay varios regentes de la parroquia, entre ellos José Manyanet y Juan Barber (uno de los primeros companeros). Como regentes debían presidir la celebraciones comunitarias y eran responsables de la marcha de la parroquia.

Son parte de los años difíciles de la revolución de 1868 --incluida la Primera Republica--, que duró seis años, en los cuales el clero fue perseguido y, en muchos casos, obligado a abandonar sus lugares de residencia.

San José Manyanet. OBRAS COMPLETAS
I, Una Vocación para la Familia
Edición de Josep M. Blanquet, SF. y Josep Roca, SF.
Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 2004

1869, Un gran templo, casa espiritual de las familias

En la Seu d´Urgel José Mañanet oraba intensamente para escrutar la voluntad de Dios sobre su vida. Puso los ojos en Nazaret y profundizó espiritualmente en el misterio de aquella casa y de aquella escuela, en el que el hijo de Dios se encarnó y creció, avanzó en entendimiento y tenía el favor de Dios y de los hombres.

Dios, en el interior de la familia trinitaria, había escogido la sencilla institución familiar para iniciar la obra de redención. Si Dios amaba tanto al ser humano, ¡cómo debía también amar la familia de donde proviene!

Fruto de la intensa oración, le vino la idea de edificar un templo en honor a san José, el cabeza de la Familia de Nazaret, para que sirviese de expiación y de casa espiritual a todas las familias. Esta idea debía tener un sentido eclesial, por esto lo comunicó, en una carta del 24 de junio de 1869, al obispo Caixal, que estaba en Roma como padre del Concilio Vaticano I.

Animado por la aprobación del obispo, compartió la idea con el librero de Barcelona José M. Bocabella, que la divulgó en la revista El propagador de la devoción a San José.

Bocabella adquirió un terreno en las afueras de la ciudad condal. Se celebró la colocación de la primera piedra el 19 de marzo de 1882.

José Mañanet, además de la inspiración inicial, realizó diversas aportaciones. Pocos meses después el famoso arquitecto Antonio Gaudí se hacía cargo de las obras y el templo tomó el vuelo catequético y artístico que es hoy la admiración del mundo entero.

El papa Juan Pablo II, al visitar el templo de la Sagrada Familia de Barcelona, en noviembre de 1982, dijo: "Es fruto de la inspiración de un alma particularmente sensible a todo lo que es eclesial, el padre José Mañanet Vives, y obra del genial arquitecto Antoni Gaudí".

Fuente: San José Mañanet, profeta de la familia, por Josep Roca (2007).

1871-1878, Intensa actividad parroquial

Afirmar que José Manyanet fue párroco de Tremp puede no ajustarse del todo a la realidad, pero de lo que no cabe duda es que Manyanet fue regente de la parroquia de Tremp, en uno de los momentos más complicados y difíciles de su historia.

Cuando Manyanet vuelve a Tremp en 1965 para comenzar su proyecto de fundación de la congregación de los Hijos de la Sagrada Familia, la comunidad de sacerdotes de la iglesia de Tremp estaba presidida por don Joaquín Cluet, el sacerdote que había bautizado a José Manyanet en 1833. Don Joaquín estaba casi ciego y la comunidad de sacerdotes vivía un período de abandono.

Manyanet era también sacerdote beneficiado de la iglesia de Tremp y dedicó muchas energías a la vida parroquial. Participaba en las celebraciones, en los entierros, tenía su confesionario en la capilla de san Bonifacio, predicaba los domingos y festivos. Como don Joaquín Cluet estaba muy delicado de salud, José Manyanet fue su ayudante y brazo derecho en la administración de los sacramentos y promoción del culto.

A la muerte de don Joaquín Cluet (noviembre 1871) parece ser que José Manyanet fue nombrado regente. No se tiene constancia de la fecha del nombramiento pero en los libros parroquiales de Tremp hay testimonio de este encargo (1872).

En 1878 don Ramón Carres es nombrado párroco de Tremp. Durante el largo intervalo (1871-1878) hay varios regentes de la parroquia, entre ellos José Manyanet y Juan Barber (uno de los primeros compañeros). Como regentes debían presidir la celebraciones comunitarias y eran responsables de la marcha de la parroquia.

San José Manyanet. OBRAS COMPLETAS
I, Una Vocación para la Familia
Edicion de Josep M. Blanquet, SF. y Josep Roca, SF.
Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 2004

Las dificultades de los inicios

Los primeros tiempos fueron muy duros en todos los sentidos y fue necesario toda su fuerza y coraje para seguir hacia adelante.

En 1865 había empezado en Tremp con cinco niños acogidos en unos entresuelos, en los que era necesario quitar las camas durante el día cuando se hacía las clases; y por la tarde se cambiaban los bancos cuando se tenía que dormir. Al año siguiente todo había mejorado, según su punto de vista positivo:

"Ya tenemos un tanto arregladas nuestras cosas —escribía a Caixal—. Los estudiantes son catorce; los internos, ocho. Pocos son, mas todos los inicios son dificultosos. Lo que nos falta es local, pues algunas cosas no podemos hacerlas cual conviene".

Cuando en 1868 llegó la revolución, el colegio que, aunque estaba en sus inicios, había ido creciendo en número de alumnos, no cerró. Recibió, no obstante, fuertes presiones e imposiciones desorbitadas. Resistió hasta que pudo y, en 1875, tuvo que cerrar durante dos años.

Mientras tanto maduró la decisión que era urgente "bajar" a Barcelona para ampliar su obra en una gran ciudad y ponerse al servicio de los ambientes más pobres: "Siento una misteriosa fuerza en mí que de mucho tiempo me llama a Barcelona".

En mayo de 1872 llegó a Barcelona con tres religiosos. Se hicieron cargo de una escuela de la parroquia de San Francisco de Paula, patrocinada por la "Junta de Señoras" fundada por Doña Dorotea de Chopitea, una benefactora de la ciudad que había fundado las "Salas de asilo" en las que eran admitidos niños de ambos sexos, de cuatro a seis años, pertenecientes a las familias pobres de la clase obrera, y cuyos padres no podían ocuparse de ellos a causa del trabajo.

En los años sucesivos continuaron ocupándose de las escuelas de la Junta Diocesana en otras parroquias y viviendo en casas de alquiler. Él tuvo que viajar a menudo entre Barcelona y Tremp para cubrir las necesidades y resolver las dificultades que se presentaban.

Discerniendo la voluntad de Dios

La desilusión más grande en los inicios, no derivaba tanto de las dificultades económicas o del poco éxito de su obra, sino del esfuerzo de implicar a otros en aquella empresa que para él era la "perla preciosa" por la cual lo había abandonado todo.

En un tiempo en el que el sacerdote se bastaba a sí mismo, él, sin embargo, estaba convencido que "aunque uno pueda trabajar y se mate de esfuerzo y cansancio, solo no puede conseguirlo". Buscó de todos los modos de implicar a sus amigos de la diócesis. Envió, corriendo con los gastos, jóvenes a estudiar para llegar a ser sacerdotes y conseguir el título necesario para ejercer la enseñanza: maestro nacional. De modo que después pudieran ser buenos educadores en sus colegios.

Su pena derivaba del hecho que muy pocos se habían entusiasmado y le seguían. La mayoría, visto el compromiso, no tardaron en abandonarlo. Se encontró casi solo y, en una carta, confió todas sus dudas y amarguras a su amigo Caixal:

"... Me viene a la imaginación que no habrá sido más que un acto de orgullo y vanidad mía, y que, aunque no fuera eso, mis pecados y mis faltas serían suficientes para estorbarlo; que por qué he de meterme yo en estas cosas, cuando podría hacer más fruto confesando, predicando y haciendo otras funciones..."

Caixal lo animó y aprovechó la ocasión para recomendarle que estuviera atento a la salud: "Mire, hijo mío, y le digo la verdad: todo lo que pasa son para mí pruebas de que Dios quiere hacer su obra y que la hará si usted no desmaya. Me dicen que usted se mata predicando, confesando, etcétera, y que trabaja demasiado. Por eso le aconsejo que modere su celo un poco más, pues perderá pronto la salud si continúa en este tren de vida durante más tiempo".

El obispo había ya superado el disgusto que Manyanet le había ocasionado al elegir dejar su palacio, y apoyaba su obra. En una carta de 1868 escribía: "La obra de Manyanet se va formando en mi diócesis y bajo mi protección".

José se arremangó y continuó. Él, que era un hombre activo y generoso, no soportará nunca la pereza y la indecisión. Dejará escrito:

"No bastan los buenos deseos y la euforia inicial, es necesario una decisión eficaz y continua. Algunos, sin embargo, son inconstantes y tras haber emprendido su camino espontáneamente y con alegría, se cansan en seguida y se conforman con vivir una vida mediocre y sin entusiasmo en manos de la pereza. Se contentan con lo poco que hacen, considerando siempre que es demasiado y se sienten siempre apesadumbrados de vivir. Tal indolencia les lleva a tener poca autoestima y cuidado de sí: es como una grave enfermedad que poco a poco lleva a la muerte. En este camino no ir hacia adelante, quiere decir volver hacia atrás. Quien no hace fructificar los dones de Dios se hace siempre más pobre y amargado. No llegará nunca a disfrutar plenamente el don de la vida. No saboreará nunca la dulzura y las consolaciones de quien es generoso y atento. Quien es perezoso y descontento de todo no es capaz de reconocer la importancia de su llamada y para él todo pierde significado y se abandona en su vida. Dios no quiere nuestro amor porque tenga necesidad de nosotros (Él es inmensamente feliz y beato en sí mismo y no tiene necesidad de nadie), pero quiere hacernos semejantes a Él y quiere que seamos generosos con todos como lo es Él con todas las criaturas.

Cada uno debe sentirse un privilegiado por el amor y la elección personal que Dios ha hecho de él," (de la Escuela de Nazaret).

Fuente: Josep Manyanet, desde Nazaret, un profeta para la familia, por Sergio Cimignoli, S.F.

Primeros compañeros

1865, Primeros compañeros: colegio san José de Tremp

José Manyanet no abandonó el palacio episcopal de la Seu de Urgell hasta que el obispo Caixal nombró a sus sustitutos en las tareas de palacio. Finalmente, Manyanet salía de la Seu en mayo de 1865.

A primeros de 1864, Manyanet envió a Tremp a Guillermo Gual, un sacerdote diocesano que colaboraba con él. Guillermo Gual pasó a regentar el beneficio en la iglesia de Tremp e inició las tareas del colegio San José en el mes de septiembre de 1864.

Manyanet escogió Tremp por la ventajas que le ofrecía:

1. En Tremp tenía parientes
2. Tenía dos beneficios, uno de los cuales le obligaba a residir en Tremp
3. Tremp estaba necesitado de centros de primera y segunda enseñanza

Nos queda de este momento un testimonio directo del padre Manyanet:

"El primero de septiembre de 1865 [debe decir 1864] entramos en esta casa —[Casa Ferrer de Tremp]— para dar comienzo a la santa obra de la enseñanza de la juventud católica. (Oculté desde el principio nuestra empresa religiosa al público por razón de las circunstancias, pues en aquel entonces todo parecía se conjuraba contra la religión y sus ministros).

Nuestra primera morada fueron solo los entresuelos, que ahora sirven para clases: estábamos bastante oprimidos, porque unos mismos locales debían servir para varios usos, y debiendo, por consiguiente, cambiar varias veces al día los muebles, especialmente las camas. El arriendo de dichos entresuelos costaba quinientos reales vellón anuales, por más que teníamos ya comprado el crédito de las hermanas Ferrer."

Cinco niños acudieron a las clases del recién abierto colegio en septiembre de 1864, que nació como un centro aprobado por el obispo y filial del seminario de la Seu, bajo la dirección de Guillermo Gual. Los alumnos estaban matriculados en el seminario pero seguían los estudios en el colegio San José.

Dificultades no iban a faltar, incluso antes de que Manyanet se instalase en Tremp. Se conserva una carta de este primer período, en que Manyanet escribe a Guillermo Gual, que le ha expuesto las dificultades que encuentra:

"Acabo de leer tu muy grata de anteayer, la que por cierto me ha hecho derramar lágrimas al ver tu espíritu algo turbado y que en algunas cosas tienes razón; pero, si Deus pro nobis, quis contra nos? Esto mismo demuestra que el demonio vislumbra nuestro gran plan [...]

Ya te tengo dicho que nos preparemos para sufrir, pues a nosotros nos toca más que a los demás. Hasta que hayamos sufrido tanto como un san José de Calasanz mucho nos falta. Conozco que hago falta a tu lado para ayudarnos y fortalecernos mutuamente [...] Parece que no piensas bien sobre el haber comenzado este año la enseñanza. Yo soy del parecer que nos será un bien inmenso" (carta del 17 de octubre de 1864).

El curso 1865-1866, comenzó con Manyanet ya en Tremp. "Ya tenemos un tanto arregladas nuestras cosas" —escribía a Caixal el 15 de noviembre de 1865—. El colegio acoge a catorce estudiantes, ocho de ellos internos.

Primeros compañeros

Sus primeros compañeros: Guillermo Gual, Manuel Berga, Antonio Espuñes, José Canal, Domingo Llor, Sebastián Trilla, Juan Barber, Miguel Lledós, José Mir, Marcos Pallerola... provenían del ambiente eclesiástico diocesano, y algunos le siguieron más por amistad o agradecimiento que por auténtica vocación religiosa.

Manyanet proporcionó estudios civiles a algunos de ellos pero, poco a poco, le iban abandonando. El abandono de casi todos parece hacerle vacilar y agravó las dificultades de la obra naciente.

Manyanet vive en esos momentos una penosa etapa de purificación. Es la prueba interior que le prepara para otras dificultades. Hora amarga, de la que existe un testimonio del mismo Manyanet en su carta del 14 de diciembre de 1867. Manyanet atribulado acude a su obispo para pedir ayuda:

"Son muchas, padre, las tribulaciones por las que está pasando mi pobre espíritu al ver las muchas dificultades y lo poco que hemos adelantado, no consistiendo esto tanto en lo que mira a la parte material, sino a la principal, o sea, de los socios y compañeros. Veo tan poco interés y fervor, que me hiere de lleno el corazón, y más al recordar que ya van seis los que han comenzado. Esto, digo, agita continuamente mi corazón, pues se me viene a la imaginación que no habrá sido más que un acto de orgullo y vanidad mía, y que, aunque no fuera eso, mis pecados y faltas serían suficientes para estorbarlo; que por qué he de meterme yo en estas cosas, cuando podría hacer más fruto confesando, predicando y haciendo otras funciones [...] Por lo tanto, padre mío, no me abandone y, por Dios, hágame la caridad de decirme qué he de hacer y cómo he de portarme [...] Si lo juzga oportuno y conveniente, le haré una pequeña relación de mi vida pasada y presente, pues no me atreví a decírselo cuando estuvo en ésta al verle tan ocupado".

Profesión religiosa

Cinco de sus primeros compañeros quisieron consagrarse a Dios como Hijos de la Sagrada Familia el 2 de febrero de 1870, fiesta de la presentación del niño Jesús en el templo. Ese día, en el colegio San José, Manyanet se consagra a Dios a través de su profesión religiosa comprometiéndose a servir a las familias y a la juventud mediante los votos religiosos de castidad, pobreza y obediencia.

Con Manyanet hicieron los primeros votos: Miguel Lledós, Juan Barber, José Mir y Marcos Pallarola. El 4 de agosto de 1870 también profesó Buenaventura Mullol, que sería uno de sus grandes colaboradores y sucesor como superior general en el gobierno de la congregación. En noviembre de 1871, todos renovaron sus votos ante el obispo Caixal, ya de regreso del Concilio Vaticano I.

Fuente: José Manyanet, Profeta de la Familia. J.M. Blanquet y J. Piquer. Ed. Claret. Barcelona, 2004.

1865, Montserrat: A los pies de la Moreneta

El lugar escogido por José Manyanet para erigir la primera casa del instituto de los Hijos de la Sagrada Familia fue Tremp, su pueblo natal.

Para adquirir la primera propiedad, Manyanet concedió amplias facultades a sus amigos Joaquín María de Sullà y Joaquín Mir, quienes actúan en su nombre.

En 1863, Manyanet se trasladó a Barcelona para tramitar el expediente de compra con una de las propietarias de la finca, Josefina Pouplana. Y volvió a regresar en 1865 para firmar la escritura de compra. Esta visita a Barcelona le ofreció la oportunidad de poner la obra del instituto a los pies de la Virgen de Montserrat. La peregrinación de Manyanet a Montserrat está relacionada con la familia Sullà.

De los tres hermanos Sullà, Ignacio María era abogado y sacerdote, vicario general de Lérida y protector del joven José cuando estudiaba filosofía; Joaquín María, casado, residía en Tremp y colaboró con Manyanet en los preparativos de la primera casa religiosa, y Ramón María, soltero, que era también abogado y residía en Barcelona, fue un verdadero gestor de José Manyanet. Ramón María había gestionado con la Sra. Josefa Pouplana la adquisición de la parte de ésta de la Casa Ferrer, de Tremp, finca urbana donde Manyanet ubica el primer colegio del instituto.

Con Ramón María vivía un sobrino, Ignacio María, de 17 años, hijo de su hermano Joaquín María, que estudiaba en la universidad. Cuando a primeros de marzo de 1865 murió Ramón María, el joven quedó solo y en período próximo de exámenes. José Manyanet que ya había sido autorizado por el obispo Caixal para trasladarse a Tremp, se ofreció para acompañar al joven Joaquín.

Manyanet llegó a Barcelona a finales de 1865. Apenas llegado, el joven cayó gravemente enfermo. Manyanet no se mueve de su lado y escribe diariamente a Joaquín María, padre del joven, sobre la evolución de la enfermedad. Esos días Manyanet también firma la escritura de compra del crédito de la Casa Ferrer.

Con la salud del joven Joaquín recobrada, la escritura de compra firmada y la aprobación del obispo, José Manyanet sintió la necesidad de subir a Montserrat para ofrecer el instituto a la Virgen. Lo hizo de regreso a Tremp, en compañía de Ignacio María.

Llegaron a Montserrat el sábado 7 de julio de 1865 por la tarde, permanecieron en Montserrat todo el domingo 8 y salieron hacia Tremp el lunes. Manyanet tiene 32 años.

Fuente: José Manyanet, Profeta de la Familia, José María Blanquet - J. Piquer.

Convento de Nuestra Señora y Enseñanza de Tremp 1869-1874

El convento de las Religiosas de Nuestra Señora y Enseñanza de Tremp, primera casa en España de la congregación nacida en Santiago de Cuba, es una obra conjunta del arzobispo Claret y del obispo Caixal.

Tremp acogió con agrado la propuesta del obispo y colaboró en la adquisición y construcción del nuevo convento y colegio para niñas. José Manyanet conoció los preparativos de esta obra y tuvo contacto con ella desde la Seu de Urgell, en donde conoció al arzobispo Antonio María Claret. Después José Manyanet sería nombrado capellán y confesor extraordinario de la comunidad.

Antecedentes

En 1850 llegaba a Cuba, como arzobispo, Antonio María Claret. Claret intuyó inmediatamente la necesidad de fundar una congregación femenina que se encargara de la evangelización y promoción de las niñas y jóvenes de la isla.

En 1852, llamada por él, llegaba a Santiago de Cuba, Antonia Paris, con otras cuatro jóvenes provenientes de España que ponían las bases de la Congregación de Nuestra Señora y Enseñanza para la formación y educación de las niñas y jóvenes.

Al regresar a España, como confesor de la Reina (1858), el arzobispo Claret pidió a la soberana y obtuvo el permiso para fundar en la península una casa de noviciado y formación para preparar vocaciones para Cuba y extender su apostolado también por España. El lugar escogido para esta nueva fundación fue Tremp.

Claret había conocido a Caixal mientras este era canónigo de Tarragona y tres de las jóvenes que se habían traslado a Cuba en 1852 habían sido dirigidas por él. Además, el apostolado de la enseñanza femenina se enmarcaba muy bien en la acción pastoral del ahora obispo de Urgel. Estas circunstancias facilitaron el acuerdo.

En 1858, Caixal interpelaba al ayuntamiento de Tremp para saber si aceptarían este proyectado centro de enseñanza para las niñas. Las autoridades municipales acogieron con agrado y hasta con entusiasmo la iniciativa.

En 1859 llegaba a Tremp la fundadora Antonia Paris con otras dos religiosas: las madres Josefa Caixal, sobrina del obispo, y María Gertrudis Barril.

Desde este primer encuentro, José Manyanet quedo muy vinculado a la comunidad religiosa recién fundada. Caixal se servía de él para comunicarse con las religiosas y transmitirles sus encargos, sobre todo desde que José Manyanet se estableció en Tremp.

José Manyanet, capellán del convento, 1869-1874

Cuando José Manyanet se estableció en Tremp (1865), su relación con el convento y las religiosas se fue incrementando progresivamente. Al estallar la revolución de septiembre de 1868, Caixal dio a Manyanet las más amplias facultades para que en su nombre tomara posesión del convento y todas sus pertenencias y lo defendiera ante las autoridades civiles, si las religiosas eran expulsadas.

Hay pruebas bien documentadas que muestran las buenas relaciones entre Caixal, las religiosas y José Manyanet como intermediario. Pero especialmente las relaciones se convirtieron en habituales a partir de abril de 1869, a raíz de la muerte de don Vicente Vidal, primer capellán de la casa, cuando José Manyanet es nombrado su sustituto.

Como sacerdote capellán de las religiosas, desde 1869 hasta 1874, José Manyanet fue delegado del obispo Caixal para explorar las voluntades de las postulantes, admitirlas al noviciado y recibir sus votos religiosos.

Conflicto de personas en el convento

El convento de Tremp, como todo grupo humano, vivió sus momentos de crisis. A partir de 1867, cuando la madre Antonia Paris se traslado a la nueva fundación de Reus, la comunidad de religiosas no tuvo priora aunque quedó al frente de la comunidad la madre Josefa Caixal, la sobrina del obispo, que era sub-priora. No consta que la madre Josefa hubiese sido ni elegida ni confirmada como priora, pero en la practica lo fue hasta 1871. Durante estos cuatro años de gobierno interino, a juzgar por el decreto de visita del obispo Caixal, la vida de la comunidad fue relajándose.

El obispo Caixal, a su regreso de Roma, donde había tomado parte en el concilio Vaticano I, fue a Tremp e hizo una visita pastoral extraordinaria al convento "para poner --en palabras suyas-- remedio a los abusos que por escrito y de palabra nos habían manifestado varios sacerdotes, se habían producido en el convento".

Según el obispo Caixal, la relajación provenía no de la que gobernaba la casa desde dentro sino de otra que estaba ausente, en alusión bien clara a la madre Antonia Paris, que no había nombrado priora para así poder gobernar la casa a distancia.

Por la correspondencia que se ha conservado entre la madre Antonia Paris y José Manyanet, se sabe que las intrigas del convento no eran provocadas por la madre Antonia y José Manyanet, sino por las religiosas María Moles, María Gertrudis Morego y el padre Juan Barber, que suplía las ausencias del padre Manyanet.

La madre María Moles era natural de la Seu de Urgel, hija espiritual del obispo y en continua comunicación con el prelado. Se puede decir que los asuntos del convento de Tremp los veía Caixal a través de los ojos de su dirigida, de quien se fiaba más que de su propia sobrina, la madre María Josefa.

Obedeciendo a Caixal, tras la visita de noviembre de 1871 se procedió a la elección de la Priora del convento, bajo la presidencia de José Manyanet, cargo que cayó precisamente sobre la madre María Moles, la cual se apresuro a notificar a la madre Antonia Paris su elección al tiempo que le daba cuenta de las intenciones del obispo Caixal de mantener la comunidad de Tremp bajo su autoridad episcopal.

Conflicto institucional

A parte del conflicto personal que se vivía en el convento de Tremp, había en el mismo un grave conflicto institucional que se muestra progresivamente en la animosidad del obispo Caixal hacia la madre Antonia Paris. Los dos tenían una idea distinta de la Congregación que, en 1855, había sido aprobada con votos solemnes y rigurosa clausura y con el titulo de Instituto Apostólico de Jesucristo a imitación de María.

El obispo Caixal las había admitido en la diócesis como una respuesta a su inquietud por la educación de las niñas y jóvenes y quería que el convento de Tremp estuviese sometido a su autoridad. La madre Antonia Paris, en cambio, lo consideraba una casa más del instituto, que ella gobernaba como superiora general especialmente desde la muerte del arzobispo Claret, aunque no hubiese sido elegida ni nombrada expresamente como tal.

El primer examen de las Constituciones hecho por la Congregación de Obispos y Regulares en 1860, había dado como resultado una serie de correcciones a las mismas, sin embargo, los dos prelados, Claret y Caixal, decidieron que las cosas siguieran igual. Especialmente a Caixal le interesaba que el convento de Tremp siguiese dependiendo de él y no de la madre Antonia Paris, cuyas intromisiones, aunque fuesen a distancia, consideraba exageradas.

La cuestión volvió a suscitarse en 1869, cuando la madre Antonia Paris pidió de nuevo la aprobación de las Constituciones a la Santa Sede. La Congregación romana dio el Decretum laudis al instituto considerándolo como congregación de votos simples y con una superiora general que debía ser elegida cada seis años.

El Instituto, sin embargo, siguió gobernándose con autonomía de cada casa, sin sujeción a ninguna superiora general, aunque la madre Antonia Paris se consideró siempre la Madre primera y nombró sucesoras suyas para después de su muerte. Por su parte, el obispo Caixal optaba por favorecer la autonomía e independencia del convento respecto de la madre Paris.

En este momento de reforma de las Constituciones no podía permanecer ajeno el capellán del convento, José Manyanet. Es probable que por sugerencia o, por lo menos, anuencia del obispo, Manyanet llegase a pensar que las religiosas de Tremp, dedicadas también a la enseñanza y puestas bajo la dependencia de un superior general para los dos institutos, podrían completar la obra de la Sagrada Familia. Por ello, José Manyanet, seguramente de acuerdo con el obispo, preparó un proyecto de reforma del instituto y de las constituciones del mismo en este sentido. Esto fue lo que provocó la alarma de la madre Antonia Paris, según se desprende de su correspondencia.

San Jose Manyanet. OBRAS COMPLETAS I
Una vocación para la familia.
Edición de Josep M. Blanquet, SF. y Josep Roca, SF.
Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid 2004.

Las largas noches de Urgel

Ordenado sacerdote, el obispo Caixal, valorando sus cualidades, le nombró mayordomo de palacio. José se hizo merecedor de aprecio por su capacidad organizativa y por su fidelidad y entusiasmo.

El obispo se preocupaba de la formación humana e intelectual del clero. Por esta razón encargó reordenar la biblioteca y proveerla de nuevos libros. Lo nombró, por lo tanto, también bibliotecario, con la responsabilidad de mantener la biblioteca siempre abierta, excepto los días de fiesta.

Con el paso del tiempo, la confianza y las esperanzas en el joven sacerdote aumentaban. Lo llevó consigo a las visitas pastorales que hacía en los valles de los Pirineos, sobre todo durante el verano. Las visitas eran auténticas expediciones misioneras que duraban meses y no se limitaban a los aspectos burocráticos.

Los años pasaban rápidos entre las ocupaciones de palacio, la administración y los compromisos pastorales y José, joven sacerdote, se sintió cada vez más llamado a comprometerse a favor de las familias y de la educación de los más pequeños. Comenzó a confiarse con su padre y obispo, el cual se ponía triste y de mal humor cuando Manyanet le hablaba de marcharse.

No fue una decisión fácil. En la tradición de los Hijos de la Sagrada Familia, se habla de "las largas noches de la Seu d’Urgell". Noches en las que se dedicó a meditar largamente y a rezar intentando comprender el camino a tomar. Reflexionó y reflexionó largamente... y cuando sintió en su corazón la voz de Dios que lo llamaba fue "a donde lo llevaba el corazón". Sabiendo que es tarea de cada hombre conocer bien hacia qué camino lo atrae el propio corazón y después elegirlo con todas las fuerzas, sin titubeos o lamentos, en sus escritos invitará a todos a hacerlo para ser personas felices:

"Dios tiene un amor tan grande a los hombres, que tiene también de ellos un particular cuidado. Conoce el interior de cada uno y sabe con qué inclinaciones y cualidades ha enriquecido a cada persona. Suavemente pues inclina a cada uno al estado de vida que conviene mejor a cada uno, para que sea feliz y alcance la salvación. Parecerán coincidencias, pero un encuentro entre amigos, una lectura que conmueve, una explicación de la Palabra de Dios que toca el corazón, las desilusiones y traiciones que derivan de la vida y de las personas que menos lo esperas y tantos otros acontecimientos, abren el camino para llegar a una elección más bien que a otra.

Cada llamada exige mucho amor y fidelidad, y a cambio da la felicidad aquí y en la eternidad. Como un jardín es hermoso por la diversidad de plantas y de flores y por el arte y el buen gusto con el que son distribuidas, así la Iglesia resulta más hermosa por la variedad de las vocaciones que el Señor le da y después distribuye con arte divino. No somos nosotros los que lo elegimos a él, sino que es él quien nos elige a nosotros, y nos llama, y de diversas maneras nos guía para hacernos capaces de responder prontamente y de perseverar en el camino justo".

A los 31 años, tras apenas seis años de sacerdote, abandonó la seguridad de una carrera eclesiástica con futuro y bien programada para continuar un sueño que lo llevará por caminos inexplorados mucho más difíciles y comprometidos que los senderos de la montaña que estaba acostumbrado a recorrer.

No de muy buena gana el Obispo le dejó marchar, pero le bendijo y siguió con mucho interés el desarrollo de su obra.

Los hechos y los encuentros que ayudaron a José Manyanet a ser tan determinado en la respuesta a lo que creía una llamada para su vida, convierten su proyecto en muy actual también para nuestros días.

Fuente: Josep Manyanet, desde Nazaret un profeta para la familia, por Sergio Cimignoli, S.F.

Servir a la gran familia diocesana

Después de la ordenación sacerdotal, ocupó en la familia diocesana diversos cargos de confianza del obispo: mayordomo de palacio, bibliotecario, secretario de visita pastoral...

José Manyanet era un celoso sacerdote de la diócesis de Urgel. El doctor Caixal estaba cautivado por las cualidades de su ahijado y tenía grandes proyectos sobre él.

Pero otros sueños rondaban por su cabeza. Su sensibilidad lo llevaba a unas necesidades más urgentes. Soñaba con escuelas, con niños y familias acogidos bajo el amparo de Nazaret. Francisco de Asís había escuchado la voz de Jesús que le decía: "Ve, restaura mi casa". La casa que José Manyanet tenía que restaurar era la familia, la iglesia doméstica, una institución básica para la armonía de la sociedad, que se encontraba amenazada por todas partes.

Sentía con urgencia la voz de Dios que lo llamaba a renunciar a una situación que prometía, porque era consciente de que había recibido de Dios una gracia especial o un carisma a favor de toda la Iglesia: "Hacer de cada hogar un Nazaret".

Dios había encendido en el fondo de su corazón una llama que ardía y no la podía apagar. Sólo el riachuelo de alta montaña que tenía que llevar el agua de Nazaret a la familia por medio de la escuela podía apagar este fuego.

Fuente: San José Mañanet, profeta de la familia, por Josep Roca (2007).

En el palacio episcopal de Urgel, 1854-1865

Se sabía que Manyanet era una persona clave en el pequeño gobierno diocesano que Caixal había instalado en su casa.

Como vicesecretario despachó numerosos decretos, certificados y títulos "por mandato del obispo, mi señor", como decía la fórmula estereotipada de entonces, y firmó varias comunicaciones del prelado a la diócesis publicadas en el Boletín Eclesiástico del Obispado de Urgel.

También había que salir de palacio para hacer la visita pastoral. Entre los acompañantes de Caixal, Manyanet figura por primera vez en noviembre de 1854. Él redactó el acta de la visita a la parroquia de Sant Martí de Puigcercós Vell —el pueblo de su padre—, al que no había llegado a conocer debido a su prematura muerte, y en el que residían algunos parientes suyos.

El obispo dedicaba los meses de verano para visitar las parroquias de la zona montañosa de la diócesis, y durante la primavera y el otoño recorría las zonas más bajas de la diócesis. La visita pastoral requería una ausencia larga de la Seu que duraba meses.

Durante el verano de 1860, Manyanet acompañó al obispo Caixal en su primera visita a las parroquias de la Val d’Aran, con una población de 7.500 habitantes, que el obispo preveía no exenta de dificultades. Manyanet redactó el diario de visita así como la situación de la Val, poniendo de relieve el conflicto de los privilegios de aquellas parroquias con el concordato de 1851.

Los concejos municipales de la Val tenían derecho de patronato sobre las parroquias (derecho de presentar al párroco, el cual debía ser natural del lugar o de la Val). Esto había producido algunos abusos, al nombrarse personas no aptas, atendiendo a razones poco pastorales. Manyanet participó en el acto de concordia que el obispo Caixal firmó con los representantes de la Val el 26 de julio de 1860.

El largo contacto —doce años, desde 1853 a 1865— con la diócesis de Urgel y de los pueblos de mas comarcas montañosas fue para Manyanet de gran provecho. Manyanet llega a una conclusión: es necesario llevar el evangelio a la sociedad, para ello el objetivo prioritario es la formación cristiana de las familias por medio de la educación e instrucción de los niños y jóvenes.

1860, Mayordomo del palacio de Urgel

Caixal nombró a José Manyanet mayordomo del palacio episcopal y administrador general de los bienes de la mitra el 25 de diciembre de 1860. Manyanet tiene veintisiete años. Su responsabilidad es ahora mucho mayor que la de paje.

El obispo le confía también las limosnas, que debe realizar del modo que él prescribe, "procurando —dice el artículo 14 del Plan de Palacio— que los pobres reciban con esta ocasión otra limosna mayor, que es la espiritual".

El obispo Caixal era generoso y a él se debe la fundación de dos asilos: uno para sacerdotes ancianos o impedidos y otro para ancianos laicos. El reverendo Juan Peyró, arcipreste de la catedral de Urgel y sobrino del prelado, llevó a cabo la voluntad de su tío, construyendo uno de ellos.

1861, Bibliotecario del seminario

Caixal quiso que el nuevo seminario fuese también un centro de alta formación intelectual del clero. Por eso, encargó adquirir libros y ordenar la biblioteca a José Manyanet, a quien dio el 2 de enero de 1861, el nombramiento correspondiente. José Manyanet conservará durante toda su vida una gran afición por los libros.

Fuente: José Manyanet, Profeta de la Familia, José María Blanquet - J. Piquer

Dos pérdidas irreparables, 1855 y 1857, por Sergio Cimignoli, S.F.

El 14 de mayo de 1855, con tan solo 44 años, moría D. Valentín Lledós, su padre adoptivo y protector.

El 10 de noviembre de 1857 murió Buenaventura Vives. La pérdida de la madre, a la que José Manyanet llamaba "buena y santa", fue un desgarro muy doloroso en el ánimo de José. Por poco tiempo, ella que había soñado con verlo sacerdote desde que era pequeño, no pudo verlo.

José Manyanet fue ordenado sacerdote un año y medio después, el 9 de abril de 1859, por Caixal que, considerándolo ya como un hijo, quiso que celebrara su primera misa solemne en la capilla del palacio episcopal.

Fuente: San Josep Manyanet, desde Nazaret un profeta para la familia, por Sergio Cimignoli, S.F.