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viernes, 6 de septiembre de 2013

El escudo de los Hijos de la Sagrada Familia



El escudo o emblema de la Congregación de los Hijos de la Sagrada Familia que, ya en vida del Fundador aparece en los primeros documentos del Instituto, contiene los perfiles característicos de la sociedad religiosa, nazarena y familiar fundada por san José Manyanet.

Estan juntos los corazones de Jesús, María y José, símbolo de la comunión familiar de la Sagrada Familia de Nazaret que se propone reproducir y propagar el nuevo Instituto.

La vida de Nazaret estuvo marcada, sin embargo, por la cruz de Jesús, los dolores de María y el silencio de José, que orientan la vida e historia de la Congregación.

Las palmas, que más tarde se cambiaron en azuzenas, preconizan la importancia de la obra de la Sagrada Familia en la Iglesia y en la sociedad.

El lazo con la inscripción del Instituto de la Sagrada Familia aplica toda la alegoría del dibujo a la inspiración carismática de san José Manyanet

Seis principios fundacionales, por José María Blanquet, S.F.

Cuando el sacerdote Manyanet deja el palacio episcopal de Urgell, en mayo de 1865, para entregarse plenamente a la tarea de la nueva fundación, tiene un horizonte muy claro de lo que Dios le pide para la Iglesia y para la sociedad. La presión antirreligiosa se ejercía en las escuelas, en las que el Estado pretendía tener un papel creciente y monopolizador, con graves consecuencias para la vida cristiana de las familias.

Puesto que los revolucionarios iban a la escuela para destruir a la familia, a ella debían ir también los cristianos para defenderla. Un punto clave de la regeneración de la sociedad era para Manyanet la formación y el mantenimiento de la familia mediante la educación católica de la niñez y de la juventud. Por lo cual, él concibe su obra como una familia, inspirada en la Sagrada Familia, para las familias pero con las mismas familias, y la organiza en consecuencia.

Sus características principales son seis:

1. Los miembros del Instituto comparten en sus quehaceres una vida de auténtica familia. La vida comunitaria debe ser característica esencial de la nueva Congregación. Ha de ser, ante todo y sobre todo, una familia.

2. No se trata de construir una simple sociedad educacional, sino, más bien, una entidad religiosa en toda la amplitud espiritual y jurídica del término, consagrada a Dios mediante la profesión de los consejos evangélicos, a imitación de Jesús, María y José.

3. Los religiosos Hijos de la Sagrada Familia deberán consagrarse, como fin principal de su actividad sacerdotal comunitaria, a la formación de auténticas familias cristianas, principalmente por medio de la educación e instrucción de la niñez y de la juventud.

Este es el carisma de san José Manyanet y de su Instituto. "La educación e instrucción sólidamente católica de toda la juventud puesta en manos de sacerdotes y de estos, religiosos, ad hoc llamados por Dios, —escribía en 1889— es, a mi pobre entender, el medio más apto, más sencillo y práctico para reformar la familia y con ella la sociedad, y volverla a su propio centro, que es la Iglesia católica". El Instituto de los Hijos de la Sagrada Familia es, pues, una familia para las familias.

4. Se tomaban como punto de partida y meta la vida y los ejemplos de la Sagrada Familia de Nazaret. El ejemplo de la familia de Jesús, María y José lo había sintetizado, en un principio, en la figura de san José, bajo cuyo patrocinio puso la primera morada del Instituto y el centro educativo de Tremp.

5. San José Manyanet había aprendido a amar a la Iglesia en la persona del obispo Caixal, y quiso que su Instituto se mantuviera siempre en comunión con la Iglesia universal, porque estaba convencido que de ella dependía la eficacia de su actividad apostólica.

6. El fundador, desde el principio, creó una asociación católica, que llamó "Camareros (ayudante de camara) de la Sagrada Familia", como una tercera orden, para llevar el evangelio de Nazaret al mundo: más concretamente, para hacer de cada familia un hogar según el modelo de Nazaret y asegurar la participación de los laicos, sobre de los padres y madres de familia, en la misión del Instituto.

En resumen, san José Manyanet quiso que en el Instituto, en su familia religiosa, inspirada en la Sagrada Familia, todo sea para las familias pero con la ayuda de las mismas familias.

Hijos de la Sagrada Familia, Jesús, María y José, ¿por qué?, por José María Blanquet, S.F.

San José Manyanet nos llamó Hijos de la Sagrada Familia, Jesús, María y José ya desde los albores de la fundación. El texto del primitivo Reglamento, de la fórmula de profesión religiosa que usó el Fundador y los primeros religiosos, y de las Constituciones y Reglas, lo tienen así formulado.

Él escribió que "por nuestra vocación somos llamados Hijos de la Sagrada Familia". ¿Qué fue primero la vocación o el título? Puede asegurarse que una y otro nacieron simultáneamente en la oración y contemplación del misterio de la vida de la Sagrada Familia de Nazaret y en la constatación de la situación social de su tiempo.

"Los patronos de nuestra congregación son nuestros Padres, Jesús, María y José, augusta Trinidad de la tierra, dada por el Padre celestial a los hombres como perfectísimo modelo. Téngala nuestros religiosos singularísimo afecto, procuren imitar fielmente sus virtudes y trabajen con celo para propagar su culto y devoción" (Suma 2).

La Sagrada Familia, Jesús, María y José, son nuestros Padres y, por consiguiente, nosotros somos sus Hijos —Hijos de la Sagrada Familia, Jesús, María y José— y Ellos son el modelo dado por Dios a todas las familias de la tierra. Debemos honrarla porque somo hijos; imitarla para hacer proféticamente presente su estilo de vida; y propagar su culto para que las familias vivan su vocación y misión según el plan de Dios revelado a la Sagrada Familia de Nazaret.

La decisión de colocar el Instituto bajo el patrocinio de la Sagrada Familia fue fruto de la gracia de Dios, pues aunque en Francia, Bélgica e Italia existían ya movimientos en favor de la devoción a la Sagrada Familia, en España no los había por lo menos de importancia.

El nuestro es el segundo Instituto masculino que nace en la España del siglo XIX, después de los Misioneros del Inmaculado Corazón de María, de san Antonio María Claret, y no resulta en los años de preparación de la fundación ninguna conexión ni con el P. Francoz de Lión, ni con los Redentoristas de Lieja, ni con el canónigo de Bolonia, Serafino Giorgi, que son los pioneros de la devoción a la Sagrada Familia en Europa.

Las raíces espirituales del carisma nazareno de san José Manyanet hay que buscarlo en su particular devoción a la Virgen de Valldeflors, patrona de su ciudad, que aparece con el niño Jesús en sus brazos, y a la que fue consagrado en la infancia por su madre, recibiendo la gracia de su aparición, y en su especial devoción a san José, ya sea porque llevaba su nombre —José Joaquín, se llamaba—, ya sea porque había aprendido a amarle al lado del obispo José Caixal, que era un gran devoto josefino.

El salto no fue difícil, sobre todo a través de san José, cuyas prerrogativas de esposo de la Virgen María y Padre de Jesús, lo vinculan necesariamente al Hogar de Nazaret. Ambos —María y José— le introdujeron en la intimidad de la Casa de Nazaret y allí fijó su residencia.

San José Manyanet puso, pues, el Instituto bajo el patrocinio de la Sagrada Familia para que reprodujese y actualizase en el tiempo el misterio de su vida, imitase sus virtudes y tradujese sus valores y los propagase a todos los hogares, ya que encierra un designio de salvación de Dios para la Iglesia y para la sociedad.

Manyanet identifica en Nazaret a la primera comunidad cristiana, la primera comunidad religiosa y la primera iglesia doméstica. Gracias al don de la filiación nazarena, habla siempre de la Sagrada Familia como de "nuestros santísimos Padres" y lo hace con un lenguaje tan familiar y enternecedor que revela el grado de intimidad que había alcanzado. Toda su vida y acción llevan ese sello.

jueves, 5 de septiembre de 2013

La familia debe sentirse llamada al apostolado, Card. Antonio M. Javierre.

"La familia cristiana, según la enseñanza constante de Manyanet, debe sentirse llamada al apostolado. Repugna la cerrazón en el gozo egoístico de los dones recibidos. Es necesario hacer partícipes con generosidad a las familias hermanas. Él (Padre Manyanet) no ahorró esfuerzos para promover la apertura apostólica, tanto de los bautizados como de las nuevas familias, susceptibles de ser células dinámicas portadoras de nuevas y saludables energías vitales a la sociedad y a la Iglesia. Para ello propuso imitar a la Sagrada Familia de Nazaret con su vida tan discreta como fecunda. El ideal nazareno alcanzó el vértice en las familias religiosas por él fundadas para que fuesen signo viviente de la Sagrada Familia.

De las dos dimensiones del apostolado —predicación del mensaje evangélico y testimonio personal del mensajero— ésta última es, sin duda, la más actual dada la preferencia hoy concedida a los testigos por encima de la reservada a los maestros. Y ha llegado a ser la más eficaz por el hecho que la amabilidad de la vida hecha palabra empuja a la emulación y porque confirma que sólo el amor es creíble.

Texto extraído de la homilía del cardenal Antonio M. Javierre durante el triduo de preparación a la canonización de José Manyanet (2004).

Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la canonización. Barcelona 2006.


La devoción a la Sagrada Familia, por José María Blanquet, S.F.

Los orígenes de la devoción a la Sagrada Familia han de situarse en una época remota, especialmente en Canadá a partir del siglo XVII, pero fue durante la segunda mitad del siglo XIX cuando adquirió un impulso extraordinario en toda Europa.

Los papas vieron en ella un medio providencial para la restauración de la vida cristiana y la promovieron decididamente.

Pío IX declaró a san José patrono de la Iglesia universal (8/12/1870) y aprobó las primeras asociaciones de la Sagrada Familia.

León XIII, en su breve apostólico Neminem fugit (14/6/1892), expuso los fundamentos teológicos y el alcance religioso y social de la devoción a la Sagrada Familia y estableció su fiesta en las semanas posteriores a la festividad de Navidad.

El padre Manyanet anticipándose algunos años a estos y otros documentos pontificios, fue el gran iniciador y el gran apóstol de esta devoción en España. Recibió de Dios un don para que con su vida y su acción hiciera presente el misterio de Nazaret en la Iglesia y en la sociedad.

Por medio de la predicación y con la pluma fue un incansable propagador. Una gran parte de sus escritos están dedicados a la ampliación y desarrollo de este tema predilecto.

Las congregaciones que él fundó figuran entre los institutos religiosos más vinculados por su vocación y misión al misterio de la Sagrada Familia. De hecho, fue a instancias del padre Luis Tallada, superior general, que el papa Benedicto XV extendió la fiesta de la Sagrada Familia a la Iglesia universal (26/10/1921).

Revista Sagrada Familia

El principal órgano creado por el padre Manyanet para la difusión de esta devoción en el pueblo fue la revista La Sagrada Familia. En enero de 1899 publicó el primer número, en donde expuso el plan de la publicación:

"El título de esta humilde publicación sintetiza nuestro programa; él manifiesta quiénes somos y adónde vamos. Somos hijos amadores de la Sagrada Familia y vamos a intentar un esfuerzo para colocarla en el seno de sus familias [...] La Sagrada Familia será nuestro lema, nuestro punto de partida y el término de nuestras aspiraciones. La Sagrada Familia debe ser conocida; la santidad del venerable León XIII lo suplica, el estado actual de la sociedad lo exige. Propagar, pues, esta devoción, hacer brillar en este siglo de falsos resplandores las virtudes de la casa de Nazaret y caldear los corazones en el amor de Jesús, María y José, ése es nuestro objeto".

La publicación comenzó con una periodicidad quincenal. Y es una de las publicaciones más importantes para conocer el desarrollo de esta devoción. Había una sección titulada "La Escuela de Nazaret", que pretendía divulgar las virtudes y ejemplos de la vida de la Sagrada Familia.

La Pía Asociación de la Sagrada Familia, erigida por el papa León XIII, aun antes de que la revista fuese declarada su órgano oficial, tenía habitual cabida en sus columnas, comentando los documentos pontificios y deduciendo puntos concretos de vida cristiana y de pedagogía familiar.

Premio a esta constante labor y dedicación fueron estos dos reconocimientos pontificios:

– El 3 de abril de 1928, el procurador de la congregación en Roma fue nombrado secretario general de la Asociación Universal de la Sagrada Familia, de León XIII, de la que era presidente el cardenal vicario del papa, Basilio Pompili.

– En 1929, al cumplirse el trigésimo aniversario de la revista, el 2 de enero, el mismo cardenal vicario, dirigió una carta al superior general:

"Consideramos en gran manera digna de alabanza la diligencia y devoción con que la Congregación de los Hijos de la Sagrada Familia pone en fomentar y propagar entre los pueblos el culto de la Sagrada Familia de Nazaret, tan recomendada por los Sumos Pontífices y del cual provienen grandes e innumerables beneficios para las familias cristianas, toda vez que los religiosos de tu congregación no perdonan medios y diligencias para fomentar entre los fieles el amor hacia nuestro Señor Jesús, a María y a José, y mostrar y preconizar su familia como ejemplo de todas las virtudes domésticas, y exhortar a todos los fieles a que se pongan bajo la protección de la Nazarena y la imiten".

Y añadía el cardenal:

"Ahora, además, nos place conceder que la revista La Sagrada Familia, que ya desde el año 1899 publica la congregación de los Hijos de la Sagrada Familia, sea y se considere como órgano y portavoz de la misma Asociación Universal para España y demás regiones del mundo de habla española".

Fuente: José Manyanet. Profeta de la Familia. J.M. Blanquet - J. Piquer

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Un santo para nuestros días, Mons. Felipe González, obispo de Tenerife


Hoy la iglesia diocesana da gracias a Dios por el Padre Manyanet, por san José Manyanet y Vives. Un santo catalán, español. Fundador de dos congregaciones religiosas: los Hijos de la Sagrada Familia y las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret.

El Padre Manyanet vivió una vida extraordinaria en lo ordinario. Descubrió la grandeza de la vida cotidiana transcurrida en la humildad y en el silencio construyendo con constancia y sin ruido, día a día, un mundo nuevo, desde el calor del corazón y cooperando siempre con el Señor. Es esta compañía y sostén del Señor lo que ha hecho que el camino de la vida de san José Manyanet fuese bueno y feliz, aunque no siempre fácil.

El secreto de su alta y profunda espiritualidad es de una simplicidad que desarma, al alcance de todos: entrar cada día en la casa de Nazaret, para construir un “Nazaret” en nuestras vidas. “Volvamos a la simplicidad de Nazaret —afirmaba él—, donde todo tuvo inicio. Vayamos cada día a Nazaret porque ellos, Jesús, María y José, son nuestros maestros; tomemos de ellos los secretos para la reconstrucción de la familia, de la Iglesia y de una nueva sociedad, con medios y mentalidad nueva. Atemos con un “hilo de oro” la experiencia de aquella extraordinaria Familia a la vida de las familias de hoy, para transmitir las bases sólidas que crean relaciones sanas y educativas”, san José Manyanet.

Es el mismo Papa, Juan Pablo II, quien en su homilía de canonización nos presenta, desde esta perspectiva, la figura del Padre Manyanet: “Desde el principio el Paráclito ha suscitado hombres y mujeres que han recordado y difundido la verdad revelada por Jesús. Uno de estos fue san José Manyanet, verdadero apóstol de la familia, inspirándose en la escuela de Nazaret realizó su proyecto de santidad personal y se dedicó, con entrega heroica, a la misión que el Espíritu le confiaba. Para ello fundó dos congregaciones religiosas. Un símbolo visible de su anhelo apostólico es también el Templo de la Sagrada Familia de Barcelona”, Juan Pablo II homilía de la canonización, 16 de mayo 2004.

San José Manyanet, al haber recibido el don de trabajar por las familias, se ha convertido en un santo moderno, un santo para nuestros días. Posiblemente, ni siquiera él mismo se dio cuenta de la riqueza del carisma que había recibido y ha dejado en la Iglesia. Ha sido de hecho un profeta de la Buena Noticia de la familia y de la pastoral familiar. Pastoral familiar, por cierto, tan actual y necesaria hoy cuando se dan tantas y tan graves agresiones a la familia, provenientes de grupos mediáticos, culturales y hasta políticos.

¡Cuán necesario y cuán actual es el carisma que el Padre Manyanet ha recibido del Señor y ha dejado a su Iglesia!

Notemos que san José Manyanet, un santo reconocido por la Iglesia, no es sólo un ejemplo de vida para cada uno de nosotros, ni sólo el impulsor de nuestra atención pastoral a las familias, sino que es también presentado por la Iglesia como amigo e intercesor a favor de las familias.

San José Manyanet forma parte de una nueva generación de santos, obedientes a Dios y encarnados en la situación cotidiana de nuestros días. Es “un nuevo género de santos” que invita también a ser santos como ellos, contando ahora con su ayuda e intercesión.

Casi podríamos resumir todo lo referente a san José Manyanet diciendo que en el fondo sólo tuvo un sueño: robar a Nazaret el secreto de la Santa Familia, Jesús, María y José, para darlo a las familias y así cambiar la sociedad, por medio de la educación de niños y jóvenes. Es un sueño que nos deja, para que también nosotros, como él, prosigamos e intentemos realizarlo, sabiendo que ahora tenemos un intercesor más en favor de este sueño y de todas las familias (...)

Pidamos sabiduría para experimentar que Dios es amor, que Dios es familia, que Dios es idilio trinitario. En todos nosotros está impresa la huella de la entrega y de la fidelidad de Dios. El Padre Manyanet la descubrió y es santo. El Espíritu Santo nos ha revelado no sólo un misterio extraordinario, sino que nos ha desvelado el propio ser de Dios y el sentido último de las cosas. Misterio de amor, de entrega, que requiere en nosotros amor y entrega definitivas.

HOMILIA DE MONS. FELIPE GONZÁLEZ, Obispo de Tenerife, España.
Misa de acción de gracias por la canonización de san José Manyanet

Obras Completas, por José María Blanquet, S.F.

Aunque José Manyanet no dejó escrita una obra sistemática sobre teología, pedagogía o pastoral familiar, escribió varias libros sobre su vocación y misión en la Iglesia y en la sociedad.

Manyanet dedicó su vida a la contemplación de la familia de Nazaret y a la formación cristiana de las familias, principalmente por medio de la educación e instrucción católica de los niños y jóvenes.

Para asegurar la continuidad de esta misión, fundó el instituto de Hijos de la Sagrada Familia, Jesús, María y José y el de las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret, con sus respectivas asociaciones laicales. El contenido de sus escritos trata sobre la formación de los religiosos y la vida y el desarrollo de sus dos familias religiosas.

En estos escritos hallamos los principales géneros literarios. El género epistolar, en el abundante epistolario que se conserva; el legislativo, en las obras y opúsculos (obritas) que se refieren a su actividad como fundador; el pastoral, en los temas esenciales de su carisma; el misterio de Nazaret y su proyección en la vida religiosa personal y comunitaria, en la familia y en la escuela.

Recurrió también al género autobiográfico por obediencia a su director espiritual; y, por último, se puede hablar de un género apologético en dos obras singulares.

martes, 3 de septiembre de 2013

¿En qué se ha distinguido san José Manyanet?, por el Cardenal Giovanni Canestri

"Antes y después de la fundación de sus dos familias religiosas, se distinguía por un gran deseo de recogimiento, amaba estar a solas con el Señor, y desde su oración vivía el resto de la jornada como los santos. Observándolo aún en medio del trabajo y de las preocupaciones diarias, se notaba que él siempre estaba en otro sitio, es decir, no distinguía su tiempo de unión con Dios y el tiempo del trabajo que hacía, era como un círculo.

Durante estas horas de recogimiento y oración, san José Manyanet sentía un gran deseo, el deseo de la familia, el deseo de la juventud cercana a Dios, de la familia católica que educase a la juventud mirando a la Sagrada Familia.

Desde mi experiencia personal puedo afirmar que una parroquia funciona en la medida que funciona la familia, y si la familia no funciona, se puede hacer algo, pero es más fácil que los niños olviden la catequesis de la primera comunión, de la confirmación...

Se puede decir que el camino de este sacerdote, de este santo, fue, en cierto modo, fácil, su camino no consiste en grandes penitencias, en grandes visiones, no, ha caminado por los otros, ha trabajado, ha sufrido, ha rezado por los otros, ha trabajado sufrido y rezado por la familia.

Texto extraído de la homilía del cardenal Giovanni Canestri, durante la homilía a los fieles de las parroquias romanas confiadas a los Hijos de la Sagrada Familia.

Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la canonización. Barcelona 2006.


Profeta para las familias, por el Card. Ricard Maria Carles

El reconocimiento de la santidad de san José Manyanet no solo representa la presencia de un nuevo intercesor para las familias sino también un estilo de vida santa inspirado en la Sagrada Familia de Nazaret.

Con la inspiración del nuevo santo el gran arquitecto Antonio Gaudí hizo en Barcelona el proyecto de un gran templo en honor de la Sagrada Familia. Un gran templo que pienso que será la gran catedral de Europa del siglo XXI (...)

Creo que esta canonización es también un gran monumento a las familias, que ha querido dar a la Iglesia y al mundo, nuestro buen papa Juan Pablo II. Esta canonización la veo como una respuesta del Espíritu Santo a las necesidades actuales de la famila.

Por eso, os invito brevemente, iluminados por las lecturas de esta misa, a adentrarnos un poco en el mensaje del nuevo santo.

Un profeta para las familias

En cuanto a la primera lectura, pienso que es un profeta para las familias. El Padre Manyanet nos aparece ahora —elevado a los altares— como un nuevo Abraham, un patriarca y un abogado de la familia, una bendición para las familias de nuestra tierra y de todo el mundo.

José Manyanet vivió la verdadera vocación de Abraham. También nuestro santo escuchó en su conciencia la voz de Dios que le decía: “Vete de tu tierra y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré...”

Manyanet no tuvo que dejar patria, pero sí dejó una vida tranquila y serena, e incluso una prometedora carrera eclesiástica en su Tremp natal, y en su estimada diócesis de Urgel, en la que era un muy estimado colaborador del obispo José Caixal. Dejó esa vida que podía haber sido segura y con compensaciones humanas para afrontar un aventura: la de fundar dos congregaciones religiosas al servicio de la educación de la infancia y de la juventud.

Su trasladó a Barcelona y los primeros tiempos de ambas instituciones, le produjeron no pocos sinsabores, dudas, disgustos, sufrimientos físicos y morales...

Pero Dios fue fiel con Abraham y también lo ha sido con san José Manyanet. En él se ha cumplido —y ahora se cumple plenamente con su canonización— la promesa de Dios a Abraham: “Te bendeciré, engrandeceré tu nombre y será una bendición...” (...) Sois todos vosotros esta bendición de Dios a la Iglesia y al mundo por medio del nuevo santo, sobre todo los religiosos y religiosas de sus dos congregaciones, y las familias cristianas que amáis y crecéis cada día en vuestra vocación de ser santos en el matrimonio y la familia.

“En ti —dice Dios a Abraham— serán bendecidas todas las familias de la tierra” (...) Esto es también realidad en el Padre Manyanet: en él son bendecidas todas las familias de la tierra (...)

Manyanet, hombre de experiencia mística y de silencio interior

Manyanet fue también un hombre de experiencia mística y de vida interior, y con esto vuelvo a la segunda lectura. Esta misión no la improvisó san José Manyanet. Por eso al nuevo santo le podemos aplicar también las palabras de la segunda lectura.

El apóstol Juan tuvo una gran experiencia del misterio de Jesús (...): “Lo que existía en el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto... lo que contemplamos, lo que tocaron nuestras manos, lo que se manifestó y de lo que os damos testimonio”... El apóstol anuncia su experiencia, vivida en la cercanía del Señor y después nos dice que hemos de dar testimonio (...) Y yo bendigo a Dios porque vosotros y vosotras, los hijos religiosos de san José Manyanet vivís esa misma experiencia.

San José Manyanet vive una experiencia semejante a la de los apóstoles aunque la vive 19 siglos más tarde. El centro de su experiencia mística es también el Verbo encarnado pero en la vida oculta, en la vida de la Sagrada Familia de Nazaret.

Y de aquí arranca el que será su carisma, ahora oficialmente reconocido y propuesto de manera solemne a toda la Iglesia. De la contemplación de la vida de la Sagrada Familia, san José Manyanet extrajo un mensaje para todas las familias. Y lo plasmó en un lema que es una síntesis de toda su espiritualidad: “Un Nazaret en cada hogar”.

La Sagrada Familia de Nazaret fue el centro de su espiritualidad y de ahí arranca también su carisma: presentar el modelo de la Sagrada Familia a todas las familias, principalmente mediante educación e instrucción de los niños y de los jóvenes, con la colaboración de los padres y madres.

En la contemplación de la Sagrada Familia descubrió el designio de Dios sobre la familia, un designio que no cambia, porque no es obra de los hombres sino de Dios (...)

No he dicho nada del silencio interior, pero solo aludiré a su etapa de desierto, de san José Manyanet, al silencio de los que su hijos e hijas llamáis con toda razón: la meditación en “las largas noches oscuras” por las que tuvo que pasar a lo largo de su peregrinación terrenal. Pero como ha dicho un gran teólogo actual que a la vez es un místico, “cuando los místicos tuvieron conciencia de la noche del espíritu, es porque tenían conciencia del día esplendoroso del Espíritu”. Para quien no hubiera visto nunca un día, la noche le parecería lo habitual. Cuando ellos sufrían y se lamentaban, y ofrecían a Dios esa añoranza de la luz, es porque ya la habían conocido. Eso le pasaba a san José Manyanet.

Acabo con una reflexión sobre el evangelio que hemos escuchado. Por encima del parentesco de sangre, Jesús exalta el parentesco del Espíritu. “¿Quién es mi madre y mis hermanos?” “Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dice: Estos son mis hermanos y mi madre. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (...) Es la familia espiritual de Jesús. Es la Iglesia en ciernes. Eso buscó san José Manyanet. Demos gracias a Dios por habernos dado a san José Manyanet, este profeta y abogado de la familia. Él es maestro, abogado e intercesor de las familias cristianas.

Texto extraído de las palabras de la homilía del cardenal Ricard Maria Carles durante la misa de acción de gracias por la canonización de José Manyanet, Roma 2004.

Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.


“Apóstol de la familia”, por Juan Pablo II

“Desde el principio el Paráclito ha suscitado hombres y mujeres que han recordado y difundido la verdad revelada por Jesús. Uno de estos fue san José Manyanet, verdadero apóstol de la familia. Inspirándose en la escuela de Nazaret, realizó su proyecto de santidad personal y se dedicó, con entrega heroica, a la misión que el Espíritu le confiaba. Para ello fundó dos congregaciones religiosas. Un símbolo visible de su anhelo apostólico es también el templo de la Sagrada Familia".

Texto extraído de la homilia del papa Juan Pablo II durante la canonización de José Manyanet, Roma 2004.

Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.


Dos grandes alegrías antes de morir, por Sergio Cimignoli, S.F.

A pesar de las enfermedades y los achaques tuvo la satisfacción de sobrepasar el mil novecientos y de ir, peregrino, a Roma para celebrar el Jubileo. El inicio del nuevo siglo le proporcionó dos grandes alegrías: la aprobación, en junio, de la congregación de los Hijos de la Sagrada Familia por parte del papa León XIII; la reapertura, en septiembre, del colegio San José de Tremp.

Tuvo así la ocasión de saludar por última vez, como cuando era ‘un niño", a su Belleza: la Virgen de Valldeflors. Después enfermó por última vez.

Era a primeros de diciembre, tenía 68 años. Hacía mucho frío y una fuerte bronquitis le ocasionó fiebre alta. El día de la Inmaculada, el 8 de diciembre, quiso levantarse para celebrar la misa con la comunidad y para festejarla juntos en la mesa. Después los hermanos le obligaron a permanecer en la cama. Llamado el doctor, diagnosticó una doble pulmonía.

A pesar de estar muy grave, cuando le traían las medicinas, bromeaba: "¡Tanta cosa para querer que llegue a los setenta años!". A uno de los sacerdotes que le preguntó si quería dejarlos huérfanos, respondió con un hilo de voz, pero firme: "Si todavía soy necesario, no rechazo el trabajo..."

Cuando ya estaba llegando al final, el subdirector general, Buenaventura Mullol, le propuso con un cierto titubeo recibir el sacramento de la unción de los enfermos. El respondió rápidamente: "Un cristiano, y mucho menos un sacerdote, no se afecta por eso... ¡Pronto, pronto!"

Una familia para las familias

Los caminos de la educación y la familia lo llevaron primero a Tremp. Dios lo destinaba a fundar una congregación religiosa con dos ramas, masculina y femenina.

Con aprobación del obispo, el 1864 había empezado a congregar a los primeros compañeros y había empezado a configurar una comunidad religiosa con sus reglas y constituciones. El día 2 de febrero de 1870, fiesta de la Presentación del Niño Jesús en el templo, fue un día clave para José Manyanet. En la pequeña capilla del colegio San José, de Tremp, consagró su vida a Dios, junto a cuatro compañeros. Al carácter de sacerdote unió la condición de "religioso". Tomó el compromiso de vivir totalmente consagrado a su vocación de servir a la familia mediante la educación, encarnando radicalmente los consejos evangélicos.

Eligió esta fecha con mucho cuidado, porque en ella intervienen todos los miembros de la familia de Nazaret. El religioso o religiosa se presenta en el templo a hacer ofrenda de su vida en la consagración, tal como Jesús fue ofrendado por su familia humana: José y María.

Con este acto se convirtió en el fundador de los "Hijos de la Sagrada Familia". Unos años más tarde, el 12 de octubre de 1874, fundó en Talarn la rama femenina, hoy conocida con el nombre de "Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret".

Era "una familia para las familias", como dos ramas de un mismo árbol, que abarcaba a todos los miembros de la familia: ofrecía educación cristiana, según el modelo de la Familia de Nazaret y bajo su amparo, a los hijos e hijas, futuros padres y madres de una familia regenerada según el modelo querido por Dios.

Las dos congregaciones no tardaron en instalarse en Barcelona, especialmente en los barrios de inmigración y de gente trabajadora, y de extenderse a otros lugares del principado.

Hoy trabajan en escuelas, residencias, misiones y parroquías en diversos países de Europa, América y Africa.

Aquel riachuelo de alta montaña ahora fecunda numerosos hogares con las humildes aguas de Nazaret.

Fuente: San José Mañanet, profeta de la familia, por Josep Roca (2007).

Las dificultades de los inicios

Los primeros tiempos fueron muy duros en todos los sentidos y fue necesario toda su fuerza y coraje para seguir hacia adelante.

En 1865 había empezado en Tremp con cinco niños acogidos en unos entresuelos, en los que era necesario quitar las camas durante el día cuando se hacía las clases; y por la tarde se cambiaban los bancos cuando se tenía que dormir. Al año siguiente todo había mejorado, según su punto de vista positivo:

"Ya tenemos un tanto arregladas nuestras cosas —escribía a Caixal—. Los estudiantes son catorce; los internos, ocho. Pocos son, mas todos los inicios son dificultosos. Lo que nos falta es local, pues algunas cosas no podemos hacerlas cual conviene".

Cuando en 1868 llegó la revolución, el colegio que, aunque estaba en sus inicios, había ido creciendo en número de alumnos, no cerró. Recibió, no obstante, fuertes presiones e imposiciones desorbitadas. Resistió hasta que pudo y, en 1875, tuvo que cerrar durante dos años.

Mientras tanto maduró la decisión que era urgente "bajar" a Barcelona para ampliar su obra en una gran ciudad y ponerse al servicio de los ambientes más pobres: "Siento una misteriosa fuerza en mí que de mucho tiempo me llama a Barcelona".

En mayo de 1872 llegó a Barcelona con tres religiosos. Se hicieron cargo de una escuela de la parroquia de San Francisco de Paula, patrocinada por la "Junta de Señoras" fundada por Doña Dorotea de Chopitea, una benefactora de la ciudad que había fundado las "Salas de asilo" en las que eran admitidos niños de ambos sexos, de cuatro a seis años, pertenecientes a las familias pobres de la clase obrera, y cuyos padres no podían ocuparse de ellos a causa del trabajo.

En los años sucesivos continuaron ocupándose de las escuelas de la Junta Diocesana en otras parroquias y viviendo en casas de alquiler. Él tuvo que viajar a menudo entre Barcelona y Tremp para cubrir las necesidades y resolver las dificultades que se presentaban.

Discerniendo la voluntad de Dios

La desilusión más grande en los inicios, no derivaba tanto de las dificultades económicas o del poco éxito de su obra, sino del esfuerzo de implicar a otros en aquella empresa que para él era la "perla preciosa" por la cual lo había abandonado todo.

En un tiempo en el que el sacerdote se bastaba a sí mismo, él, sin embargo, estaba convencido que "aunque uno pueda trabajar y se mate de esfuerzo y cansancio, solo no puede conseguirlo". Buscó de todos los modos de implicar a sus amigos de la diócesis. Envió, corriendo con los gastos, jóvenes a estudiar para llegar a ser sacerdotes y conseguir el título necesario para ejercer la enseñanza: maestro nacional. De modo que después pudieran ser buenos educadores en sus colegios.

Su pena derivaba del hecho que muy pocos se habían entusiasmado y le seguían. La mayoría, visto el compromiso, no tardaron en abandonarlo. Se encontró casi solo y, en una carta, confió todas sus dudas y amarguras a su amigo Caixal:

"... Me viene a la imaginación que no habrá sido más que un acto de orgullo y vanidad mía, y que, aunque no fuera eso, mis pecados y mis faltas serían suficientes para estorbarlo; que por qué he de meterme yo en estas cosas, cuando podría hacer más fruto confesando, predicando y haciendo otras funciones..."

Caixal lo animó y aprovechó la ocasión para recomendarle que estuviera atento a la salud: "Mire, hijo mío, y le digo la verdad: todo lo que pasa son para mí pruebas de que Dios quiere hacer su obra y que la hará si usted no desmaya. Me dicen que usted se mata predicando, confesando, etcétera, y que trabaja demasiado. Por eso le aconsejo que modere su celo un poco más, pues perderá pronto la salud si continúa en este tren de vida durante más tiempo".

El obispo había ya superado el disgusto que Manyanet le había ocasionado al elegir dejar su palacio, y apoyaba su obra. En una carta de 1868 escribía: "La obra de Manyanet se va formando en mi diócesis y bajo mi protección".

José se arremangó y continuó. Él, que era un hombre activo y generoso, no soportará nunca la pereza y la indecisión. Dejará escrito:

"No bastan los buenos deseos y la euforia inicial, es necesario una decisión eficaz y continua. Algunos, sin embargo, son inconstantes y tras haber emprendido su camino espontáneamente y con alegría, se cansan en seguida y se conforman con vivir una vida mediocre y sin entusiasmo en manos de la pereza. Se contentan con lo poco que hacen, considerando siempre que es demasiado y se sienten siempre apesadumbrados de vivir. Tal indolencia les lleva a tener poca autoestima y cuidado de sí: es como una grave enfermedad que poco a poco lleva a la muerte. En este camino no ir hacia adelante, quiere decir volver hacia atrás. Quien no hace fructificar los dones de Dios se hace siempre más pobre y amargado. No llegará nunca a disfrutar plenamente el don de la vida. No saboreará nunca la dulzura y las consolaciones de quien es generoso y atento. Quien es perezoso y descontento de todo no es capaz de reconocer la importancia de su llamada y para él todo pierde significado y se abandona en su vida. Dios no quiere nuestro amor porque tenga necesidad de nosotros (Él es inmensamente feliz y beato en sí mismo y no tiene necesidad de nadie), pero quiere hacernos semejantes a Él y quiere que seamos generosos con todos como lo es Él con todas las criaturas.

Cada uno debe sentirse un privilegiado por el amor y la elección personal que Dios ha hecho de él," (de la Escuela de Nazaret).

Fuente: Josep Manyanet, desde Nazaret, un profeta para la familia, por Sergio Cimignoli, S.F.

Primeros compañeros

1865, Primeros compañeros: colegio san José de Tremp

José Manyanet no abandonó el palacio episcopal de la Seu de Urgell hasta que el obispo Caixal nombró a sus sustitutos en las tareas de palacio. Finalmente, Manyanet salía de la Seu en mayo de 1865.

A primeros de 1864, Manyanet envió a Tremp a Guillermo Gual, un sacerdote diocesano que colaboraba con él. Guillermo Gual pasó a regentar el beneficio en la iglesia de Tremp e inició las tareas del colegio San José en el mes de septiembre de 1864.

Manyanet escogió Tremp por la ventajas que le ofrecía:

1. En Tremp tenía parientes
2. Tenía dos beneficios, uno de los cuales le obligaba a residir en Tremp
3. Tremp estaba necesitado de centros de primera y segunda enseñanza

Nos queda de este momento un testimonio directo del padre Manyanet:

"El primero de septiembre de 1865 [debe decir 1864] entramos en esta casa —[Casa Ferrer de Tremp]— para dar comienzo a la santa obra de la enseñanza de la juventud católica. (Oculté desde el principio nuestra empresa religiosa al público por razón de las circunstancias, pues en aquel entonces todo parecía se conjuraba contra la religión y sus ministros).

Nuestra primera morada fueron solo los entresuelos, que ahora sirven para clases: estábamos bastante oprimidos, porque unos mismos locales debían servir para varios usos, y debiendo, por consiguiente, cambiar varias veces al día los muebles, especialmente las camas. El arriendo de dichos entresuelos costaba quinientos reales vellón anuales, por más que teníamos ya comprado el crédito de las hermanas Ferrer."

Cinco niños acudieron a las clases del recién abierto colegio en septiembre de 1864, que nació como un centro aprobado por el obispo y filial del seminario de la Seu, bajo la dirección de Guillermo Gual. Los alumnos estaban matriculados en el seminario pero seguían los estudios en el colegio San José.

Dificultades no iban a faltar, incluso antes de que Manyanet se instalase en Tremp. Se conserva una carta de este primer período, en que Manyanet escribe a Guillermo Gual, que le ha expuesto las dificultades que encuentra:

"Acabo de leer tu muy grata de anteayer, la que por cierto me ha hecho derramar lágrimas al ver tu espíritu algo turbado y que en algunas cosas tienes razón; pero, si Deus pro nobis, quis contra nos? Esto mismo demuestra que el demonio vislumbra nuestro gran plan [...]

Ya te tengo dicho que nos preparemos para sufrir, pues a nosotros nos toca más que a los demás. Hasta que hayamos sufrido tanto como un san José de Calasanz mucho nos falta. Conozco que hago falta a tu lado para ayudarnos y fortalecernos mutuamente [...] Parece que no piensas bien sobre el haber comenzado este año la enseñanza. Yo soy del parecer que nos será un bien inmenso" (carta del 17 de octubre de 1864).

El curso 1865-1866, comenzó con Manyanet ya en Tremp. "Ya tenemos un tanto arregladas nuestras cosas" —escribía a Caixal el 15 de noviembre de 1865—. El colegio acoge a catorce estudiantes, ocho de ellos internos.

Primeros compañeros

Sus primeros compañeros: Guillermo Gual, Manuel Berga, Antonio Espuñes, José Canal, Domingo Llor, Sebastián Trilla, Juan Barber, Miguel Lledós, José Mir, Marcos Pallerola... provenían del ambiente eclesiástico diocesano, y algunos le siguieron más por amistad o agradecimiento que por auténtica vocación religiosa.

Manyanet proporcionó estudios civiles a algunos de ellos pero, poco a poco, le iban abandonando. El abandono de casi todos parece hacerle vacilar y agravó las dificultades de la obra naciente.

Manyanet vive en esos momentos una penosa etapa de purificación. Es la prueba interior que le prepara para otras dificultades. Hora amarga, de la que existe un testimonio del mismo Manyanet en su carta del 14 de diciembre de 1867. Manyanet atribulado acude a su obispo para pedir ayuda:

"Son muchas, padre, las tribulaciones por las que está pasando mi pobre espíritu al ver las muchas dificultades y lo poco que hemos adelantado, no consistiendo esto tanto en lo que mira a la parte material, sino a la principal, o sea, de los socios y compañeros. Veo tan poco interés y fervor, que me hiere de lleno el corazón, y más al recordar que ya van seis los que han comenzado. Esto, digo, agita continuamente mi corazón, pues se me viene a la imaginación que no habrá sido más que un acto de orgullo y vanidad mía, y que, aunque no fuera eso, mis pecados y faltas serían suficientes para estorbarlo; que por qué he de meterme yo en estas cosas, cuando podría hacer más fruto confesando, predicando y haciendo otras funciones [...] Por lo tanto, padre mío, no me abandone y, por Dios, hágame la caridad de decirme qué he de hacer y cómo he de portarme [...] Si lo juzga oportuno y conveniente, le haré una pequeña relación de mi vida pasada y presente, pues no me atreví a decírselo cuando estuvo en ésta al verle tan ocupado".

Profesión religiosa

Cinco de sus primeros compañeros quisieron consagrarse a Dios como Hijos de la Sagrada Familia el 2 de febrero de 1870, fiesta de la presentación del niño Jesús en el templo. Ese día, en el colegio San José, Manyanet se consagra a Dios a través de su profesión religiosa comprometiéndose a servir a las familias y a la juventud mediante los votos religiosos de castidad, pobreza y obediencia.

Con Manyanet hicieron los primeros votos: Miguel Lledós, Juan Barber, José Mir y Marcos Pallarola. El 4 de agosto de 1870 también profesó Buenaventura Mullol, que sería uno de sus grandes colaboradores y sucesor como superior general en el gobierno de la congregación. En noviembre de 1871, todos renovaron sus votos ante el obispo Caixal, ya de regreso del Concilio Vaticano I.

Fuente: José Manyanet, Profeta de la Familia. J.M. Blanquet y J. Piquer. Ed. Claret. Barcelona, 2004.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Bula de canonización: Carta Decretal con la que se asignan al Beato José Manyanet y Vives los honores de los Santos.

“Con tu nombre se bendecirán 
todas las familias del mundo” 
Génesis 12,3.

Como Abraham, que fue llamado por Dios para iniciar al nueva familia de los hijos de Dios, el beato José Manyanet y Vives consagró toda su vida a fomentar y defender la dignidad del matrimonio y de la familia según el plan de Dios, cuyo cometido es la edificación de la familia de Dios, que es la Iglesia. Él contribuyó de tal modo a la renovación de la vida familiar en la España del siglo XIX, que fue llamado “verdadero apóstol de la familia”.

Este ferviente hijo de la Iglesia nació el día 7 de enero de 1833 en Tremp, en la diócesis de Urgel, en España, en el seno de una familia numerosa y cristiana. Presintiendo su vocación al sacerdocio, en 1845 ingresó en el colegio de la Escuela Pía de Barbastro. Completó su formación filosófica y teológica en los seminarios diocesanos de Lérida y Urgel y el día 9 de abril de 1859 fue ordenado sacerdote de esta última diócesis.

Fue un colaborador estimado del obispo de Urgel en varios oficios de la curia diocesana y en el desempeño de su ministerio sacerdotal, hasta que se sintió llamado por Dios para presentar al mundo los ejemplos de la Sagrada Familia de Nazaret y promover la formación cristiana de las familias, principalmente por medio de la educación e instrucción eminentemente católica de los niños y los jóvenes. “¿Qué hacer —decía— para devolver a las familias su dignidad, la paz y tranquilidad de que hoy día carecen? No hay nada más que señalarla y aficionarla a imitar el perfectísimo modelo de la Sagrada Familia, y de seguro se reformará, y reformada ella, quedará saneada la sociedad” (Camareros S.F., 1868, I,6).

Con este fin, movido por el Espíritu, en 1864, fundó el Instituto de los Hijos de la Sagrada Familia, Jesús, María y José y, en 1874, el de Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret. “La educación e instrucción de la niñez y la juventud —escribía— puesta en manos de sacerdotes y estos religiosos, es el medio más apto... y de resultados más positivos para reformar la familia y con ella la sociedad” (Carta, marzo 1889).

Fruto de la oración y de su sensibilidad eclesial, en 1869, propuso la idea de levantar un templo expiatorio para que fuera el símbolo visible y el hogar espiritual de las familias de todo el mundo. De esta inspiración nació el Templo expiatorio de la Sagrada Familia de Barcelona, obra insigne del arquitecto siervo de Dios Antonio Gaudí.

El día 2 de febrero de 1970 hizo la profesión religiosa como Hijo de la Sagrada Familia y recibió la de los primeros compañeros. A lo largo de su vida, vivió esta consagración como respuesta a la llamada de Dios en un clima sobrenatural y con una fidelidad heroica.

Trabajador modelo por el Reino de Dios en Cristo, llevó a cabo una admirable actividad apostólica en favor de la promoción del matrimonio y de la familia cristiana, principalmente con la predicación, escribiendo libros, abriendo escuelas, colegios y centros de pastoral para la formación de los padres y de los hijos, especialmente de los más necesitados. Quería familias como escuelas y escuelas como familias. En todas estas actividades proponía el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret, desde cuyo hogar y escuela Jesús, el hijo de Dios, proclamó el Evangelio de la Familia como Nos mismo hemos escrito en la Carta a las familias, 23.

Creó otras asociaciones familiares para que imitaran también a la Familia de Nazaret y colaborasen en la tarea educadora de las familias y de los niños y jóvenes. Con este mismo fin fundó la revista titulada La Sagrada Familia para llevar las virtudes y ejemplos de Jesús, María y José a todos los hogares y llegaran a ser verdaderas iglesias domésticas. “La paternidad es como un sacerdocio —escribía el beato Manyanet— y así como es propio del sacerdote exhortar, predicar y rogar, del mismo modo los padres de familia dentro de su casa deben ser celosos vigilantes y constantes, pero prudentes predicadores” (Preciosa Joya de Familia, II, 2, 1889).

Él deseaba ardientemente y trabajó con constante y admirable celo para que “todas las familias de la tierra imiten y bendigan a la Sagrada Familia de Nazaret”. “La Sagrada Familia —escribía— desea ser conocida, el Papa lo suplica, el estado actual de la sociedad lo exige” (Nuestro objeto, 1899).

Él, por su parte, habiendo recibido el don de llamarse y ser Hijo de la Sagrada Familia, entregó su corazón a esta Familia Santa y estableció su morada espiritual en la Casa de Nazaret. Allí, mediante la lectura y meditación de la Sagrada Escritura, alimentó su piedad filial hacia Jesús, María y José, y aprendió a ser testigo y apóstol de la santidad de esta Familia. Identificado con el personaje literario de su autobiografía espiritual llamado “Desideria”, creyó siempre en la posibilidad y necesidad de crecer en la condición de hijo de Dios por el camino de la sumisión y de la humildad, como Jesús, junto a María y José en Nazaret.

Fue un óptimo maestro espiritual tanto de los seglares como de los religiosos. Humilde y obediente siempre a los Prelados, soportó con serenidad, entereza y paciencia muchas contrariedades y sufrimientos.

Minada su salud por unas llagas abiertas en el costado durante 16 años —que llamaba las “misericordias del Señor”— el 17 diciembre de 1901, esclarecido en virtudes y buenas obras, volvió a la casa del Padre, en Barcelona, rodeado de niños y jóvenes. Sus últimas palabras fueron esta jaculatoria repetida tres veces: Jesús, José y María, recibid cuando yo muera el alma mía.

Aumentando la fama de su santidad, el año 1931 se comenzó la Causa de beatificación y canonización. Habiéndose cumplido todo lo exigido por el derecho, el día 25 de noviembre de 1984 proclamamos solemnemente a José Manyanet beato. El día 20 de diciembre de 2003, en Nuestra presencia, fue proclamado el Decreto sobre un milagro atribuido a la intercesión del mismo beato. Escuchados los pareceres de los Padres Cardenales y Obispos en el Consistorio celebrado el día 19 de febrero del año siguiente, con los pareceres a favor, decretamos que el rito de la canonización se celebrase en Roma el día 16 de mayo siguiente.

Y hoy, en la solemne celebración de la Eucaristía en la plaza de San Pedro, pronunciamos esta fórmula:

“En honor de la Santísima Trinidad, para exaltación de la fe católica e incremento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y Nuestra, habiendo meditado largamente e invocado repetidamente la ayuda divina y habiendo recibido el parecer de muchos Hermanos nuestros en el episcopado, declaramos y definimos Santos a los Beatos Luigi Orione, Annibale Maria Di Francia, José Manyanet y Vives, Nimatullah Hassab Al.Hardini, Paola Elisabetta Cerioli y Gianna Beretta Molla, les inscribimos en el catálogo de los Santos y establecemos que en toda la Iglesia sean piadosamente honrados entre los Santos. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

Cuanto por las presentes Letras hemos establecido, ordenamos que ahora y por siempre sea ratificado y afirmado, sin que obste nada en contrario.

Dado en Roma, en San Pedro, el día 16 de mayo de 2004, vigésimo sexto de nuestro Pontificado.

Yo Juan Pablo
Obispo de la Iglesia Católica

Leonardo Erriquenz,
Protonot. Apost.

Primera y última página de la Bula pontificia de la canonización del Padre José Manyanet y Vives.