jueves, 5 de septiembre de 2013

Nazaret, un carisma para la Iglesia, por Sergio Cimignoli, S.F.

Sin un amor no se puede vivir. Cada uno de nosotros vive un tiempo especial en el que nace y crece dentro del propio corazón el amor que marca para siempre la vida y sus decisiones.

José Manyanet desde joven se sintió fascinado por la devoción a María. Por el nombre que llevaba, sintió una simpatía particular por san José y, ellos, María y José, le llevaron a Jesús. Se encontró siendo uno de casa en Nazaret: un hijo que gozaba de la intimidad de la Sagrada Familia.

Poco a poco esto llegó a ser su gran amor, el centro y el punto de apoyo que movió toda su vida: "Experimentando espiritualmente la intimidad de vida con Jesús, María y José, llegó a ser hijo, testigo y apóstol del misterio de la Sagrada Familia" (Juan Pablo II).

Nazaret llegó a ser también el carisma y la espiritualidad que él dejó a la Iglesia: entender hasta el fondo el realismo de la encarnación del Hijo de Dios que realiza la redención de la humanidad en el seno y con la ayuda de la familia humana.

Juan Pablo II en la Carta a las familias escribe: "En el misterio de la Sagrada Familia el Esposo divino realiza la redención de todas las familias y proclama el Evangelio de la familia".

José Manyanet, descubierta la riqueza de la casa de Nazaret, se enamoró y vivió establemente en él contemplando y escuchando con el corazón aquello que, poco a poco, Jesús, María y José le sugerían para estar de modo concreto al servicio de los jóvenes y de las familias.

Él ofreció su vida para que la Sagrada Familia fuera un punto de referencia para todo cristiano, para todas las familias, para las comunidades religiosas, para la Iglesia y para la sociedad.

En sus escritos se presenta convencido de que cualquiera que se acerca, con ánimo libre, a este misterio fácilmente se enamora de él.

No es una devoción cualquiera, sino el camino más breve y sencillo para acercarse a la verdad y a la intimidad más profunda con Dios-Trinidad del cielo. La Trinidad de la tierra (así llama a menudo a la Sagrada Familia) es un enganche intermedio necesario para llegar a las alturas de Dios y a la profundad de su misterio. Pero no nos deja en suspenso, nos empuja a seguir a Jesús en la concreción y sencillez de la vida de todos los días.

Imagen de la Trinidad, por Sergio Cimignoli, S.F.

Para las familias, la Sagrada Familia no es una simple devoción, sino el punto de referencia de la propia vida y un modelo que las acerca a su modelo original: la Trinidad del cielo.

La Sagrada Familia es la Trinidad de la Tierra porque en ella las opciones diarias y los gestos ordinarios crean una paz, un intercambio continuo de las diferencias y las cualidades, una atención al futuro y a la felicidad del otro que implican a Jesús, María y José en la misma lógica de comunión que une al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

En ella el Hijo de Dios encuentra en un ambiente humano lo que desde siempre vivía en la eternidad y de este modo tiene la posibilidad de acercar el cielo a la tierra.

Traduciendo sus pensamientos en el lenguaje actual de Tonino Bello (1935-1993), la Sagrada Familia ha sido para la humanidad y para las familias la primera agencia periférica de la Trinidad: un laboratorio que ha producido las mismas lógicas y ha vivido las mismas experiencias de comunión. Una imagen de la Trinidad que incita e invita a todas las familias a la comunión y a la paz.

José Manyanet estaba convencido de que la sencillez de la vida de las familias tenía necesidad de la mediación de la Santa Familia para acercarse y asomarse al pozo del gran misterio de Dios y para sacar agua del gran océano de paz de la Trinidad beata.

La Espiritualidad de Nazaret, por Sergio Cimignoli, S.F.

La espiritualidad de Nazaret da valor a lo ordinario, a lo cotidiano, "no a la búsqueda de cosas importantes, sino sencillas". Es un camino de ocultamiento y humildad, sin la agitación del sensacionalismo, sino dando valor a las pequeñas cosas, valorando "la presencia doméstica de Dios".

Una espiritualidad que cuida los detalles, en una cálida acogida de las personas y en una elevada calidad de las relaciones, que es capaz de transformar incluso el gesto mas monótono en una fiesta y una alegría.

Es una espiritualidad familiar que hace sentirse a todos amados e importantes, como ocurría en la Sagrada Familia. El amor a los amigos (y de los amigos de los amigos) se convierte en una bendición para todos.

Para los esposos cristianos visitar Nazaret es una manera de reforzar la relación con aquella Familia para que incida sobre su vida concreta: reavive las relaciones; ayude en el respeto, la acogida y la confianza recíproca; renueve la esperanza; dé ánimo y fuerza en las dificultades pequeñas y grandes; acostumbra a abandonarse en las manos de la providencia; invite al perdón y haga crecer el amor.

José Manyanet soñaba que tal "devoción" pudiera renovar la sociedad. No un conjunto de prácticas piadosas, sino el esfuerzo concreto de sus hijos e hijas y de las familias por la educación de los pequeños y de los jóvenes que se convirtieran después en artífices de un mundo nuevo, más justo y solidario.

Si bien los orígenes de la devoción a la Sagrada Familia se debe situar en una época muy remota —prácticamente coinciden con los primeros tiempos del cristianismo—, fue solo durante la segunda mitad del siglo XIX cuando tuvo un impulso extraordinario en toda Europa. Los papas vieron en ella un medio providencial para la restauración de la vida cristiana y la propusieron resueltamente.

León XIII en su breve apóstolico Neminem fugit (14-6-1892), ilustró los cimientos teológicos y el alcance religioso y social de la devoción a la Sagrada Familia e instituyó su fiesta en las semanas sucesivas a la fiesta de la Navidad: "Nadie ignora que el bien del individuo y de la sociedad depende principalmente de la institución doméstica".

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Audacia, creatividad y santidad de san José Manyanet

“Se invita pues, a los Institutos a reproducir con valor la audacia, la creatividad y la santidad de sus fundadores y fundadoras como respuesta a los signos de los tiempos que surgen en el mundo de hoy. Esta invitación es sobre todo una llamada a perseverar en el camino de la santidad a través de las dificultades materiales y espirituales que marcan la vida cotidiana” (VC 37).

Nos parece que esta invitación del Papa en la Exhortación Vita Consecrata, resume y expresa bien la llamada que la canonización del Padre Fundador significa para todos nosotros en estos momentos: audacia, creatividad y santidad, en nuestra vida y en nuestra misión de Hijas e Hijos de la Sagrada Familia.

Con estas tres palabras podríamos recorrer toda la historia personal del Padre Fundador desde que abandona la seguridad del palacio episcopal de Urgel hasta que muere, exhausto, en el colegio Jesús, María y José, de Barcelona, tras haber gastado generosamente su vida en la fundación, formación y expansión de nuestros Institutos.

Audacia evangélica

Fueron 40 años de audacia evangélica para buscar, encontrar y proponer una respuesta a las necesidades que detectó en la sociedad de su tiempo.

En la segunda mitad del siglo XIX, cuando la familia en España aparentemente era una familia compacta, unida, religiosa, el Espíritu suscitó al Padre Fundador para que pusiera como acción prioritaria de todas las instituciones que él fundó no solamente la educación, como acto previo para tener familias cristianas, sino la preocupación por el matrimonio, por la familia, por el hogar, para prevenir tantos factores sociales, culturales e ideológicos que pugnan hoy por alejar a las familias de su cometido natural y cristiano.

Creatividad apostólica

Lo hizo con creatividad apostólica adaptando sus formas a las nuevas situaciones y a las diversas necesidades, en plena docilidad a la inspiración divina y al discernimiento eclesial. Fueron fruto de su creatividad la inspiración en la vida de la Sagrada Familia de Nazaret de sus obras en favor de la familia, la forma concreta de nuestras respectivas familias religiosas, la espiritualidad que define nuestra vocación y misión en la Iglesia, los medios esenciales de nuestro apostolado y el aire de familia que nos distingue y caracteriza en la sociedad. Y todo esto como fruto de la oración y contemplación y una plena fidelidad a la autoridad de la Iglesia, dentro de la cual siempre quiso vivir, trabajar y morir.

Santidad carismática

La clave de su audacia evangélica y creatividad apostólica fue, sin duda, la santidad carismática, inspirada en la vida y ejemplos de Jesús, sujeto a María y José en Nazaret. La apertura a la voluntad de Dios, la humildad, la obediencia, el trabajo y el servicio—claves para interpretar los largos años de vida de Jesús con María y José en Nazaret—fueron también las coordenadas de la vida de nuestro Padre Fundador.

Desde la contemplación de la vida de Nazaret él entendió que la profesión de los consejos evangélicos es un camino privilegiado hacia la santidad, una escuela de amor y servicio. Y, movido por un profundo deseo de conformar su vida a la de Jesús, acogió la llamada a la santidad y la cultivó en el silencio de la adoración, en la oración litúrgica y personal, en un auténtico camino de santidad.

Este artículo continúa en "Nuestra respuesta y prioridades".

Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.

Aprendiendo a amar a Dios y a los demás, por M. Edith Gutiérrez, M.N.

“El ejemplo de José Manyanet nos da una confianza inquebrantable en la fe y nos anima a construir una sociedad más justa y fraterna. José Manyanet estaba profundamente convencido de que la vida cristiana entraña una misión y un apostolado: ser familia al estilo de la Familia de Nazaret.

Amó apasionadamente a las familias, con un amor redentor. Su mensaje tiene numerosas implicaciones fecundas para la misión evangelizadora de la Iglesia: aprender a amar a Dios y a los demás “desde dentro”, desde el cariño y la entrega de unos padres, primeros maestros de vida; fomentar la promoción personal para transformar el mundo como sueña Dios, educar desde la inteligencia y el corazón para hacer personas libres, buenas y comprometidas. Este sacerdote santo enseñó que Cristo debe ser la cumbre de toda actividad humana y que siempre está con nosotros. Su mensaje nos impulsa a actuar en lugares donde se está forjando el futuro de la sociedad.

Texto extraído de la presentación del acto de acogida por parte de los superiores generales a los peregrinos que fueron a la canonización de José Manyanet. Auditorium Pio, Roma 2004.

Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.


El heroísmo de lo cotidiano, por José María Blanquet, S.F.

La espiritualidad del padre Manyanet se inspira en la vida oculta de Jesús con María y José en Nazaret. Manyanet aprendió del Maestro la gran lección de la Encarnación: la humillación, el pasar desapercibido, humilde y constante en el cumplimiento de la voluntad de Dios y precisamente en una vida sin novedades sobresalientes.

Jesús nos enseña a descubrir en el encuentro con las personas y en el amor con que hacemos las cosas cotidianas y sencillas, el verdadero secreto de nuestra realización y fidelidad a la voluntad de Dios.

En los proyectos de vida de Manyanet, sobresale la espiritualidad propia de un sacerdote y religioso entregado calladamente a la acción, pendiente de la marcha del colegio, obligado a dar clases, a seguir a los muchachos a lo largo de la jornada, a lo que se añadía la preocupación por las nuevas fundaciones, por la marcha general de las congregaciones y por las formación de las religiosas y de los religiosos, pero "viviendo" siempre en Nazaret.

Trabajo y presencia de Dios, donación y ratos de intimidad con Jesús, María y José, se hermanan. Para conseguirlo, Manyanet recurría a una forma de oración entonces y todavía hoy muy válida, sobre todo cuando estamos agobiados por múltiples ocupaciones: las jaculatorias o formulaciones breves salidas del corazón, especialmente de los Salmos.

Manyanet es un servidor de Dios y del prójimo que no pierde ni un minuto. Un plan de vida así, cumplido día tras día, representa un heroísmo escondido, que es precisamente el heroísmo de la virtud cristiana, el heroísmo de la santidad inspirada en Nazaret.

Los puntos de su Método de vida, nos ilustran sobre su vida, en especial porque no son "un momento heroico", sino la instantánea del cumplimiento sencillo del deber de cada día... Hay que decir que son la palabra viva y el "retrato espiritual del padre", como dijo el padre Mullol al publicarlos en el año 1904 con motivo del tercer aniversario de su fallecimiento.

Fuente: José Manyanet. Profeta de la Familia. José María Blanquet - J. Piquer.

¿Qué aporta este santo?, por Luis Picazo, S.F.

— ¿Qué aporta el testimonio del Padre Manyanet a la Iglesia universal?

— Ya el Papa actual [Juan Pablo II] en la homilía de su beatificación, lo propuso como ejemplo de trabajador modelo por el Reino de Dios, por su entrega heroica al amor de Dios y a la causa de Cristo en el servicio al prójimo.

Encontramos ciertos paralelismos entre el momento histórico que le tocó vivir y desarrollar su ministerio y el nuestro. Ciertas ideologías intentaban erosionar los valores fundamentales de la familia. No quiso ser él un espectador más, sino todo lo contrario, se puso manos a la obra en el campo donde él creía que era más necesario y útil a la Iglesia, para poder ayudar y potenciar desde dentro a las familias: la educación, campo donde él y sus compañeros trabajaron incansablemente y no sin dificultades precisamente en los barrios obreros de Barcelona, visionando las familias del futuro.

Creo que su testimonio y su trabajo fueron tan necesarios entonces como ahora, y esto es lo que nosotros, sus hijos e hijas, podemos aportar en el momento presente.

Fuente: Entrevista el P. Luis Picazo, superior general, José Manyanet Santo, Memoria de la Canonización, Barcelona 2006.

¿Qué aporta este santo?, por José María Blanquet, S.F.

— Entre tantas personalidades que llenan el santoral, ¿es su [del santo] trabajo incansable en favor de las familias lo que aporta de novedoso la figura del Padre Manyanet?

— El Papa, ya en la beatificación, resumió así la personalidad del Padre Manyanet: "El puso todas sus fuerzas —a pesar de los límites de la enfermedad— en procurar sobre todo el honor de la Sagrada Familia y el bien de las familias y de los niños. Ese es el carisma propio que penetra toda su vida, sumida en el misterio de una vocación evangélica aprendida en los ejemplos de Jesús, María y José en el silencio de Nazaret". En esa doble dirección se centra la novedad que aporta a la Iglesia el nuevo santo: redescubrir el designio de Dios encerrado en la Familia que formó Jesús con María y José en Nazaret, y proyectarlo hacia la misma Iglesia, las familias, las comunidades religiosas... porque la familia de Jesús, María y José contenía en germen a la Iglesia, fue la primera comunidad consagrada y es el prototipo y arquetipo de toda familia. El mensaje del Padre Manyanet es sencillo pero toca todas las raíces de la Iglesia y de la sociedad.

Fuente: Entrevista el P. José M. Blanquet, vice-postulador, en José Manyanet Santo, Memoria de la Canonización, Barcelona 2006.

La Iglesia es la familia de familias, por Mons. Joan E. Vives, obispo de Urgel

Hoy le pedimos a san José Manyanet que interceda por todos los hijos de Tremp, especialmente por todo el pueblo catalán, que él amaba tanto, y para el cual quiso levantar el Templo expiatorio de la Sagrada Familia en la capital, Barcelona (...)

Pidamos también por el presbiterio de nuestra diócesis, que sepamos imitar la apostolicidad tan bella, los ojos abiertos que tuvo san José Manyanet, quien cerca de su obispo, muy unido siempre a él, el obispo Caixal, a quien tanto amó, descubrió las nuevas necesidades que tenía el mundo familiar en aquella primera ruptura de la emigración del mundo rural a la ciudad.

Era una gran crisis a causa de la industrialización, cuando los niños, apenas a los 8 o 9 años, ya empezaban a trabajar... Pues bien, precisamente en este mundo tan duro, en aquel primer capitalismo sin entrañas, Manyanet inicia su obra apostólica —precisamente está enterrado en uno de los barrios más comprometidos con la industrialización de Barcelona, Sant Andreu de Palomar, en la parroquia, antes Jesús, María y José, y que ahora lleva su nombre de Sant Josep Manyanet—, y desde allí irradió amor al mundo obrero, a la familia trabajadora, a las gentes que necesitaban calor, cariño y cultura.

Hoy el mundo obrero tiene un rostro nuevo de emigrante, un aspecto de muchos colores, probablemente de otras religiones y confesiones, y lastimosamente de una carencia de educación religiosa en muchos casos. Que aquel amor que san José Manyanet tuvo por la gente sencilla y trabajadora siga vivo hoy en la Iglesia diocesana de Urgel, en las iglesias que hacen camino en Cataluña, y en la Iglesia universal (...)

Y también el campo pastoral que san José Manyanet vivió más, que trabajó más, en el que sembró más, que continue siendo un objetivo prioritario, la familia, la pastoral familiar (...) La familia es el lugar prioritario de la formación de la persona y de la sociedad, la cuna de la vida y del amor, y de aquí se podrá ir aprendiendo el amor, la fidelidad, la necesidad de corresponder (...)

Una iglesia hecha de familias. A mí me gusta mucho la expresión de Juan Pablo II durante el Sínodo de África: “La Iglesia es la familia de familias”. La familia como iglesia doméstica, así la definía el Concilio Vaticano II. Así como una visión de la iglesia universal formada por familias, como las iglesias diocesanas, a través de las cuales subsiste y actúa la Iglesia una, santa, católica y apostólica.

Texto extraído de la homilía del obispo de Urgel, Mons. Joan E. Vives durante la misa de acción de gracias en Tremp por la canonización de José Manyanet (Roma 2004).

Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la canonización. Barcelona 2006.

Un santo para nuestros días, Mons. Felipe González, obispo de Tenerife


Hoy la iglesia diocesana da gracias a Dios por el Padre Manyanet, por san José Manyanet y Vives. Un santo catalán, español. Fundador de dos congregaciones religiosas: los Hijos de la Sagrada Familia y las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret.

El Padre Manyanet vivió una vida extraordinaria en lo ordinario. Descubrió la grandeza de la vida cotidiana transcurrida en la humildad y en el silencio construyendo con constancia y sin ruido, día a día, un mundo nuevo, desde el calor del corazón y cooperando siempre con el Señor. Es esta compañía y sostén del Señor lo que ha hecho que el camino de la vida de san José Manyanet fuese bueno y feliz, aunque no siempre fácil.

El secreto de su alta y profunda espiritualidad es de una simplicidad que desarma, al alcance de todos: entrar cada día en la casa de Nazaret, para construir un “Nazaret” en nuestras vidas. “Volvamos a la simplicidad de Nazaret —afirmaba él—, donde todo tuvo inicio. Vayamos cada día a Nazaret porque ellos, Jesús, María y José, son nuestros maestros; tomemos de ellos los secretos para la reconstrucción de la familia, de la Iglesia y de una nueva sociedad, con medios y mentalidad nueva. Atemos con un “hilo de oro” la experiencia de aquella extraordinaria Familia a la vida de las familias de hoy, para transmitir las bases sólidas que crean relaciones sanas y educativas”, san José Manyanet.

Es el mismo Papa, Juan Pablo II, quien en su homilía de canonización nos presenta, desde esta perspectiva, la figura del Padre Manyanet: “Desde el principio el Paráclito ha suscitado hombres y mujeres que han recordado y difundido la verdad revelada por Jesús. Uno de estos fue san José Manyanet, verdadero apóstol de la familia, inspirándose en la escuela de Nazaret realizó su proyecto de santidad personal y se dedicó, con entrega heroica, a la misión que el Espíritu le confiaba. Para ello fundó dos congregaciones religiosas. Un símbolo visible de su anhelo apostólico es también el Templo de la Sagrada Familia de Barcelona”, Juan Pablo II homilía de la canonización, 16 de mayo 2004.

San José Manyanet, al haber recibido el don de trabajar por las familias, se ha convertido en un santo moderno, un santo para nuestros días. Posiblemente, ni siquiera él mismo se dio cuenta de la riqueza del carisma que había recibido y ha dejado en la Iglesia. Ha sido de hecho un profeta de la Buena Noticia de la familia y de la pastoral familiar. Pastoral familiar, por cierto, tan actual y necesaria hoy cuando se dan tantas y tan graves agresiones a la familia, provenientes de grupos mediáticos, culturales y hasta políticos.

¡Cuán necesario y cuán actual es el carisma que el Padre Manyanet ha recibido del Señor y ha dejado a su Iglesia!

Notemos que san José Manyanet, un santo reconocido por la Iglesia, no es sólo un ejemplo de vida para cada uno de nosotros, ni sólo el impulsor de nuestra atención pastoral a las familias, sino que es también presentado por la Iglesia como amigo e intercesor a favor de las familias.

San José Manyanet forma parte de una nueva generación de santos, obedientes a Dios y encarnados en la situación cotidiana de nuestros días. Es “un nuevo género de santos” que invita también a ser santos como ellos, contando ahora con su ayuda e intercesión.

Casi podríamos resumir todo lo referente a san José Manyanet diciendo que en el fondo sólo tuvo un sueño: robar a Nazaret el secreto de la Santa Familia, Jesús, María y José, para darlo a las familias y así cambiar la sociedad, por medio de la educación de niños y jóvenes. Es un sueño que nos deja, para que también nosotros, como él, prosigamos e intentemos realizarlo, sabiendo que ahora tenemos un intercesor más en favor de este sueño y de todas las familias (...)

Pidamos sabiduría para experimentar que Dios es amor, que Dios es familia, que Dios es idilio trinitario. En todos nosotros está impresa la huella de la entrega y de la fidelidad de Dios. El Padre Manyanet la descubrió y es santo. El Espíritu Santo nos ha revelado no sólo un misterio extraordinario, sino que nos ha desvelado el propio ser de Dios y el sentido último de las cosas. Misterio de amor, de entrega, que requiere en nosotros amor y entrega definitivas.

HOMILIA DE MONS. FELIPE GONZÁLEZ, Obispo de Tenerife, España.
Misa de acción de gracias por la canonización de san José Manyanet

Descubrió el Evangelio de la Familia, por Mons. Jorge E. Jiménez, obispo de Zipaquirá, Colombia



De las palabras que el Santo Padre pronunció en la canonización de san José Manyanet llama mucho la atención que le aplique al santo algo que el Papa ha llevado muy hondo dentro de su corazón durante su pontificado. Dice el Santo Padre: “El Padre Manyanet supo anunciar para el mundo de hoy el Evangelio de la Familia” (...) 

Esta fue la gran inspiración de san José Manyanet: descubrió dentro del Evangelio la familia, descubrió el evangelio de la familia, descubrió que la Palabra de Dios tiene un anuncio muy especial para cada familia y para todas la familias (...)

San José Manyanet descubrió en el Evangelio de Jesucristo la gran buena nueva de la familia. Y dedicó toda su vida, su predicación y sus escritos, a anunciar a esta sociedad el Evangelio de la Familia. Y para continuar su obra, fundó a los Hijos e Hijas de la Sagrada Familia. Ellos tienen el encargo de continuar por todo el mundo anunciando este Evangelio. Porque la familia es buena noticia, y buena noticia de salvación para todos los hombres y para todas las mujeres (...)

El Padre Manyanet nos habla en sus escritos cómo la familia no solamente tiene que ser el lugar donde se reproduce la Familia de Nazaret sino una verdadera escuela donde se aprende a ser familia, a conocer a Jesús, a amar a Jesús, a contemplar a Jesús, a encontrarse con él (...)

San José Manyanet, llamado por Juan Pablo II “profeta de la familia para el mundo de hoy”, descubrió en la Palabra del Señor todo esto que llamamos el “evangelio de la familia”. Su fuente de inspiración fue siempre el Evangelio y ese hermosísimo icono que lo es también para todos los discípulos de Jesucristo: la Familia de Nazaret. Quiso que sus hijos espirituales, especialmente las dos familias religiosas que fundó, tuvieran la misma fuente de inspiración. San José Manyanet es hoy santo de nuestra Iglesia universal y la Iglesia católica al canonizarlo quiere que sea modelo de inspiración para renovar la familia en el mundo de hoy.

Queridos hermanos todos, pero en especial hijos e hijas de este gran santo, vivan en su ministerio en la Iglesia el carisma que les dejó como herencia san José Manyanet. Anuncien por todas partes el Evangelio de la Familia. Es una buena nueva de salvación para el mundo en que vivimos. Pero háganlo con pasión, como él lo hizo y por lo cual está hoy en los altares. Difundan con entusiasmo la espiritualidad de la Familia que él predicó. Las gestes de nuestras parroquias y comunidades la necesitan y la ansían.

Y ustedes, queridas familias y matrimonios que hoy gozan la canonización de san José Manyanet, hagan de sus hogares “familias de Nazaret”.

HOMILIA DE MONS. JORGE E. JIMÉNEZ, Obispo de Zipaquirá, Colombia.
Misa de acción de gracias por la canonización de san José Manyanet.

"Jesús, María y José una imagen de la Trinidad del cielo", por Mons. Josep Ángel Sáiz

(...) Nuestra vida cristiana arranca también de la Trinidad. Llevamos impresos en nuestros corazones el amor de un Dios que es Padre, que nos conoce y nos ama, que es Hijo, y se ha hecho hermano nuestro, ha recorrido nuestro camino y se ha entregado por nosotros, y que es Espíritu, que nos quiere llenar de su fuerza y de su vida (...)

Un modo muy peculiar de acercarse a la Trinidad y vivir la riqueza de su misterio la encontró san José Manyanet en la Sagrada Familia de Jesús, María y José, que él llamaba precisamente la “Trinidad de la tierra”.

San José Manyanet vio en Jesús, María y José una imagen de la Trinidad del cielo y la honró de un modo muy especial con una piedad filial. La vida de Jesús con María y José en Nazaret inspiró el camino de su santificación personal. Su santidad tiene los rasgos de la comunión familiar de Nazaret, que son el reflejo más fiel de la comunión Trinitaria.

Pero todavía más, san José Manyanet encontró en la Sagrada Familia también la inspiración para su apostolado. Él se sintió llamado por Dios para trabajar a favor fe las familias, encontró el modelo de familia dado por Dios a la humanidad en la Familia de Jesús, María y José. Por esto se esforzó para llevar a todas partes sus ejemplos de vida y de virtud, con la palabra, con los escritos y algunas prácticas de devoción y con una acción directa de pastoral familiar, particularmente a través de la educación e instrucción católica de los niños y jóvenes.

La inspiración del Templo expiatorio de la Sagrada Familia de nuestra ciudad es un exponente más de su celo por llevar la vida y los ejemplos de Jesús, María y José a nuestros hogares.

La fuerte vivencia trinitaria y las contemplación de la Familia de Nazaret llevaron a san José Manyanet a dedicar una atención preferente a la última anilla de esta cadena: la familia, nuestras familias, llamadas también a mirarse en el modelo de Nazaret para llegar a la participación de la misma comunión de Dios Padre con Dios Hijo por Dios Espíritu Santo.

San José Manyanet fue un verdadero apóstol de la familia. Consagró toda su vida al bien de las familias. Por una parte, les recordó la verdad “del principio” sobre el matrimonio y la familia, y por otra, denunció los males —como el matrimonio civil y el divorcio— que leyó como síntomas de la crisis que comenzaba.

Y aunque hizo una acción directa de ayuda a las familias, la suya fue una respuesta con el mismo método que las corrientes ideológicas del siglo XIX utilizaban. Ellas intentaban romper a la familia a través de una educación laica que minaba el fundamento de la obediencia y de la comunión familiar, pues san José Manyanet se esforzó por una educación e instrucción católica que diese solidez a los vínculos familiares ayudando a los hijos y a los padres a respetar el propio rol, imitando así los ejemplos de Jesús, María y José en Nazaret.

En la Casa de Nazaret encontró también el método pedagógico para asegurar el crecimiento integral y armónico de los hijos y, al mismo tiempo, el de los padres en el rol de esposos y educadores.

Es así como cada uno de nosotros y nuestras familias pueden ser sal y luz en nuestro mundo. Sal, que no dé solamente gusto, sino también solidez y sabor a nuestra vida personal y familiar. Y luz, que sirva para iluminar y guiar a los miembros, de nuestras familias y a las demás.

Texto extraído de la homilía del obispo auxiliar de Barcelona, Mons. Josep Ángel Sáiz con motivo del cambio de nombre de la parroquia Jesús, María y José, ahora Sant Josep Manyanet, en Sant Andreu del Palomar, Barcelona 2004.

Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la canonización. Barcelona 2006.





"Quien se dedica a la educación está investido de una segunda paternidad", por Sergio Cimignoli, S.F.

José Manyanet decide dedicarse a la educación y a la enseñanza para salvar a los niños de la calle y de una educación a la moda que niega toda autoridad. Manyanet invita al educador a orientar a los niños con autoridad, ejercitada de un modo competente y no autoritario: "Quien se dedica a la educación está investido de una segunda paternidad: la paternidad de la cultura y de la formación del alma, que se acerca mucho a la paternidad natural".

Esta paternidad se ejercita con amor y con espíritu de servicio, no con poder. Buscando de convencer más que de obligar y recordando que los jóvenes tienen necesidad de modelos de vida más que de maestros.

Por lo cual "el que es maestro debe poner su principal cuidado en que a todas sus lecciones y explicaciones preceda el buen ejemplo, porque si es muy cierto que la instrucción alumbra el entendimiento, también los es que los sanos ejemplos cautivan suavemente el corazón...

Los chicos son atraidos más por las buenas acciones y por la coherencia en las acciones de vida que por los avisos y preceptos".

Esto supone un auténtico y gran amor para los niños y los jóvenes:

"Es necesario conquistar a los niños mas con el amor que con el rigor...

El amor con todos tiene corazón de padre, de todos se compadece y a todos trata con afecto, benevolencia y maneras cariñosas y persuasivas, inclinadas mejor a recompensar que no a castigar".

Pedagogía: Sistema preventivo, por Sergio Cimignoli, S.F.

Se trata de una educación que tenga en cuenta el crecimiento y la maduración de los pequeños y de los jóvenes en todas las dimensiones de la persona, para que lleguen a ser libres y autónomos, capaces de ser protagonistas de la propia historia y comprometidos con la mejora de la sociedad.

José Manyanet, como Juan Bosco, es un defensor convencido del sistema preventivo en la educación. Esta es la razón por la que empieza con los más pequeños: "No debemos olvidar que el corazón del niño es como un pedazo de cera blanda en el que puede imprimirse con facilidad la imagen que se quiera. ¡Dichoso aquel que logra que la primera figura impresa en estos tiernos corazones de la juventud sea la de Jesús!"

Prevenir es mejor que curar, por eso recomendaba en sus escuelas:

"Se procure preveer y evitar los errores antes que castigarlos...

Es mas fácil dificultar la entrada que hacer salir al intruso, dice la Biblia...

Es un gran error aquel de quien, viendo ciertas extravagancias, caprichos y otros defectos en los niños, los considera travesuras de la niñez, diciendo que los corregirán cuando sean mas grandes y tengan mayor capacidad de juicio. No se dan cuenta de que cuanto más se retrasa la corrección, más se arraiga un vicio o un defecto que después es muy difícil eliminar".

Retrato del buen alumno, por Josep Roca, S.F.

José Manyanet propone acertados criterios pedagógicos para sus escuelas, como por ejemplo:

los objetivos generales de la educación,
la comunidad educativa,
el perfil del educador,
el derecho de los padres y la colaboración con la escuela,
el método activo,
la disciplina,
las condiciones para una buena dirección,
el edificio escolar, etc.

También hace una descripción de las cualidades del buen alumno, sujeto principal de la educación.

Entre otras, dice que el buen alumno se siente protagonista del aprendizaje. Es aplicado en clase y en el estudio. No pierde el tiempo, porque sería una lástima no aprovechar todas las oportunidades. Tiene amor al trabajo; hace las cosas con diligencia y nunca molesta.

Es meticuloso en la distribución de las horas y puntual en todo. Cumple lo mejor que sabe los avisos de los profesores y de las personas de autoridad. Con los compañeros tiene buen trato, es afable y colaborador, pero no permite ante él una palabra grosera o una broma de mal gusto. Ni discute ni pelea, sino que expone las razones con moderación.

Es dócil y obediente, ama a los profesores y agradece el esfuerzo que hacen por educarlo. Este amor y respeto es una prolongación del cuarto mandamiento de la Ley de Dios.

Es ordenado y tiene cuidado con los libros y el material, tanto particulares como comunes. No malgasta el dinero, sino que es ahorrador. Es pulcro en la forma de vestir, pero sin vanidad.

Tiene amor filial a Dios, nuestro Padre celestial, por esto cultiva la plegaria, recibe los sacramentos, es puro de pensamiento y obra.

Fuente: San José Manyanet, profeta de la familia, por Josep Roca (2007).