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viernes, 6 de septiembre de 2013

Seis principios fundacionales, por José María Blanquet, S.F.

Cuando el sacerdote Manyanet deja el palacio episcopal de Urgell, en mayo de 1865, para entregarse plenamente a la tarea de la nueva fundación, tiene un horizonte muy claro de lo que Dios le pide para la Iglesia y para la sociedad. La presión antirreligiosa se ejercía en las escuelas, en las que el Estado pretendía tener un papel creciente y monopolizador, con graves consecuencias para la vida cristiana de las familias.

Puesto que los revolucionarios iban a la escuela para destruir a la familia, a ella debían ir también los cristianos para defenderla. Un punto clave de la regeneración de la sociedad era para Manyanet la formación y el mantenimiento de la familia mediante la educación católica de la niñez y de la juventud. Por lo cual, él concibe su obra como una familia, inspirada en la Sagrada Familia, para las familias pero con las mismas familias, y la organiza en consecuencia.

Sus características principales son seis:

1. Los miembros del Instituto comparten en sus quehaceres una vida de auténtica familia. La vida comunitaria debe ser característica esencial de la nueva Congregación. Ha de ser, ante todo y sobre todo, una familia.

2. No se trata de construir una simple sociedad educacional, sino, más bien, una entidad religiosa en toda la amplitud espiritual y jurídica del término, consagrada a Dios mediante la profesión de los consejos evangélicos, a imitación de Jesús, María y José.

3. Los religiosos Hijos de la Sagrada Familia deberán consagrarse, como fin principal de su actividad sacerdotal comunitaria, a la formación de auténticas familias cristianas, principalmente por medio de la educación e instrucción de la niñez y de la juventud.

Este es el carisma de san José Manyanet y de su Instituto. "La educación e instrucción sólidamente católica de toda la juventud puesta en manos de sacerdotes y de estos, religiosos, ad hoc llamados por Dios, —escribía en 1889— es, a mi pobre entender, el medio más apto, más sencillo y práctico para reformar la familia y con ella la sociedad, y volverla a su propio centro, que es la Iglesia católica". El Instituto de los Hijos de la Sagrada Familia es, pues, una familia para las familias.

4. Se tomaban como punto de partida y meta la vida y los ejemplos de la Sagrada Familia de Nazaret. El ejemplo de la familia de Jesús, María y José lo había sintetizado, en un principio, en la figura de san José, bajo cuyo patrocinio puso la primera morada del Instituto y el centro educativo de Tremp.

5. San José Manyanet había aprendido a amar a la Iglesia en la persona del obispo Caixal, y quiso que su Instituto se mantuviera siempre en comunión con la Iglesia universal, porque estaba convencido que de ella dependía la eficacia de su actividad apostólica.

6. El fundador, desde el principio, creó una asociación católica, que llamó "Camareros (ayudante de camara) de la Sagrada Familia", como una tercera orden, para llevar el evangelio de Nazaret al mundo: más concretamente, para hacer de cada familia un hogar según el modelo de Nazaret y asegurar la participación de los laicos, sobre de los padres y madres de familia, en la misión del Instituto.

En resumen, san José Manyanet quiso que en el Instituto, en su familia religiosa, inspirada en la Sagrada Familia, todo sea para las familias pero con la ayuda de las mismas familias.

Hijos de la Sagrada Familia, Jesús, María y José, ¿por qué?, por José María Blanquet, S.F.

San José Manyanet nos llamó Hijos de la Sagrada Familia, Jesús, María y José ya desde los albores de la fundación. El texto del primitivo Reglamento, de la fórmula de profesión religiosa que usó el Fundador y los primeros religiosos, y de las Constituciones y Reglas, lo tienen así formulado.

Él escribió que "por nuestra vocación somos llamados Hijos de la Sagrada Familia". ¿Qué fue primero la vocación o el título? Puede asegurarse que una y otro nacieron simultáneamente en la oración y contemplación del misterio de la vida de la Sagrada Familia de Nazaret y en la constatación de la situación social de su tiempo.

"Los patronos de nuestra congregación son nuestros Padres, Jesús, María y José, augusta Trinidad de la tierra, dada por el Padre celestial a los hombres como perfectísimo modelo. Téngala nuestros religiosos singularísimo afecto, procuren imitar fielmente sus virtudes y trabajen con celo para propagar su culto y devoción" (Suma 2).

La Sagrada Familia, Jesús, María y José, son nuestros Padres y, por consiguiente, nosotros somos sus Hijos —Hijos de la Sagrada Familia, Jesús, María y José— y Ellos son el modelo dado por Dios a todas las familias de la tierra. Debemos honrarla porque somo hijos; imitarla para hacer proféticamente presente su estilo de vida; y propagar su culto para que las familias vivan su vocación y misión según el plan de Dios revelado a la Sagrada Familia de Nazaret.

La decisión de colocar el Instituto bajo el patrocinio de la Sagrada Familia fue fruto de la gracia de Dios, pues aunque en Francia, Bélgica e Italia existían ya movimientos en favor de la devoción a la Sagrada Familia, en España no los había por lo menos de importancia.

El nuestro es el segundo Instituto masculino que nace en la España del siglo XIX, después de los Misioneros del Inmaculado Corazón de María, de san Antonio María Claret, y no resulta en los años de preparación de la fundación ninguna conexión ni con el P. Francoz de Lión, ni con los Redentoristas de Lieja, ni con el canónigo de Bolonia, Serafino Giorgi, que son los pioneros de la devoción a la Sagrada Familia en Europa.

Las raíces espirituales del carisma nazareno de san José Manyanet hay que buscarlo en su particular devoción a la Virgen de Valldeflors, patrona de su ciudad, que aparece con el niño Jesús en sus brazos, y a la que fue consagrado en la infancia por su madre, recibiendo la gracia de su aparición, y en su especial devoción a san José, ya sea porque llevaba su nombre —José Joaquín, se llamaba—, ya sea porque había aprendido a amarle al lado del obispo José Caixal, que era un gran devoto josefino.

El salto no fue difícil, sobre todo a través de san José, cuyas prerrogativas de esposo de la Virgen María y Padre de Jesús, lo vinculan necesariamente al Hogar de Nazaret. Ambos —María y José— le introdujeron en la intimidad de la Casa de Nazaret y allí fijó su residencia.

San José Manyanet puso, pues, el Instituto bajo el patrocinio de la Sagrada Familia para que reprodujese y actualizase en el tiempo el misterio de su vida, imitase sus virtudes y tradujese sus valores y los propagase a todos los hogares, ya que encierra un designio de salvación de Dios para la Iglesia y para la sociedad.

Manyanet identifica en Nazaret a la primera comunidad cristiana, la primera comunidad religiosa y la primera iglesia doméstica. Gracias al don de la filiación nazarena, habla siempre de la Sagrada Familia como de "nuestros santísimos Padres" y lo hace con un lenguaje tan familiar y enternecedor que revela el grado de intimidad que había alcanzado. Toda su vida y acción llevan ese sello.

San José Manyanet y Antonio Gaudí, dos santos y un gran sueño, por Sergio Cimignoli, S.F.

Entre las ciudades europeas, Barcelona es moderna y dinámica. Los reclamos son muchos y de todo tipo. Pero, sin duda, en los últimos años, el principal ha sido el arte de Antonio Gaudí.

Gaudí es el único arquitecto moderno que recibe cada año el reconocimiento de más de dos millones de visitantes. Todos quedan encantados por la originalidad y actualidad de un artista genial, audaz, revolucionario... un "enamorado" de la belleza.

Gaudí no pertenece a un movimiento arquitectónico; único en su género, experimentó soluciones nuevas, nunca antes intentadas.

Más allá del esplendor, la originalidad y la belleza de las obras y proyectos de Gaudí, está la extraordinaria riqueza de su persona y de su fe. El fue un cristiano ejemplar y vivió la fe como fundamento de su vida y su trabajo. Incluso el principio que le guiaba en sus opciones artísticas derivaba de la fe.

Se consideraba un "imitador", no un creador de formas, porque el único creador es Dios. Gaudí, decía: "El hombre continúa la creación con su trabajo. Dios continua la creación a través del hombre".

Un encuentro providencial

Cuando el 3 de noviembre de 1883, su fe y su genio artístico se encontraron con la idea de otro "santo", también su vida y sus intereses cambiaron y poco a poco renunció a todo, fama y dinero, para dedicarse completamente al proyecto y la construcción del Templo expiatorio de la Sagrada Familia, poniéndose totalmente al servicio de un cliente "que no tiene prisa".

La idea era de José Manyanet, un sacerdote con una visión y con unos proyectos igualmente geniales, arriesgados y proféticos. Su sueño era construir una sociedad nueva a través de la familia y proponiendo a la Sagrada Familia como modelo: "Hacer del mundo una familia, de cada familia un Nazaret". Era todavía joven pero ya había decidido dedicar su vida a la realización de su sueño, hasta le punto de proponer la construcción de un símbolo visible de su proyecto.

El 24 de junio de 1869 manifestó su idea en una carta dirigida a D. José Caixal, su obispo de la diócesis de Urgell. Al final de la carta hay una apostilla, escrita por el mismo José Manyanet cuando la construcción del templo se había iniciado: "Nota. Este pensamiento lo comuniqué más tarde al Sr. D. Jose Bocabella (a) Viuda Pla, de Barcelona, quien lo inició en El Propagador de la Devoción a San José, dando todo esto pie al levantamiento del famoso templo de la Sagrada Familia".

Hubo un momento en que se intentó que fuese el propio Manyanet el que se hiciera cargo de la animación del templo, pero él estaba demasiado ocupado en la fundación de sus congregaciones religiosas y no le fue posible aceptar, pero en cualquier caso permaneció fiel a su compromiso de sostener, con la oración y la entrega de donativos, su idea.

El mismo Gaudí, más de una vez, en su sencillez y humildad, admitió sentirse apoyado por personas desconocidas: "Nadie puede gloriarse —dijo una vez— porque todo esto es don de Dios; a menudo Él se sirve de cualquiera... A veces creemos que nos toca a nosotros la gloria de aquello que es bueno y los meritos que cada uno de nosotros, con su talento, se ha ganado realizando algo importante; cuando en realidad, se debe a un alma desconocida que reza por el éxito de una persona más conocida".

Muchos patrocinadores se han ofrecido para acelerar los trabajos, pero no obstante las presiones tan atractivas, han sido rechazados. El Padre Manyanet y Gaudí quisieron que se edificase solo y exclusivamente con la caridad, las limosnas del pueblo. "En la Sagrada Familia —dice Gaudí— todo es fruto de la Providencia, incluso mi participación como arquitecto". Y para decirlo con pocas palabras, añadía: "Este templo lo acabará San José".

Cuando en 1915 los fondos para la construcción del templo escaseaban, se hizo él mismo pobre, llegando a pedir limosna entre la rica burguesía de Barcelona para continuar la obra. Florecieron así las anécdotas y leyendas acerca de un hombre que había renunciado al dinero y a la fama, por una empresa que muchos consideraban imposible.

Originalidad y simplicidad de la naturaleza y de Nazaret

José Manyanet y Antonio Gaudí estaban guiados, en sus proyectos, por la misma idea madre.

Gaudí creía que su responsabilidad era unir con un "hilo de oro" la creación de Dios, la naturaleza con la arquitectura. Buscaba las soluciones en la naturaleza y las transfería a la arquitectura. Decía: "Mi maestro es el árbol del jardín que está frente a mi ventana".

Estaba convencido de que "la originalidad consiste en la vuelta a los orígenes; original es, por lo tanto, aquello que con medios nuevos permite volver a la simplicidad de las soluciones primeras".

Manyanet decía:

"Volvamos a la simplicidad de Nazaret donde todo tuvo su inicio. Vayamos cada día a Nazaret, porque ellos, Jesús, María y José, son nuestros maestros; tomemos de ellos los secretos para la reconstrucción de la familia, de la Iglesia y de una nueva sociedad, con medios y mentalidad nueva. Atemos con un 'hilo de oro' la experiencia de aquella extraordinaria Familia a la vida de las familias de hoy, para transmitir las bases sólidas que crean relaciones sanas y educativas".

Ambos estaban fascinados por el misterio de la Encarnación. Gaudí, al inicio del siglo XX, trabajaba en la edificación de la fachada del Nacimiento, la única de las tres que ha sido construida bajo su dirección. Quiso comenzar con la fachada dedicada a la Encarnación, "porque los misterios de la infancia de Jesús son aquellos que hablan más directamente al corazón del pueblo".

También José Manyanet estaba convencido de que el camino más cercano al corazón de la gente, para la edificación de las buenas familias, debe partir de nuevo desde Nazaret.

Gaudí, según el decir de aquellos que le conocieron, era un "santo" muy humilde, muy religioso. Mientras construía la Sagrada Familia, la Sagrada Familia, le construía a él espiritualmente.

"Ve, repara mi casa"

Manyanet se identifica con el discípulo que cada día aprende algo nuevo del misterio de Nazaret. También para él se trata de acercase a Nazaret para dejarse transformar por la Sagrada Familia.

Ambos, como Francisco de Asís, amantes de la sencillez, poseían un espíritu extraordinario de pobreza y también a ellos el Señor les dice: "Ve, repara mi casa".

Gaudí responde a este mandato construyendo un templo con piedras que hablan: "Uno ve las piedras de la Sagrada Familia y es evangelio puro. La Sagrada Familia es un libro para todo el mundo, para quien tiene fe y para quien sabe leer con el corazón y con la mente".

Por esto la arquitectura de Gaudí la comprenden mejor los niños que los arquitectos, porque los niños no tienen prejuicios, conservan todavía la inocencia. Ven una cosa que es agradable porque se asemeja a la naturaleza, y la naturaleza es placentera.

El cardenal Pietro Palazzini, prefecto de la congregación para las Causas de los Santos cuando José Manyanet fue proclamado beato, tuvo la responsabilidad de examinar los documentos y los testimonios referidos a su persona y a su obra. De todo esto se formó una opinión personal: "Por los estudios hechos sobre Manyanet y por los escritos de los testimonios, yo le considero como un nuevo san Francisco de Asís, a quien un día Jesús dijo: 'Ve, repara mi casa".

La casa para reparar de la cual había sido encargado era la familia, entonces muy amenazada en España y en algunos lugares de Europa. Y esto porque, como dice san Pablo, el carisma de los fundadores no les es concedido a título personal, sino "en vista del bien común" (1 Cor 2,11).

Si cada fundador tiene una misión, el cielo encomendó a Manyanet el cuidado de la iglesia doméstica, la familia, y ella fue el objeto primordial de sus preocupaciones pastorales.

Dos iniciativas con futuro

Les une también una última coincidencia no menos importante. Manyanet a los 31 años renunció a una carrera eclesiástica brillante para dedicarse al carisma que el cielo le confiaba y que le ocasionó tantas lágrimas y sudores.

Gaudí a los 31 años, ya un artista con futuro, recibió el encargo de construir el templo de la Sagrada Familia. Trabajó en él durante 43 años. A partir de 1910 renunció a cualquier otro encargo, para dedicarse exclusivamente al templo.

En el último año de su vida eligió vivir en el templo, como hacían los antiguos artistas y artesanos. El sabía que no podía unir su nombre a la obra acabada: "No quisiera yo terminar los trabajos, porque no sería conveniente. Es necesario conservar siempre el espíritu del monumento, pero su vida debe depender de las generaciones que se lo transmitan y con las cuales la Iglesia vive y se encarna".

Gaudí fue sepultado en la cripta, pero su genio de "artista total" está tan vivo y presente que visitando su obra de arte, en construcción, parece que uno se encuentra en una cantera de las catedrales de la Edad Media. El espíritu y el fervor de las obras es aquél..., solo que los andamios y las estructuras precarias de antes han sido sustituidos por grúas imponentes, ascensores, técnicas de trabajo vanguardistas, arquitectos, ingenieros, y trabajadores con cascos brillantes. Pero algunos jarrones de flores, bien cuidados, cercanos a los talleres de los trabajadores del templo, nos remiten a la idea de la belleza de la naturaleza, de la cual han sido "robadas" las figuras arquitectónicas más audaces del templo.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Pedagogía familiar, Sergio Cimignoli, S.F.

La pedagogía de José Manyanet tiene un nombre significativo: pedagogía familiar. No solo porque en sus escuelas se respira un clima de acogida familiar, sino porque implica, en la realización de su proyecto a una gran familia, toda la familia.

Los padres, primeros y principales educadores

Implica a las familias, porque son el ámbito natural del crecimiento y la educación de los hijos:

"La naturaleza misma indica que los primeros y principales educadores de los pequeños deben ser los padres. Los hijos tienen tendencia a imitarles incluso en las imperfecciones. De esto se deduce el cuidado atento y la solicitud continua que deben tener los padres por una buena y cristiana educación de los hijos".

Los padres sigan y dirijan a los hijos sin renunciar nunca a su deber de autoridad que anima a esforzarse y a vencer la pereza, sabe ir contra corriente y, cuando es necesario, corrige:

"Es importante que los hijos vean en nosotros decisión y convicción en la transmisión de los valores en los que creemos. Los padres no se desanimen frente a las dificultades de un hijo que no quiere aceptar los consejos y avisos. Tengan confianza en Dios y confíen que el tarde o temprano hará fructuosos sus esfuerzos".

José Manyanet sabe que las madres tienen un papel decisivo en la educación:

"Madres educad a vuestros hijos. Este alimento espiritual es tan importante para vosotras y para vuestros hijos como el físico. ¡Oh madres! Educad vosotras mismas a vuestros hijos, durante el mayor tiempo posible".

Aquello que se recibe en la infancia, cuando no se tiene pleno conocimiento con la mente pero el corazón ya es capaz de asimilar, incide de un modo significativo en toda la vida, por ello los padres, "deberían comenzar la enseñanza justo cuando los niños aprenden a repetir las primeras palabras, sobre todo las madres mientras les visten y desnudan. Es entonces cuando se incide más en sus tiernas mentes y en sus cándidos corazones las cosas que se les dicen y enseñan. No solo, sino que permanecerá en ellos la persuasión de la bondad y necesidad de aquellas cosas relacionándolas con el hecho de que quien se las comunicaba en aquel momento les amaba mucho y les acariciaba".

Los padres no pueden delegar enteramente la educación a la escuela. No es suficiente enviar a los hijos a la escuela:

"Después de los padres, vienen en este campo los sacerdotes y los maestros. Nótese que decimos 'después de los padres', para que estos comprendan que no están dispensados de sus obligaciones por el simple hecho de enviar a sus hijos al catecismo parroquial o a la escuela, sino que, además de la enseñanza impartida en casa por ellos, deben reconocer con solicitud sincera, si realmente asisten a la explicación hecha por el sacerdote, su frecuentan puntual y constantemente la escuela".

José Manyanet subraya a menudo que su obra nace como una ayuda para la familia, no para sustituirla. Ya en sus apuntes, que explican los objetivos del primer colegio abierto en Barcelona, escribe:

"Una instrucción sólidamente religiosa y una educación paternal, fina y esmerada, acompañada de una vigilancia nunca interrumpida, sin las más firmes garantías que podemos ofrecer a los padres que deseen educar a sus hijos según los principios de la fe y de la moral católicas".

Por lo tanto, los primeros educadores de los hijos son los padres, por eso las escuelas fundadas por José Manyanet prevén la escuela de padres, para que ellos, siendo buenos esposos, puedan cumplir de la mejor manera sus responsabilidad educativa.

Implica a la Sagrada Familia

Ella es el modelo para imitar. Nazaret es la escuela predilecta de José Manyanet y querría que fuese una escuela para todos.

La Sagrada Familia es la fuente de su inspiración. Contemplando la casa de Nazaret donde Jesús crece en sabiduría, edad y gracia, acompañado por María y José, Manyanet encuentra la clave para toda educación plenamente humana: el amor incondicional y total por los niños y los jóvenes.

Sus escuelas deberán inspirarse y serán un compendio de Nazaret: familia, donde se modela a la persona en todas sus dimensiones; taller, donde se trabaja y se crea; escuela, donde se ofrece a los niños una síntesis de fe, cultura y vida.

Implica a la familia de los hijos de Dios: 
la Iglesia, familia de familias

Josep Manyanet amó a la Iglesia y buscó entusiasmar a los jóvenes para que vivieran felices su pertenencia a esta gran familia.

Implica a la familia de Dios: 
la Trinidad, de la cual proviene la idea de familia

Dios es el eterno educador del hombre. "Nosotros como educadores somos colaboradores de Dios". Él ha puesto en el hombre una profunda nostalgia de Sí, por lo que el corazón del hombre está inquieto hasta que no se llene de la presencia de Dios. Esta intuición de san Agustín, Manyanet la explica con una imagen original:

"Dios quiere principalmente el corazón del hombre al que creó para que lo amara, y en este amor no admite ninguna competencia. Como la aguja magnetizada de la brújula tiembla y no se para hasta que no encuentra el norte, que es su centro, así el corazón del hombre vive inquieto y agitado mientras va a la búsqueda de otras cosas fuera de Dios, que debe ser siempre y en todo su último fin".

Cuando Dios está en el centro del corazón del hombre, él es capaz de cultivar la buenas relaciones con los otros.

Dios ha puesto en el ánimo del hombre y en su mente una profunda sed de verdad y una llamada fuerte al conocimiento, pero "considérese que las ciencias no pueden encontrar la unidad sino en el seno de una idea superior, la idea de Dios. La ciencia de Dios es la idea madre que dirige, coordina y vivifica todas las otras".

El testimonio de su santidad

La fama de santidad que le distinguió en vida, se extendió por muchas partes. Por lo que, introducida la Causa de Canonización en 1956, reconocida la heroicidad de sus virtudes en 1982 y aprobado un milagro debido a su intercesión, fue declarado Beato por Juan Pablo II en 1984.

Veinte años más tarde, reconocido un nuevo milagro obrado por su intercesión, Juan Pablo II lo inscribió en el albo de los santos el día 16 de mayo de 2004.

La santidad de José Manyanet, como afirmó Juan Pablo II, tiene su origen en la Sagrada Familia. Fue llamado por Dios "para que en su nombre sean bendecidas todas las familias del mundo".

El Espíritu forjó su personalidad para que anunciara con valentía el "Evangelio de la familia". Su gran aspiración era que "todas las familias imiten y bendigan a la Sagrada Familia de Nazaret"; por ello, quiso hacer un Nazaret en cada hogar, una "Santa Familia" de cada familia.

La canonización del Beato José Manyanet ha sancionado no solo la santidad, sino también la actualidad de su mensaje nazareno familiar. Es, por eso, el profeta de la familia, el protector de las familias.

Fuente: José Manyanet Santo, Memoria de la Canonización, Barcelona 2006.

La familia debe sentirse llamada al apostolado, Card. Antonio M. Javierre.

"La familia cristiana, según la enseñanza constante de Manyanet, debe sentirse llamada al apostolado. Repugna la cerrazón en el gozo egoístico de los dones recibidos. Es necesario hacer partícipes con generosidad a las familias hermanas. Él (Padre Manyanet) no ahorró esfuerzos para promover la apertura apostólica, tanto de los bautizados como de las nuevas familias, susceptibles de ser células dinámicas portadoras de nuevas y saludables energías vitales a la sociedad y a la Iglesia. Para ello propuso imitar a la Sagrada Familia de Nazaret con su vida tan discreta como fecunda. El ideal nazareno alcanzó el vértice en las familias religiosas por él fundadas para que fuesen signo viviente de la Sagrada Familia.

De las dos dimensiones del apostolado —predicación del mensaje evangélico y testimonio personal del mensajero— ésta última es, sin duda, la más actual dada la preferencia hoy concedida a los testigos por encima de la reservada a los maestros. Y ha llegado a ser la más eficaz por el hecho que la amabilidad de la vida hecha palabra empuja a la emulación y porque confirma que sólo el amor es creíble.

Texto extraído de la homilía del cardenal Antonio M. Javierre durante el triduo de preparación a la canonización de José Manyanet (2004).

Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la canonización. Barcelona 2006.


La familia en el pensamiento de José Manyanet, por Josep Roca, S.F.

En la lectura atenta del evangelio, sobre todo contemplando los años de vida familiar de Jesús, María y José, José Manyanet encontró la perla preciosa de su vida.

En Nazaret descubrió el hogar de la santa familia, el templo donde habitaba el Hijo de Dios entre nosotros y la escuela del Evangelio. En su visita espiritual a Nazaret profundizaba en el misterio del amor de Dios que se revela en la sencillez de la vida cotidiana.

De esta contemplación, que recomendó a sus hijos e hijas espirituales, manaba una fuente de agua clara que saciaba la sed de su corazón y lo movía a encarnar este misterio en su vida y en su apostolado.

De sus escritos, sobre todo de las obras principales:

La Escuela de Nazaret y Casa de la Sagrada Familia (1895),
El Espíritu de la Sagrada Familia (1897),
Preciosa Joya de Familia (1899),

y de su abundante correspondencia se puede extraer como un cuerpo doctrinal, que podríamos resumir en esta especie de decálogo:

1. La familia proviene de Dios
Dios, que en su interior conforma entre las personas divinas la familia trinitaria, en el principio creó hombre y mujer a su imagen y semejanza y los llamó a formar familia.

2. El matrimonio tiene un carácter sagrado
El matrimonio es el origen de la familia. Cristo dice que así lo estableció Dios desde el principio. No es, por tanto, un simple invento de los hombres. Por esto es necesario prepararse bien para recibirlo y defender su dignidad.

3. El matrimonio cristiano es un sacramento
Cristo elevó la unión del hombre y la mujer a la dignidad de sacramento, es decir, de signo de la vida de Cristo en unión con su cuerpo que es la Iglesia.

Dios celebra las bodas de la humanidad a través de la encarnación que se sella en la cruz, en la que nace la nueva humanidad del costado de Cristo. El matrimonio expresa de una forma sacramental este misterio: "Este misterio es grande: yo entiendo que se refiere a Cristo y a la Iglesia" (Ef 5,32).

4. El fruto más valioso del matrimonio son los hijos
La vida viene de Dios pero se transmite de generación en generación con la colaboración de los padres. Los hijos son el mejor regalo que Dios puede hacerles y tienen que acogerlos con alegría, por encima de cualquier otro motivo o interés. Su primera responsabilidad es educarlos y acompañarlos hacia la plenitud humana.

5. El matrimonio tiene sus reglas de juego y sus deberes
Los esposos deben aceptarse con júbilo, respetarse, dialogar, tener confianza mutua. Deben complacerse y compartir las alegrías y las tristezas.

6. El amor es el gran valor que da calidad a la vida matrimonial y familiar
El amor viene de Dios y la familia es una depositaria calificada de ese amor. Tiene que recibirlo y cultivarlo con cuidado. El amor tiene que ser de palabra y de corazón, pero sobre todo, de obra.

7. Las manifestaciones del amor
Las manifestaciones del amor son la aceptación mutua y, en consecuencia, la paz y la concordia familiar
La paz y la armonía de los padres entre ellos y con los hijos es fundamental y la condición para la felicidad familiar y para la edificación de la sociedad.

8. En la familia los padres son como sacerdotes
La paternidad es como un sacerdocio; y así como es propio del sacerdote exhortar, predicar y orar, igualmente los padres de familia, en su casa, tienen que ser celosos, vigilantes y constantes, aunque prudentes predicadores, con la palabra y el buen ejemplo.

9. La familia es la célula primera de la sociedad
La buena salud de la familia repercute directamente en la buena armonía y funcionamiento de la sociedad. En cambio, de una familia enferma, del desorden y de los antagonismos familiares provienen individuos débiles y conflictivos que exigen costosos recursos de rehabilitación.

10. El icono de la Sagrada Familia, Trinidad de la tierra, es una imagen de la familia querida por Dios
La contemplación de la familia de Nazaret nos introduce en el misterio de la vida trinitaria. Los padres y los hijos encuentran en ella el modelo de su vida familiar y una ayuda permanente para conseguirlo.

Fuente: San José Mañanet, profeta de la familia, por Josep Roca, S.F. (2007).

Familias como iglesias domésticas, por Josep Roca, S.F.

El objetivo apostólico de José Manyanet y de sus institutos es configurar las familias según el modelo de Nazaret "que el Padre Eterno, por su bondad infinita, se dignó presentar a los hombres como el modelo más perfecto para todos los estados, edades y condiciones".

Esto significa ayudar a las familias a ser verdadera "iglesias domésticas". Los padres de familia, dentro del hogar, son como los sacerdotes y tienen que exhortar a todos los miembros, predicar y dirigir la oración familiar.

"La paternidad —comenta— es como un sacerdocio". El papa Pío IX, al proclamar a san José protector de la Iglesia, lo hacía porque era el custodio y padre de la familia de Nazaret. Juan Pablo II ha reconocido en la Sagrada Familia la originaria "iglesia doméstica".

Si la casa de Nazaret fue la cuna de la Iglesia, cada familia puede llegar a ser un verdadero santuario del amor y de la vida, imitando el ejemplo de Jesús, el hermano primogénito que vivió obediente a sus padres y nos amó "hasta el extremo", de María, la madre de la Iglesia, la nueva familia de los hijos de Dios, y de José, el esposo de María y protector de los dos seres más amados del Padre del cielo.

Fuente: San José Manyanet, profeta de la familia, por Josep Roca, S.F. (2007).

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Aprendiendo a amar a Dios y a los demás, por M. Edith Gutiérrez, M.N.

“El ejemplo de José Manyanet nos da una confianza inquebrantable en la fe y nos anima a construir una sociedad más justa y fraterna. José Manyanet estaba profundamente convencido de que la vida cristiana entraña una misión y un apostolado: ser familia al estilo de la Familia de Nazaret.

Amó apasionadamente a las familias, con un amor redentor. Su mensaje tiene numerosas implicaciones fecundas para la misión evangelizadora de la Iglesia: aprender a amar a Dios y a los demás “desde dentro”, desde el cariño y la entrega de unos padres, primeros maestros de vida; fomentar la promoción personal para transformar el mundo como sueña Dios, educar desde la inteligencia y el corazón para hacer personas libres, buenas y comprometidas. Este sacerdote santo enseñó que Cristo debe ser la cumbre de toda actividad humana y que siempre está con nosotros. Su mensaje nos impulsa a actuar en lugares donde se está forjando el futuro de la sociedad.

Texto extraído de la presentación del acto de acogida por parte de los superiores generales a los peregrinos que fueron a la canonización de José Manyanet. Auditorium Pio, Roma 2004.

Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.


Un santo para nuestros días, Mons. Felipe González, obispo de Tenerife


Hoy la iglesia diocesana da gracias a Dios por el Padre Manyanet, por san José Manyanet y Vives. Un santo catalán, español. Fundador de dos congregaciones religiosas: los Hijos de la Sagrada Familia y las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret.

El Padre Manyanet vivió una vida extraordinaria en lo ordinario. Descubrió la grandeza de la vida cotidiana transcurrida en la humildad y en el silencio construyendo con constancia y sin ruido, día a día, un mundo nuevo, desde el calor del corazón y cooperando siempre con el Señor. Es esta compañía y sostén del Señor lo que ha hecho que el camino de la vida de san José Manyanet fuese bueno y feliz, aunque no siempre fácil.

El secreto de su alta y profunda espiritualidad es de una simplicidad que desarma, al alcance de todos: entrar cada día en la casa de Nazaret, para construir un “Nazaret” en nuestras vidas. “Volvamos a la simplicidad de Nazaret —afirmaba él—, donde todo tuvo inicio. Vayamos cada día a Nazaret porque ellos, Jesús, María y José, son nuestros maestros; tomemos de ellos los secretos para la reconstrucción de la familia, de la Iglesia y de una nueva sociedad, con medios y mentalidad nueva. Atemos con un “hilo de oro” la experiencia de aquella extraordinaria Familia a la vida de las familias de hoy, para transmitir las bases sólidas que crean relaciones sanas y educativas”, san José Manyanet.

Es el mismo Papa, Juan Pablo II, quien en su homilía de canonización nos presenta, desde esta perspectiva, la figura del Padre Manyanet: “Desde el principio el Paráclito ha suscitado hombres y mujeres que han recordado y difundido la verdad revelada por Jesús. Uno de estos fue san José Manyanet, verdadero apóstol de la familia, inspirándose en la escuela de Nazaret realizó su proyecto de santidad personal y se dedicó, con entrega heroica, a la misión que el Espíritu le confiaba. Para ello fundó dos congregaciones religiosas. Un símbolo visible de su anhelo apostólico es también el Templo de la Sagrada Familia de Barcelona”, Juan Pablo II homilía de la canonización, 16 de mayo 2004.

San José Manyanet, al haber recibido el don de trabajar por las familias, se ha convertido en un santo moderno, un santo para nuestros días. Posiblemente, ni siquiera él mismo se dio cuenta de la riqueza del carisma que había recibido y ha dejado en la Iglesia. Ha sido de hecho un profeta de la Buena Noticia de la familia y de la pastoral familiar. Pastoral familiar, por cierto, tan actual y necesaria hoy cuando se dan tantas y tan graves agresiones a la familia, provenientes de grupos mediáticos, culturales y hasta políticos.

¡Cuán necesario y cuán actual es el carisma que el Padre Manyanet ha recibido del Señor y ha dejado a su Iglesia!

Notemos que san José Manyanet, un santo reconocido por la Iglesia, no es sólo un ejemplo de vida para cada uno de nosotros, ni sólo el impulsor de nuestra atención pastoral a las familias, sino que es también presentado por la Iglesia como amigo e intercesor a favor de las familias.

San José Manyanet forma parte de una nueva generación de santos, obedientes a Dios y encarnados en la situación cotidiana de nuestros días. Es “un nuevo género de santos” que invita también a ser santos como ellos, contando ahora con su ayuda e intercesión.

Casi podríamos resumir todo lo referente a san José Manyanet diciendo que en el fondo sólo tuvo un sueño: robar a Nazaret el secreto de la Santa Familia, Jesús, María y José, para darlo a las familias y así cambiar la sociedad, por medio de la educación de niños y jóvenes. Es un sueño que nos deja, para que también nosotros, como él, prosigamos e intentemos realizarlo, sabiendo que ahora tenemos un intercesor más en favor de este sueño y de todas las familias (...)

Pidamos sabiduría para experimentar que Dios es amor, que Dios es familia, que Dios es idilio trinitario. En todos nosotros está impresa la huella de la entrega y de la fidelidad de Dios. El Padre Manyanet la descubrió y es santo. El Espíritu Santo nos ha revelado no sólo un misterio extraordinario, sino que nos ha desvelado el propio ser de Dios y el sentido último de las cosas. Misterio de amor, de entrega, que requiere en nosotros amor y entrega definitivas.

HOMILIA DE MONS. FELIPE GONZÁLEZ, Obispo de Tenerife, España.
Misa de acción de gracias por la canonización de san José Manyanet

Preciosa Joya de Familia (1899): Libro dedicado a las familias, por Sergio Cimignoli, S.F.

El libro dedicado a las familias es Preciosa joya de familia, que tiene un subtítulo significativo: Manojito de saludables instrucciones dirigidas a los padres de familia para vivir ellos en santa paz y saber educar a los hijos según la doctrina y ejemplos de la Santa Casa de Nazaret.

Como era habitual en aquel tiempo, el libro está lleno de sugerencias prácticas (incluso demasiadas). Pero sus indicaciones no son las habituales que encontramos en los manuales escritos por sus contemporáneos. José Manyanet tiene su propia originalidad.

Baste pensar que, para ser todavía más cercano a la vida ordinaria de las familias, escribe parte del libro en castellano y en catalán, la lengua más familiar que se hablaba en las casas de sus lectores.

Ademas se muestra como un profundo conocedor de las situaciones reales que se vivían en la familia. La claridad y la pasión con las que se dirige a las familias dan a entender cuánto las quería y cuánto se sentía cercano a ellas.

San José Manyanet y la escuela de Jesús de Nazaret, Mons. Luigi Moretti

“Mirando la vida, obras y enseñanzas que José Manyanet ha realizado en su vida, captamos en seguida que para hacerse discípulo de Jesús ha querido ponerse en su escuela, no mientras Jesús va por los caminos de Palestina haciendo milagros, proclamando enseñanzas que turban a algunos, entusiasman a otros, y que, en definitiva, marcan las conciencias de todos, sino que ha escogido ponerse en la escuela de Jesús de Nazaret para tratar de comprender, de ver, de recoger la enseñanza de Jesús que durante 30 años vive una vida normalísima en Nazaret, junto a María y José.

José Manyanet ha contemplado la obra de Dios, la revelación del misterio grande del amor de Dios en aquellas tres personas que han vivido la experiencia profunda del amor de Dios. A Jesús, el Hijo de Dios, que es la misma revelación del amor del Padre, y, al mismo tiempo, a María y a José que, por su profunda unidad con el Hijo de Dios, viven intensamente este amor (...)

Es importante que también nosotros, siguiendo el ejemplo de san José Manyanet, podamos ponernos todos, pequeños y grandes, en la escuela de Jesús para aprender de Él a amar (...)

¿Cuál es el lugar donde el Señor quiere que crezcamos en la capacidad de amar? ¿Cuál es el laboratorio, por así decir, donde se experimenta fuertemente, concretamente el amor? Es en la familia. Por esto hemos de dar gracias a Dios que nos ha dado un santo que nos ha ayudado a crecer en el amor mirando el ejemplo de la Sagrada Familia a fin de que nuestras familias puedan llegar a ser pequeñas iglesias domésticas (...)

Queridos amigos, de la enseñanza de san José Manyanet, yo diría que podemos recoger la invitación a llevar al Señor, como maestro de vida, en el interior de nuestras familias.

Texto estraído de la homilia de Mons. Luigi Moretti, durante la homilia en el segundo día del triduo de preparación para la canonización de José Manyanet (2004).

Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la canonización. Barcelona 2006.


Las visitas a Nazaret, Sergio Cimignoli, S.F.

José Manyanet quiso que sus comunidades religiosas, los Hijos de la Sagrada Familia y las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret, no solo llevasen el nombre, sino que estuvieran íntimamente ligadas a la experiencia de la Sagrada Familia sintiéndose una verdadera familia que, siguiendo el estilo de Nazaret, fuese una comunidad de vida, de amor, de oración y de trabajo.

Con una sugerencia muy simple, y siempre actual, José Manyanet invita a realizar una breve visita a Nazaret una o más veces al día. Esto servirá para alimentar el amor de amigos tan especiales y para acoger sus enseñanzas. A su hija espiritual, sor Encarnación Colomina, recomendaba:

"Entra varias veces al día en la pequeña casa de Nazaret y, aunque sea brevemente, saluda y entretente con afecto y sumisión en compañía de Jesús, María y José. Las otras devociones si puedes mantenerlas sin demasiado esfuerzo, manténlas; si no, déjalas sin ningún escrúpulo".

En el libro La Escuela de Nazaret y Casa de la Sagrada Familia recoge 43 visitas realizadas en la pequeña casa de Nazaret. Él se identifica con Desideria usando el lenguaje de los enamorados que sienten el deseo de encontrarse con frecuencia y de permanecer siempre juntos.

Quien siga esta sugerencia compartirá con José Manyanet la alegría de permanecer y descansar un momento en Nazaret para escuchar aquel silencio que habla y recuerda a un Dios humilde y enamorado de la humanidad.

Lo encontrará encarnado allí donde está presente, en cada hombre; no lo buscará en las nubes. Le parecerá volver a escuchar su voz hoy. Lo ayudará a hacerse hijo, discípulo y apóstol de la Sagrada Familia, lleno de nueva sabiduría y nuevo coraje.

martes, 3 de septiembre de 2013

Enamorado de la familia, por Card. Ricard Maria Carles

"En el nuevo santo, la Sagrada Familia de Nazaret nos ha hecho el regalo de un hombre que ha descubierto en Dios la verdad inalterable y universal, la raíz de todo avance y progreso, la fuente de la verdadera justicia y la esperanza de vida y de salvación.

Un hombre enamorado de la familia. La de Dios aquí en la tierra y la de las familias de todos los hombres. Consagrado a Dios en el sacerdocio ministerial y en la vida religiosa, buscador incansable de la verdad y belleza, hizo de su vida una dedicación absoluta a la educación como medio para llegar a la formación de familias cristianas.

Su pedagogía se fundamentó en la primacía de la fe como luz que desvela el sentido profundo de la realidad. Su metodología partió siempre del ejercicio de la caridad formando el corazón y la inteligencia de los niños y jóvenes.

El Padre Manyanet quiso que, desde los colegios y parroquias, los religiosos y religiosas, hijos e hijas de la Sagrada Familia y los seglares que colaboran con ellos, nacieran nuevas familias al abrigo de una profunda contemplación del misterio de Dios.

En el futuro san José Manyanet brilló siempre la esperanza de una sociedad mejor fundamentada en la unidad y el amor de la familia.

Texto extraído de las palabras de bienvenida del cardenal Ricard Maria Carles a los peregrinos de la canonización de José Manyanet, Roma 2004.

Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.


Profeta para las familias, por el Card. Ricard Maria Carles

El reconocimiento de la santidad de san José Manyanet no solo representa la presencia de un nuevo intercesor para las familias sino también un estilo de vida santa inspirado en la Sagrada Familia de Nazaret.

Con la inspiración del nuevo santo el gran arquitecto Antonio Gaudí hizo en Barcelona el proyecto de un gran templo en honor de la Sagrada Familia. Un gran templo que pienso que será la gran catedral de Europa del siglo XXI (...)

Creo que esta canonización es también un gran monumento a las familias, que ha querido dar a la Iglesia y al mundo, nuestro buen papa Juan Pablo II. Esta canonización la veo como una respuesta del Espíritu Santo a las necesidades actuales de la famila.

Por eso, os invito brevemente, iluminados por las lecturas de esta misa, a adentrarnos un poco en el mensaje del nuevo santo.

Un profeta para las familias

En cuanto a la primera lectura, pienso que es un profeta para las familias. El Padre Manyanet nos aparece ahora —elevado a los altares— como un nuevo Abraham, un patriarca y un abogado de la familia, una bendición para las familias de nuestra tierra y de todo el mundo.

José Manyanet vivió la verdadera vocación de Abraham. También nuestro santo escuchó en su conciencia la voz de Dios que le decía: “Vete de tu tierra y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré...”

Manyanet no tuvo que dejar patria, pero sí dejó una vida tranquila y serena, e incluso una prometedora carrera eclesiástica en su Tremp natal, y en su estimada diócesis de Urgel, en la que era un muy estimado colaborador del obispo José Caixal. Dejó esa vida que podía haber sido segura y con compensaciones humanas para afrontar un aventura: la de fundar dos congregaciones religiosas al servicio de la educación de la infancia y de la juventud.

Su trasladó a Barcelona y los primeros tiempos de ambas instituciones, le produjeron no pocos sinsabores, dudas, disgustos, sufrimientos físicos y morales...

Pero Dios fue fiel con Abraham y también lo ha sido con san José Manyanet. En él se ha cumplido —y ahora se cumple plenamente con su canonización— la promesa de Dios a Abraham: “Te bendeciré, engrandeceré tu nombre y será una bendición...” (...) Sois todos vosotros esta bendición de Dios a la Iglesia y al mundo por medio del nuevo santo, sobre todo los religiosos y religiosas de sus dos congregaciones, y las familias cristianas que amáis y crecéis cada día en vuestra vocación de ser santos en el matrimonio y la familia.

“En ti —dice Dios a Abraham— serán bendecidas todas las familias de la tierra” (...) Esto es también realidad en el Padre Manyanet: en él son bendecidas todas las familias de la tierra (...)

Manyanet, hombre de experiencia mística y de silencio interior

Manyanet fue también un hombre de experiencia mística y de vida interior, y con esto vuelvo a la segunda lectura. Esta misión no la improvisó san José Manyanet. Por eso al nuevo santo le podemos aplicar también las palabras de la segunda lectura.

El apóstol Juan tuvo una gran experiencia del misterio de Jesús (...): “Lo que existía en el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto... lo que contemplamos, lo que tocaron nuestras manos, lo que se manifestó y de lo que os damos testimonio”... El apóstol anuncia su experiencia, vivida en la cercanía del Señor y después nos dice que hemos de dar testimonio (...) Y yo bendigo a Dios porque vosotros y vosotras, los hijos religiosos de san José Manyanet vivís esa misma experiencia.

San José Manyanet vive una experiencia semejante a la de los apóstoles aunque la vive 19 siglos más tarde. El centro de su experiencia mística es también el Verbo encarnado pero en la vida oculta, en la vida de la Sagrada Familia de Nazaret.

Y de aquí arranca el que será su carisma, ahora oficialmente reconocido y propuesto de manera solemne a toda la Iglesia. De la contemplación de la vida de la Sagrada Familia, san José Manyanet extrajo un mensaje para todas las familias. Y lo plasmó en un lema que es una síntesis de toda su espiritualidad: “Un Nazaret en cada hogar”.

La Sagrada Familia de Nazaret fue el centro de su espiritualidad y de ahí arranca también su carisma: presentar el modelo de la Sagrada Familia a todas las familias, principalmente mediante educación e instrucción de los niños y de los jóvenes, con la colaboración de los padres y madres.

En la contemplación de la Sagrada Familia descubrió el designio de Dios sobre la familia, un designio que no cambia, porque no es obra de los hombres sino de Dios (...)

No he dicho nada del silencio interior, pero solo aludiré a su etapa de desierto, de san José Manyanet, al silencio de los que su hijos e hijas llamáis con toda razón: la meditación en “las largas noches oscuras” por las que tuvo que pasar a lo largo de su peregrinación terrenal. Pero como ha dicho un gran teólogo actual que a la vez es un místico, “cuando los místicos tuvieron conciencia de la noche del espíritu, es porque tenían conciencia del día esplendoroso del Espíritu”. Para quien no hubiera visto nunca un día, la noche le parecería lo habitual. Cuando ellos sufrían y se lamentaban, y ofrecían a Dios esa añoranza de la luz, es porque ya la habían conocido. Eso le pasaba a san José Manyanet.

Acabo con una reflexión sobre el evangelio que hemos escuchado. Por encima del parentesco de sangre, Jesús exalta el parentesco del Espíritu. “¿Quién es mi madre y mis hermanos?” “Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dice: Estos son mis hermanos y mi madre. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (...) Es la familia espiritual de Jesús. Es la Iglesia en ciernes. Eso buscó san José Manyanet. Demos gracias a Dios por habernos dado a san José Manyanet, este profeta y abogado de la familia. Él es maestro, abogado e intercesor de las familias cristianas.

Texto extraído de las palabras de la homilía del cardenal Ricard Maria Carles durante la misa de acción de gracias por la canonización de José Manyanet, Roma 2004.

Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.


Segunda mitad del siglo XIX: época de grandes luchas, por Sergio Cimignoli, S.F.

En España y en Europa se vivía una época de grandes luchas que llegaron a ser muy violentas contra la Iglesia y sus instituciones, hasta la supresión de las órdenes religiosas y la persecución abierta y cruenta contra sus representantes.

Entre otros le tocó también al obispo Caixal, que después de haber sido exiliado en varias ocasiones, murió en Roma en 1879.

En estas luchas de poder político entre carlistas y liberales, la Iglesia en España se encontró tristemente dividida. Sus hombres se decantarán unos de un lado y otros de otro.

Pero la lucha más fuerte en aquel momento fue en el plano ideológico. El objetivo era descristianizar la sociedad en España y Europa, empezando por lo que es el fundamento: la familia.

La cultura dominante de entonces buscaba desestabilizar a la familia haciendo pasar el mensaje de que la propuesta cristiana estaba superada, era obsoleta, anacrónica, oscurantista..., contraria al progreso de la ciencia y de la evolución social. Sólo una propuesta plenamente laica y secularizadora podía prometer derechos y dignidad en una sociedad nueva...

José Manyanet intuyó ya en la mitad del siglo XIX que nos estábamos jugando el futuro de la humanidad. Joven sacerdote, iluminado por el Espíritu, entendió aquello que se apunta en la Familiaris Consortio: "El futuro de la Iglesia y de la sociedad pasa a través de la familia".

Arriesgando la propia vida

Muchos cristianos no supieron responder más que con el silencio o acomodándose a la opinión reinante. Él en cambio no transigió, y hombre decidido como era, no tuvo miedo de arriesgar incluso la propia vida.

Se encontró en medio de dos revoluciones: la de 1868 mientras estaba en Tremp, y la de 1873, al poco tiempo de llegar a Barcelona.

En 1868 permaneció en su lugar, a pesar de ser perseguido, calumniado, y abiertamente amenazado de muerte: "Yo trabajaba por Dios, y estando Dios con nosotros, ¿quién contra nosotros?"

Fue justamente en este periodo cuando uno de los jóvenes más encarnizado contra él, en una pelea entre soldados, asesinó a un oficial del ejército. Fue detenido y encarcelado en espera de ser ejecutado. Él, sin titubeos, "arriesgando la vida, fue desde Tremp a la Seu d’Urgell, con el fin de obtener del gobernador de aquella ciudad la gracia en favor del condenado a muerte que, junto a otros tres compañeros, había sido su peor enemigo hasta el punto de estar dispuesto a atentar contra su vida".

El 11 de febrero de 1873, después de la revolución, fue proclamada en España la I República. Manyanet, "vestido de paisano y dejándose crecer la barba" se encontró paseando por las Ramblas. Un señor elegantemente vestido había convertido la popular arteria ciudadana en un Hyde Park londinense y hacía un verdadero mitin, en el cual la religión y la Iglesia no quedaban precisamente en buen lugar.

Manyanet reaccionó: "El padre, encendido de santo celo por su fe ultrajada, se abrió paso en medio de los oyentes y, llegando delante del impostor, osó contradecirlo en voz alta, demostrando al público oyente la falsedad de aquellas opiniones. La confutación fue hecha con tal energía y elocuencia, que aquel emisario de Satanás quedó mudo, incapaz de resistir a sus argumentos. Mientras el padre defendía así la verdad, se dio cuenta de que un individuo armado de pistola intentaba llegarse a él; pero la tentativa de agresión quedó sin efecto, porque el padre, sin saber cómo, se halló lejos de aquella muchedumbre y a salvo de sus enemigos".

Fuente: Josep Manyanet, desde Nazaret, un profeta para la familia, por Sergio Cimignoli, S.F.

Una familia para las familias

Los caminos de la educación y la familia lo llevaron primero a Tremp. Dios lo destinaba a fundar una congregación religiosa con dos ramas, masculina y femenina.

Con aprobación del obispo, el 1864 había empezado a congregar a los primeros compañeros y había empezado a configurar una comunidad religiosa con sus reglas y constituciones. El día 2 de febrero de 1870, fiesta de la Presentación del Niño Jesús en el templo, fue un día clave para José Manyanet. En la pequeña capilla del colegio San José, de Tremp, consagró su vida a Dios, junto a cuatro compañeros. Al carácter de sacerdote unió la condición de "religioso". Tomó el compromiso de vivir totalmente consagrado a su vocación de servir a la familia mediante la educación, encarnando radicalmente los consejos evangélicos.

Eligió esta fecha con mucho cuidado, porque en ella intervienen todos los miembros de la familia de Nazaret. El religioso o religiosa se presenta en el templo a hacer ofrenda de su vida en la consagración, tal como Jesús fue ofrendado por su familia humana: José y María.

Con este acto se convirtió en el fundador de los "Hijos de la Sagrada Familia". Unos años más tarde, el 12 de octubre de 1874, fundó en Talarn la rama femenina, hoy conocida con el nombre de "Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret".

Era "una familia para las familias", como dos ramas de un mismo árbol, que abarcaba a todos los miembros de la familia: ofrecía educación cristiana, según el modelo de la Familia de Nazaret y bajo su amparo, a los hijos e hijas, futuros padres y madres de una familia regenerada según el modelo querido por Dios.

Las dos congregaciones no tardaron en instalarse en Barcelona, especialmente en los barrios de inmigración y de gente trabajadora, y de extenderse a otros lugares del principado.

Hoy trabajan en escuelas, residencias, misiones y parroquías en diversos países de Europa, América y Africa.

Aquel riachuelo de alta montaña ahora fecunda numerosos hogares con las humildes aguas de Nazaret.

Fuente: San José Mañanet, profeta de la familia, por Josep Roca (2007).

1865, Montserrat: A los pies de la Moreneta

El lugar escogido por José Manyanet para erigir la primera casa del instituto de los Hijos de la Sagrada Familia fue Tremp, su pueblo natal.

Para adquirir la primera propiedad, Manyanet concedió amplias facultades a sus amigos Joaquín María de Sullà y Joaquín Mir, quienes actúan en su nombre.

En 1863, Manyanet se trasladó a Barcelona para tramitar el expediente de compra con una de las propietarias de la finca, Josefina Pouplana. Y volvió a regresar en 1865 para firmar la escritura de compra. Esta visita a Barcelona le ofreció la oportunidad de poner la obra del instituto a los pies de la Virgen de Montserrat. La peregrinación de Manyanet a Montserrat está relacionada con la familia Sullà.

De los tres hermanos Sullà, Ignacio María era abogado y sacerdote, vicario general de Lérida y protector del joven José cuando estudiaba filosofía; Joaquín María, casado, residía en Tremp y colaboró con Manyanet en los preparativos de la primera casa religiosa, y Ramón María, soltero, que era también abogado y residía en Barcelona, fue un verdadero gestor de José Manyanet. Ramón María había gestionado con la Sra. Josefa Pouplana la adquisición de la parte de ésta de la Casa Ferrer, de Tremp, finca urbana donde Manyanet ubica el primer colegio del instituto.

Con Ramón María vivía un sobrino, Ignacio María, de 17 años, hijo de su hermano Joaquín María, que estudiaba en la universidad. Cuando a primeros de marzo de 1865 murió Ramón María, el joven quedó solo y en período próximo de exámenes. José Manyanet que ya había sido autorizado por el obispo Caixal para trasladarse a Tremp, se ofreció para acompañar al joven Joaquín.

Manyanet llegó a Barcelona a finales de 1865. Apenas llegado, el joven cayó gravemente enfermo. Manyanet no se mueve de su lado y escribe diariamente a Joaquín María, padre del joven, sobre la evolución de la enfermedad. Esos días Manyanet también firma la escritura de compra del crédito de la Casa Ferrer.

Con la salud del joven Joaquín recobrada, la escritura de compra firmada y la aprobación del obispo, José Manyanet sintió la necesidad de subir a Montserrat para ofrecer el instituto a la Virgen. Lo hizo de regreso a Tremp, en compañía de Ignacio María.

Llegaron a Montserrat el sábado 7 de julio de 1865 por la tarde, permanecieron en Montserrat todo el domingo 8 y salieron hacia Tremp el lunes. Manyanet tiene 32 años.

Fuente: José Manyanet, Profeta de la Familia, José María Blanquet - J. Piquer.