SAN JOSÉ MANYANET Y VIVES llevó a cabo una admirable actividad apostólica en favor de la promoción del matrimonio y de la familia cristiana, principalmente con la predicación, escribiendo libros, abriendo escuelas, colegios y centros de pastoral para la formación de los padres y de los hijos, especialmente de los más necesitados. JUAN PABLO II
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martes, 30 de diciembre de 2014
viernes, 6 de septiembre de 2013
Hijos de la Sagrada Familia, Jesús, María y José, ¿por qué?, por José María Blanquet, S.F.
San José Manyanet nos llamó Hijos de la Sagrada Familia, Jesús, María y José ya desde los albores de la fundación. El texto del primitivo Reglamento, de la fórmula de profesión religiosa que usó el Fundador y los primeros religiosos, y de las Constituciones y Reglas, lo tienen así formulado.
Él escribió que "por nuestra vocación somos llamados Hijos de la Sagrada Familia". ¿Qué fue primero la vocación o el título? Puede asegurarse que una y otro nacieron simultáneamente en la oración y contemplación del misterio de la vida de la Sagrada Familia de Nazaret y en la constatación de la situación social de su tiempo.
"Los patronos de nuestra congregación son nuestros Padres, Jesús, María y José, augusta Trinidad de la tierra, dada por el Padre celestial a los hombres como perfectísimo modelo. Téngala nuestros religiosos singularísimo afecto, procuren imitar fielmente sus virtudes y trabajen con celo para propagar su culto y devoción" (Suma 2).
La Sagrada Familia, Jesús, María y José, son nuestros Padres y, por consiguiente, nosotros somos sus Hijos —Hijos de la Sagrada Familia, Jesús, María y José— y Ellos son el modelo dado por Dios a todas las familias de la tierra. Debemos honrarla porque somo hijos; imitarla para hacer proféticamente presente su estilo de vida; y propagar su culto para que las familias vivan su vocación y misión según el plan de Dios revelado a la Sagrada Familia de Nazaret.
La decisión de colocar el Instituto bajo el patrocinio de la Sagrada Familia fue fruto de la gracia de Dios, pues aunque en Francia, Bélgica e Italia existían ya movimientos en favor de la devoción a la Sagrada Familia, en España no los había por lo menos de importancia.
El nuestro es el segundo Instituto masculino que nace en la España del siglo XIX, después de los Misioneros del Inmaculado Corazón de María, de san Antonio María Claret, y no resulta en los años de preparación de la fundación ninguna conexión ni con el P. Francoz de Lión, ni con los Redentoristas de Lieja, ni con el canónigo de Bolonia, Serafino Giorgi, que son los pioneros de la devoción a la Sagrada Familia en Europa.
Las raíces espirituales del carisma nazareno de san José Manyanet hay que buscarlo en su particular devoción a la Virgen de Valldeflors, patrona de su ciudad, que aparece con el niño Jesús en sus brazos, y a la que fue consagrado en la infancia por su madre, recibiendo la gracia de su aparición, y en su especial devoción a san José, ya sea porque llevaba su nombre —José Joaquín, se llamaba—, ya sea porque había aprendido a amarle al lado del obispo José Caixal, que era un gran devoto josefino.
El salto no fue difícil, sobre todo a través de san José, cuyas prerrogativas de esposo de la Virgen María y Padre de Jesús, lo vinculan necesariamente al Hogar de Nazaret. Ambos —María y José— le introdujeron en la intimidad de la Casa de Nazaret y allí fijó su residencia.
San José Manyanet puso, pues, el Instituto bajo el patrocinio de la Sagrada Familia para que reprodujese y actualizase en el tiempo el misterio de su vida, imitase sus virtudes y tradujese sus valores y los propagase a todos los hogares, ya que encierra un designio de salvación de Dios para la Iglesia y para la sociedad.
Manyanet identifica en Nazaret a la primera comunidad cristiana, la primera comunidad religiosa y la primera iglesia doméstica. Gracias al don de la filiación nazarena, habla siempre de la Sagrada Familia como de "nuestros santísimos Padres" y lo hace con un lenguaje tan familiar y enternecedor que revela el grado de intimidad que había alcanzado. Toda su vida y acción llevan ese sello.
Él escribió que "por nuestra vocación somos llamados Hijos de la Sagrada Familia". ¿Qué fue primero la vocación o el título? Puede asegurarse que una y otro nacieron simultáneamente en la oración y contemplación del misterio de la vida de la Sagrada Familia de Nazaret y en la constatación de la situación social de su tiempo.
"Los patronos de nuestra congregación son nuestros Padres, Jesús, María y José, augusta Trinidad de la tierra, dada por el Padre celestial a los hombres como perfectísimo modelo. Téngala nuestros religiosos singularísimo afecto, procuren imitar fielmente sus virtudes y trabajen con celo para propagar su culto y devoción" (Suma 2).
La Sagrada Familia, Jesús, María y José, son nuestros Padres y, por consiguiente, nosotros somos sus Hijos —Hijos de la Sagrada Familia, Jesús, María y José— y Ellos son el modelo dado por Dios a todas las familias de la tierra. Debemos honrarla porque somo hijos; imitarla para hacer proféticamente presente su estilo de vida; y propagar su culto para que las familias vivan su vocación y misión según el plan de Dios revelado a la Sagrada Familia de Nazaret.
La decisión de colocar el Instituto bajo el patrocinio de la Sagrada Familia fue fruto de la gracia de Dios, pues aunque en Francia, Bélgica e Italia existían ya movimientos en favor de la devoción a la Sagrada Familia, en España no los había por lo menos de importancia.
El nuestro es el segundo Instituto masculino que nace en la España del siglo XIX, después de los Misioneros del Inmaculado Corazón de María, de san Antonio María Claret, y no resulta en los años de preparación de la fundación ninguna conexión ni con el P. Francoz de Lión, ni con los Redentoristas de Lieja, ni con el canónigo de Bolonia, Serafino Giorgi, que son los pioneros de la devoción a la Sagrada Familia en Europa.
Las raíces espirituales del carisma nazareno de san José Manyanet hay que buscarlo en su particular devoción a la Virgen de Valldeflors, patrona de su ciudad, que aparece con el niño Jesús en sus brazos, y a la que fue consagrado en la infancia por su madre, recibiendo la gracia de su aparición, y en su especial devoción a san José, ya sea porque llevaba su nombre —José Joaquín, se llamaba—, ya sea porque había aprendido a amarle al lado del obispo José Caixal, que era un gran devoto josefino.
El salto no fue difícil, sobre todo a través de san José, cuyas prerrogativas de esposo de la Virgen María y Padre de Jesús, lo vinculan necesariamente al Hogar de Nazaret. Ambos —María y José— le introdujeron en la intimidad de la Casa de Nazaret y allí fijó su residencia.
San José Manyanet puso, pues, el Instituto bajo el patrocinio de la Sagrada Familia para que reprodujese y actualizase en el tiempo el misterio de su vida, imitase sus virtudes y tradujese sus valores y los propagase a todos los hogares, ya que encierra un designio de salvación de Dios para la Iglesia y para la sociedad.
Manyanet identifica en Nazaret a la primera comunidad cristiana, la primera comunidad religiosa y la primera iglesia doméstica. Gracias al don de la filiación nazarena, habla siempre de la Sagrada Familia como de "nuestros santísimos Padres" y lo hace con un lenguaje tan familiar y enternecedor que revela el grado de intimidad que había alcanzado. Toda su vida y acción llevan ese sello.
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San José Manyanet y Antonio Gaudí, dos santos y un gran sueño, por Sergio Cimignoli, S.F.
Entre las ciudades europeas, Barcelona es moderna y dinámica. Los reclamos son muchos y de todo tipo. Pero, sin duda, en los últimos años, el principal ha sido el arte de Antonio Gaudí.
Gaudí es el único arquitecto moderno que recibe cada año el reconocimiento de más de dos millones de visitantes. Todos quedan encantados por la originalidad y actualidad de un artista genial, audaz, revolucionario... un "enamorado" de la belleza.
Gaudí no pertenece a un movimiento arquitectónico; único en su género, experimentó soluciones nuevas, nunca antes intentadas.
Más allá del esplendor, la originalidad y la belleza de las obras y proyectos de Gaudí, está la extraordinaria riqueza de su persona y de su fe. El fue un cristiano ejemplar y vivió la fe como fundamento de su vida y su trabajo. Incluso el principio que le guiaba en sus opciones artísticas derivaba de la fe.
Se consideraba un "imitador", no un creador de formas, porque el único creador es Dios. Gaudí, decía: "El hombre continúa la creación con su trabajo. Dios continua la creación a través del hombre".
Un encuentro providencial
Cuando el 3 de noviembre de 1883, su fe y su genio artístico se encontraron con la idea de otro "santo", también su vida y sus intereses cambiaron y poco a poco renunció a todo, fama y dinero, para dedicarse completamente al proyecto y la construcción del Templo expiatorio de la Sagrada Familia, poniéndose totalmente al servicio de un cliente "que no tiene prisa".
La idea era de José Manyanet, un sacerdote con una visión y con unos proyectos igualmente geniales, arriesgados y proféticos. Su sueño era construir una sociedad nueva a través de la familia y proponiendo a la Sagrada Familia como modelo: "Hacer del mundo una familia, de cada familia un Nazaret". Era todavía joven pero ya había decidido dedicar su vida a la realización de su sueño, hasta le punto de proponer la construcción de un símbolo visible de su proyecto.
El 24 de junio de 1869 manifestó su idea en una carta dirigida a D. José Caixal, su obispo de la diócesis de Urgell. Al final de la carta hay una apostilla, escrita por el mismo José Manyanet cuando la construcción del templo se había iniciado: "Nota. Este pensamiento lo comuniqué más tarde al Sr. D. Jose Bocabella (a) Viuda Pla, de Barcelona, quien lo inició en El Propagador de la Devoción a San José, dando todo esto pie al levantamiento del famoso templo de la Sagrada Familia".
Hubo un momento en que se intentó que fuese el propio Manyanet el que se hiciera cargo de la animación del templo, pero él estaba demasiado ocupado en la fundación de sus congregaciones religiosas y no le fue posible aceptar, pero en cualquier caso permaneció fiel a su compromiso de sostener, con la oración y la entrega de donativos, su idea.
El mismo Gaudí, más de una vez, en su sencillez y humildad, admitió sentirse apoyado por personas desconocidas: "Nadie puede gloriarse —dijo una vez— porque todo esto es don de Dios; a menudo Él se sirve de cualquiera... A veces creemos que nos toca a nosotros la gloria de aquello que es bueno y los meritos que cada uno de nosotros, con su talento, se ha ganado realizando algo importante; cuando en realidad, se debe a un alma desconocida que reza por el éxito de una persona más conocida".
Muchos patrocinadores se han ofrecido para acelerar los trabajos, pero no obstante las presiones tan atractivas, han sido rechazados. El Padre Manyanet y Gaudí quisieron que se edificase solo y exclusivamente con la caridad, las limosnas del pueblo. "En la Sagrada Familia —dice Gaudí— todo es fruto de la Providencia, incluso mi participación como arquitecto". Y para decirlo con pocas palabras, añadía: "Este templo lo acabará San José".
Cuando en 1915 los fondos para la construcción del templo escaseaban, se hizo él mismo pobre, llegando a pedir limosna entre la rica burguesía de Barcelona para continuar la obra. Florecieron así las anécdotas y leyendas acerca de un hombre que había renunciado al dinero y a la fama, por una empresa que muchos consideraban imposible.
Originalidad y simplicidad de la naturaleza y de Nazaret
José Manyanet y Antonio Gaudí estaban guiados, en sus proyectos, por la misma idea madre.
Gaudí creía que su responsabilidad era unir con un "hilo de oro" la creación de Dios, la naturaleza con la arquitectura. Buscaba las soluciones en la naturaleza y las transfería a la arquitectura. Decía: "Mi maestro es el árbol del jardín que está frente a mi ventana".
Estaba convencido de que "la originalidad consiste en la vuelta a los orígenes; original es, por lo tanto, aquello que con medios nuevos permite volver a la simplicidad de las soluciones primeras".
Manyanet decía:
"Volvamos a la simplicidad de Nazaret donde todo tuvo su inicio. Vayamos cada día a Nazaret, porque ellos, Jesús, María y José, son nuestros maestros; tomemos de ellos los secretos para la reconstrucción de la familia, de la Iglesia y de una nueva sociedad, con medios y mentalidad nueva. Atemos con un 'hilo de oro' la experiencia de aquella extraordinaria Familia a la vida de las familias de hoy, para transmitir las bases sólidas que crean relaciones sanas y educativas".
Ambos estaban fascinados por el misterio de la Encarnación. Gaudí, al inicio del siglo XX, trabajaba en la edificación de la fachada del Nacimiento, la única de las tres que ha sido construida bajo su dirección. Quiso comenzar con la fachada dedicada a la Encarnación, "porque los misterios de la infancia de Jesús son aquellos que hablan más directamente al corazón del pueblo".
También José Manyanet estaba convencido de que el camino más cercano al corazón de la gente, para la edificación de las buenas familias, debe partir de nuevo desde Nazaret.
Gaudí, según el decir de aquellos que le conocieron, era un "santo" muy humilde, muy religioso. Mientras construía la Sagrada Familia, la Sagrada Familia, le construía a él espiritualmente.
"Ve, repara mi casa"
Manyanet se identifica con el discípulo que cada día aprende algo nuevo del misterio de Nazaret. También para él se trata de acercase a Nazaret para dejarse transformar por la Sagrada Familia.
Ambos, como Francisco de Asís, amantes de la sencillez, poseían un espíritu extraordinario de pobreza y también a ellos el Señor les dice: "Ve, repara mi casa".
Gaudí responde a este mandato construyendo un templo con piedras que hablan: "Uno ve las piedras de la Sagrada Familia y es evangelio puro. La Sagrada Familia es un libro para todo el mundo, para quien tiene fe y para quien sabe leer con el corazón y con la mente".
Por esto la arquitectura de Gaudí la comprenden mejor los niños que los arquitectos, porque los niños no tienen prejuicios, conservan todavía la inocencia. Ven una cosa que es agradable porque se asemeja a la naturaleza, y la naturaleza es placentera.
El cardenal Pietro Palazzini, prefecto de la congregación para las Causas de los Santos cuando José Manyanet fue proclamado beato, tuvo la responsabilidad de examinar los documentos y los testimonios referidos a su persona y a su obra. De todo esto se formó una opinión personal: "Por los estudios hechos sobre Manyanet y por los escritos de los testimonios, yo le considero como un nuevo san Francisco de Asís, a quien un día Jesús dijo: 'Ve, repara mi casa".
La casa para reparar de la cual había sido encargado era la familia, entonces muy amenazada en España y en algunos lugares de Europa. Y esto porque, como dice san Pablo, el carisma de los fundadores no les es concedido a título personal, sino "en vista del bien común" (1 Cor 2,11).
Si cada fundador tiene una misión, el cielo encomendó a Manyanet el cuidado de la iglesia doméstica, la familia, y ella fue el objeto primordial de sus preocupaciones pastorales.
Dos iniciativas con futuro
Les une también una última coincidencia no menos importante. Manyanet a los 31 años renunció a una carrera eclesiástica brillante para dedicarse al carisma que el cielo le confiaba y que le ocasionó tantas lágrimas y sudores.
Gaudí a los 31 años, ya un artista con futuro, recibió el encargo de construir el templo de la Sagrada Familia. Trabajó en él durante 43 años. A partir de 1910 renunció a cualquier otro encargo, para dedicarse exclusivamente al templo.
En el último año de su vida eligió vivir en el templo, como hacían los antiguos artistas y artesanos. El sabía que no podía unir su nombre a la obra acabada: "No quisiera yo terminar los trabajos, porque no sería conveniente. Es necesario conservar siempre el espíritu del monumento, pero su vida debe depender de las generaciones que se lo transmitan y con las cuales la Iglesia vive y se encarna".
Gaudí fue sepultado en la cripta, pero su genio de "artista total" está tan vivo y presente que visitando su obra de arte, en construcción, parece que uno se encuentra en una cantera de las catedrales de la Edad Media. El espíritu y el fervor de las obras es aquél..., solo que los andamios y las estructuras precarias de antes han sido sustituidos por grúas imponentes, ascensores, técnicas de trabajo vanguardistas, arquitectos, ingenieros, y trabajadores con cascos brillantes. Pero algunos jarrones de flores, bien cuidados, cercanos a los talleres de los trabajadores del templo, nos remiten a la idea de la belleza de la naturaleza, de la cual han sido "robadas" las figuras arquitectónicas más audaces del templo.
Gaudí es el único arquitecto moderno que recibe cada año el reconocimiento de más de dos millones de visitantes. Todos quedan encantados por la originalidad y actualidad de un artista genial, audaz, revolucionario... un "enamorado" de la belleza.
Gaudí no pertenece a un movimiento arquitectónico; único en su género, experimentó soluciones nuevas, nunca antes intentadas.
Más allá del esplendor, la originalidad y la belleza de las obras y proyectos de Gaudí, está la extraordinaria riqueza de su persona y de su fe. El fue un cristiano ejemplar y vivió la fe como fundamento de su vida y su trabajo. Incluso el principio que le guiaba en sus opciones artísticas derivaba de la fe.
Se consideraba un "imitador", no un creador de formas, porque el único creador es Dios. Gaudí, decía: "El hombre continúa la creación con su trabajo. Dios continua la creación a través del hombre".
Un encuentro providencial
Cuando el 3 de noviembre de 1883, su fe y su genio artístico se encontraron con la idea de otro "santo", también su vida y sus intereses cambiaron y poco a poco renunció a todo, fama y dinero, para dedicarse completamente al proyecto y la construcción del Templo expiatorio de la Sagrada Familia, poniéndose totalmente al servicio de un cliente "que no tiene prisa".
La idea era de José Manyanet, un sacerdote con una visión y con unos proyectos igualmente geniales, arriesgados y proféticos. Su sueño era construir una sociedad nueva a través de la familia y proponiendo a la Sagrada Familia como modelo: "Hacer del mundo una familia, de cada familia un Nazaret". Era todavía joven pero ya había decidido dedicar su vida a la realización de su sueño, hasta le punto de proponer la construcción de un símbolo visible de su proyecto.
El 24 de junio de 1869 manifestó su idea en una carta dirigida a D. José Caixal, su obispo de la diócesis de Urgell. Al final de la carta hay una apostilla, escrita por el mismo José Manyanet cuando la construcción del templo se había iniciado: "Nota. Este pensamiento lo comuniqué más tarde al Sr. D. Jose Bocabella (a) Viuda Pla, de Barcelona, quien lo inició en El Propagador de la Devoción a San José, dando todo esto pie al levantamiento del famoso templo de la Sagrada Familia".
Hubo un momento en que se intentó que fuese el propio Manyanet el que se hiciera cargo de la animación del templo, pero él estaba demasiado ocupado en la fundación de sus congregaciones religiosas y no le fue posible aceptar, pero en cualquier caso permaneció fiel a su compromiso de sostener, con la oración y la entrega de donativos, su idea.
El mismo Gaudí, más de una vez, en su sencillez y humildad, admitió sentirse apoyado por personas desconocidas: "Nadie puede gloriarse —dijo una vez— porque todo esto es don de Dios; a menudo Él se sirve de cualquiera... A veces creemos que nos toca a nosotros la gloria de aquello que es bueno y los meritos que cada uno de nosotros, con su talento, se ha ganado realizando algo importante; cuando en realidad, se debe a un alma desconocida que reza por el éxito de una persona más conocida".
Muchos patrocinadores se han ofrecido para acelerar los trabajos, pero no obstante las presiones tan atractivas, han sido rechazados. El Padre Manyanet y Gaudí quisieron que se edificase solo y exclusivamente con la caridad, las limosnas del pueblo. "En la Sagrada Familia —dice Gaudí— todo es fruto de la Providencia, incluso mi participación como arquitecto". Y para decirlo con pocas palabras, añadía: "Este templo lo acabará San José".
Cuando en 1915 los fondos para la construcción del templo escaseaban, se hizo él mismo pobre, llegando a pedir limosna entre la rica burguesía de Barcelona para continuar la obra. Florecieron así las anécdotas y leyendas acerca de un hombre que había renunciado al dinero y a la fama, por una empresa que muchos consideraban imposible.
Originalidad y simplicidad de la naturaleza y de Nazaret
José Manyanet y Antonio Gaudí estaban guiados, en sus proyectos, por la misma idea madre.
Gaudí creía que su responsabilidad era unir con un "hilo de oro" la creación de Dios, la naturaleza con la arquitectura. Buscaba las soluciones en la naturaleza y las transfería a la arquitectura. Decía: "Mi maestro es el árbol del jardín que está frente a mi ventana".
Estaba convencido de que "la originalidad consiste en la vuelta a los orígenes; original es, por lo tanto, aquello que con medios nuevos permite volver a la simplicidad de las soluciones primeras".
Manyanet decía:
"Volvamos a la simplicidad de Nazaret donde todo tuvo su inicio. Vayamos cada día a Nazaret, porque ellos, Jesús, María y José, son nuestros maestros; tomemos de ellos los secretos para la reconstrucción de la familia, de la Iglesia y de una nueva sociedad, con medios y mentalidad nueva. Atemos con un 'hilo de oro' la experiencia de aquella extraordinaria Familia a la vida de las familias de hoy, para transmitir las bases sólidas que crean relaciones sanas y educativas".
Ambos estaban fascinados por el misterio de la Encarnación. Gaudí, al inicio del siglo XX, trabajaba en la edificación de la fachada del Nacimiento, la única de las tres que ha sido construida bajo su dirección. Quiso comenzar con la fachada dedicada a la Encarnación, "porque los misterios de la infancia de Jesús son aquellos que hablan más directamente al corazón del pueblo".
También José Manyanet estaba convencido de que el camino más cercano al corazón de la gente, para la edificación de las buenas familias, debe partir de nuevo desde Nazaret.
Gaudí, según el decir de aquellos que le conocieron, era un "santo" muy humilde, muy religioso. Mientras construía la Sagrada Familia, la Sagrada Familia, le construía a él espiritualmente.
"Ve, repara mi casa"
Manyanet se identifica con el discípulo que cada día aprende algo nuevo del misterio de Nazaret. También para él se trata de acercase a Nazaret para dejarse transformar por la Sagrada Familia.
Ambos, como Francisco de Asís, amantes de la sencillez, poseían un espíritu extraordinario de pobreza y también a ellos el Señor les dice: "Ve, repara mi casa".
Gaudí responde a este mandato construyendo un templo con piedras que hablan: "Uno ve las piedras de la Sagrada Familia y es evangelio puro. La Sagrada Familia es un libro para todo el mundo, para quien tiene fe y para quien sabe leer con el corazón y con la mente".
Por esto la arquitectura de Gaudí la comprenden mejor los niños que los arquitectos, porque los niños no tienen prejuicios, conservan todavía la inocencia. Ven una cosa que es agradable porque se asemeja a la naturaleza, y la naturaleza es placentera.
El cardenal Pietro Palazzini, prefecto de la congregación para las Causas de los Santos cuando José Manyanet fue proclamado beato, tuvo la responsabilidad de examinar los documentos y los testimonios referidos a su persona y a su obra. De todo esto se formó una opinión personal: "Por los estudios hechos sobre Manyanet y por los escritos de los testimonios, yo le considero como un nuevo san Francisco de Asís, a quien un día Jesús dijo: 'Ve, repara mi casa".
La casa para reparar de la cual había sido encargado era la familia, entonces muy amenazada en España y en algunos lugares de Europa. Y esto porque, como dice san Pablo, el carisma de los fundadores no les es concedido a título personal, sino "en vista del bien común" (1 Cor 2,11).
Si cada fundador tiene una misión, el cielo encomendó a Manyanet el cuidado de la iglesia doméstica, la familia, y ella fue el objeto primordial de sus preocupaciones pastorales.
Dos iniciativas con futuro
Les une también una última coincidencia no menos importante. Manyanet a los 31 años renunció a una carrera eclesiástica brillante para dedicarse al carisma que el cielo le confiaba y que le ocasionó tantas lágrimas y sudores.
Gaudí a los 31 años, ya un artista con futuro, recibió el encargo de construir el templo de la Sagrada Familia. Trabajó en él durante 43 años. A partir de 1910 renunció a cualquier otro encargo, para dedicarse exclusivamente al templo.
En el último año de su vida eligió vivir en el templo, como hacían los antiguos artistas y artesanos. El sabía que no podía unir su nombre a la obra acabada: "No quisiera yo terminar los trabajos, porque no sería conveniente. Es necesario conservar siempre el espíritu del monumento, pero su vida debe depender de las generaciones que se lo transmitan y con las cuales la Iglesia vive y se encarna".
Gaudí fue sepultado en la cripta, pero su genio de "artista total" está tan vivo y presente que visitando su obra de arte, en construcción, parece que uno se encuentra en una cantera de las catedrales de la Edad Media. El espíritu y el fervor de las obras es aquél..., solo que los andamios y las estructuras precarias de antes han sido sustituidos por grúas imponentes, ascensores, técnicas de trabajo vanguardistas, arquitectos, ingenieros, y trabajadores con cascos brillantes. Pero algunos jarrones de flores, bien cuidados, cercanos a los talleres de los trabajadores del templo, nos remiten a la idea de la belleza de la naturaleza, de la cual han sido "robadas" las figuras arquitectónicas más audaces del templo.
jueves, 5 de septiembre de 2013
El testimonio de su santidad
La fama de santidad que le distinguió en vida, se extendió por muchas partes. Por lo que, introducida la Causa de Canonización en 1956, reconocida la heroicidad de sus virtudes en 1982 y aprobado un milagro debido a su intercesión, fue declarado Beato por Juan Pablo II en 1984.
Veinte años más tarde, reconocido un nuevo milagro obrado por su intercesión, Juan Pablo II lo inscribió en el albo de los santos el día 16 de mayo de 2004.
La santidad de José Manyanet, como afirmó Juan Pablo II, tiene su origen en la Sagrada Familia. Fue llamado por Dios "para que en su nombre sean bendecidas todas las familias del mundo".
El Espíritu forjó su personalidad para que anunciara con valentía el "Evangelio de la familia". Su gran aspiración era que "todas las familias imiten y bendigan a la Sagrada Familia de Nazaret"; por ello, quiso hacer un Nazaret en cada hogar, una "Santa Familia" de cada familia.
La canonización del Beato José Manyanet ha sancionado no solo la santidad, sino también la actualidad de su mensaje nazareno familiar. Es, por eso, el profeta de la familia, el protector de las familias.
Fuente: José Manyanet Santo, Memoria de la Canonización, Barcelona 2006.
Veinte años más tarde, reconocido un nuevo milagro obrado por su intercesión, Juan Pablo II lo inscribió en el albo de los santos el día 16 de mayo de 2004.
La santidad de José Manyanet, como afirmó Juan Pablo II, tiene su origen en la Sagrada Familia. Fue llamado por Dios "para que en su nombre sean bendecidas todas las familias del mundo".
El Espíritu forjó su personalidad para que anunciara con valentía el "Evangelio de la familia". Su gran aspiración era que "todas las familias imiten y bendigan a la Sagrada Familia de Nazaret"; por ello, quiso hacer un Nazaret en cada hogar, una "Santa Familia" de cada familia.
La canonización del Beato José Manyanet ha sancionado no solo la santidad, sino también la actualidad de su mensaje nazareno familiar. Es, por eso, el profeta de la familia, el protector de las familias.
Fuente: José Manyanet Santo, Memoria de la Canonización, Barcelona 2006.
La familia en el pensamiento de José Manyanet, por Josep Roca, S.F.
En la lectura atenta del evangelio, sobre todo contemplando los años de vida familiar de Jesús, María y José, José Manyanet encontró la perla preciosa de su vida.
En Nazaret descubrió el hogar de la santa familia, el templo donde habitaba el Hijo de Dios entre nosotros y la escuela del Evangelio. En su visita espiritual a Nazaret profundizaba en el misterio del amor de Dios que se revela en la sencillez de la vida cotidiana.
De esta contemplación, que recomendó a sus hijos e hijas espirituales, manaba una fuente de agua clara que saciaba la sed de su corazón y lo movía a encarnar este misterio en su vida y en su apostolado.
De sus escritos, sobre todo de las obras principales:
La Escuela de Nazaret y Casa de la Sagrada Familia (1895),
El Espíritu de la Sagrada Familia (1897),
Preciosa Joya de Familia (1899),
y de su abundante correspondencia se puede extraer como un cuerpo doctrinal, que podríamos resumir en esta especie de decálogo:
1. La familia proviene de Dios
Dios, que en su interior conforma entre las personas divinas la familia trinitaria, en el principio creó hombre y mujer a su imagen y semejanza y los llamó a formar familia.
2. El matrimonio tiene un carácter sagrado
El matrimonio es el origen de la familia. Cristo dice que así lo estableció Dios desde el principio. No es, por tanto, un simple invento de los hombres. Por esto es necesario prepararse bien para recibirlo y defender su dignidad.
3. El matrimonio cristiano es un sacramento
Cristo elevó la unión del hombre y la mujer a la dignidad de sacramento, es decir, de signo de la vida de Cristo en unión con su cuerpo que es la Iglesia.
Dios celebra las bodas de la humanidad a través de la encarnación que se sella en la cruz, en la que nace la nueva humanidad del costado de Cristo. El matrimonio expresa de una forma sacramental este misterio: "Este misterio es grande: yo entiendo que se refiere a Cristo y a la Iglesia" (Ef 5,32).
4. El fruto más valioso del matrimonio son los hijos
La vida viene de Dios pero se transmite de generación en generación con la colaboración de los padres. Los hijos son el mejor regalo que Dios puede hacerles y tienen que acogerlos con alegría, por encima de cualquier otro motivo o interés. Su primera responsabilidad es educarlos y acompañarlos hacia la plenitud humana.
5. El matrimonio tiene sus reglas de juego y sus deberes
Los esposos deben aceptarse con júbilo, respetarse, dialogar, tener confianza mutua. Deben complacerse y compartir las alegrías y las tristezas.
6. El amor es el gran valor que da calidad a la vida matrimonial y familiar
El amor viene de Dios y la familia es una depositaria calificada de ese amor. Tiene que recibirlo y cultivarlo con cuidado. El amor tiene que ser de palabra y de corazón, pero sobre todo, de obra.
7. Las manifestaciones del amor
Las manifestaciones del amor son la aceptación mutua y, en consecuencia, la paz y la concordia familiar
La paz y la armonía de los padres entre ellos y con los hijos es fundamental y la condición para la felicidad familiar y para la edificación de la sociedad.
8. En la familia los padres son como sacerdotes
La paternidad es como un sacerdocio; y así como es propio del sacerdote exhortar, predicar y orar, igualmente los padres de familia, en su casa, tienen que ser celosos, vigilantes y constantes, aunque prudentes predicadores, con la palabra y el buen ejemplo.
9. La familia es la célula primera de la sociedad
La buena salud de la familia repercute directamente en la buena armonía y funcionamiento de la sociedad. En cambio, de una familia enferma, del desorden y de los antagonismos familiares provienen individuos débiles y conflictivos que exigen costosos recursos de rehabilitación.
10. El icono de la Sagrada Familia, Trinidad de la tierra, es una imagen de la familia querida por Dios
La contemplación de la familia de Nazaret nos introduce en el misterio de la vida trinitaria. Los padres y los hijos encuentran en ella el modelo de su vida familiar y una ayuda permanente para conseguirlo.
Fuente: San José Mañanet, profeta de la familia, por Josep Roca, S.F. (2007).
En Nazaret descubrió el hogar de la santa familia, el templo donde habitaba el Hijo de Dios entre nosotros y la escuela del Evangelio. En su visita espiritual a Nazaret profundizaba en el misterio del amor de Dios que se revela en la sencillez de la vida cotidiana.
De esta contemplación, que recomendó a sus hijos e hijas espirituales, manaba una fuente de agua clara que saciaba la sed de su corazón y lo movía a encarnar este misterio en su vida y en su apostolado.
De sus escritos, sobre todo de las obras principales:
La Escuela de Nazaret y Casa de la Sagrada Familia (1895),
El Espíritu de la Sagrada Familia (1897),
Preciosa Joya de Familia (1899),
y de su abundante correspondencia se puede extraer como un cuerpo doctrinal, que podríamos resumir en esta especie de decálogo:
1. La familia proviene de Dios
Dios, que en su interior conforma entre las personas divinas la familia trinitaria, en el principio creó hombre y mujer a su imagen y semejanza y los llamó a formar familia.
2. El matrimonio tiene un carácter sagrado
El matrimonio es el origen de la familia. Cristo dice que así lo estableció Dios desde el principio. No es, por tanto, un simple invento de los hombres. Por esto es necesario prepararse bien para recibirlo y defender su dignidad.
3. El matrimonio cristiano es un sacramento
Cristo elevó la unión del hombre y la mujer a la dignidad de sacramento, es decir, de signo de la vida de Cristo en unión con su cuerpo que es la Iglesia.
Dios celebra las bodas de la humanidad a través de la encarnación que se sella en la cruz, en la que nace la nueva humanidad del costado de Cristo. El matrimonio expresa de una forma sacramental este misterio: "Este misterio es grande: yo entiendo que se refiere a Cristo y a la Iglesia" (Ef 5,32).
4. El fruto más valioso del matrimonio son los hijos
La vida viene de Dios pero se transmite de generación en generación con la colaboración de los padres. Los hijos son el mejor regalo que Dios puede hacerles y tienen que acogerlos con alegría, por encima de cualquier otro motivo o interés. Su primera responsabilidad es educarlos y acompañarlos hacia la plenitud humana.
5. El matrimonio tiene sus reglas de juego y sus deberes
Los esposos deben aceptarse con júbilo, respetarse, dialogar, tener confianza mutua. Deben complacerse y compartir las alegrías y las tristezas.
6. El amor es el gran valor que da calidad a la vida matrimonial y familiar
El amor viene de Dios y la familia es una depositaria calificada de ese amor. Tiene que recibirlo y cultivarlo con cuidado. El amor tiene que ser de palabra y de corazón, pero sobre todo, de obra.
7. Las manifestaciones del amor
Las manifestaciones del amor son la aceptación mutua y, en consecuencia, la paz y la concordia familiar
La paz y la armonía de los padres entre ellos y con los hijos es fundamental y la condición para la felicidad familiar y para la edificación de la sociedad.
8. En la familia los padres son como sacerdotes
La paternidad es como un sacerdocio; y así como es propio del sacerdote exhortar, predicar y orar, igualmente los padres de familia, en su casa, tienen que ser celosos, vigilantes y constantes, aunque prudentes predicadores, con la palabra y el buen ejemplo.
9. La familia es la célula primera de la sociedad
La buena salud de la familia repercute directamente en la buena armonía y funcionamiento de la sociedad. En cambio, de una familia enferma, del desorden y de los antagonismos familiares provienen individuos débiles y conflictivos que exigen costosos recursos de rehabilitación.
10. El icono de la Sagrada Familia, Trinidad de la tierra, es una imagen de la familia querida por Dios
La contemplación de la familia de Nazaret nos introduce en el misterio de la vida trinitaria. Los padres y los hijos encuentran en ella el modelo de su vida familiar y una ayuda permanente para conseguirlo.
Fuente: San José Mañanet, profeta de la familia, por Josep Roca, S.F. (2007).
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Familias como iglesias domésticas, por Josep Roca, S.F.
El objetivo apostólico de José Manyanet y de sus institutos es configurar las familias según el modelo de Nazaret "que el Padre Eterno, por su bondad infinita, se dignó presentar a los hombres como el modelo más perfecto para todos los estados, edades y condiciones".
Esto significa ayudar a las familias a ser verdadera "iglesias domésticas". Los padres de familia, dentro del hogar, son como los sacerdotes y tienen que exhortar a todos los miembros, predicar y dirigir la oración familiar.
"La paternidad —comenta— es como un sacerdocio". El papa Pío IX, al proclamar a san José protector de la Iglesia, lo hacía porque era el custodio y padre de la familia de Nazaret. Juan Pablo II ha reconocido en la Sagrada Familia la originaria "iglesia doméstica".
Si la casa de Nazaret fue la cuna de la Iglesia, cada familia puede llegar a ser un verdadero santuario del amor y de la vida, imitando el ejemplo de Jesús, el hermano primogénito que vivió obediente a sus padres y nos amó "hasta el extremo", de María, la madre de la Iglesia, la nueva familia de los hijos de Dios, y de José, el esposo de María y protector de los dos seres más amados del Padre del cielo.
Fuente: San José Manyanet, profeta de la familia, por Josep Roca, S.F. (2007).
Esto significa ayudar a las familias a ser verdadera "iglesias domésticas". Los padres de familia, dentro del hogar, son como los sacerdotes y tienen que exhortar a todos los miembros, predicar y dirigir la oración familiar.
"La paternidad —comenta— es como un sacerdocio". El papa Pío IX, al proclamar a san José protector de la Iglesia, lo hacía porque era el custodio y padre de la familia de Nazaret. Juan Pablo II ha reconocido en la Sagrada Familia la originaria "iglesia doméstica".
Si la casa de Nazaret fue la cuna de la Iglesia, cada familia puede llegar a ser un verdadero santuario del amor y de la vida, imitando el ejemplo de Jesús, el hermano primogénito que vivió obediente a sus padres y nos amó "hasta el extremo", de María, la madre de la Iglesia, la nueva familia de los hijos de Dios, y de José, el esposo de María y protector de los dos seres más amados del Padre del cielo.
Fuente: San José Manyanet, profeta de la familia, por Josep Roca, S.F. (2007).
Nazaret, un carisma para la Iglesia, por Sergio Cimignoli, S.F.
Sin un amor no se puede vivir. Cada uno de nosotros vive un tiempo especial en el que nace y crece dentro del propio corazón el amor que marca para siempre la vida y sus decisiones.
José Manyanet desde joven se sintió fascinado por la devoción a María. Por el nombre que llevaba, sintió una simpatía particular por san José y, ellos, María y José, le llevaron a Jesús. Se encontró siendo uno de casa en Nazaret: un hijo que gozaba de la intimidad de la Sagrada Familia.
Poco a poco esto llegó a ser su gran amor, el centro y el punto de apoyo que movió toda su vida: "Experimentando espiritualmente la intimidad de vida con Jesús, María y José, llegó a ser hijo, testigo y apóstol del misterio de la Sagrada Familia" (Juan Pablo II).
Nazaret llegó a ser también el carisma y la espiritualidad que él dejó a la Iglesia: entender hasta el fondo el realismo de la encarnación del Hijo de Dios que realiza la redención de la humanidad en el seno y con la ayuda de la familia humana.
Juan Pablo II en la Carta a las familias escribe: "En el misterio de la Sagrada Familia el Esposo divino realiza la redención de todas las familias y proclama el Evangelio de la familia".
José Manyanet, descubierta la riqueza de la casa de Nazaret, se enamoró y vivió establemente en él contemplando y escuchando con el corazón aquello que, poco a poco, Jesús, María y José le sugerían para estar de modo concreto al servicio de los jóvenes y de las familias.
Él ofreció su vida para que la Sagrada Familia fuera un punto de referencia para todo cristiano, para todas las familias, para las comunidades religiosas, para la Iglesia y para la sociedad.
En sus escritos se presenta convencido de que cualquiera que se acerca, con ánimo libre, a este misterio fácilmente se enamora de él.
No es una devoción cualquiera, sino el camino más breve y sencillo para acercarse a la verdad y a la intimidad más profunda con Dios-Trinidad del cielo. La Trinidad de la tierra (así llama a menudo a la Sagrada Familia) es un enganche intermedio necesario para llegar a las alturas de Dios y a la profundad de su misterio. Pero no nos deja en suspenso, nos empuja a seguir a Jesús en la concreción y sencillez de la vida de todos los días.
José Manyanet desde joven se sintió fascinado por la devoción a María. Por el nombre que llevaba, sintió una simpatía particular por san José y, ellos, María y José, le llevaron a Jesús. Se encontró siendo uno de casa en Nazaret: un hijo que gozaba de la intimidad de la Sagrada Familia.
Poco a poco esto llegó a ser su gran amor, el centro y el punto de apoyo que movió toda su vida: "Experimentando espiritualmente la intimidad de vida con Jesús, María y José, llegó a ser hijo, testigo y apóstol del misterio de la Sagrada Familia" (Juan Pablo II).
Nazaret llegó a ser también el carisma y la espiritualidad que él dejó a la Iglesia: entender hasta el fondo el realismo de la encarnación del Hijo de Dios que realiza la redención de la humanidad en el seno y con la ayuda de la familia humana.
Juan Pablo II en la Carta a las familias escribe: "En el misterio de la Sagrada Familia el Esposo divino realiza la redención de todas las familias y proclama el Evangelio de la familia".
José Manyanet, descubierta la riqueza de la casa de Nazaret, se enamoró y vivió establemente en él contemplando y escuchando con el corazón aquello que, poco a poco, Jesús, María y José le sugerían para estar de modo concreto al servicio de los jóvenes y de las familias.
Él ofreció su vida para que la Sagrada Familia fuera un punto de referencia para todo cristiano, para todas las familias, para las comunidades religiosas, para la Iglesia y para la sociedad.
En sus escritos se presenta convencido de que cualquiera que se acerca, con ánimo libre, a este misterio fácilmente se enamora de él.
No es una devoción cualquiera, sino el camino más breve y sencillo para acercarse a la verdad y a la intimidad más profunda con Dios-Trinidad del cielo. La Trinidad de la tierra (así llama a menudo a la Sagrada Familia) es un enganche intermedio necesario para llegar a las alturas de Dios y a la profundad de su misterio. Pero no nos deja en suspenso, nos empuja a seguir a Jesús en la concreción y sencillez de la vida de todos los días.
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La Espiritualidad de Nazaret, por Sergio Cimignoli, S.F.
La espiritualidad de Nazaret da valor a lo ordinario, a lo cotidiano, "no a la búsqueda de cosas importantes, sino sencillas". Es un camino de ocultamiento y humildad, sin la agitación del sensacionalismo, sino dando valor a las pequeñas cosas, valorando "la presencia doméstica de Dios".
Una espiritualidad que cuida los detalles, en una cálida acogida de las personas y en una elevada calidad de las relaciones, que es capaz de transformar incluso el gesto mas monótono en una fiesta y una alegría.
Es una espiritualidad familiar que hace sentirse a todos amados e importantes, como ocurría en la Sagrada Familia. El amor a los amigos (y de los amigos de los amigos) se convierte en una bendición para todos.
Para los esposos cristianos visitar Nazaret es una manera de reforzar la relación con aquella Familia para que incida sobre su vida concreta: reavive las relaciones; ayude en el respeto, la acogida y la confianza recíproca; renueve la esperanza; dé ánimo y fuerza en las dificultades pequeñas y grandes; acostumbra a abandonarse en las manos de la providencia; invite al perdón y haga crecer el amor.
José Manyanet soñaba que tal "devoción" pudiera renovar la sociedad. No un conjunto de prácticas piadosas, sino el esfuerzo concreto de sus hijos e hijas y de las familias por la educación de los pequeños y de los jóvenes que se convirtieran después en artífices de un mundo nuevo, más justo y solidario.
Si bien los orígenes de la devoción a la Sagrada Familia se debe situar en una época muy remota —prácticamente coinciden con los primeros tiempos del cristianismo—, fue solo durante la segunda mitad del siglo XIX cuando tuvo un impulso extraordinario en toda Europa. Los papas vieron en ella un medio providencial para la restauración de la vida cristiana y la propusieron resueltamente.
León XIII en su breve apóstolico Neminem fugit (14-6-1892), ilustró los cimientos teológicos y el alcance religioso y social de la devoción a la Sagrada Familia e instituyó su fiesta en las semanas sucesivas a la fiesta de la Navidad: "Nadie ignora que el bien del individuo y de la sociedad depende principalmente de la institución doméstica".
Una espiritualidad que cuida los detalles, en una cálida acogida de las personas y en una elevada calidad de las relaciones, que es capaz de transformar incluso el gesto mas monótono en una fiesta y una alegría.
Es una espiritualidad familiar que hace sentirse a todos amados e importantes, como ocurría en la Sagrada Familia. El amor a los amigos (y de los amigos de los amigos) se convierte en una bendición para todos.
Para los esposos cristianos visitar Nazaret es una manera de reforzar la relación con aquella Familia para que incida sobre su vida concreta: reavive las relaciones; ayude en el respeto, la acogida y la confianza recíproca; renueve la esperanza; dé ánimo y fuerza en las dificultades pequeñas y grandes; acostumbra a abandonarse en las manos de la providencia; invite al perdón y haga crecer el amor.
José Manyanet soñaba que tal "devoción" pudiera renovar la sociedad. No un conjunto de prácticas piadosas, sino el esfuerzo concreto de sus hijos e hijas y de las familias por la educación de los pequeños y de los jóvenes que se convirtieran después en artífices de un mundo nuevo, más justo y solidario.
Si bien los orígenes de la devoción a la Sagrada Familia se debe situar en una época muy remota —prácticamente coinciden con los primeros tiempos del cristianismo—, fue solo durante la segunda mitad del siglo XIX cuando tuvo un impulso extraordinario en toda Europa. Los papas vieron en ella un medio providencial para la restauración de la vida cristiana y la propusieron resueltamente.
León XIII en su breve apóstolico Neminem fugit (14-6-1892), ilustró los cimientos teológicos y el alcance religioso y social de la devoción a la Sagrada Familia e instituyó su fiesta en las semanas sucesivas a la fiesta de la Navidad: "Nadie ignora que el bien del individuo y de la sociedad depende principalmente de la institución doméstica".
miércoles, 4 de septiembre de 2013
El heroísmo de lo cotidiano, por José María Blanquet, S.F.
La espiritualidad del padre Manyanet se inspira en la vida oculta de Jesús con María y José en Nazaret. Manyanet aprendió del Maestro la gran lección de la Encarnación: la humillación, el pasar desapercibido, humilde y constante en el cumplimiento de la voluntad de Dios y precisamente en una vida sin novedades sobresalientes.
Jesús nos enseña a descubrir en el encuentro con las personas y en el amor con que hacemos las cosas cotidianas y sencillas, el verdadero secreto de nuestra realización y fidelidad a la voluntad de Dios.
En los proyectos de vida de Manyanet, sobresale la espiritualidad propia de un sacerdote y religioso entregado calladamente a la acción, pendiente de la marcha del colegio, obligado a dar clases, a seguir a los muchachos a lo largo de la jornada, a lo que se añadía la preocupación por las nuevas fundaciones, por la marcha general de las congregaciones y por las formación de las religiosas y de los religiosos, pero "viviendo" siempre en Nazaret.
Trabajo y presencia de Dios, donación y ratos de intimidad con Jesús, María y José, se hermanan. Para conseguirlo, Manyanet recurría a una forma de oración entonces y todavía hoy muy válida, sobre todo cuando estamos agobiados por múltiples ocupaciones: las jaculatorias o formulaciones breves salidas del corazón, especialmente de los Salmos.
Manyanet es un servidor de Dios y del prójimo que no pierde ni un minuto. Un plan de vida así, cumplido día tras día, representa un heroísmo escondido, que es precisamente el heroísmo de la virtud cristiana, el heroísmo de la santidad inspirada en Nazaret.
Los puntos de su Método de vida, nos ilustran sobre su vida, en especial porque no son "un momento heroico", sino la instantánea del cumplimiento sencillo del deber de cada día... Hay que decir que son la palabra viva y el "retrato espiritual del padre", como dijo el padre Mullol al publicarlos en el año 1904 con motivo del tercer aniversario de su fallecimiento.
Fuente: José Manyanet. Profeta de la Familia. José María Blanquet - J. Piquer.
Jesús nos enseña a descubrir en el encuentro con las personas y en el amor con que hacemos las cosas cotidianas y sencillas, el verdadero secreto de nuestra realización y fidelidad a la voluntad de Dios.
En los proyectos de vida de Manyanet, sobresale la espiritualidad propia de un sacerdote y religioso entregado calladamente a la acción, pendiente de la marcha del colegio, obligado a dar clases, a seguir a los muchachos a lo largo de la jornada, a lo que se añadía la preocupación por las nuevas fundaciones, por la marcha general de las congregaciones y por las formación de las religiosas y de los religiosos, pero "viviendo" siempre en Nazaret.
Trabajo y presencia de Dios, donación y ratos de intimidad con Jesús, María y José, se hermanan. Para conseguirlo, Manyanet recurría a una forma de oración entonces y todavía hoy muy válida, sobre todo cuando estamos agobiados por múltiples ocupaciones: las jaculatorias o formulaciones breves salidas del corazón, especialmente de los Salmos.
Manyanet es un servidor de Dios y del prójimo que no pierde ni un minuto. Un plan de vida así, cumplido día tras día, representa un heroísmo escondido, que es precisamente el heroísmo de la virtud cristiana, el heroísmo de la santidad inspirada en Nazaret.
Los puntos de su Método de vida, nos ilustran sobre su vida, en especial porque no son "un momento heroico", sino la instantánea del cumplimiento sencillo del deber de cada día... Hay que decir que son la palabra viva y el "retrato espiritual del padre", como dijo el padre Mullol al publicarlos en el año 1904 con motivo del tercer aniversario de su fallecimiento.
Fuente: José Manyanet. Profeta de la Familia. José María Blanquet - J. Piquer.
Un santo para nuestros días, Mons. Felipe González, obispo de Tenerife
Hoy la iglesia diocesana da gracias a Dios por el Padre Manyanet, por san José Manyanet y Vives. Un santo catalán, español. Fundador de dos congregaciones religiosas: los Hijos de la Sagrada Familia y las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret.
El Padre Manyanet vivió una vida extraordinaria en lo ordinario. Descubrió la grandeza de la vida cotidiana transcurrida en la humildad y en el silencio construyendo con constancia y sin ruido, día a día, un mundo nuevo, desde el calor del corazón y cooperando siempre con el Señor. Es esta compañía y sostén del Señor lo que ha hecho que el camino de la vida de san José Manyanet fuese bueno y feliz, aunque no siempre fácil.
El secreto de su alta y profunda espiritualidad es de una simplicidad que desarma, al alcance de todos: entrar cada día en la casa de Nazaret, para construir un “Nazaret” en nuestras vidas. “Volvamos a la simplicidad de Nazaret —afirmaba él—, donde todo tuvo inicio. Vayamos cada día a Nazaret porque ellos, Jesús, María y José, son nuestros maestros; tomemos de ellos los secretos para la reconstrucción de la familia, de la Iglesia y de una nueva sociedad, con medios y mentalidad nueva. Atemos con un “hilo de oro” la experiencia de aquella extraordinaria Familia a la vida de las familias de hoy, para transmitir las bases sólidas que crean relaciones sanas y educativas”, san José Manyanet.
Es el mismo Papa, Juan Pablo II, quien en su homilía de canonización nos presenta, desde esta perspectiva, la figura del Padre Manyanet: “Desde el principio el Paráclito ha suscitado hombres y mujeres que han recordado y difundido la verdad revelada por Jesús. Uno de estos fue san José Manyanet, verdadero apóstol de la familia, inspirándose en la escuela de Nazaret realizó su proyecto de santidad personal y se dedicó, con entrega heroica, a la misión que el Espíritu le confiaba. Para ello fundó dos congregaciones religiosas. Un símbolo visible de su anhelo apostólico es también el Templo de la Sagrada Familia de Barcelona”, Juan Pablo II homilía de la canonización, 16 de mayo 2004.
San José Manyanet, al haber recibido el don de trabajar por las familias, se ha convertido en un santo moderno, un santo para nuestros días. Posiblemente, ni siquiera él mismo se dio cuenta de la riqueza del carisma que había recibido y ha dejado en la Iglesia. Ha sido de hecho un profeta de la Buena Noticia de la familia y de la pastoral familiar. Pastoral familiar, por cierto, tan actual y necesaria hoy cuando se dan tantas y tan graves agresiones a la familia, provenientes de grupos mediáticos, culturales y hasta políticos.
¡Cuán necesario y cuán actual es el carisma que el Padre Manyanet ha recibido del Señor y ha dejado a su Iglesia!
Notemos que san José Manyanet, un santo reconocido por la Iglesia, no es sólo un ejemplo de vida para cada uno de nosotros, ni sólo el impulsor de nuestra atención pastoral a las familias, sino que es también presentado por la Iglesia como amigo e intercesor a favor de las familias.
San José Manyanet forma parte de una nueva generación de santos, obedientes a Dios y encarnados en la situación cotidiana de nuestros días. Es “un nuevo género de santos” que invita también a ser santos como ellos, contando ahora con su ayuda e intercesión.
Casi podríamos resumir todo lo referente a san José Manyanet diciendo que en el fondo sólo tuvo un sueño: robar a Nazaret el secreto de la Santa Familia, Jesús, María y José, para darlo a las familias y así cambiar la sociedad, por medio de la educación de niños y jóvenes. Es un sueño que nos deja, para que también nosotros, como él, prosigamos e intentemos realizarlo, sabiendo que ahora tenemos un intercesor más en favor de este sueño y de todas las familias (...)
Pidamos sabiduría para experimentar que Dios es amor, que Dios es familia, que Dios es idilio trinitario. En todos nosotros está impresa la huella de la entrega y de la fidelidad de Dios. El Padre Manyanet la descubrió y es santo. El Espíritu Santo nos ha revelado no sólo un misterio extraordinario, sino que nos ha desvelado el propio ser de Dios y el sentido último de las cosas. Misterio de amor, de entrega, que requiere en nosotros amor y entrega definitivas.
HOMILIA DE MONS. FELIPE GONZÁLEZ, Obispo de Tenerife, España.
Misa de acción de gracias por la canonización de san José Manyanet
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Descubrió el Evangelio de la Familia, por Mons. Jorge E. Jiménez, obispo de Zipaquirá, Colombia
De las palabras que el Santo Padre pronunció en la canonización de san José Manyanet llama mucho la atención que le aplique al santo algo que el Papa ha llevado muy hondo dentro de su corazón durante su pontificado. Dice el Santo Padre: “El Padre Manyanet supo anunciar para el mundo de hoy el Evangelio de la Familia” (...)
Esta fue la gran inspiración de san José Manyanet: descubrió dentro del Evangelio la familia, descubrió el evangelio de la familia, descubrió que la Palabra de Dios tiene un anuncio muy especial para cada familia y para todas la familias (...)
San José Manyanet descubrió en el Evangelio de Jesucristo la gran buena nueva de la familia. Y dedicó toda su vida, su predicación y sus escritos, a anunciar a esta sociedad el Evangelio de la Familia. Y para continuar su obra, fundó a los Hijos e Hijas de la Sagrada Familia. Ellos tienen el encargo de continuar por todo el mundo anunciando este Evangelio. Porque la familia es buena noticia, y buena noticia de salvación para todos los hombres y para todas las mujeres (...)
El Padre Manyanet nos habla en sus escritos cómo la familia no solamente tiene que ser el lugar donde se reproduce la Familia de Nazaret sino una verdadera escuela donde se aprende a ser familia, a conocer a Jesús, a amar a Jesús, a contemplar a Jesús, a encontrarse con él (...)
San José Manyanet, llamado por Juan Pablo II “profeta de la familia para el mundo de hoy”, descubrió en la Palabra del Señor todo esto que llamamos el “evangelio de la familia”. Su fuente de inspiración fue siempre el Evangelio y ese hermosísimo icono que lo es también para todos los discípulos de Jesucristo: la Familia de Nazaret. Quiso que sus hijos espirituales, especialmente las dos familias religiosas que fundó, tuvieran la misma fuente de inspiración. San José Manyanet es hoy santo de nuestra Iglesia universal y la Iglesia católica al canonizarlo quiere que sea modelo de inspiración para renovar la familia en el mundo de hoy.
Queridos hermanos todos, pero en especial hijos e hijas de este gran santo, vivan en su ministerio en la Iglesia el carisma que les dejó como herencia san José Manyanet. Anuncien por todas partes el Evangelio de la Familia. Es una buena nueva de salvación para el mundo en que vivimos. Pero háganlo con pasión, como él lo hizo y por lo cual está hoy en los altares. Difundan con entusiasmo la espiritualidad de la Familia que él predicó. Las gestes de nuestras parroquias y comunidades la necesitan y la ansían.
Y ustedes, queridas familias y matrimonios que hoy gozan la canonización de san José Manyanet, hagan de sus hogares “familias de Nazaret”.
HOMILIA DE MONS. JORGE E. JIMÉNEZ, Obispo de Zipaquirá, Colombia.
Misa de acción de gracias por la canonización de san José Manyanet.
Misa de acción de gracias por la canonización de san José Manyanet.
Preciosa Joya de Familia (1899): Guía para los matrimonios cristianos
José Manyanet publicó en 1899 una guía práctica de contenido doctrinal, que ofrecía reflexiones y oraciones, para los matrimonios cristianos. Es su libro Preciosa Joya de Familia. En él se dirige a los casados. Es significativo —y rico de contenido espiritual— el subtítulo algo largo, según la costumbre de la época, que puso a esta obra: Manojito de saludables instrucciones, dirigidas principalmente a los padres de familia, para vivir ellos en santa paz y saber educar a sus hijos según la doctrina y ejemplos de la Santa Casa de Nazaret.
La buena armonía entre los esposos está en proporción directa a una buena educación de los hijos y ambas han de inspirarse en la comunidad de amor y de vida que realizó Jesús con María y José en Nazaret. Es de nuevo el realismo del Evangelio llevado al realismo de la vida de cada cristiano, de cada familia cristiana.
Aún podemos citar otro testimonio significativo: Manyanet coloca como lema del libro, en la misma portada, esta frase de san Pablo a Timoteo (5,8): "Si alguien no tiene cuidado de los suyos, principalmente de sus familiares, ha renegado de la fe y es peor que un infiel".
Las tajantes palabras de san Pablo indican bien claramente que el primer campo de apostolado y de compromiso de los casados es su propia familia. Y esto precisamente como una grave exigencia derivada de la fe.
Partes de libro
El libro tiene tres partes bien diferenciadas. En la primera se trata de los deberes de los padres para consigo y para con sus hijos.
En la segunda se proponen unas consideraciones sobre la educación cristiana de los hijos. Al llegar al compendio de la doctrina cristiana y a las oraciones básicas del cristiano, Manyanet lo expone de una manera muy práctica en doble columna, en catalán y castellano. Y lo introduce con esta observación:
"A fin de que los padres sepan a qué atenerse en este importante asunto y tengan más a mano aquellas cosas que deben principalmente enseñar a sus hijos en materia de doctrina cristiana (quedando la otra mayor y extensa explicación al buen celo e ilustración de los párrocos y maestros), daremos aquí un breve resumen de ella, y la pondremos en catalán y castellano para la más fácil inteligencia de los que hablan uno y otro idioma".
Por último, en la tercera parte incluye las principales "prácticas de cristiana conducta y otras oraciones y devociones piadosas", sin olvidar un apéndice con los principales cánticos piadosos más populares en su tiempo.
Su sentido pedagógico y pastoral se transparenta en cada página de esta obra, que él concibió como un verdadero libro-guía para los matrimonios cristianos, como un devocionario y un vademécum de la familia cristiana.
El padre Manyanet, mirando el ejemplo de la Sagrada Familia, pretende fundamentar la sociedad sobre el matrimonio y asegurar el fututo de la familia sobre la educación de los esposos, de los padres y de los hijos. Su punto de partida es claro —y también actual—: la dignidad del matrimonio. He aquí lo que dice sobre la dignidad del estado de casados, que considera una verdadera vocación:
"Todos los estados son buenos, y en cualquiera de ellos puede uno santificarse, con tal de que al mismo sea llamado por Dios y cumpla en él sus deberes con fidelidad (P 1, cap. 1).
Y sobre los padres, como primeros educadores de sus hijos, dice:
" La misma naturaleza indica ya que los primeros y principales educadores de la tierna juventud deben ser los propios padres, pues se ve que los hijos los imitan hasta en las mismas imperfecciones. De donde se deduce el exquisito cuidado y continuada solicitud que deben emplear los padres en la buena y cristiana crianza de los hijos" (P 2, cap. 1).
Y, para terminar, veamos qué dice sobre los padres de familia llamados a formar y presidir la familia, como iglesia doméstica:
"La paternidad es como un sacerdocio; y así como es propio del sacerdote exhortar, predicar y rogar, del mismo modo los padres de familia dentro de su casa deben ser celosos vigilantes y constantes pero prudentes predicadores. En efecto, además de ofrecerla y encomendarla de veras a Dios y con frecuencia pedir vengan sobre ella las celestiales bendiciones, deben reuniar la familia en lugar conveniente y las más veces posibles, y allí enseñarles la doctrina cristiana, inculcarles la sana moral y la práctica de las sólidas virtudes. [...] Todo esto es medio poderosísimo, mayormente si es acompañado del buen ejemplo" (P. 2, cap.2).
Fuente: José Manyanet. Profeta de la Familia. J.M. Blanquet - J. Piquer.
La buena armonía entre los esposos está en proporción directa a una buena educación de los hijos y ambas han de inspirarse en la comunidad de amor y de vida que realizó Jesús con María y José en Nazaret. Es de nuevo el realismo del Evangelio llevado al realismo de la vida de cada cristiano, de cada familia cristiana.
Aún podemos citar otro testimonio significativo: Manyanet coloca como lema del libro, en la misma portada, esta frase de san Pablo a Timoteo (5,8): "Si alguien no tiene cuidado de los suyos, principalmente de sus familiares, ha renegado de la fe y es peor que un infiel".
Las tajantes palabras de san Pablo indican bien claramente que el primer campo de apostolado y de compromiso de los casados es su propia familia. Y esto precisamente como una grave exigencia derivada de la fe.
Partes de libro
El libro tiene tres partes bien diferenciadas. En la primera se trata de los deberes de los padres para consigo y para con sus hijos.
En la segunda se proponen unas consideraciones sobre la educación cristiana de los hijos. Al llegar al compendio de la doctrina cristiana y a las oraciones básicas del cristiano, Manyanet lo expone de una manera muy práctica en doble columna, en catalán y castellano. Y lo introduce con esta observación:
"A fin de que los padres sepan a qué atenerse en este importante asunto y tengan más a mano aquellas cosas que deben principalmente enseñar a sus hijos en materia de doctrina cristiana (quedando la otra mayor y extensa explicación al buen celo e ilustración de los párrocos y maestros), daremos aquí un breve resumen de ella, y la pondremos en catalán y castellano para la más fácil inteligencia de los que hablan uno y otro idioma".
Por último, en la tercera parte incluye las principales "prácticas de cristiana conducta y otras oraciones y devociones piadosas", sin olvidar un apéndice con los principales cánticos piadosos más populares en su tiempo.
Su sentido pedagógico y pastoral se transparenta en cada página de esta obra, que él concibió como un verdadero libro-guía para los matrimonios cristianos, como un devocionario y un vademécum de la familia cristiana.
El padre Manyanet, mirando el ejemplo de la Sagrada Familia, pretende fundamentar la sociedad sobre el matrimonio y asegurar el fututo de la familia sobre la educación de los esposos, de los padres y de los hijos. Su punto de partida es claro —y también actual—: la dignidad del matrimonio. He aquí lo que dice sobre la dignidad del estado de casados, que considera una verdadera vocación:
"Todos los estados son buenos, y en cualquiera de ellos puede uno santificarse, con tal de que al mismo sea llamado por Dios y cumpla en él sus deberes con fidelidad (P 1, cap. 1).
Y sobre los padres, como primeros educadores de sus hijos, dice:
" La misma naturaleza indica ya que los primeros y principales educadores de la tierna juventud deben ser los propios padres, pues se ve que los hijos los imitan hasta en las mismas imperfecciones. De donde se deduce el exquisito cuidado y continuada solicitud que deben emplear los padres en la buena y cristiana crianza de los hijos" (P 2, cap. 1).
Y, para terminar, veamos qué dice sobre los padres de familia llamados a formar y presidir la familia, como iglesia doméstica:
"La paternidad es como un sacerdocio; y así como es propio del sacerdote exhortar, predicar y rogar, del mismo modo los padres de familia dentro de su casa deben ser celosos vigilantes y constantes pero prudentes predicadores. En efecto, además de ofrecerla y encomendarla de veras a Dios y con frecuencia pedir vengan sobre ella las celestiales bendiciones, deben reuniar la familia en lugar conveniente y las más veces posibles, y allí enseñarles la doctrina cristiana, inculcarles la sana moral y la práctica de las sólidas virtudes. [...] Todo esto es medio poderosísimo, mayormente si es acompañado del buen ejemplo" (P. 2, cap.2).
Fuente: José Manyanet. Profeta de la Familia. J.M. Blanquet - J. Piquer.
El silencio, por Sergio Cimignoli, S.F.
En su libro La Escuela de Nazaret y Casa de la Sagrada Familia, José Manyanet se hace alumno que se confía a las enseñanzas de Jesús, María y José. Anticipa lo que, en la visita a Nazaret el 5 de enero de 1964, dirá Pablo VI:
"Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela de su Evangelio... Aquí, en esta escuela, comprendemos la necesidad de una disciplina espiritual si queremos seguir las enseñanzas del Evangelio y ser discípulos de Cristo... ¡Cómo quisiéramos ser otra vez niños y volver a esta humilde pero sublime escuela de Nazaret!...
Algunas enseñanzas de la lección de Nazaret. Su primera lección es el silencio: como desearíamos que se renovara y fortaleciera en nosotros el amor al silencio, este admirable e indispensable hábito del espíritu, tan necesario para nosotros que estamos aturdidos por tanto ruido, tanto tumulto, tantas voces de nuestra ruidosa y en extremo agitada vida moderna.
Silencio de Nazaret, enséñanos el recogimiento y la interioridad, enséñanos a estar siempre dispuestos a escuchar las buenas inspiraciones y la doctrina de los verdaderos maestros. Enséñanos la necesidad y el valor de una conveniente formación, del estudio, de la meditación, de una vida interior intensa, de la oración que solo Dios ve".
José Manyanet afirmaba que el silencio de Nazaret era una escuela de perfección para todos aquellos que saben escuchar la voz de Dios y quieren hacer su voluntad.
"Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela de su Evangelio... Aquí, en esta escuela, comprendemos la necesidad de una disciplina espiritual si queremos seguir las enseñanzas del Evangelio y ser discípulos de Cristo... ¡Cómo quisiéramos ser otra vez niños y volver a esta humilde pero sublime escuela de Nazaret!...
Algunas enseñanzas de la lección de Nazaret. Su primera lección es el silencio: como desearíamos que se renovara y fortaleciera en nosotros el amor al silencio, este admirable e indispensable hábito del espíritu, tan necesario para nosotros que estamos aturdidos por tanto ruido, tanto tumulto, tantas voces de nuestra ruidosa y en extremo agitada vida moderna.
Silencio de Nazaret, enséñanos el recogimiento y la interioridad, enséñanos a estar siempre dispuestos a escuchar las buenas inspiraciones y la doctrina de los verdaderos maestros. Enséñanos la necesidad y el valor de una conveniente formación, del estudio, de la meditación, de una vida interior intensa, de la oración que solo Dios ve".
José Manyanet afirmaba que el silencio de Nazaret era una escuela de perfección para todos aquellos que saben escuchar la voz de Dios y quieren hacer su voluntad.
San José Manyanet y la escuela de Jesús de Nazaret, Mons. Luigi Moretti
“Mirando la vida, obras y enseñanzas que José Manyanet ha realizado en su vida, captamos en seguida que para hacerse discípulo de Jesús ha querido ponerse en su escuela, no mientras Jesús va por los caminos de Palestina haciendo milagros, proclamando enseñanzas que turban a algunos, entusiasman a otros, y que, en definitiva, marcan las conciencias de todos, sino que ha escogido ponerse en la escuela de Jesús de Nazaret para tratar de comprender, de ver, de recoger la enseñanza de Jesús que durante 30 años vive una vida normalísima en Nazaret, junto a María y José.
José Manyanet ha contemplado la obra de Dios, la revelación del misterio grande del amor de Dios en aquellas tres personas que han vivido la experiencia profunda del amor de Dios. A Jesús, el Hijo de Dios, que es la misma revelación del amor del Padre, y, al mismo tiempo, a María y a José que, por su profunda unidad con el Hijo de Dios, viven intensamente este amor (...)
Es importante que también nosotros, siguiendo el ejemplo de san José Manyanet, podamos ponernos todos, pequeños y grandes, en la escuela de Jesús para aprender de Él a amar (...)
¿Cuál es el lugar donde el Señor quiere que crezcamos en la capacidad de amar? ¿Cuál es el laboratorio, por así decir, donde se experimenta fuertemente, concretamente el amor? Es en la familia. Por esto hemos de dar gracias a Dios que nos ha dado un santo que nos ha ayudado a crecer en el amor mirando el ejemplo de la Sagrada Familia a fin de que nuestras familias puedan llegar a ser pequeñas iglesias domésticas (...)
Queridos amigos, de la enseñanza de san José Manyanet, yo diría que podemos recoger la invitación a llevar al Señor, como maestro de vida, en el interior de nuestras familias.
Texto estraído de la homilia de Mons. Luigi Moretti, durante la homilia en el segundo día del triduo de preparación para la canonización de José Manyanet (2004).
Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la canonización. Barcelona 2006.
José Manyanet ha contemplado la obra de Dios, la revelación del misterio grande del amor de Dios en aquellas tres personas que han vivido la experiencia profunda del amor de Dios. A Jesús, el Hijo de Dios, que es la misma revelación del amor del Padre, y, al mismo tiempo, a María y a José que, por su profunda unidad con el Hijo de Dios, viven intensamente este amor (...)
Es importante que también nosotros, siguiendo el ejemplo de san José Manyanet, podamos ponernos todos, pequeños y grandes, en la escuela de Jesús para aprender de Él a amar (...)
¿Cuál es el lugar donde el Señor quiere que crezcamos en la capacidad de amar? ¿Cuál es el laboratorio, por así decir, donde se experimenta fuertemente, concretamente el amor? Es en la familia. Por esto hemos de dar gracias a Dios que nos ha dado un santo que nos ha ayudado a crecer en el amor mirando el ejemplo de la Sagrada Familia a fin de que nuestras familias puedan llegar a ser pequeñas iglesias domésticas (...)
Queridos amigos, de la enseñanza de san José Manyanet, yo diría que podemos recoger la invitación a llevar al Señor, como maestro de vida, en el interior de nuestras familias.
Texto estraído de la homilia de Mons. Luigi Moretti, durante la homilia en el segundo día del triduo de preparación para la canonización de José Manyanet (2004).
Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la canonización. Barcelona 2006.
martes, 3 de septiembre de 2013
Profeta para las familias, por el Card. Ricard Maria Carles
El reconocimiento de la santidad de san José Manyanet no solo representa la presencia de un nuevo intercesor para las familias sino también un estilo de vida santa inspirado en la Sagrada Familia de Nazaret.
Con la inspiración del nuevo santo el gran arquitecto Antonio Gaudí hizo en Barcelona el proyecto de un gran templo en honor de la Sagrada Familia. Un gran templo que pienso que será la gran catedral de Europa del siglo XXI (...)
Creo que esta canonización es también un gran monumento a las familias, que ha querido dar a la Iglesia y al mundo, nuestro buen papa Juan Pablo II. Esta canonización la veo como una respuesta del Espíritu Santo a las necesidades actuales de la famila.
Por eso, os invito brevemente, iluminados por las lecturas de esta misa, a adentrarnos un poco en el mensaje del nuevo santo.
Un profeta para las familias
En cuanto a la primera lectura, pienso que es un profeta para las familias. El Padre Manyanet nos aparece ahora —elevado a los altares— como un nuevo Abraham, un patriarca y un abogado de la familia, una bendición para las familias de nuestra tierra y de todo el mundo.
José Manyanet vivió la verdadera vocación de Abraham. También nuestro santo escuchó en su conciencia la voz de Dios que le decía: “Vete de tu tierra y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré...”
Manyanet no tuvo que dejar patria, pero sí dejó una vida tranquila y serena, e incluso una prometedora carrera eclesiástica en su Tremp natal, y en su estimada diócesis de Urgel, en la que era un muy estimado colaborador del obispo José Caixal. Dejó esa vida que podía haber sido segura y con compensaciones humanas para afrontar un aventura: la de fundar dos congregaciones religiosas al servicio de la educación de la infancia y de la juventud.
Su trasladó a Barcelona y los primeros tiempos de ambas instituciones, le produjeron no pocos sinsabores, dudas, disgustos, sufrimientos físicos y morales...
Pero Dios fue fiel con Abraham y también lo ha sido con san José Manyanet. En él se ha cumplido —y ahora se cumple plenamente con su canonización— la promesa de Dios a Abraham: “Te bendeciré, engrandeceré tu nombre y será una bendición...” (...) Sois todos vosotros esta bendición de Dios a la Iglesia y al mundo por medio del nuevo santo, sobre todo los religiosos y religiosas de sus dos congregaciones, y las familias cristianas que amáis y crecéis cada día en vuestra vocación de ser santos en el matrimonio y la familia.
“En ti —dice Dios a Abraham— serán bendecidas todas las familias de la tierra” (...) Esto es también realidad en el Padre Manyanet: en él son bendecidas todas las familias de la tierra (...)
Manyanet, hombre de experiencia mística y de silencio interior
Manyanet fue también un hombre de experiencia mística y de vida interior, y con esto vuelvo a la segunda lectura. Esta misión no la improvisó san José Manyanet. Por eso al nuevo santo le podemos aplicar también las palabras de la segunda lectura.
El apóstol Juan tuvo una gran experiencia del misterio de Jesús (...): “Lo que existía en el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto... lo que contemplamos, lo que tocaron nuestras manos, lo que se manifestó y de lo que os damos testimonio”... El apóstol anuncia su experiencia, vivida en la cercanía del Señor y después nos dice que hemos de dar testimonio (...) Y yo bendigo a Dios porque vosotros y vosotras, los hijos religiosos de san José Manyanet vivís esa misma experiencia.
San José Manyanet vive una experiencia semejante a la de los apóstoles aunque la vive 19 siglos más tarde. El centro de su experiencia mística es también el Verbo encarnado pero en la vida oculta, en la vida de la Sagrada Familia de Nazaret.
Y de aquí arranca el que será su carisma, ahora oficialmente reconocido y propuesto de manera solemne a toda la Iglesia. De la contemplación de la vida de la Sagrada Familia, san José Manyanet extrajo un mensaje para todas las familias. Y lo plasmó en un lema que es una síntesis de toda su espiritualidad: “Un Nazaret en cada hogar”.
La Sagrada Familia de Nazaret fue el centro de su espiritualidad y de ahí arranca también su carisma: presentar el modelo de la Sagrada Familia a todas las familias, principalmente mediante educación e instrucción de los niños y de los jóvenes, con la colaboración de los padres y madres.
En la contemplación de la Sagrada Familia descubrió el designio de Dios sobre la familia, un designio que no cambia, porque no es obra de los hombres sino de Dios (...)
No he dicho nada del silencio interior, pero solo aludiré a su etapa de desierto, de san José Manyanet, al silencio de los que su hijos e hijas llamáis con toda razón: la meditación en “las largas noches oscuras” por las que tuvo que pasar a lo largo de su peregrinación terrenal. Pero como ha dicho un gran teólogo actual que a la vez es un místico, “cuando los místicos tuvieron conciencia de la noche del espíritu, es porque tenían conciencia del día esplendoroso del Espíritu”. Para quien no hubiera visto nunca un día, la noche le parecería lo habitual. Cuando ellos sufrían y se lamentaban, y ofrecían a Dios esa añoranza de la luz, es porque ya la habían conocido. Eso le pasaba a san José Manyanet.
Acabo con una reflexión sobre el evangelio que hemos escuchado. Por encima del parentesco de sangre, Jesús exalta el parentesco del Espíritu. “¿Quién es mi madre y mis hermanos?” “Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dice: Estos son mis hermanos y mi madre. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (...) Es la familia espiritual de Jesús. Es la Iglesia en ciernes. Eso buscó san José Manyanet. Demos gracias a Dios por habernos dado a san José Manyanet, este profeta y abogado de la familia. Él es maestro, abogado e intercesor de las familias cristianas.
Texto extraído de las palabras de la homilía del cardenal Ricard Maria Carles durante la misa de acción de gracias por la canonización de José Manyanet, Roma 2004.
Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.
Con la inspiración del nuevo santo el gran arquitecto Antonio Gaudí hizo en Barcelona el proyecto de un gran templo en honor de la Sagrada Familia. Un gran templo que pienso que será la gran catedral de Europa del siglo XXI (...)
Creo que esta canonización es también un gran monumento a las familias, que ha querido dar a la Iglesia y al mundo, nuestro buen papa Juan Pablo II. Esta canonización la veo como una respuesta del Espíritu Santo a las necesidades actuales de la famila.
Por eso, os invito brevemente, iluminados por las lecturas de esta misa, a adentrarnos un poco en el mensaje del nuevo santo.
Un profeta para las familias
En cuanto a la primera lectura, pienso que es un profeta para las familias. El Padre Manyanet nos aparece ahora —elevado a los altares— como un nuevo Abraham, un patriarca y un abogado de la familia, una bendición para las familias de nuestra tierra y de todo el mundo.
José Manyanet vivió la verdadera vocación de Abraham. También nuestro santo escuchó en su conciencia la voz de Dios que le decía: “Vete de tu tierra y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré...”
Manyanet no tuvo que dejar patria, pero sí dejó una vida tranquila y serena, e incluso una prometedora carrera eclesiástica en su Tremp natal, y en su estimada diócesis de Urgel, en la que era un muy estimado colaborador del obispo José Caixal. Dejó esa vida que podía haber sido segura y con compensaciones humanas para afrontar un aventura: la de fundar dos congregaciones religiosas al servicio de la educación de la infancia y de la juventud.
Su trasladó a Barcelona y los primeros tiempos de ambas instituciones, le produjeron no pocos sinsabores, dudas, disgustos, sufrimientos físicos y morales...
Pero Dios fue fiel con Abraham y también lo ha sido con san José Manyanet. En él se ha cumplido —y ahora se cumple plenamente con su canonización— la promesa de Dios a Abraham: “Te bendeciré, engrandeceré tu nombre y será una bendición...” (...) Sois todos vosotros esta bendición de Dios a la Iglesia y al mundo por medio del nuevo santo, sobre todo los religiosos y religiosas de sus dos congregaciones, y las familias cristianas que amáis y crecéis cada día en vuestra vocación de ser santos en el matrimonio y la familia.
“En ti —dice Dios a Abraham— serán bendecidas todas las familias de la tierra” (...) Esto es también realidad en el Padre Manyanet: en él son bendecidas todas las familias de la tierra (...)
Manyanet, hombre de experiencia mística y de silencio interior
Manyanet fue también un hombre de experiencia mística y de vida interior, y con esto vuelvo a la segunda lectura. Esta misión no la improvisó san José Manyanet. Por eso al nuevo santo le podemos aplicar también las palabras de la segunda lectura.
El apóstol Juan tuvo una gran experiencia del misterio de Jesús (...): “Lo que existía en el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto... lo que contemplamos, lo que tocaron nuestras manos, lo que se manifestó y de lo que os damos testimonio”... El apóstol anuncia su experiencia, vivida en la cercanía del Señor y después nos dice que hemos de dar testimonio (...) Y yo bendigo a Dios porque vosotros y vosotras, los hijos religiosos de san José Manyanet vivís esa misma experiencia.
San José Manyanet vive una experiencia semejante a la de los apóstoles aunque la vive 19 siglos más tarde. El centro de su experiencia mística es también el Verbo encarnado pero en la vida oculta, en la vida de la Sagrada Familia de Nazaret.
Y de aquí arranca el que será su carisma, ahora oficialmente reconocido y propuesto de manera solemne a toda la Iglesia. De la contemplación de la vida de la Sagrada Familia, san José Manyanet extrajo un mensaje para todas las familias. Y lo plasmó en un lema que es una síntesis de toda su espiritualidad: “Un Nazaret en cada hogar”.
La Sagrada Familia de Nazaret fue el centro de su espiritualidad y de ahí arranca también su carisma: presentar el modelo de la Sagrada Familia a todas las familias, principalmente mediante educación e instrucción de los niños y de los jóvenes, con la colaboración de los padres y madres.
En la contemplación de la Sagrada Familia descubrió el designio de Dios sobre la familia, un designio que no cambia, porque no es obra de los hombres sino de Dios (...)
No he dicho nada del silencio interior, pero solo aludiré a su etapa de desierto, de san José Manyanet, al silencio de los que su hijos e hijas llamáis con toda razón: la meditación en “las largas noches oscuras” por las que tuvo que pasar a lo largo de su peregrinación terrenal. Pero como ha dicho un gran teólogo actual que a la vez es un místico, “cuando los místicos tuvieron conciencia de la noche del espíritu, es porque tenían conciencia del día esplendoroso del Espíritu”. Para quien no hubiera visto nunca un día, la noche le parecería lo habitual. Cuando ellos sufrían y se lamentaban, y ofrecían a Dios esa añoranza de la luz, es porque ya la habían conocido. Eso le pasaba a san José Manyanet.
Acabo con una reflexión sobre el evangelio que hemos escuchado. Por encima del parentesco de sangre, Jesús exalta el parentesco del Espíritu. “¿Quién es mi madre y mis hermanos?” “Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dice: Estos son mis hermanos y mi madre. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (...) Es la familia espiritual de Jesús. Es la Iglesia en ciernes. Eso buscó san José Manyanet. Demos gracias a Dios por habernos dado a san José Manyanet, este profeta y abogado de la familia. Él es maestro, abogado e intercesor de las familias cristianas.
Texto extraído de las palabras de la homilía del cardenal Ricard Maria Carles durante la misa de acción de gracias por la canonización de José Manyanet, Roma 2004.
Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.
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“Apóstol de la familia”, por Juan Pablo II
“Desde el principio el Paráclito ha suscitado hombres y mujeres que han recordado y difundido la verdad revelada por Jesús. Uno de estos fue san José Manyanet, verdadero apóstol de la familia. Inspirándose en la escuela de Nazaret, realizó su proyecto de santidad personal y se dedicó, con entrega heroica, a la misión que el Espíritu le confiaba. Para ello fundó dos congregaciones religiosas. Un símbolo visible de su anhelo apostólico es también el templo de la Sagrada Familia".
Texto extraído de la homilia del papa Juan Pablo II durante la canonización de José Manyanet, Roma 2004.
Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.
Texto extraído de la homilia del papa Juan Pablo II durante la canonización de José Manyanet, Roma 2004.
Fuente: José Manyanet Santo. Memoria de la Canonización. Barcelona 2006.
1869, Un gran templo, casa espiritual de las familias
En la Seu d´Urgel José Mañanet oraba intensamente para escrutar la voluntad de Dios sobre su vida. Puso los ojos en Nazaret y profundizó espiritualmente en el misterio de aquella casa y de aquella escuela, en el que el hijo de Dios se encarnó y creció, avanzó en entendimiento y tenía el favor de Dios y de los hombres.
Dios, en el interior de la familia trinitaria, había escogido la sencilla institución familiar para iniciar la obra de redención. Si Dios amaba tanto al ser humano, ¡cómo debía también amar la familia de donde proviene!
Fruto de la intensa oración, le vino la idea de edificar un templo en honor a san José, el cabeza de la Familia de Nazaret, para que sirviese de expiación y de casa espiritual a todas las familias. Esta idea debía tener un sentido eclesial, por esto lo comunicó, en una carta del 24 de junio de 1869, al obispo Caixal, que estaba en Roma como padre del Concilio Vaticano I.
Animado por la aprobación del obispo, compartió la idea con el librero de Barcelona José M. Bocabella, que la divulgó en la revista El propagador de la devoción a San José.
Bocabella adquirió un terreno en las afueras de la ciudad condal. Se celebró la colocación de la primera piedra el 19 de marzo de 1882.
José Mañanet, además de la inspiración inicial, realizó diversas aportaciones. Pocos meses después el famoso arquitecto Antonio Gaudí se hacía cargo de las obras y el templo tomó el vuelo catequético y artístico que es hoy la admiración del mundo entero.
El papa Juan Pablo II, al visitar el templo de la Sagrada Familia de Barcelona, en noviembre de 1982, dijo: "Es fruto de la inspiración de un alma particularmente sensible a todo lo que es eclesial, el padre José Mañanet Vives, y obra del genial arquitecto Antoni Gaudí".
Fuente: San José Mañanet, profeta de la familia, por Josep Roca (2007).
Dios, en el interior de la familia trinitaria, había escogido la sencilla institución familiar para iniciar la obra de redención. Si Dios amaba tanto al ser humano, ¡cómo debía también amar la familia de donde proviene!
Fruto de la intensa oración, le vino la idea de edificar un templo en honor a san José, el cabeza de la Familia de Nazaret, para que sirviese de expiación y de casa espiritual a todas las familias. Esta idea debía tener un sentido eclesial, por esto lo comunicó, en una carta del 24 de junio de 1869, al obispo Caixal, que estaba en Roma como padre del Concilio Vaticano I.
Animado por la aprobación del obispo, compartió la idea con el librero de Barcelona José M. Bocabella, que la divulgó en la revista El propagador de la devoción a San José.
Bocabella adquirió un terreno en las afueras de la ciudad condal. Se celebró la colocación de la primera piedra el 19 de marzo de 1882.
José Mañanet, además de la inspiración inicial, realizó diversas aportaciones. Pocos meses después el famoso arquitecto Antonio Gaudí se hacía cargo de las obras y el templo tomó el vuelo catequético y artístico que es hoy la admiración del mundo entero.
El papa Juan Pablo II, al visitar el templo de la Sagrada Familia de Barcelona, en noviembre de 1982, dijo: "Es fruto de la inspiración de un alma particularmente sensible a todo lo que es eclesial, el padre José Mañanet Vives, y obra del genial arquitecto Antoni Gaudí".
Fuente: San José Mañanet, profeta de la familia, por Josep Roca (2007).
Servir a la gran familia diocesana
Después de la ordenación sacerdotal, ocupó en la familia diocesana diversos cargos de confianza del obispo: mayordomo de palacio, bibliotecario, secretario de visita pastoral...
José Manyanet era un celoso sacerdote de la diócesis de Urgel. El doctor Caixal estaba cautivado por las cualidades de su ahijado y tenía grandes proyectos sobre él.
Pero otros sueños rondaban por su cabeza. Su sensibilidad lo llevaba a unas necesidades más urgentes. Soñaba con escuelas, con niños y familias acogidos bajo el amparo de Nazaret. Francisco de Asís había escuchado la voz de Jesús que le decía: "Ve, restaura mi casa". La casa que José Manyanet tenía que restaurar era la familia, la iglesia doméstica, una institución básica para la armonía de la sociedad, que se encontraba amenazada por todas partes.
Sentía con urgencia la voz de Dios que lo llamaba a renunciar a una situación que prometía, porque era consciente de que había recibido de Dios una gracia especial o un carisma a favor de toda la Iglesia: "Hacer de cada hogar un Nazaret".
Dios había encendido en el fondo de su corazón una llama que ardía y no la podía apagar. Sólo el riachuelo de alta montaña que tenía que llevar el agua de Nazaret a la familia por medio de la escuela podía apagar este fuego.
Fuente: San José Mañanet, profeta de la familia, por Josep Roca (2007).
José Manyanet era un celoso sacerdote de la diócesis de Urgel. El doctor Caixal estaba cautivado por las cualidades de su ahijado y tenía grandes proyectos sobre él.
Pero otros sueños rondaban por su cabeza. Su sensibilidad lo llevaba a unas necesidades más urgentes. Soñaba con escuelas, con niños y familias acogidos bajo el amparo de Nazaret. Francisco de Asís había escuchado la voz de Jesús que le decía: "Ve, restaura mi casa". La casa que José Manyanet tenía que restaurar era la familia, la iglesia doméstica, una institución básica para la armonía de la sociedad, que se encontraba amenazada por todas partes.
Sentía con urgencia la voz de Dios que lo llamaba a renunciar a una situación que prometía, porque era consciente de que había recibido de Dios una gracia especial o un carisma a favor de toda la Iglesia: "Hacer de cada hogar un Nazaret".
Dios había encendido en el fondo de su corazón una llama que ardía y no la podía apagar. Sólo el riachuelo de alta montaña que tenía que llevar el agua de Nazaret a la familia por medio de la escuela podía apagar este fuego.
Fuente: San José Mañanet, profeta de la familia, por Josep Roca (2007).
lunes, 2 de septiembre de 2013
Bula de canonización: Carta Decretal con la que se asignan al Beato José Manyanet y Vives los honores de los Santos.
“Con tu nombre se bendecirán
todas las familias del mundo”
Génesis 12,3.
Como Abraham, que fue llamado por Dios para iniciar al nueva familia de los hijos de Dios, el beato José Manyanet y Vives consagró toda su vida a fomentar y defender la dignidad del matrimonio y de la familia según el plan de Dios, cuyo cometido es la edificación de la familia de Dios, que es la Iglesia. Él contribuyó de tal modo a la renovación de la vida familiar en la España del siglo XIX, que fue llamado “verdadero apóstol de la familia”.
Este ferviente hijo de la Iglesia nació el día 7 de enero de 1833 en Tremp, en la diócesis de Urgel, en España, en el seno de una familia numerosa y cristiana. Presintiendo su vocación al sacerdocio, en 1845 ingresó en el colegio de la Escuela Pía de Barbastro. Completó su formación filosófica y teológica en los seminarios diocesanos de Lérida y Urgel y el día 9 de abril de 1859 fue ordenado sacerdote de esta última diócesis.
Fue un colaborador estimado del obispo de Urgel en varios oficios de la curia diocesana y en el desempeño de su ministerio sacerdotal, hasta que se sintió llamado por Dios para presentar al mundo los ejemplos de la Sagrada Familia de Nazaret y promover la formación cristiana de las familias, principalmente por medio de la educación e instrucción eminentemente católica de los niños y los jóvenes. “¿Qué hacer —decía— para devolver a las familias su dignidad, la paz y tranquilidad de que hoy día carecen? No hay nada más que señalarla y aficionarla a imitar el perfectísimo modelo de la Sagrada Familia, y de seguro se reformará, y reformada ella, quedará saneada la sociedad” (Camareros S.F., 1868, I,6).
Con este fin, movido por el Espíritu, en 1864, fundó el Instituto de los Hijos de la Sagrada Familia, Jesús, María y José y, en 1874, el de Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret. “La educación e instrucción de la niñez y la juventud —escribía— puesta en manos de sacerdotes y estos religiosos, es el medio más apto... y de resultados más positivos para reformar la familia y con ella la sociedad” (Carta, marzo 1889).
Fruto de la oración y de su sensibilidad eclesial, en 1869, propuso la idea de levantar un templo expiatorio para que fuera el símbolo visible y el hogar espiritual de las familias de todo el mundo. De esta inspiración nació el Templo expiatorio de la Sagrada Familia de Barcelona, obra insigne del arquitecto siervo de Dios Antonio Gaudí.
El día 2 de febrero de 1970 hizo la profesión religiosa como Hijo de la Sagrada Familia y recibió la de los primeros compañeros. A lo largo de su vida, vivió esta consagración como respuesta a la llamada de Dios en un clima sobrenatural y con una fidelidad heroica.
Trabajador modelo por el Reino de Dios en Cristo, llevó a cabo una admirable actividad apostólica en favor de la promoción del matrimonio y de la familia cristiana, principalmente con la predicación, escribiendo libros, abriendo escuelas, colegios y centros de pastoral para la formación de los padres y de los hijos, especialmente de los más necesitados. Quería familias como escuelas y escuelas como familias. En todas estas actividades proponía el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret, desde cuyo hogar y escuela Jesús, el hijo de Dios, proclamó el Evangelio de la Familia como Nos mismo hemos escrito en la Carta a las familias, 23.
Creó otras asociaciones familiares para que imitaran también a la Familia de Nazaret y colaborasen en la tarea educadora de las familias y de los niños y jóvenes. Con este mismo fin fundó la revista titulada La Sagrada Familia para llevar las virtudes y ejemplos de Jesús, María y José a todos los hogares y llegaran a ser verdaderas iglesias domésticas. “La paternidad es como un sacerdocio —escribía el beato Manyanet— y así como es propio del sacerdote exhortar, predicar y rogar, del mismo modo los padres de familia dentro de su casa deben ser celosos vigilantes y constantes, pero prudentes predicadores” (Preciosa Joya de Familia, II, 2, 1889).
Él deseaba ardientemente y trabajó con constante y admirable celo para que “todas las familias de la tierra imiten y bendigan a la Sagrada Familia de Nazaret”. “La Sagrada Familia —escribía— desea ser conocida, el Papa lo suplica, el estado actual de la sociedad lo exige” (Nuestro objeto, 1899).
Él, por su parte, habiendo recibido el don de llamarse y ser Hijo de la Sagrada Familia, entregó su corazón a esta Familia Santa y estableció su morada espiritual en la Casa de Nazaret. Allí, mediante la lectura y meditación de la Sagrada Escritura, alimentó su piedad filial hacia Jesús, María y José, y aprendió a ser testigo y apóstol de la santidad de esta Familia. Identificado con el personaje literario de su autobiografía espiritual llamado “Desideria”, creyó siempre en la posibilidad y necesidad de crecer en la condición de hijo de Dios por el camino de la sumisión y de la humildad, como Jesús, junto a María y José en Nazaret.
Fue un óptimo maestro espiritual tanto de los seglares como de los religiosos. Humilde y obediente siempre a los Prelados, soportó con serenidad, entereza y paciencia muchas contrariedades y sufrimientos.
Minada su salud por unas llagas abiertas en el costado durante 16 años —que llamaba las “misericordias del Señor”— el 17 diciembre de 1901, esclarecido en virtudes y buenas obras, volvió a la casa del Padre, en Barcelona, rodeado de niños y jóvenes. Sus últimas palabras fueron esta jaculatoria repetida tres veces: Jesús, José y María, recibid cuando yo muera el alma mía.
Aumentando la fama de su santidad, el año 1931 se comenzó la Causa de beatificación y canonización. Habiéndose cumplido todo lo exigido por el derecho, el día 25 de noviembre de 1984 proclamamos solemnemente a José Manyanet beato. El día 20 de diciembre de 2003, en Nuestra presencia, fue proclamado el Decreto sobre un milagro atribuido a la intercesión del mismo beato. Escuchados los pareceres de los Padres Cardenales y Obispos en el Consistorio celebrado el día 19 de febrero del año siguiente, con los pareceres a favor, decretamos que el rito de la canonización se celebrase en Roma el día 16 de mayo siguiente.
Y hoy, en la solemne celebración de la Eucaristía en la plaza de San Pedro, pronunciamos esta fórmula:
“En honor de la Santísima Trinidad, para exaltación de la fe católica e incremento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y Nuestra, habiendo meditado largamente e invocado repetidamente la ayuda divina y habiendo recibido el parecer de muchos Hermanos nuestros en el episcopado, declaramos y definimos Santos a los Beatos Luigi Orione, Annibale Maria Di Francia, José Manyanet y Vives, Nimatullah Hassab Al.Hardini, Paola Elisabetta Cerioli y Gianna Beretta Molla, les inscribimos en el catálogo de los Santos y establecemos que en toda la Iglesia sean piadosamente honrados entre los Santos. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
Cuanto por las presentes Letras hemos establecido, ordenamos que ahora y por siempre sea ratificado y afirmado, sin que obste nada en contrario.
Dado en Roma, en San Pedro, el día 16 de mayo de 2004, vigésimo sexto de nuestro Pontificado.
Yo Juan Pablo
Obispo de la Iglesia Católica
Leonardo Erriquenz,
Protonot. Apost.
Primera y última página de la Bula pontificia de la canonización del Padre José Manyanet y Vives.
todas las familias del mundo”
Génesis 12,3.
Como Abraham, que fue llamado por Dios para iniciar al nueva familia de los hijos de Dios, el beato José Manyanet y Vives consagró toda su vida a fomentar y defender la dignidad del matrimonio y de la familia según el plan de Dios, cuyo cometido es la edificación de la familia de Dios, que es la Iglesia. Él contribuyó de tal modo a la renovación de la vida familiar en la España del siglo XIX, que fue llamado “verdadero apóstol de la familia”.
Este ferviente hijo de la Iglesia nació el día 7 de enero de 1833 en Tremp, en la diócesis de Urgel, en España, en el seno de una familia numerosa y cristiana. Presintiendo su vocación al sacerdocio, en 1845 ingresó en el colegio de la Escuela Pía de Barbastro. Completó su formación filosófica y teológica en los seminarios diocesanos de Lérida y Urgel y el día 9 de abril de 1859 fue ordenado sacerdote de esta última diócesis.
Fue un colaborador estimado del obispo de Urgel en varios oficios de la curia diocesana y en el desempeño de su ministerio sacerdotal, hasta que se sintió llamado por Dios para presentar al mundo los ejemplos de la Sagrada Familia de Nazaret y promover la formación cristiana de las familias, principalmente por medio de la educación e instrucción eminentemente católica de los niños y los jóvenes. “¿Qué hacer —decía— para devolver a las familias su dignidad, la paz y tranquilidad de que hoy día carecen? No hay nada más que señalarla y aficionarla a imitar el perfectísimo modelo de la Sagrada Familia, y de seguro se reformará, y reformada ella, quedará saneada la sociedad” (Camareros S.F., 1868, I,6).
Con este fin, movido por el Espíritu, en 1864, fundó el Instituto de los Hijos de la Sagrada Familia, Jesús, María y José y, en 1874, el de Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret. “La educación e instrucción de la niñez y la juventud —escribía— puesta en manos de sacerdotes y estos religiosos, es el medio más apto... y de resultados más positivos para reformar la familia y con ella la sociedad” (Carta, marzo 1889).
Fruto de la oración y de su sensibilidad eclesial, en 1869, propuso la idea de levantar un templo expiatorio para que fuera el símbolo visible y el hogar espiritual de las familias de todo el mundo. De esta inspiración nació el Templo expiatorio de la Sagrada Familia de Barcelona, obra insigne del arquitecto siervo de Dios Antonio Gaudí.
El día 2 de febrero de 1970 hizo la profesión religiosa como Hijo de la Sagrada Familia y recibió la de los primeros compañeros. A lo largo de su vida, vivió esta consagración como respuesta a la llamada de Dios en un clima sobrenatural y con una fidelidad heroica.
Trabajador modelo por el Reino de Dios en Cristo, llevó a cabo una admirable actividad apostólica en favor de la promoción del matrimonio y de la familia cristiana, principalmente con la predicación, escribiendo libros, abriendo escuelas, colegios y centros de pastoral para la formación de los padres y de los hijos, especialmente de los más necesitados. Quería familias como escuelas y escuelas como familias. En todas estas actividades proponía el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret, desde cuyo hogar y escuela Jesús, el hijo de Dios, proclamó el Evangelio de la Familia como Nos mismo hemos escrito en la Carta a las familias, 23.
Creó otras asociaciones familiares para que imitaran también a la Familia de Nazaret y colaborasen en la tarea educadora de las familias y de los niños y jóvenes. Con este mismo fin fundó la revista titulada La Sagrada Familia para llevar las virtudes y ejemplos de Jesús, María y José a todos los hogares y llegaran a ser verdaderas iglesias domésticas. “La paternidad es como un sacerdocio —escribía el beato Manyanet— y así como es propio del sacerdote exhortar, predicar y rogar, del mismo modo los padres de familia dentro de su casa deben ser celosos vigilantes y constantes, pero prudentes predicadores” (Preciosa Joya de Familia, II, 2, 1889).
Él deseaba ardientemente y trabajó con constante y admirable celo para que “todas las familias de la tierra imiten y bendigan a la Sagrada Familia de Nazaret”. “La Sagrada Familia —escribía— desea ser conocida, el Papa lo suplica, el estado actual de la sociedad lo exige” (Nuestro objeto, 1899).
Él, por su parte, habiendo recibido el don de llamarse y ser Hijo de la Sagrada Familia, entregó su corazón a esta Familia Santa y estableció su morada espiritual en la Casa de Nazaret. Allí, mediante la lectura y meditación de la Sagrada Escritura, alimentó su piedad filial hacia Jesús, María y José, y aprendió a ser testigo y apóstol de la santidad de esta Familia. Identificado con el personaje literario de su autobiografía espiritual llamado “Desideria”, creyó siempre en la posibilidad y necesidad de crecer en la condición de hijo de Dios por el camino de la sumisión y de la humildad, como Jesús, junto a María y José en Nazaret.
Fue un óptimo maestro espiritual tanto de los seglares como de los religiosos. Humilde y obediente siempre a los Prelados, soportó con serenidad, entereza y paciencia muchas contrariedades y sufrimientos.
Minada su salud por unas llagas abiertas en el costado durante 16 años —que llamaba las “misericordias del Señor”— el 17 diciembre de 1901, esclarecido en virtudes y buenas obras, volvió a la casa del Padre, en Barcelona, rodeado de niños y jóvenes. Sus últimas palabras fueron esta jaculatoria repetida tres veces: Jesús, José y María, recibid cuando yo muera el alma mía.
Aumentando la fama de su santidad, el año 1931 se comenzó la Causa de beatificación y canonización. Habiéndose cumplido todo lo exigido por el derecho, el día 25 de noviembre de 1984 proclamamos solemnemente a José Manyanet beato. El día 20 de diciembre de 2003, en Nuestra presencia, fue proclamado el Decreto sobre un milagro atribuido a la intercesión del mismo beato. Escuchados los pareceres de los Padres Cardenales y Obispos en el Consistorio celebrado el día 19 de febrero del año siguiente, con los pareceres a favor, decretamos que el rito de la canonización se celebrase en Roma el día 16 de mayo siguiente.
Y hoy, en la solemne celebración de la Eucaristía en la plaza de San Pedro, pronunciamos esta fórmula:
“En honor de la Santísima Trinidad, para exaltación de la fe católica e incremento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y Nuestra, habiendo meditado largamente e invocado repetidamente la ayuda divina y habiendo recibido el parecer de muchos Hermanos nuestros en el episcopado, declaramos y definimos Santos a los Beatos Luigi Orione, Annibale Maria Di Francia, José Manyanet y Vives, Nimatullah Hassab Al.Hardini, Paola Elisabetta Cerioli y Gianna Beretta Molla, les inscribimos en el catálogo de los Santos y establecemos que en toda la Iglesia sean piadosamente honrados entre los Santos. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
Cuanto por las presentes Letras hemos establecido, ordenamos que ahora y por siempre sea ratificado y afirmado, sin que obste nada en contrario.
Dado en Roma, en San Pedro, el día 16 de mayo de 2004, vigésimo sexto de nuestro Pontificado.
Yo Juan Pablo
Obispo de la Iglesia Católica
Leonardo Erriquenz,
Protonot. Apost.
Primera y última página de la Bula pontificia de la canonización del Padre José Manyanet y Vives.
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Raíces inmediatas de nuestro carisma: una llamada a ser familia, por José María Blanquet, S.F.
Las raíces inmediatas de nuestro carisma son nuestras propias Constituciones que, en cuanto lectura y síntesis del Evangelio hechas por el Padre Fundador, nos ofrecen tres factores claves para el entendimiento y profundización de nuestro ser familia como religiosos y como miembros de la gran familia humana a la luz de la Sagrada Familia de Nazaret.
Nazaret es:
– la cuna del evangelio
– el germen del Reino de Dios
– la primera Iglesia doméstica
Estos tres factores subrayan en particular las tres áreas respectivas en donde se nos exige, especialmente como religiosos, un testimonio radical al servicio de las familias y de toda la humanidad.
Nazaret es:
– la cuna del evangelio
– el germen del Reino de Dios
– la primera Iglesia doméstica
Estos tres factores subrayan en particular las tres áreas respectivas en donde se nos exige, especialmente como religiosos, un testimonio radical al servicio de las familias y de toda la humanidad.
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