jueves, 5 de septiembre de 2013

La devoción a la Sagrada Familia, por José María Blanquet, S.F.

Los orígenes de la devoción a la Sagrada Familia han de situarse en una época remota, especialmente en Canadá a partir del siglo XVII, pero fue durante la segunda mitad del siglo XIX cuando adquirió un impulso extraordinario en toda Europa.

Los papas vieron en ella un medio providencial para la restauración de la vida cristiana y la promovieron decididamente.

Pío IX declaró a san José patrono de la Iglesia universal (8/12/1870) y aprobó las primeras asociaciones de la Sagrada Familia.

León XIII, en su breve apostólico Neminem fugit (14/6/1892), expuso los fundamentos teológicos y el alcance religioso y social de la devoción a la Sagrada Familia y estableció su fiesta en las semanas posteriores a la festividad de Navidad.

El padre Manyanet anticipándose algunos años a estos y otros documentos pontificios, fue el gran iniciador y el gran apóstol de esta devoción en España. Recibió de Dios un don para que con su vida y su acción hiciera presente el misterio de Nazaret en la Iglesia y en la sociedad.

Por medio de la predicación y con la pluma fue un incansable propagador. Una gran parte de sus escritos están dedicados a la ampliación y desarrollo de este tema predilecto.

Las congregaciones que él fundó figuran entre los institutos religiosos más vinculados por su vocación y misión al misterio de la Sagrada Familia. De hecho, fue a instancias del padre Luis Tallada, superior general, que el papa Benedicto XV extendió la fiesta de la Sagrada Familia a la Iglesia universal (26/10/1921).

Revista Sagrada Familia

El principal órgano creado por el padre Manyanet para la difusión de esta devoción en el pueblo fue la revista La Sagrada Familia. En enero de 1899 publicó el primer número, en donde expuso el plan de la publicación:

"El título de esta humilde publicación sintetiza nuestro programa; él manifiesta quiénes somos y adónde vamos. Somos hijos amadores de la Sagrada Familia y vamos a intentar un esfuerzo para colocarla en el seno de sus familias [...] La Sagrada Familia será nuestro lema, nuestro punto de partida y el término de nuestras aspiraciones. La Sagrada Familia debe ser conocida; la santidad del venerable León XIII lo suplica, el estado actual de la sociedad lo exige. Propagar, pues, esta devoción, hacer brillar en este siglo de falsos resplandores las virtudes de la casa de Nazaret y caldear los corazones en el amor de Jesús, María y José, ése es nuestro objeto".

La publicación comenzó con una periodicidad quincenal. Y es una de las publicaciones más importantes para conocer el desarrollo de esta devoción. Había una sección titulada "La Escuela de Nazaret", que pretendía divulgar las virtudes y ejemplos de la vida de la Sagrada Familia.

La Pía Asociación de la Sagrada Familia, erigida por el papa León XIII, aun antes de que la revista fuese declarada su órgano oficial, tenía habitual cabida en sus columnas, comentando los documentos pontificios y deduciendo puntos concretos de vida cristiana y de pedagogía familiar.

Premio a esta constante labor y dedicación fueron estos dos reconocimientos pontificios:

– El 3 de abril de 1928, el procurador de la congregación en Roma fue nombrado secretario general de la Asociación Universal de la Sagrada Familia, de León XIII, de la que era presidente el cardenal vicario del papa, Basilio Pompili.

– En 1929, al cumplirse el trigésimo aniversario de la revista, el 2 de enero, el mismo cardenal vicario, dirigió una carta al superior general:

"Consideramos en gran manera digna de alabanza la diligencia y devoción con que la Congregación de los Hijos de la Sagrada Familia pone en fomentar y propagar entre los pueblos el culto de la Sagrada Familia de Nazaret, tan recomendada por los Sumos Pontífices y del cual provienen grandes e innumerables beneficios para las familias cristianas, toda vez que los religiosos de tu congregación no perdonan medios y diligencias para fomentar entre los fieles el amor hacia nuestro Señor Jesús, a María y a José, y mostrar y preconizar su familia como ejemplo de todas las virtudes domésticas, y exhortar a todos los fieles a que se pongan bajo la protección de la Nazarena y la imiten".

Y añadía el cardenal:

"Ahora, además, nos place conceder que la revista La Sagrada Familia, que ya desde el año 1899 publica la congregación de los Hijos de la Sagrada Familia, sea y se considere como órgano y portavoz de la misma Asociación Universal para España y demás regiones del mundo de habla española".

Fuente: José Manyanet. Profeta de la Familia. J.M. Blanquet - J. Piquer

La perla de las devociones, por José María Blanquet, S.F.

Todas las vivencias de su ambiente familiar y formativo llevaron al padre Manyanet desde la devoción a la Virgen y a san José a la devoción a la Sagrada Familia.

José y María — no podía ser de otra manera— le llevaron a Jesús. El padre llegó a esta síntesis, que iba a ser el centro y el eje dinamizador de toda su vida como religioso y como sacerdote; por eso, puede decirse que Manyanet es téstigo y apóstol de la Sagrada Familia.

Era un enamorado de la Sagrada Familia en el sentido más radical y etimológico del término: "morar en"; su alma estaba constantemente atenta a la escucha de la Palabra y a la contemplación de "la convivencia familiar de Jesús, María y José".

El carisma y el don espiritual de Manyanet es captar el realismo de la encarnación del Hijo de Dios, que inició la obra de redención en una familia y mediante la colaboración de los miembros de la misma. Su espiritualidad y sus enseñanzas nunca son abstractas; nadie como María y José tuvieron con Cristo aquella profunda relación "de persona a persona", que no se fundamenta en razones abstractas o ideológicas, sino en una adhesión personal y en el amor entrañable a través de los vínculos familiares.

Una vez descubiertas las riquezas del hogar de Nazaret, el padre Manyanet trabajó incansablemente para propagarlas y exhortar a su imitación.

En España fue el primero que habló de un modo adecuado de la familia de Nazaret en su conjunto. En el año 1920 escribía el padre Fidel Fons y Noguer (1893-1938) en La Sagrada Familia:

"Es cosa para alabar a Dios la rápida y admirable propagación del culto y devoción a la Sagrada Familia, principalmente en España, debido en gran parte al padre Manyanet, quien pasará a la historia con el glorioso dictado de apóstol de la devoción a la Sagrada Familia, que parece ser la devoción providencial de nuestra época. Y los continuadores y herederos del espíritu del padre Manyanet no hemos de cejar en nuestro empeño hasta ver convertidos en hermosa realidad los deseos del Soberano Pontífice de que sea la devoción a la Sagrada Familia la perla de las devociones, como tantas veces se ha repetido, porque ella las compendia, las vigoriza y las perfecciona todas".

Manyanet trabajó con todos los medios a su alcance —libros, folletos, revistas, prácticas piadosas, como el popular Trisagio a la Sagrada Familia que compuso— para arraigar esta devoción en la Iglesia, en sus congregaciones, en las familias y en sus centros de apostolado.

Fuente: José Manyanet. Profeta de la Familia. J.M. Blanquet - J. Piquer

Apóstol y profeta de la Sagrada Familia, por José María Blanquet, S.F.

CASAL MANYANET, TREMP (España)

A san José Manyanet, además del título de hijo-testigo de la Sagrada Familia, le corresponde muy bien el de “apóstol” de la Sagrada Familia y el de “profeta” de la familia.

El Papa lo ha llamado “verdadero apóstol de la familia”. Él vivió en la casa de Nazaret, pero no se quedó allí estáticamente. Salió para llevar Nazaret al hogar y a la escuela. “Es, efectivamente, el profeta de la misión de la familia en los tiempos modernos”, como afirmó el card. Pietro Palazzini, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos en el año 1982. “Se anticipó a su tiempo”, como lo reconoció el card. Tarancón, en el año 1983. Veámoslo:

Los Camareros y Camareras de la Sagrada Familia

En Tremp, el año 1868, y en Talarn, el 1874, creó las asociaciones laicales tituladas: “Camareros y Camareras de la Sagrada Familia” (Obras Selectas, p.725-743, BAC Madrid 1991). El nombre hace referencia no a un servicio profesional, sino a los ayudantes de cámara, es decir, a aquellas personas escogidas y de confianza que prestan un servicio más íntimo a la Sagrada Familia. Son como la tercera orden de los dos institutos, que se llaman precisamente Hijos e Hijas de esta Familia, y pretende involucrar a las familias, especialmente a los padres y madres de los alumnos (de uno y de otro sexo) en el proyecto educativo de sus centros, inspirados también en la Escuela de Nazaret. “Se ha de animar a la familia —escribía— a imitar el modelo de la Sagrada Familia, y de seguro se reformará, y reformada ella, quedará saneada la sociedad. No hay otro medio” (Obras Selectas, p.726).

El Templo de la Sagrada Familia

En 1869, como fruto de su oración y sensibilidad eclesial, propuso la idea de levantar un templo expiatorio en honor de la Sagrada Familia para que fuera el hogar espiritual de todas las familias del mundo y lugar de expiación por los pecados que se cometen contra la santidad del matrimonio y de la familia (Obras Selectas, p. 825). Él comunicó y compartió la idea con Josep M. Bocabella dando pie al templo que se está construyendo en Barcelona, y que Antoni Gaudí ha inmortalizado con su genio y también con su santidad.

Esta intuición del Padre Manyanet así como su condición de inspirador del templo —hecho hoy ya aceptado históricamente— fue solemnemente afirmada por Juan Pablo II, el 7 de noviembre de 1982, en su primer viaje a España, el cual pidió a todos, desde la fachada del nacimiento: “Que la familia sea siempre entre vosotros una verdadera iglesia doméstica”. Y añadio:

“De esta realidad misteriosa [la Iglesia es el hogar universal de la familia de Dios y es vuestro hogar] quiere ser una expresión visible este magnífico templo de la Sagrada Familia de Barcelona, debido a la inspiración de una alma sensible a todo lo que es eclesial como el Padre José Manyanet y Vives, y obra de arte del genial maestro Antoni Gaudí”.

Meditaciones dedicadas a la Asociación de la Sagrada Familia

Escribió unas meditaciones dedicadas a la “Asociación de la familia cristiana bajo el patrocinio soberano de la Sagrada Familia” (todavía inéditas). Manyanet contempla a cada uno de los personajes de la Familia de Nazaret y los proyecta a todos los miembros de la familia cristiana. Por ejemplo, propone estas meditaciones a los padres de familia:

- Designio de Dios, en la Sagrada Familia, a todas las familias; - Amor mutuo de María y José, su esposo, y de José a María, su esposa; - Conformidad de pareceres entre los santos esposos María y José; - Celo de María y José en el cumplimiento de la ley de Dios; - Laboriosidad de María y José para la ayuda y sustento de la familia; - Ejercicios religiosos de María y José en el interior de la familia; - Caridad mutua entre María y José en sus tribulaciones particulares.

Preciosa Joya de Familia

En 1899 publicó la obra Preciosa Joya de Familia (Obras Selectas, BAC Madrid 1991), un libro dedicado a los matrimonios y familias, o como dice él mismo “saludables instrucciones, dirigidas principalmente a los padres de familia, para vivir ellos en santa paz y saber educar a sus hijos según la doctrina y los ejemplos de la Santa Casa de Nazaret”.

La buena armonía entre los esposos está en proporción directa a la buena educación de los hijos, y las dos han de inspirarse en la comunidad de amor y de vida que llevó a cabo Jesús en Nazaret junto con María y José. Es el realismo del Evangelio llevado al realismo de la vida cotidiana de cada cristiano, de cada familia cristiana.

Y todavía podemos aducir otro ejemplo significativo. Manyanet coloca en la misma portada como lema del libro esta frase de Pablo a Timoteo: “El que no se preocupa de la propia familia, sobre todo de los que conviven con él, demuestra que ha renegado de la fe y es peor que un descreído” (Tim 5,8). Estas rotundas palabras indican claramente que el primer campo de apostolado y de compromiso cristiano de los casados es la propia familia. Y esto precisamente a causa de una grave exigencia de la misma fe y de la gracia del sacramento, como enseña el Concilio Vaticano II.

El libro consta de tres partes bien diferenciadas. La primera trata de los deberes de los padres para consigo mismos y para con sus hijos. En la segunda ofrece unas consideraciones sobre la educación cristiana de los hijos. Y en la tercera parte reúne las principales “prácticas de conducta cristiana y de otras oraciones y devociones piadosas”, sin omitir un apéndice con los cantos religiosos más populares en su tiempo.

El sentido pedagógico y pastoral se transparentan en cada página de esta obra, que él concibió como un verdadero libro-guía para los matrimonios, como un devocionario y un vademécum de la familia cristiana. Aunque las consideraciones generales del libro están redactadas en castellano, al llegar al compendio de la doctrina cristiana y a las oraciones básicas del cristiano, lo hace en catalán y castellano, a doble columna. Y lo introduce con esta observación:

“A fin de que los padres sepan a qué atenerse en este importante asunto y tengan más a mano aquellas cosas que deben principalmente enseñar a sus hijos en materia de doctrina cristiana (quedando la otra mayor y extensa explicación al buen celo e ilustración de los párrocos y maestros), daremos aquí un breve resumen de ella y la pondremos en catalán y castellano para la más fácil inteligencia de los que hablen uno y otro idioma”.

Él, con los ojos puestos en el ejemplo de la Sagrada Familia, quiere fundamentar la sociedad sobre el matrimonio y asegurar el futuro de la familia sobre la educación de los esposos, de los padres y de los hijos. Habla de la dignidad del matrimonio como una vocación, de los padres como primeros educadores de los hijos y llamados a formar y a presidir la familia como iglesia doméstica.

“La paternidad —afirma— es como un sacerdocio; y así como es propio del sacerdote exhortar, predicar y rogar, del mismo modo los padres de familia dentro de su casa deben ser celosos vigilantes y constantes, pero prudentes predicadores. En efecto, además de ofrecerla y encomendarla de verás a Dios y con frecuencia pedir sobre ella las celestiales bendiciones, deben reunir la familia toda en el lugar conveniente y las más veces posible y allí enseñarles la doctrina cristiana, inculcarles la sana moral y la práctica de las sólidas virtudes... Todo esto, y más si es acompañado del buen ejemplo, es medio poderosísimo para que los hijos se aficionen a las cosas del servicio de Dios” (Preciosa Joya de Familia 2, cap. 2).

Revista La Sagrada Familia

5. El mismo año 1899 inició la publicación de la revista La Sagrada Familia también con la finalidad principal de “presentar a la Sagrada Familia como modelo perfectísimo dado por el Padre celestial a todas las familias para que sea fiel y constantemente imitada por todas las familias y en todas las ocasiones de la vida”.

“El título de esta humilde publicación sintetiza nuestro programa; él manifiesta quiénes somos y a dónde vamos. Somos hijos amadores de la Sagrada familia y tenemos la intención de hacer un esfuerzo para colocarla en el seno de las familias. Valga la buena intención y el fervoroso celo en una empresa tan temeraria.

La Sagrada Familia será nuestro lema, nuestro punto de partida y el término de nuestras aspiraciones. La Sagrada Familia desea ser conocida; la santidad del venerable León XIII lo suplica, el estado actual de la sociedad lo exige. Propagar, pues, esta devoción, hacer brillar en este siglo de falsos resplandores las virtudes de la casa de Nazaret y caldear los corazones en el amor de Jesús, María y José, este es nuestro objetivo” (LSF, 1899, n.1, Editorial).

El Padre Manyanet trabajó con todos los medios a su alcance —las instituciones y los centros de educación y de culto, las asociaciones laicales, los libros y opúsculos, la revista, y varias prácticas de piedad, como el popular Trisagio de la Sagrada Familia, que compuso personalmente, a fin de arraigar esta devoción en la Iglesia, en las familias y en sus centros de apostolado—, todo lo quiso para la Sagrada Familia, con a Sagrada Familia y en la Sagrada Familia.

También en su epistolario, formado por más de mil cartas conservadas, san José Manyanet se revela no solamente como un hombre de carácter, trabajador, paciente, constante, honesto, con una visión sobrenatural de la vida y de los acontecimientos, humilde, conciliador, totalmente unificado, sino también como un enamorado de la Sagrada Familia que se esfuerza continuamente por llevarla a todos los hogares y ambientes sociales.

Nazaret, un carisma para la Iglesia, por Sergio Cimignoli, S.F.

Sin un amor no se puede vivir. Cada uno de nosotros vive un tiempo especial en el que nace y crece dentro del propio corazón el amor que marca para siempre la vida y sus decisiones.

José Manyanet desde joven se sintió fascinado por la devoción a María. Por el nombre que llevaba, sintió una simpatía particular por san José y, ellos, María y José, le llevaron a Jesús. Se encontró siendo uno de casa en Nazaret: un hijo que gozaba de la intimidad de la Sagrada Familia.

Poco a poco esto llegó a ser su gran amor, el centro y el punto de apoyo que movió toda su vida: "Experimentando espiritualmente la intimidad de vida con Jesús, María y José, llegó a ser hijo, testigo y apóstol del misterio de la Sagrada Familia" (Juan Pablo II).

Nazaret llegó a ser también el carisma y la espiritualidad que él dejó a la Iglesia: entender hasta el fondo el realismo de la encarnación del Hijo de Dios que realiza la redención de la humanidad en el seno y con la ayuda de la familia humana.

Juan Pablo II en la Carta a las familias escribe: "En el misterio de la Sagrada Familia el Esposo divino realiza la redención de todas las familias y proclama el Evangelio de la familia".

José Manyanet, descubierta la riqueza de la casa de Nazaret, se enamoró y vivió establemente en él contemplando y escuchando con el corazón aquello que, poco a poco, Jesús, María y José le sugerían para estar de modo concreto al servicio de los jóvenes y de las familias.

Él ofreció su vida para que la Sagrada Familia fuera un punto de referencia para todo cristiano, para todas las familias, para las comunidades religiosas, para la Iglesia y para la sociedad.

En sus escritos se presenta convencido de que cualquiera que se acerca, con ánimo libre, a este misterio fácilmente se enamora de él.

No es una devoción cualquiera, sino el camino más breve y sencillo para acercarse a la verdad y a la intimidad más profunda con Dios-Trinidad del cielo. La Trinidad de la tierra (así llama a menudo a la Sagrada Familia) es un enganche intermedio necesario para llegar a las alturas de Dios y a la profundad de su misterio. Pero no nos deja en suspenso, nos empuja a seguir a Jesús en la concreción y sencillez de la vida de todos los días.

Imagen de la Trinidad, por Sergio Cimignoli, S.F.

Para las familias, la Sagrada Familia no es una simple devoción, sino el punto de referencia de la propia vida y un modelo que las acerca a su modelo original: la Trinidad del cielo.

La Sagrada Familia es la Trinidad de la Tierra porque en ella las opciones diarias y los gestos ordinarios crean una paz, un intercambio continuo de las diferencias y las cualidades, una atención al futuro y a la felicidad del otro que implican a Jesús, María y José en la misma lógica de comunión que une al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

En ella el Hijo de Dios encuentra en un ambiente humano lo que desde siempre vivía en la eternidad y de este modo tiene la posibilidad de acercar el cielo a la tierra.

Traduciendo sus pensamientos en el lenguaje actual de Tonino Bello (1935-1993), la Sagrada Familia ha sido para la humanidad y para las familias la primera agencia periférica de la Trinidad: un laboratorio que ha producido las mismas lógicas y ha vivido las mismas experiencias de comunión. Una imagen de la Trinidad que incita e invita a todas las familias a la comunión y a la paz.

José Manyanet estaba convencido de que la sencillez de la vida de las familias tenía necesidad de la mediación de la Santa Familia para acercarse y asomarse al pozo del gran misterio de Dios y para sacar agua del gran océano de paz de la Trinidad beata.

La Espiritualidad de Nazaret, por Sergio Cimignoli, S.F.

La espiritualidad de Nazaret da valor a lo ordinario, a lo cotidiano, "no a la búsqueda de cosas importantes, sino sencillas". Es un camino de ocultamiento y humildad, sin la agitación del sensacionalismo, sino dando valor a las pequeñas cosas, valorando "la presencia doméstica de Dios".

Una espiritualidad que cuida los detalles, en una cálida acogida de las personas y en una elevada calidad de las relaciones, que es capaz de transformar incluso el gesto mas monótono en una fiesta y una alegría.

Es una espiritualidad familiar que hace sentirse a todos amados e importantes, como ocurría en la Sagrada Familia. El amor a los amigos (y de los amigos de los amigos) se convierte en una bendición para todos.

Para los esposos cristianos visitar Nazaret es una manera de reforzar la relación con aquella Familia para que incida sobre su vida concreta: reavive las relaciones; ayude en el respeto, la acogida y la confianza recíproca; renueve la esperanza; dé ánimo y fuerza en las dificultades pequeñas y grandes; acostumbra a abandonarse en las manos de la providencia; invite al perdón y haga crecer el amor.

José Manyanet soñaba que tal "devoción" pudiera renovar la sociedad. No un conjunto de prácticas piadosas, sino el esfuerzo concreto de sus hijos e hijas y de las familias por la educación de los pequeños y de los jóvenes que se convirtieran después en artífices de un mundo nuevo, más justo y solidario.

Si bien los orígenes de la devoción a la Sagrada Familia se debe situar en una época muy remota —prácticamente coinciden con los primeros tiempos del cristianismo—, fue solo durante la segunda mitad del siglo XIX cuando tuvo un impulso extraordinario en toda Europa. Los papas vieron en ella un medio providencial para la restauración de la vida cristiana y la propusieron resueltamente.

León XIII en su breve apóstolico Neminem fugit (14-6-1892), ilustró los cimientos teológicos y el alcance religioso y social de la devoción a la Sagrada Familia e instituyó su fiesta en las semanas sucesivas a la fiesta de la Navidad: "Nadie ignora que el bien del individuo y de la sociedad depende principalmente de la institución doméstica".

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Audacia, creatividad y santidad de san José Manyanet

“Se invita pues, a los Institutos a reproducir con valor la audacia, la creatividad y la santidad de sus fundadores y fundadoras como respuesta a los signos de los tiempos que surgen en el mundo de hoy. Esta invitación es sobre todo una llamada a perseverar en el camino de la santidad a través de las dificultades materiales y espirituales que marcan la vida cotidiana” (VC 37).

Nos parece que esta invitación del Papa en la Exhortación Vita Consecrata, resume y expresa bien la llamada que la canonización del Padre Fundador significa para todos nosotros en estos momentos: audacia, creatividad y santidad, en nuestra vida y en nuestra misión de Hijas e Hijos de la Sagrada Familia.

Con estas tres palabras podríamos recorrer toda la historia personal del Padre Fundador desde que abandona la seguridad del palacio episcopal de Urgel hasta que muere, exhausto, en el colegio Jesús, María y José, de Barcelona, tras haber gastado generosamente su vida en la fundación, formación y expansión de nuestros Institutos.

Audacia evangélica

Fueron 40 años de audacia evangélica para buscar, encontrar y proponer una respuesta a las necesidades que detectó en la sociedad de su tiempo.

En la segunda mitad del siglo XIX, cuando la familia en España aparentemente era una familia compacta, unida, religiosa, el Espíritu suscitó al Padre Fundador para que pusiera como acción prioritaria de todas las instituciones que él fundó no solamente la educación, como acto previo para tener familias cristianas, sino la preocupación por el matrimonio, por la familia, por el hogar, para prevenir tantos factores sociales, culturales e ideológicos que pugnan hoy por alejar a las familias de su cometido natural y cristiano.

Creatividad apostólica

Lo hizo con creatividad apostólica adaptando sus formas a las nuevas situaciones y a las diversas necesidades, en plena docilidad a la inspiración divina y al discernimiento eclesial. Fueron fruto de su creatividad la inspiración en la vida de la Sagrada Familia de Nazaret de sus obras en favor de la familia, la forma concreta de nuestras respectivas familias religiosas, la espiritualidad que define nuestra vocación y misión en la Iglesia, los medios esenciales de nuestro apostolado y el aire de familia que nos distingue y caracteriza en la sociedad. Y todo esto como fruto de la oración y contemplación y una plena fidelidad a la autoridad de la Iglesia, dentro de la cual siempre quiso vivir, trabajar y morir.

Santidad carismática

La clave de su audacia evangélica y creatividad apostólica fue, sin duda, la santidad carismática, inspirada en la vida y ejemplos de Jesús, sujeto a María y José en Nazaret. La apertura a la voluntad de Dios, la humildad, la obediencia, el trabajo y el servicio—claves para interpretar los largos años de vida de Jesús con María y José en Nazaret—fueron también las coordenadas de la vida de nuestro Padre Fundador.

Desde la contemplación de la vida de Nazaret él entendió que la profesión de los consejos evangélicos es un camino privilegiado hacia la santidad, una escuela de amor y servicio. Y, movido por un profundo deseo de conformar su vida a la de Jesús, acogió la llamada a la santidad y la cultivó en el silencio de la adoración, en la oración litúrgica y personal, en un auténtico camino de santidad.

Este artículo continúa en "Nuestra respuesta y prioridades".

Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.

Aprendiendo a amar a Dios y a los demás, por M. Edith Gutiérrez, M.N.

“El ejemplo de José Manyanet nos da una confianza inquebrantable en la fe y nos anima a construir una sociedad más justa y fraterna. José Manyanet estaba profundamente convencido de que la vida cristiana entraña una misión y un apostolado: ser familia al estilo de la Familia de Nazaret.

Amó apasionadamente a las familias, con un amor redentor. Su mensaje tiene numerosas implicaciones fecundas para la misión evangelizadora de la Iglesia: aprender a amar a Dios y a los demás “desde dentro”, desde el cariño y la entrega de unos padres, primeros maestros de vida; fomentar la promoción personal para transformar el mundo como sueña Dios, educar desde la inteligencia y el corazón para hacer personas libres, buenas y comprometidas. Este sacerdote santo enseñó que Cristo debe ser la cumbre de toda actividad humana y que siempre está con nosotros. Su mensaje nos impulsa a actuar en lugares donde se está forjando el futuro de la sociedad.

Texto extraído de la presentación del acto de acogida por parte de los superiores generales a los peregrinos que fueron a la canonización de José Manyanet. Auditorium Pio, Roma 2004.

Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.


El heroísmo de lo cotidiano, por José María Blanquet, S.F.

La espiritualidad del padre Manyanet se inspira en la vida oculta de Jesús con María y José en Nazaret. Manyanet aprendió del Maestro la gran lección de la Encarnación: la humillación, el pasar desapercibido, humilde y constante en el cumplimiento de la voluntad de Dios y precisamente en una vida sin novedades sobresalientes.

Jesús nos enseña a descubrir en el encuentro con las personas y en el amor con que hacemos las cosas cotidianas y sencillas, el verdadero secreto de nuestra realización y fidelidad a la voluntad de Dios.

En los proyectos de vida de Manyanet, sobresale la espiritualidad propia de un sacerdote y religioso entregado calladamente a la acción, pendiente de la marcha del colegio, obligado a dar clases, a seguir a los muchachos a lo largo de la jornada, a lo que se añadía la preocupación por las nuevas fundaciones, por la marcha general de las congregaciones y por las formación de las religiosas y de los religiosos, pero "viviendo" siempre en Nazaret.

Trabajo y presencia de Dios, donación y ratos de intimidad con Jesús, María y José, se hermanan. Para conseguirlo, Manyanet recurría a una forma de oración entonces y todavía hoy muy válida, sobre todo cuando estamos agobiados por múltiples ocupaciones: las jaculatorias o formulaciones breves salidas del corazón, especialmente de los Salmos.

Manyanet es un servidor de Dios y del prójimo que no pierde ni un minuto. Un plan de vida así, cumplido día tras día, representa un heroísmo escondido, que es precisamente el heroísmo de la virtud cristiana, el heroísmo de la santidad inspirada en Nazaret.

Los puntos de su Método de vida, nos ilustran sobre su vida, en especial porque no son "un momento heroico", sino la instantánea del cumplimiento sencillo del deber de cada día... Hay que decir que son la palabra viva y el "retrato espiritual del padre", como dijo el padre Mullol al publicarlos en el año 1904 con motivo del tercer aniversario de su fallecimiento.

Fuente: José Manyanet. Profeta de la Familia. José María Blanquet - J. Piquer.

¿Qué aporta este santo?, por Luis Picazo, S.F.

— ¿Qué aporta el testimonio del Padre Manyanet a la Iglesia universal?

— Ya el Papa actual [Juan Pablo II] en la homilía de su beatificación, lo propuso como ejemplo de trabajador modelo por el Reino de Dios, por su entrega heroica al amor de Dios y a la causa de Cristo en el servicio al prójimo.

Encontramos ciertos paralelismos entre el momento histórico que le tocó vivir y desarrollar su ministerio y el nuestro. Ciertas ideologías intentaban erosionar los valores fundamentales de la familia. No quiso ser él un espectador más, sino todo lo contrario, se puso manos a la obra en el campo donde él creía que era más necesario y útil a la Iglesia, para poder ayudar y potenciar desde dentro a las familias: la educación, campo donde él y sus compañeros trabajaron incansablemente y no sin dificultades precisamente en los barrios obreros de Barcelona, visionando las familias del futuro.

Creo que su testimonio y su trabajo fueron tan necesarios entonces como ahora, y esto es lo que nosotros, sus hijos e hijas, podemos aportar en el momento presente.

Fuente: Entrevista el P. Luis Picazo, superior general, José Manyanet Santo, Memoria de la Canonización, Barcelona 2006.

¿Qué aporta este santo?, por José María Blanquet, S.F.

— Entre tantas personalidades que llenan el santoral, ¿es su [del santo] trabajo incansable en favor de las familias lo que aporta de novedoso la figura del Padre Manyanet?

— El Papa, ya en la beatificación, resumió así la personalidad del Padre Manyanet: "El puso todas sus fuerzas —a pesar de los límites de la enfermedad— en procurar sobre todo el honor de la Sagrada Familia y el bien de las familias y de los niños. Ese es el carisma propio que penetra toda su vida, sumida en el misterio de una vocación evangélica aprendida en los ejemplos de Jesús, María y José en el silencio de Nazaret". En esa doble dirección se centra la novedad que aporta a la Iglesia el nuevo santo: redescubrir el designio de Dios encerrado en la Familia que formó Jesús con María y José en Nazaret, y proyectarlo hacia la misma Iglesia, las familias, las comunidades religiosas... porque la familia de Jesús, María y José contenía en germen a la Iglesia, fue la primera comunidad consagrada y es el prototipo y arquetipo de toda familia. El mensaje del Padre Manyanet es sencillo pero toca todas las raíces de la Iglesia y de la sociedad.

Fuente: Entrevista el P. José M. Blanquet, vice-postulador, en José Manyanet Santo, Memoria de la Canonización, Barcelona 2006.

La Iglesia es la familia de familias, por Mons. Joan E. Vives, obispo de Urgel

Hoy le pedimos a san José Manyanet que interceda por todos los hijos de Tremp, especialmente por todo el pueblo catalán, que él amaba tanto, y para el cual quiso levantar el Templo expiatorio de la Sagrada Familia en la capital, Barcelona (...)

Pidamos también por el presbiterio de nuestra diócesis, que sepamos imitar la apostolicidad tan bella, los ojos abiertos que tuvo san José Manyanet, quien cerca de su obispo, muy unido siempre a él, el obispo Caixal, a quien tanto amó, descubrió las nuevas necesidades que tenía el mundo familiar en aquella primera ruptura de la emigración del mundo rural a la ciudad.

Era una gran crisis a causa de la industrialización, cuando los niños, apenas a los 8 o 9 años, ya empezaban a trabajar... Pues bien, precisamente en este mundo tan duro, en aquel primer capitalismo sin entrañas, Manyanet inicia su obra apostólica —precisamente está enterrado en uno de los barrios más comprometidos con la industrialización de Barcelona, Sant Andreu de Palomar, en la parroquia, antes Jesús, María y José, y que ahora lleva su nombre de Sant Josep Manyanet—, y desde allí irradió amor al mundo obrero, a la familia trabajadora, a las gentes que necesitaban calor, cariño y cultura.

Hoy el mundo obrero tiene un rostro nuevo de emigrante, un aspecto de muchos colores, probablemente de otras religiones y confesiones, y lastimosamente de una carencia de educación religiosa en muchos casos. Que aquel amor que san José Manyanet tuvo por la gente sencilla y trabajadora siga vivo hoy en la Iglesia diocesana de Urgel, en las iglesias que hacen camino en Cataluña, y en la Iglesia universal (...)

Y también el campo pastoral que san José Manyanet vivió más, que trabajó más, en el que sembró más, que continue siendo un objetivo prioritario, la familia, la pastoral familiar (...) La familia es el lugar prioritario de la formación de la persona y de la sociedad, la cuna de la vida y del amor, y de aquí se podrá ir aprendiendo el amor, la fidelidad, la necesidad de corresponder (...)

Una iglesia hecha de familias. A mí me gusta mucho la expresión de Juan Pablo II durante el Sínodo de África: “La Iglesia es la familia de familias”. La familia como iglesia doméstica, así la definía el Concilio Vaticano II. Así como una visión de la iglesia universal formada por familias, como las iglesias diocesanas, a través de las cuales subsiste y actúa la Iglesia una, santa, católica y apostólica.

Texto extraído de la homilía del obispo de Urgel, Mons. Joan E. Vives durante la misa de acción de gracias en Tremp por la canonización de José Manyanet (Roma 2004).

Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la canonización. Barcelona 2006.

Un santo para nuestros días, Mons. Felipe González, obispo de Tenerife


Hoy la iglesia diocesana da gracias a Dios por el Padre Manyanet, por san José Manyanet y Vives. Un santo catalán, español. Fundador de dos congregaciones religiosas: los Hijos de la Sagrada Familia y las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret.

El Padre Manyanet vivió una vida extraordinaria en lo ordinario. Descubrió la grandeza de la vida cotidiana transcurrida en la humildad y en el silencio construyendo con constancia y sin ruido, día a día, un mundo nuevo, desde el calor del corazón y cooperando siempre con el Señor. Es esta compañía y sostén del Señor lo que ha hecho que el camino de la vida de san José Manyanet fuese bueno y feliz, aunque no siempre fácil.

El secreto de su alta y profunda espiritualidad es de una simplicidad que desarma, al alcance de todos: entrar cada día en la casa de Nazaret, para construir un “Nazaret” en nuestras vidas. “Volvamos a la simplicidad de Nazaret —afirmaba él—, donde todo tuvo inicio. Vayamos cada día a Nazaret porque ellos, Jesús, María y José, son nuestros maestros; tomemos de ellos los secretos para la reconstrucción de la familia, de la Iglesia y de una nueva sociedad, con medios y mentalidad nueva. Atemos con un “hilo de oro” la experiencia de aquella extraordinaria Familia a la vida de las familias de hoy, para transmitir las bases sólidas que crean relaciones sanas y educativas”, san José Manyanet.

Es el mismo Papa, Juan Pablo II, quien en su homilía de canonización nos presenta, desde esta perspectiva, la figura del Padre Manyanet: “Desde el principio el Paráclito ha suscitado hombres y mujeres que han recordado y difundido la verdad revelada por Jesús. Uno de estos fue san José Manyanet, verdadero apóstol de la familia, inspirándose en la escuela de Nazaret realizó su proyecto de santidad personal y se dedicó, con entrega heroica, a la misión que el Espíritu le confiaba. Para ello fundó dos congregaciones religiosas. Un símbolo visible de su anhelo apostólico es también el Templo de la Sagrada Familia de Barcelona”, Juan Pablo II homilía de la canonización, 16 de mayo 2004.

San José Manyanet, al haber recibido el don de trabajar por las familias, se ha convertido en un santo moderno, un santo para nuestros días. Posiblemente, ni siquiera él mismo se dio cuenta de la riqueza del carisma que había recibido y ha dejado en la Iglesia. Ha sido de hecho un profeta de la Buena Noticia de la familia y de la pastoral familiar. Pastoral familiar, por cierto, tan actual y necesaria hoy cuando se dan tantas y tan graves agresiones a la familia, provenientes de grupos mediáticos, culturales y hasta políticos.

¡Cuán necesario y cuán actual es el carisma que el Padre Manyanet ha recibido del Señor y ha dejado a su Iglesia!

Notemos que san José Manyanet, un santo reconocido por la Iglesia, no es sólo un ejemplo de vida para cada uno de nosotros, ni sólo el impulsor de nuestra atención pastoral a las familias, sino que es también presentado por la Iglesia como amigo e intercesor a favor de las familias.

San José Manyanet forma parte de una nueva generación de santos, obedientes a Dios y encarnados en la situación cotidiana de nuestros días. Es “un nuevo género de santos” que invita también a ser santos como ellos, contando ahora con su ayuda e intercesión.

Casi podríamos resumir todo lo referente a san José Manyanet diciendo que en el fondo sólo tuvo un sueño: robar a Nazaret el secreto de la Santa Familia, Jesús, María y José, para darlo a las familias y así cambiar la sociedad, por medio de la educación de niños y jóvenes. Es un sueño que nos deja, para que también nosotros, como él, prosigamos e intentemos realizarlo, sabiendo que ahora tenemos un intercesor más en favor de este sueño y de todas las familias (...)

Pidamos sabiduría para experimentar que Dios es amor, que Dios es familia, que Dios es idilio trinitario. En todos nosotros está impresa la huella de la entrega y de la fidelidad de Dios. El Padre Manyanet la descubrió y es santo. El Espíritu Santo nos ha revelado no sólo un misterio extraordinario, sino que nos ha desvelado el propio ser de Dios y el sentido último de las cosas. Misterio de amor, de entrega, que requiere en nosotros amor y entrega definitivas.

HOMILIA DE MONS. FELIPE GONZÁLEZ, Obispo de Tenerife, España.
Misa de acción de gracias por la canonización de san José Manyanet

Descubrió el Evangelio de la Familia, por Mons. Jorge E. Jiménez, obispo de Zipaquirá, Colombia



De las palabras que el Santo Padre pronunció en la canonización de san José Manyanet llama mucho la atención que le aplique al santo algo que el Papa ha llevado muy hondo dentro de su corazón durante su pontificado. Dice el Santo Padre: “El Padre Manyanet supo anunciar para el mundo de hoy el Evangelio de la Familia” (...) 

Esta fue la gran inspiración de san José Manyanet: descubrió dentro del Evangelio la familia, descubrió el evangelio de la familia, descubrió que la Palabra de Dios tiene un anuncio muy especial para cada familia y para todas la familias (...)

San José Manyanet descubrió en el Evangelio de Jesucristo la gran buena nueva de la familia. Y dedicó toda su vida, su predicación y sus escritos, a anunciar a esta sociedad el Evangelio de la Familia. Y para continuar su obra, fundó a los Hijos e Hijas de la Sagrada Familia. Ellos tienen el encargo de continuar por todo el mundo anunciando este Evangelio. Porque la familia es buena noticia, y buena noticia de salvación para todos los hombres y para todas las mujeres (...)

El Padre Manyanet nos habla en sus escritos cómo la familia no solamente tiene que ser el lugar donde se reproduce la Familia de Nazaret sino una verdadera escuela donde se aprende a ser familia, a conocer a Jesús, a amar a Jesús, a contemplar a Jesús, a encontrarse con él (...)

San José Manyanet, llamado por Juan Pablo II “profeta de la familia para el mundo de hoy”, descubrió en la Palabra del Señor todo esto que llamamos el “evangelio de la familia”. Su fuente de inspiración fue siempre el Evangelio y ese hermosísimo icono que lo es también para todos los discípulos de Jesucristo: la Familia de Nazaret. Quiso que sus hijos espirituales, especialmente las dos familias religiosas que fundó, tuvieran la misma fuente de inspiración. San José Manyanet es hoy santo de nuestra Iglesia universal y la Iglesia católica al canonizarlo quiere que sea modelo de inspiración para renovar la familia en el mundo de hoy.

Queridos hermanos todos, pero en especial hijos e hijas de este gran santo, vivan en su ministerio en la Iglesia el carisma que les dejó como herencia san José Manyanet. Anuncien por todas partes el Evangelio de la Familia. Es una buena nueva de salvación para el mundo en que vivimos. Pero háganlo con pasión, como él lo hizo y por lo cual está hoy en los altares. Difundan con entusiasmo la espiritualidad de la Familia que él predicó. Las gestes de nuestras parroquias y comunidades la necesitan y la ansían.

Y ustedes, queridas familias y matrimonios que hoy gozan la canonización de san José Manyanet, hagan de sus hogares “familias de Nazaret”.

HOMILIA DE MONS. JORGE E. JIMÉNEZ, Obispo de Zipaquirá, Colombia.
Misa de acción de gracias por la canonización de san José Manyanet.

"Jesús, María y José una imagen de la Trinidad del cielo", por Mons. Josep Ángel Sáiz

(...) Nuestra vida cristiana arranca también de la Trinidad. Llevamos impresos en nuestros corazones el amor de un Dios que es Padre, que nos conoce y nos ama, que es Hijo, y se ha hecho hermano nuestro, ha recorrido nuestro camino y se ha entregado por nosotros, y que es Espíritu, que nos quiere llenar de su fuerza y de su vida (...)

Un modo muy peculiar de acercarse a la Trinidad y vivir la riqueza de su misterio la encontró san José Manyanet en la Sagrada Familia de Jesús, María y José, que él llamaba precisamente la “Trinidad de la tierra”.

San José Manyanet vio en Jesús, María y José una imagen de la Trinidad del cielo y la honró de un modo muy especial con una piedad filial. La vida de Jesús con María y José en Nazaret inspiró el camino de su santificación personal. Su santidad tiene los rasgos de la comunión familiar de Nazaret, que son el reflejo más fiel de la comunión Trinitaria.

Pero todavía más, san José Manyanet encontró en la Sagrada Familia también la inspiración para su apostolado. Él se sintió llamado por Dios para trabajar a favor fe las familias, encontró el modelo de familia dado por Dios a la humanidad en la Familia de Jesús, María y José. Por esto se esforzó para llevar a todas partes sus ejemplos de vida y de virtud, con la palabra, con los escritos y algunas prácticas de devoción y con una acción directa de pastoral familiar, particularmente a través de la educación e instrucción católica de los niños y jóvenes.

La inspiración del Templo expiatorio de la Sagrada Familia de nuestra ciudad es un exponente más de su celo por llevar la vida y los ejemplos de Jesús, María y José a nuestros hogares.

La fuerte vivencia trinitaria y las contemplación de la Familia de Nazaret llevaron a san José Manyanet a dedicar una atención preferente a la última anilla de esta cadena: la familia, nuestras familias, llamadas también a mirarse en el modelo de Nazaret para llegar a la participación de la misma comunión de Dios Padre con Dios Hijo por Dios Espíritu Santo.

San José Manyanet fue un verdadero apóstol de la familia. Consagró toda su vida al bien de las familias. Por una parte, les recordó la verdad “del principio” sobre el matrimonio y la familia, y por otra, denunció los males —como el matrimonio civil y el divorcio— que leyó como síntomas de la crisis que comenzaba.

Y aunque hizo una acción directa de ayuda a las familias, la suya fue una respuesta con el mismo método que las corrientes ideológicas del siglo XIX utilizaban. Ellas intentaban romper a la familia a través de una educación laica que minaba el fundamento de la obediencia y de la comunión familiar, pues san José Manyanet se esforzó por una educación e instrucción católica que diese solidez a los vínculos familiares ayudando a los hijos y a los padres a respetar el propio rol, imitando así los ejemplos de Jesús, María y José en Nazaret.

En la Casa de Nazaret encontró también el método pedagógico para asegurar el crecimiento integral y armónico de los hijos y, al mismo tiempo, el de los padres en el rol de esposos y educadores.

Es así como cada uno de nosotros y nuestras familias pueden ser sal y luz en nuestro mundo. Sal, que no dé solamente gusto, sino también solidez y sabor a nuestra vida personal y familiar. Y luz, que sirva para iluminar y guiar a los miembros, de nuestras familias y a las demás.

Texto extraído de la homilía del obispo auxiliar de Barcelona, Mons. Josep Ángel Sáiz con motivo del cambio de nombre de la parroquia Jesús, María y José, ahora Sant Josep Manyanet, en Sant Andreu del Palomar, Barcelona 2004.

Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la canonización. Barcelona 2006.